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100 Poemas
[Textos completos.]

Constantino Cavafis

POEMAS CANÓNICOS (1895-1915)


LA CIUDAD
Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.


TERMINADO
En medio del temor y las sospechas,
con espíritu agitado y ojos de pavor,
nos consumimos y planeamos cómo hacer
para evitar el seguro
peligro que así terriblemente nos amenaza.
Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino:
falsos eran los mensajes (o no los escuchamos, o no los entendimos
bien). Otra catástrofe, que no la imaginábamos,
repentina, violenta cae sobre nosotros
y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.


IDUS DE MARZO
Las grandezas teme, oh alma.
Y si vencer tus ambiciones
no puedes, con cautela y reservas
síguelas. Y cuanto más adelante vayas,
sé más observador, más cuidadoso.
Y cuando a tu apogeo llegues, César ya;
cuando tomes figura de hombre famoso,
entonces cuida especialmente al salir a la calle,
dominador insigne de séquito acompañado,
si acierta a acercarse, desde la multitud
algún Artemidoro, que lleva una carta,
y dice apresurado "Lee esto inmediatamente,
son cosas importantes que te interesan",
no dejes de detenerte; no dejes de postergar
cualquier conversación o tarea; no dejes de apartar
a las variadas personas que te saludan y se prosternan ante ti
(las puedes ver más tarde); que espere incluso
el Senado mismo, y conoce al instante
los graves escritos de Artemidoro.


QUE EL DIOS ABANDONABA A ANTONIO
Cuando de repente, a medianoche, se escuche
pasar una comparsa invisible
con músicas maravillosas, con vocerío -
tu suerte que ya declina, tus obras
que fracasaron, los planes de tu vida
que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
di adiós a Alejandría que se aleja.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue un
sueño, que se engañó tu oído:
no aceptes tales vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción, mas no
con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como último placer los sones,
los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
y dile adiós, a la Alejandría que pierdes.


LOS SABIOS LOS HECHOS QUE SE APROXIMAN...
Pues los dioses perciben los hechos futuros;
los hombres, los ya ocurridos; los sabios, los que se aproximan.
Filóstrato, Vida de Apolonio
de Tiana, VIII, 7
Los hombres conocen los hechos que ocurren al presente.
Los futuros los conocen los dioses,
plenos y únicos poseedores de todas las luces.
De los hechos futuros los sabios captan
aquellos que se aproximan. Sus oídos
a veces en horas de honda meditación se
conturban. El misterioso rumor
les llega de los acontecimientos que se aproximan.
Y atienden a él piadosos. Mientras en la calle
afuera, nada escuchan los pueblos.


MONOTONÍA
A un día monótono otro
monótono, invariable sigue: Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar -
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.
Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega el mañana ya a no parecer mañana.


ÍTACA
Cuando salgas en el viaje, hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.


CUANTO PUEDAS
Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.


TROYANOS
Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso enfrente a nosotros
sale y con grandes voces nos espanta.-
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
Lloran sentimientos y recuerdos de nuestros días.
Amargamente por nosotros Príamo y Hécuba lloran.


EL CORTEJO DE DIONISIO
Damon, el artista (otro más diestro
no hay en el Peloponeso), en mármol
de Paros está elaborando el cortejo
de Dionisio. El dios en gloria excelsa
adelante, con ímpetu en su paso.
Desenfreno detrás. Al lado de Desenfreno
la Embriaguez escancia a los Sátiros el vino
de una ánfora coronada de hiedras.
Cerca de ellos Vino Dulce el indolente,
los ojos semicerrados, dormilón.
Y más abajo vienen los cantadores
Melodía y Dulce Canto, y Festejo que nunca
deja apagarse la venerable antorcha
de la procesión que él sostiene; y la Ceremonia, muy digna.-
Esto está haciendo Damon. Y junto a ello
su pensamiento de cuando en cuando considera
la recompensa del rey de Siracusa,
tres talentos, mucha cantidad.
Con sus otros dineros y con éste
cuando ingresen, como persona acomodada ricamente va a vivir
y podrá entrar a la política -¡qué alegría!-,
también él en la asamblea, también él en el ágora.


