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Mi propósito es hablar de los cuentos de
hadas, aunque bien sé que ésta es una empresa arriesgada. Fantasía
es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras
para los temerarios. Y de temerario se me puede tildar, porque,
aunque he sido un aficionado a tales cuentos desde que aprendí a
leer y en ocasiones les he dedicado mis lucubraciones, no los he
estudiado, en cambio, como profesional. Apenas si en esa tierra he
sido algo más que un explorador sin rumbo (o un intruso), lleno de
asombro, pero no de preparación. Ancho, alto y profundo es el reino
de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí
toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables
estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la
alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas. Tal
vez un hombre pueda sentirse dichoso de haber vagado por ese reino,
pero su misma plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero
que desee describirlo. Y mientras está en él le resulta peligroso
hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser que las puertas se cierren
y desaparezcan las llaves.
Hay, con todo, algunos interrogantes que
quien ha de hablar de cuentos de hadas espera por fuerza resolver,
intenta hacerlo cuando menos, piensen lo que piensen de su
impertinencia los habitantes de Fantasía. Por ejemplo: ¿qué son los
cuentos de hadas?, ¿cuál es su origen?, ¿para qué sirven? Trataré de
dar contestación a estas preguntas, u ofrecer al menos las pistas
que yo he espigado..., fundamentalmente en los propios cuentos, los
pocos que yo conozco de entre tantos como hay.
¿Qué es un cuento de hadas? En vano
acudirán en este caso al Oxford English Dictionary. No
contiene alusión ninguna a la combinación cuento-hada, y de nada
sirve en el tema de las hadas en general. En el Suplemento, cuento
de hadas presenta una primera cita del año 1750, y se constata que
su acepción básica es: a) un cuento sobre hadas o, de forma más
general, una leyenda fantástica; b) un relato irreal e increíble, y
c) una falsedad.
Las dos últimas acepciones, como es lógico,
harían mi tema desesperadamente extenso. Pero la primera se queda
demasiado corta. No demasiado corta para un ensayo, pues su amplitud
ocuparía varios libros, sino para cubrir el uso real de la palabra.
Y lo es en particular si aceptamos la definición de las hadas que da
el lexicógrafo: «Seres sobrenaturales de tamaño diminuto, que la
creencia popular supone poseedores de poderes mágicos y con gran
influencia para el bien o para el mal sobre asuntos humanos».
"Sobrenatural" es una palabra peligrosa y
ardua en cualquiera de sus sentidos, los más amplios o los más
reducidos, y es difícil aplicarla a las hadas, a menos que "sobre"
se tome meramente como prefijo superlativo. Porque es el hombre, en
contraste, quien es sobrenatural (y a menudo de talla reducida),
mientras que ellas son naturales, muchísimos más naturales que él.
Tal es su sino. El camino que lleva a la tierra de las hadas no es
el del Cielo; ni siquiera, imagino, el del Infierno, a pesar de que
algunos han sostenido que puede llevar indirectamente a él, como
diezmo que se paga al Diablo.
EL CUENTO DE HADAS Y FANTASÍA
...La mayor parte de los buenos cuentos de
hadas trataban de las aventuras de los hombres en el País Peligroso
o en sus oscuras fronteras. Y es natural que así sea; pues si los
elfos son reales y de verdad existen con independencia de nuestros
cuentos sobre ellos, entonces también resulta cierto que los elfos
no se preocupan básicamente de nosotros, ni nosotros de ellos.
Nuestros destinos discurren por sendas distintas y rara vez se
cruzan. Incluso en las fronteras mismas de Fantasía sólo los
encontraremos en alguna casual encrucijada de caminos.
La definición de un cuento de hadas -qué es
o qué debiera ser- no depende, pues, de ninguna definición ni de
ningún relato histórico de elfos o de hadas, sino de la naturaleza
de Fantasía: el Reino Peligroso mismo y que sopla en ese país. No
intentaré definir tal cosa, ni describirla por vía directa. No hay
forma de hacerlo. Fantasía no puede quedar atrapada en una red de
palabras; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible,
aunque no imperceptible. Consta de muchos elementos diferentes, pero
el análisis no lleva necesariamente a descubrir el secreto del
conjunto. Confío, sin embargo, que lo que después he de decir sobre
los otros interrogantes suministrará algunos atisbos de la visión
imperfecta que yo tengo de Fantasía. Por ahora, sólo diré que un
cuento de hadas es aquel que alude o hace uso de Fantasía,
cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la aventura, la
enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez
traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante
y poder peculiares, en el polo opuesto a los vulgares recursos del
mago laborioso y técnico.
