- Caminando por el monte
- vi acercándose una estrella.
- Yerba bruja me ató al pie.
- Sentí pesada la lengua.
- Debajo de los anones
- un arco lanzó su flecha
- que era rastro luminoso
- de cucubano o luciérnaga.
- Seguí andando, seguí andando
- sin saber rumbo ni senda.
- A un clamor de seboruco
- llegué al fin.
- Froté la muesca
- y aspiré el humo sagrado
- que hace la boca profeta.
- ¡Bateyes del Otuao
- para la danza guerrera!
- Tú gritaste, ¡Manicato!
- Y yo, encima de la puerta,
- cuando la noche acababa
- colgué mi collar de piedra.
|
|