REYES ALEJANDRINOS
Se reunieron los alejandrinos
para ver a los hijos de Cleopatra,
a Cesarión, y a sus hermanos pequeños,
Alejandro y Ptolomeo, a quienes por primera
vez sacaban afuera al Gimnasio,
para proclamarlos allí reyes,
en medio de la brillante parada de los soldados.
Alejandro -lo nombraron rey
de Armenia, de Media, y de los partos.
Ptolomeo -lo nombraron rey
de Cilicia, de Siria, y de Fenicia.
Cesarión estaba de pie más adelante,
ataviado con seda rosada,
en su pecho un ramo de jacintos,
su ceñidor una doble hilera de zafiros y amatistas,
atadas sus sandalias con cintas
blancas recamadas con perlas color rosa.
A éste lo nombraron con rango mayor que a los pequeños,
a éste lo nombraron Rey de los Reyes.
Los alejandrinos comprendían ciertamente
que todo era palabras y teatro.
Pero el día era cálido y poético,
el cielo un claro azul,
el Gimnasio alejandrino una
triunfal hazaña del arte,
el lujo de los cortesanos espléndido,
Cesari6n todo gracia y belleza
(hijo de Cleopatra, sangre de los Laghidas):
y los alejandrinos corrían ya a la fiesta,
y se entusiasmaban, y aclamaban,
en griego, y en egipcio, y algunos en hebreo,
encantados con el bello espectáculo
-a pesar de que ciertamente sabían cuánto valía eso,
qué palabras vacías eran esos reinos.


FILOHELENO
Cuida que el grabado se haga artísticamente.
Expresión grave y majestuosa.
La diadema mejor más bien estrecha;
aquellas anchas de los Partos no me gustan.
La inscripción, como de costumbre, en griego:
no exagerada, no pomposa
-que no lo malinterprete el cónsul
que siempre rebusca para denunciar a Roma-
que sea empero ciertamente honrosa.
Algo muy escogido en la otra cara:
algún hermoso discóbolo adolescente.
Sobre todo te recomiendo preocuparte
Sithaspe, por Dios, no olvidarse
después de Rey y Salvador,
que se grabe con letras elegantes, Filoheleno.
Y ahora no me vengas con agudezas,
que "¿Dónde están los helenos?" y "¿Dónde la lengua griega
aquí detrás del Zagro, más acá del Fraata?"
Puesto que tantos y tantos más bárbaros que nosotros
lo escriben, lo escribiremos también nosotros.
Y por último no te olvides que a veces
nos llegan sofistas desde Siria,
y versificadores, y otros que se ocupan de necedades.
De modo que no tenemos tan poca cultura helénica, creo yo,


LOS PASOS
En un lecho de ébano ornamentado
con águilas de coral, duerme profundamente
Nerón -inconsciente, tranquilo, y feliz;
en la plenitud del vigor de la carne
y el hermoso brío de 1a juventud.
Pero en la sala de alabastro que encierra
el antiguo larario de los Aenobarbos
qué inquietos están los Lares.
Tiemblan los pequeños dioses hogareños
y tratan de ocultar sus cuerpos insignificantes.
Porque escucharon un ruido siniestro,
un ruido mortal que asciende las escalas,
pasos metálicos que hacen estremecerse los peldaños.
Y desfallecientes ahora los míseros Lares,
se esconden en el fondo del larario,
se empujan unos a otros y tropiezan,
y un pequeño dios cae sobre el otro,
pues han comprendido qué clase de ruido es éste,
han percibido ya los pasos de las Furias.


TUMBA DE LISIAS, EL GRAMÁTICO
Muy cerca, a la derecha cuando entras a la biblioteca
de Berito, enterramos al sabio Lisias,
el gramático. El lugar es muy apropiado.
Lo colocamos cerca de sus cosas a las que recuerda
también allá acaso - escolios, textos, filología,
variantes, opúsculos con abundante interpretación de helenismos.
Y además así será vista y honrada por nosotros
su tumba, cuando pasemos a los libros.


LO RIESGOSO
Dijo Mirtias (un estudiante sirio
de Alejandría: bajo el reinado
de augusto Constante y augusto Constancio,
gentil en parte, y en parte cristianizado):
"Fortalecido con meditación y estudio,
yo no temeré a mis pasiones como un cobarde.
Mi cuerpo a los placeres entregaré,
a las delectaciones soñadas,
a los más atrevidos deseos amorosos,
a los lúbricos impulsos de mi sangre, sin
ningún temor, porque cuando quiera -
y tenga decisión, fortalecido
como estaré con meditación y estudio -
en los momentos críticos he de reencontrar
mi espíritu, igual que otrora, ascético".