Hay una salvedad: lo único de lo que no hay
que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es la misma magia.
Se la ha de tomar en serio en el relato, y no se la ha de poner en
solfa ni se la ha de justificar. El poema medieval Sir Gawain y
el Caballero Verde es un ejemplo admirable de ello.
LA MÁGICA INVENCIÓN DEL ADJETIVO
...La mente humana, dotada de los poderes
de generalización y abstracción, no sólo ve hierba verde,
diferenciándola de otras cosas (y hallándola agradable a la vista),
sino que ve que es verde, además de verla como hierba. Qué poderosa,
qué estimulante para la misma facultad que lo produjo fue la
invención del adjetivo: no hay en fantasía hechizo ni encantamiento
más poderoso. Y no ha de sorprendernos: podría ciertamente decirse
que tales hechizos sólo son una perspectiva diferente del adjetivo,
una parte de la oración en una gramática mítica. La mente que pensó
en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz
también concibió la noción de la magia que haría ligeras y aptas
para el vuelo las cosas pesadas, que convertiría el plomo gris en
oro amarillo y la roca inmóvil en veloz arroyo. Si pudo hacer una
cosa, también la otra; e hizo las dos, inevitablemente. Si de la
hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre
lo rojo, es que disponemos ya del poder del encantador. A cierto
nivel. Y nace el deseo de esgrimir ese poder en el mundo exterior a
nuestras mentes. De aquí no se deduce que vayamos a usar bien de ese
poder en un nivel determinado; podemos poner un Verde horrendo en el
rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille
una extraña y temible luna azul; o podemos hacer que los bosques se
pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos
de oro; y podemos poner ardiente fuego en el vientre del helado
saurio. Y con tal "fantasía" que así se la denomina, se crean nuevas
formas. Es el inicio de Fantasía. El Hombre se convierte en
subcreador.
Así, el poder esencial de Fantasía es hacer
inmediatamente efectivas a voluntad las visiones "fantásticas". No
todas son hermosas, ni incluso ejemplares; no al menos las fantasías
del Hombre caído. Y con su propia mancha ha mancillado a los elfos,
que sí tienen ese poder real o imaginario. En mi opinión, se tiene
muy poco en cuenta este aspecto de la "mitología": subcreación más
que representación o que interpretación simbólica de las bellezas y
los terrores del mundo.
EN EL MUNDO SECUNDARIO
...Naturalmente que los niños son capaces
de una fe literaria cuando el arte del escritor de cuentos es lo
bastante bueno como para producirla. A esa condición de la mente se
la ha denominado "voluntaria suspensión de la incredulidad". Más no
parece que ésa sea una buena definición de lo que ocurre. Lo que en
verdad sucede es que el inventor de cuentos demuestra ser un atinado
"subcreador". Construye un Mundo Secundario en el que tu mente puede
entrar. Dentro de él, lo que se relata es "verdad": está en
consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras
estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad,
el hechizo se quiebra; ha fallado la magia, o más bien el arte. Y
vuelve a situarte en el Mundo Primario, contemplando desde fuera el
pequeño Mundo Secundario que no cuajó. Si por benevolencia o por las
circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces habrás de
dejar suspensa la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus
ojos ni tus oídos lo soportarán. Pero esta interrupción de la
incredulidad sólo es un sucedáneo de la actitud auténtica, un
subterfugio del que echamos mano cuando condescendemos con juegos e
imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de
hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro
juicio fallido.
LA FANTASÍA Y LA SUBCREACIÓN
...La mente del hombre tiene capacidad para
formar imágenes de cosas que no están de hecho presentes. La
facultad de concebir imágenes recibe o recibió el nombre lógico de
Imaginación. Pero en los últimos tiempos y en el lenguaje
especializado, no en el de todos los días, se ha venido considerando
a la Imaginación como algo superior a la mera formación de imágenes,
adscrito al campo operacional de lo Fantasioso, forma reducida y
peyorativa del viejo término Fantasía; se está haciendo, pues, un
intento para reducir, yo diría que de forma inadecuada, la
Imaginación al "poder de otorgar a las criaturas de ficción la
consistencia interna de la realidad".
...El logro de la expresión que proporciona
(o al menos así lo parece) "la consistencia interna de la realidad"
es ciertamente otra cosa, otro aspecto, que necesita un nombre
distinto: el de Arte, el eslabón operacional entre la Imaginación y
el resultado final, la Subcreación. Para el fin que ahora me
propongo preciso de un término que sea capaz de abarcar a la vez el
mismísimo Arte Subcreativo y la cualidad de sorpresa y asombro
expositivos que se derivan de la imagen: una cualidad esencial en
los cuentos de hadas.