EN LA IGLESIA
Amo la iglesia - sus hexaptérigas,
la plata de sus vasos sagrados, sus candelabros,
las luces, su iconos, el púlpito.
Cuando entro en la iglesia de los griegos:
con la fragancia de su incienso,
con las voces y músicas litúrgicas,
la majestuosa presencia de los sacerdotes
y el ritmo grave de cada uno de sus movimientos
-resplandecientes en los ornamentos de las vestiduras-
mi pensamiento va a los grandes honores de nuestra raza,
a nuestra gloriosa Bizantinidad.


MUY RARAMENTE
Es un anciano. Agotado y giboso,
estragado por los años, y por intemperancias,
con paso lento atraviesa la calleja.
Y sin embargo cuando entra a su casa para ocultar
su ruina y su vejez, considera
la parte que él aún posee en la juventud.
Adolescentes ahora los versos suyos recitan.
Por los vivaces ojos de éstos pasan las visiones suyas.
Sus espíritus sanos, voluptuosos,
sus cuerpos armoniosos, firmes,
se conmueven con su propia expresión de la Belleza.


MAR DE LA MAÑANA
Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.
Aquí que me detenga. Y que me engañe como que veo esto
(lo vi en verdad un instante cuando recién me detuve);
y no también aquí mis fantasías,
mis recuerdos, las visiones de la voluptuosidad.


JÓNICO
Aunque rompimos sus estatuas,
aunque los expulsamos de sus templos,
no por eso murieron del todo los dioses.
Oh tierra de la Jonia, a ti te aman todavía,
a ti sus almas te recuerdan aún.
Cuando sobre ti amanece una mañana de agosto,
el vigor de sus vidas atraviesa tu atmósfera;
y a veces una etérea figura de efebo,
indefinida, con paso rápido,
por sobre tus colinas atraviesa.


A LA ENTRADA DEL CAFÉ
Algo que dijeron al lado mío
dirigió mi atención a la entrada del café.
Y vi el hermoso cuerpo que parecía
como si el Amor lo hubiese forjado con su más consumada
experiencia -
plasmando sus armoniosas formas con alegría,
elevando esculturalmente la estatura;
plasmando con emoción el rostro
y dejando a través del tacto de sus manos
un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios.


UNA NOCHE
El cuarto era pobre y vulgar,
oculto en los altos de una taberna equívoca.
Desde la ventana se veía la calleja,
sucia y estrecha. Desde abajo
llegaban las voces de algunos obreros
que jugaban a las cartas y que se divertían.
Y allí en la cama humilde, ordinaria
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
voluptuosos y rojos de la embriaguez -
rojos de tal embriaguez, que también ahora
cuando escribo, ¡después de tantos años!,
en mi casa solitaria, me embriago nuevamente.


VUELVE
Vuelve a menudo y tómame,
amada sensación, vuelve y tómame -
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...


LEJOS
Quisiera este recuerdo decirlo...
Pero de tal modo se ha borrado... como que nada queda -
porque lejos, en los primeros años de mi adolescencia yace.
Una piel como hecha de jazmín...
Aquel atardecer de agosto – ¿era agosto...?-
Apenas me recuerdo ya de los ojos; eran, creo, azules...
Ah sí, azules: un azul de zafiro.


JURA
Jura cada tanto tiempo comenzar una vida mejor.
Mas cuando llega la noche con sus propios consejos,
con sus compromisos, y con sus promesas;
mas cuando llega la noche con su propia fuerza
del cuerpo que necesita y pide, hacia el mismo
placer fatal, perdido, va de nuevo.


FUI
Me desaté. Me abandoné del todo y fui.
Hacia los placeres, que medio reales,
medio imaginados en mi cerebro estaban,
fui en h noche iluminada.
Y bebí licores fuertes, como
los que beben los temerarios de la voluptuosidad.


CANDELABRO
En una pieza vacía y pequeña, sólo cuatro paredes,
y cubiertas por telas íntegramente verdes,
está encendido un hermoso candelabro y arde:
y en cada llama suya se abrasa
una pasión lasciva, un impulso lascivo.
En la pequeña pieza, que brilla iluminada
por el fuego vigoroso del candelabro,
no es en absoluto usual esta luz que brota.
Para cuerpos sin audacia no está hecha
la voluptuosidad de este calor.


VOCES
Voces ideales y amadas
de aquellos que murieron, o de aquellos que han
desaparecido para nosotros como los muertos.
A veces hablan en nuestros sueños;
a veces las escucha nuestro espíritu en el pensamiento.
Y con su rumor por un instante retornan
ecos de la primera poesía de la vida nuestra -
como una música, en la noche, lejana, que se apaga.


DESEOS
A cuerpos hermosos de muertos que no envejecieron
y los guardaron, con lágrimas, en un bello mausoleo,
con rosas a la cabeza y a los pies jazmines -
se asemejan los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin merecer una
noche de placer, o una mañana luminosa.


VELAS
Los días del futuro están delante de nosotros
como una hilera de velas encendidas
-velas doradas, cálidas, y vivas.
Quedan atrás los días ya pasados,
una triste línea de veles apagadas;
las más cercanas aún despiden humo,
velas frías, derretidas, y dobladas.
No quiero verlas; sus formas me apenan,
y me apena recordar su luz primera.
Miro adelante mis velas encendidas.
No quiero volverme, para no verlas y temblar,
cuán rápido la línea oscura crece,
cuán rápido aumentan las velas apagadas.


UN ANCIANO
En el lado de adentro del bullicioso café
inclinado sobre la mesa, está sentado un anciano:
con un diario delante, sin compañía.
Y en el desmedro de la aciaga vejez
piensa cuán poco gozó los años
en que poseía fuerza, y palabra, y apostura.
Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
Y sin embargo el tiempo en que era joven parece
como ayer. Qué breve espacio, qué breve espacio.
Y cavila cómo lo engañó la Prudencia;
y cómo siempre en ella se confió-, ¡qué locura!-
la mentirosa que decía: "Mañana. Tienes mucho tiempo".
Recuerda los ímpetus que contenta; y cuánta
alegría sacrificada. Cada ocasión perdida
se burla ahora de su necia prudencia.
... Mas de tanto pensar y recordar
el anciano se mam6. Y se queda dormido
apoyado en la mesa del café.


SÚPLICA
El mar a sus abismos llevose un marinero.-
Su madre, sin saberlo, va y enciende
un alto cirio delante de la Virgen,
para que vuelva pronto y el tiempo le sea benigno-
y de continuo tiende hacia el viento el oído.
Mas mientras ella implora y suplica,
la imagen escucha, grave y acongojada,
pues sabe que no ha de volver ya el hijo que ella espera.


LAS ALMAS DE LOS VIEJOS
En sus viejos cuerpos acabados
viven las almas de los ancianos.
Cuán tristes son las pobres
y qué hastiadas de la vida miserable que arrastran.
Cómo tiemblan de perderla y cuánto la aman
las desamparadas y contradictorias
almas, que viven -comicotrágicas-
bajo la vieja piel gastada.


TERMÓPILAS
Honor a aquellos que en sus vidas
se dieron por tarea el defender Termópilas.
Que del deber nunca se apartan;
justos y rectos en todas sus acciones,
pero también con piedad y clemencia;
generosos cuando son ricos, y cuando
son pobres, a su vez en lo pequeño generosos,
que ayudan igualmente en lo que pueden;
que siempre dicen la verdad,
aunque sin odio para los que mienten.
Y mayor honor les corresponde
cuando prevén (y muchos prevén)
que Efialtes ha de aparecer al fin,
y que finalmente los medos pasarán.


CHE FECE... IL GRAN RIFIUTO
A algunos hombres les llega un día
en que deben el gran Sí o el gran No
decir. De inmediato se revela quién tiene
preparado en su interior el Sí, y diciéndolo
avanza en el honor y en su convicción.
Aquél que se negó no se arrepiente. Si otra vez le preguntaran,
no, diría de nuevo. Y sin embargo lo agobia
aquel no -justo- durante toda su vida.


LAS VENTANAS
En estas oscuras piezas, donde paso
días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo
para hallar las ventanas. -Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo- .
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.


MURALLAS
Sin consideración, sin piedad, sin recato
grandes y altas murallas en torno mío construyeron.
Y ahora estoy aquí y me desespero.
Otra cosa no pienso: mi espíritu devora este destino;
porque afuera muchas cosas tenia yo que hacer.
Ah cuando los muros construían cómo no estuve atento.
Pero nunca escuché ruido ni rumor de constructores.
Imperceptiblemente fuera del mundo me encerraron.