Me propongo, pues, arrogarme los poderes de
Humpty-Dumpty y usar de la Fantasía con ese propósito; es decir, con
la intención de combinar su uso más tradicional y elevado
(equivalente a Imaginación) con las nociones derivadas de
"irrealidad" (o sea, disimilitud con el Mundo Primario) y liberación
de la esclavitud del "hecho" observado; la noción, en pocas
palabras, de lo fantástico. Soy consciente, y con gozo, de los nexos
etimológicos y semánticos entre la fantasía y las imágenes de cosas
que no sólo "no están realmente presentes", sino que con toda
certeza no vamos a poder encontrar en nuestro mundo primario, o que
en términos generales creemos imposibles de encontrar. Pero, aun
admitiendo esto, no puedo aceptar un tono peyorativo. Que sean
imágenes de cosas que no pertenecen al mundo primario (si tal es
posible) resulta una virtud, no un defecto. En este sentido, la
fantasía no es, creo yo, una manifestación menor sino más elevada,
del Arte, casi su forma más pura, y por ello -cuando se alcanza- la
más poderosa.
La fantasía, claro, arranca con una
ventaja: la de domeñar lo inusitado. Pero esta ventaja se ha vuelto
en su contra y ha contribuido a su descrédito. A mucha gente le
desagrada que la «dominen». Les desagrada cualquier manipulación del
Mundo Primario o de los escasos reflejos del mismo que les resultan
familiares. Confunde, por tanto, estúpida y a veces
malintencionadamente, la Fantasía con los Sueños, en los que el Arte
no existe, con los desórdenes mentales, donde ni siquiera se da un
control, y con las visiones y alucinaciones.
...Crear un Mundo Secundario en el que un
sol verde resulte admisible, imponiendo una Creencia Secundaria, ha
de requerir con toda certeza esfuerzo e intelecto, y ha de exigir
una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se
atreven con tareas tan arriesgadas. Pero cuando se intentan y
alcanzan, nos encontramos ante un raro logro del Arte: auténtico
arte narrativo, fabulación en su estadio primario y más puro.
FANTASÍA Y RENOVACIÓN
...La Renovación, que incluye una mejoría y
el retorno de la salud, es un volver a ganar: volver a ganar la
visión prístina. No digo "ver las cosas tal cual son" para no
enzarzarme con los filósofos, si bien podría aventurarme a decir
"ver las cosas como se supone o se suponía que debíamos hacerlo",
como objetos ajenos a nosotros. En cualquier caso, necesitamos
limpiar los cristales de nuestras ventanas para que las cosas que
alcanzamos a ver queden libres de la monotonía del empañado
cotidiano o familiar; y de nuestro afán de posesión.
...Los cuentos de hadas, naturalmente, no
son el único medio de renovación o de profilaxis contra el extravío.
Basta con la humildad. Y para ellos en especial, para los humildes,
está Mooreeffoc, es decir la Fantasía de Chesterton.
Mooreeffoc es una palabra imaginada, aunque se la pueda ver
escrita en todas la ciudades de este país. Se trata del rótulo "Coffee-room",
pero visto en una puerta de cristal y desde el interior, como
Dickens lo viera un oscuro día londinense. Chesterton lo usó para
destacar la originalidad de las cosas cotidianas cuando se nos
ocurre contemplarlas desde un punto de vista diferente del habitual.
La mayoría estaría de acuerdo en que este tipo de fantasía es ya
suficiente; y en que siempre abundarán materiales que la nutran.
Pero sólo tiene, creo yo, un poder limitado, por cuanto su única
virtud es la de renovar la frescura de nuestra visión. La palabra
Mooreeffoc puede hacernos comprender de repente que Inglaterra
es un país harto extraño, perdido en cualquier remota edad apenas
contemplada por la historia o bien en un futuro oscuro que sólo con
la máquina del tiempo podemos alcanzar; puede hacernos ver la
sorprendente rareza e interés de sus gentes, y sus costumbres y
hábitos alimentarios. Pero no puede lograr más que eso: actuar como
un telescopio del tiempo enfocado sobre un solo punto. La fantasía
creativa, por cuanto trata de forma fundamental de hacer algo más
-de recrear algo nuevo-, es capaz de abrir nuestras arcas y dejar
volar como a pájaros enjaulados los objetos allí encerrados. Las
gemas todas se tornarán en flores o llamas, y será un aviso de que
todo lo que poseían (o conocían) era peligroso y fuerte, y que no
estará en realidad verdaderamente encadenado, sino libre e indómito;
sólo de ustedes en cuanto que era ustedes mismos.
FIN |