ESPERANDO A LOS BÁRBAROS
-¿Qué esperamos reunidos en el ágora?
Es que los bárbaros van a llegar hoy día.
-¿Por qué en el Senado tal inactividad?
¿Por qué los Senadores están sin legislar?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
¿Qué leyes van a hacer ya los Senadores?
Los bárbaros cuando lleguen legislarán.
– ¿Por qué nuestro emperador se levantó tan de mañana, y está
sentado en la puerta mayor de la ciudad sobre el trono, solemne,
portando la corona?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
Y el emperador esperar recibir
a su jefe. Y más aún ha preparado
un pergamino para dárselo. Allí
le escribió muchos títulos y nombres.
-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron
hoy con sus togas púrpuras, bordadas;
por qué se pusieron brazaletes con tantos amatistas,
y anillos con magnificas, brillantes esmeraldas;
por qué toman hoy día valiosísimos bastones
en plata y oro espléndidamente labrados?
Porque los bárbaros llegarán hoy día
y tales cosas deslumbran a los bárbaros.
-¿Por qué tampoco los valiosos oradores no acuden como siempre
a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?
Porque los bárbaros llegarán hoy día;
y los aburren las elocuencias y las arengas.
-¿Por qué comenzó de improviso esta inquietud
y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto.)
¿Por qué rápidamente se vacían las calles y las plazas
y todos regresan a sus casas pensativos?
Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.
Y unos vinieron desde las fronteras
y dijeron que bárbaros ya no existen.
Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.
Los hombres esos eran una cierta solución.


DESLEALTAD
Muchas cosas alabamos de Homero, pero no elogiaremos ésta...
ni tampoco a Esquilo cuando dice Thetis que Apolo, cantando en sus bodas,
"le vaticinó buena maternidad. hijos sin enfermedades y de larga
vida. Habiéndome anunciado que los dioses velarían con amor sobre
mi destino, entonó el peán, dándome valor. Y yo esperaba que la
boca divina, de donde fluía el arte adivinatorio, no fuera falsa: pero
el que cantaba... el mismo es el asesino de mi hijo".
Platón, La República II
Cuando casaban a Thetis con Peleo
se levantó Apolo en el magnífico festín
del matrimonio, y bendijo a los nuevos esposos
por el vástago que saldría de su unión.
Dijo: Nunca lo tocará una enfermedad
y tendrá larga vida.- Cuando esto dijo,
se alegró mucho Thetis, pues las palabras
de Apolo que sabía de vaticinios
una garantía pareciéronle para su hijo.
Y mientras Aquiles crecía, y era
su belleza orgullo de Resalía,
Thetis recordaba las palabras del dios.
Pero un día vinieron unos ancianos con noticias
y contaron la muerte de Aquiles en Troya.
Y rasgaba Thetis sus vestidos de púrpura,
y se sacaba de encima brazaletes y sortijas
y las arrojaba al suelo.
Y en medio de su lamento se recordó del pasado
y preguntó qué hacía el sabio Apolo,
dónde andaba el artista que en los festines
habla magníficamente, dónde andaba el profeta
cuando a su hijo mataban en su primera juventud.
Y los ancianos le contestaron que Apolo,
él mismo bajó a Troya,
y con los troyanos asesinó a Aquiles.


LAS EXEQUIAS DE SARPEDÓN
Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte
Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan
el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar
el cuerpo y ultrajarlo
Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.
A su hijo amado -al que dejó
morir: tal era la ley-
al menos muerto lo honrará.
Y he aquí que envía a Apolo a la llanura
instruido de cómo cuidar el cuerpo.
Con unción y dolor el cadáver del héroe
levanta Apolo y lo lleva hasta el río.
Lo limpia del polvo y de la sangre;
cura las horribles heridas, sin dejar
que aparezca vestigio alguno; vierte sobre él
los aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes
olímpicos lo viste.
Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas
sus cabellos negrísimos peina.
Los hermosos miembros los arregla y recuesta.
Ahora parece un joven rey auriga -
en sus veinticinco años, en sus veintiséis-
que reposa después haber ganado,
con un carro de oro y velocísimos caballos,
en un certamen famoso el galardón.
En cuanto Apolo hubo terminado
su misión, llamó a los dos hermanos
al Sueño y a la Muerte, ordenándoles
que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.
Y hacia allá al rico país, a Licia,
viajaron estos dos hermanos
Sueño y Muerte, y cuando ya llegaron
a la puerta de la casa real,
entregaron el glorificado cuerpo,
y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.
Y cuando 1o recibieron allí; en la casa, comenzó
con procesiones, y honras, y lamentos,
y con abundantes libaciones en sagradas crateras,
y con todo lo necesario, la triste sepultación;
y después hábiles artesanos de la ciudad
y afamados artífices de la piedra
vinieron a labrar el túmulo y la estela.


LOS CABALLOS DE AQUILES
Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido-
una carne ahora mísera -su espíritu desaparecido-
indefenso -sin aliento-
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenose. "En las bodas de Peleo"
dijo "no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que no la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos". -Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.


POEMAS CANONICOS (1916-1918)


DESDE LAS NUEVE
Doce y media. Rápido pasó la hora
desde las nueve cuando encendí la lámpara
y me senté aquí. Estaba sin leer,
y sin hablar. Con quién hablar
enteramente solo en esta casa.
La imagen de mi cuerpo joven,
desde las nueve cuando encendí la lámpara,
vino y me encontró y me recordó
cerradas piezas perfumadas,
y pasado placer -¡qué atrevido placer!
Y también me trajo ante los ojos,
calles que ahora se volvieron inconocibles,
locales llenos de movimiento que se acabaron,
y teatros y cafés que alguna vez existieron.
La imagen de mi cuerpo joven
vino y me trajo también las cosas tristes:
duelos de la familia, separaciones,
sentimientos de los míos, sentimientos
tan poco apreciados de los muertos.
Doce y media. Cómo ha pasado la hora.
Doce y media. Cómo han pasado los años.


COMPRENSIÓN
Los años de mi juventud, mi vida voluptuosa
-cuán claramente veo ahora su sentido.
Qué inútiles arrepentimientos, qué vanos...
Pero no veía el sentido entonces.
En la vida disipada de mi juventud
se plasmaban 1os impulsos de mi poesía,
se esbozaba el ámbito de mi arte.
Por eso tampoco los arrepentimientos nunca fueron firmes.
Y las decisiones de contenerme, de cambiar
duraban dos semanas a lo más.


EMISARIOS DE ALEJANDRÍA
No se vieron, por siglos, tan hermosos obsequios en Delfos
como éstos que fueron enviados por los dos hermanos,
los reyes rivales Ptolomeos. Después de recibirlos
sin embargo, se inquietaron los sacerdotes por el oráculo. Su
experiencia
toda van a necesitar para redactarlo con sagacidad
cuál de los dos, cuál de tales dos quedará descontento.
Y deliberan por la noche secretamente
y discuten los problemas familiares de los Laghidas.
Pero he aquí que volvieron los emisarios. Se despiden.
Regresan a Alejandría, dicen. Y no piden
oráculo alguno. Y los sacerdotes los escuchan con alegría
(se entienden que conservan los magníficos obsequios),
pero están también en extremo sorprendidos,
sin entender qué significa esa repentina indiferencia.
Pues ignoran que ayer les llegaron a los emisarios graves noticias.
En Roma se entregó el oráculo: fue allí el reparto.


CESARIÓN
En parte para aclarar bien una época,
en parte también para pasar el tiempo,
ayer por la noche tomé para leer
una colección de inscripciones de los Ptolomeos.
Las abundantes adulaciones y elogios
para todos se parecen. Todos son brillantes,
gloriosos, poderosos, benefactores;
todas sus empresas sapientísimas.
Y si te refieres a las mujeres de esa estirpe, también ellas,
todas las Berenices y las Cleopatras admirables.
Cuando logré aclarar bien la época,
habría dejado el libro si una mención breve,
e insignificante, al rey Cesarión
no hubiera atraído de inmediato mi atención...
Ah, hete aquí, viniste tú con tu encanto
indefinido. En la historia unas pocas
líneas solamente se encuentran sobre ti,
y así más libremente te plasmé en mi espíritu.
Te plasmé apuesto y sentimental.
Mi arte da a tu rostro una simpática hermosura de ensueño.
Y tan plenamente te imaginé,
que anoche tarde, cuando se apagaba
mi lámpara -la dejé expresamente apagarse-
creí que habías entrado a mi pieza,
me pareció que delante de mí te detuviste: como si estuvieras
en la conquistada Alejandría,
pálido y cansado, ideal en tu tristeza,
esperando todavía que se apiadaran de ti
los malvados -que murmuraban la "diversidad de Césares".


EL PLAZO DE NERÓN
No se inquietó Nerón cuando escuchó
El vaticinio del Oráculo de Delfos.
"Los setenta y tres años que tema".
Tenía tiempo aún para gozar.
Tiene treinta años. Muy suficiente
es el plazo que el dios le da
para preocuparse de los peligros futuros.
Ahora va a regresar a Roma un poco cansado,
pero cansado exquisitamente por este viaje,
que fue todo días de placer
-en los teatros, en los jardines, en los gimnasios...
Atardeceres de las ciudades de Acaya...
Ah la voluptuosidad de los cuerpos desnudos sobre todo...
Esto con Nerón. Y en España Galba
secretamente su ejército reúne y lo ejercita,
el anciano de setenta y tres años.


EN EL PUERTO
Joven, de veintiocho años, en un barco de Tinos
llegó Emes a este puerto sirio,
con el propósito de aprender perfumería.
Pero en la travesía se enfermó. Y apenas
desembarcó, murió. Su entierro, muy pobre,
se hizo aquí. Pocas horas antes de morir algo
susurró sobre un "hogar", sobre "padres muy ancianos".
Pero quiénes eran ellos nadie lo supo,
ni cuál su patria en el vasto mundo panhelénico.
Mejor. Porque así mientras
yace muerto en este puerto,
siempre tendrán sus padres la esperanza de que está vivo.


UNO DE SUS DIOSES
Cuando alguno de ellos pasaba por el ágora
de Seleucia, hacia la hora en que anochece,
en la figura de un joven esbelto de perfecta belleza,
con la alegría de la incorruptibilidad en los ojos,
con sus cabellos negros perfumados,
los transeúntes lo miraban
y el uno preguntaba al otro si lo conocía,
y si era un griego de Siria o un extranjero. Pero algunos
que con más atención observaban,
comprendían y se apartaban;
y mientras se perdía bajo los pórticos,
entre las sombras y las luces del crepúsculo,
dirigiéndose al barrio que sólo de noche
vive, entre orgías y vicios,
y toda suerte de embriaguez y de lujuria,
se preguntaban pensativos cuál de Ellos podría ser,
y para qué sospechoso placer
habría descendido a las calles de Seleucia
desde las Excelsas, Venerandas Mansiones.


TUMBA DE YASIS
Aquí yazgo; Yasís. De esta grande ciudad
por la hermosura el efebo más famoso.
Sabios profundos me admiraron; y también el pueblo superficial,
sencillo. Y me alegraba asimismo igual.
por ambas cosas. Y por tenerme la gente demasiado por Hermes y
Narciso,
los excesos me acabaron, me dieron muerte. Viajero,
si eres alejandrino, no has de criticar. Tú conoces el ímpetu
de la vida nuestra: qué ardor posee, qué voluptuosidad excelsa.


PARA AMONIS QUE MURIÓ DE 29 AÑOS, EN 610
Rafael, unos pocos versos te piden que compongas
como epitafio para el poeta Amonis.
Algo muy fino y delicado. Tú podrás,
eres el indicado, para escribir como corresponde
sobre el poeta Amonis, el poeta nuestro.
Seguramente hablarás de sus poemas -
pero habla también de su belleza,
de su sutil hermosura que amamos.
Siempre es bello y musical tu griego.
Mas tu maestría toda requerimos ahora.
A extranjera lengua nuestras penas y nuestros amores pasan.
Tu sentimiento egipcio vierte en la lengua extranjera.
Rafael, tus versos que sean así escritos,
que tengan, sabes, algo de nuestra vida dentro de ellos,
que el ritmo y cada frase manifiesten
que sobre un alejandrino un alejandrino escribe.


CUANDO DESPIERTEN
Trata de guardarlas, poeta,
por más que sean pocas aquellas que se detienen.
Las visiones de tu amor.
Ponlas, medio ocultas, entre tus frases.
Trata de retenerlas, poeta,
cuando despierten en tu mente
en la noche o en el fulgor del mediodía.


VOLUPTAJE
(En voluptuosidad)
Dicha y perfume de mi vida el recuerdo de las horas
en que hallé y tuve la voluptuosidad como la anhelaba.
Dicha y perfume de mi vida, de mi vida en que evité
todo goce de amores rutinarios.


ASÍ TAN INTENSAMENTE CONTEMPLÉ -
Así tan intensamente contemplé la belleza,
que plena está mi vista de ella.
Líneas del cuerpo. Labios rojos. Miembros voluptuosos.
Cabellos como tomados de estatuas griegas:
siempre hermosos, aun cuando están despeinados,
y caen, un poco, sobre las frentes blancas.
Rostros del amor, tal como los anhelaba
mi poesía ... en las noches de mi juventud,
en mis noches, furtivamente, hallados...
 

EN LA CALLE
Su simpático rostro, un poco pálido;
sus ojos castaños, como cansados;
veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte;
con algo de artístico en su vestir
-tal vez el color de la corbata, la forma del cuello-
camina sin rumbo por la calle,
como hipnotizado aún por el placer prohibido,
por el tan ilícito placer que recién alcanzó.


LA VITRINA DE LA CIGARRERÍA
Junto a una iluminada vitrina
de una cigarrería estaban, entre otros muchos.
Casualmente sus miradas se encontraron,
y el ilícito deseo de sus cuerpos
expresaron tímidamente, con vacilación.
Después, unos pocos pasos inquietos en la acera -
hasta que sonrieron, y se hicieron una leve seña.
Y enseguida ya el coche cerrado...
el acercamiento sensual de los cuerpos;
las manos unidas, los labios unidos.


EN UN ATARDECER
Con todo no podía eso durar mucho. La experiencia
de los años me lo muestra. Pero sin embargo un tanto abruptamente
vino el Destino y lo detuvo.
Breve fue la hermosa vida.
Mas cuán intensos fueron los perfumes,
en qué maravillosos lechos nos acostamos,
a qué placer nuestros cuerpos entregamos.
Un eco de los días del placer,
un eco de aquellos días vino hasta mí,
algo del ardor de nuestra juventud;
volví a tomar en mis manos una carta,
y leía una y otra vez hasta que me faltó la luz.
Y salí al balcón melancólicamente -
salí para cambiar de pensamientos mirando al menos
un poco de la ciudad amada,
un poco del movimiento de la calle y los negocios.


GRISES
Mirando un ópalo medio gris
recordé dos hermosos ojos grises
que vi: hará unos veinte años ...
...................................................
Por un mes nos amamos.
después se marchó, creo que para Esmirna,
a trabajar allí, y no nos vimos más.
Se habrán afeado -si vive- aquellos ojos grises;
se habrá arruinado el bello rostro.
Memoria mía, guárdalos tú como eran.
Y lo que puedas, memoria, de ese amor mío,
lo que puedas tráemelo esta noche.


FRENTE DE LA CASA
Ayer mientras paseaba por un barrio
apartado, pasé por frente de la casa
donde solía entrar cuando era joven.
Allí el Amor mi cuerpo había dominado
con su poder maravilloso.
Y ayer
cuando pasé por la vieja calle,
se embellecieron al punto por el encantamiento del amor
los negocios, las aceras, las piedras,
y murallas, y balcones, y ventanas:
nada feo quedó allí.
Y mientras estaba detenido, y contemplaba la puerta,
y permanecía detenido, y me tardaba allí delante de la casa,
de todo mi ser brotaba
la guardada emoción del placer.


LA MESA DEL LADO
Apenas tendría veintidós años.
Y sin embargo estoy seguro, que, hace casi esos
años, este mismo cuerpo lo gocé.
No es en absoluto una exaltación del erotismo.
Y sólo poco rato antes entré al casino:
no he tenido tiempo para beber mucho.
El mismo cuerpo yo lo gocé.
Y si no recuerdo dónde -un olvido mío no importa.
Ah mira, ahora que se sentó en la mesa del lado,
conozco cada movimiento que hace -y por debajo de la ropa
desnudos los miembros amados vuelvo a ver.


RECUERDA, CUERPO...
Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,
no sólo los lechos en que te acostaste,
sino también aquellos deseos que por ti
brillaban en los ojos manifiestamente,
y temblaban en la voz -y algún
obstáculo casual los hizo vanos.
Ahora que todo ya está en el pasado,
parece casi como si a los deseos
aquellos te hubieses entregado -cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.


DÍAS DE 1903
No los hallé ya otra vez -tan luego perdidos...
los ojos poéticos, el pálido
rostro ... en el anochecer de la calle ...
No los hallé ya más -conquistados sólo por casualidad,
que así con ligereza dejé;
y después con angustia anhelaba.
Los ojos poéticos, el pálido rostro,
los labios aquellos no los hallé más.


POEMAS CANÓNICOS (1919-1933)


EL SOL DE LA TARDE
Esta pieza, qué bien la conozco.
Ahora se arrienda y también la del lado
para oficinas comerciales. Toda la casa se transformó
en oficinas de corredores, y de comerciantes, y de Compañías.
Ah esta pieza, cuán conocida me es.
Cerca de la puerta aquí estaba el canapé,
y delante de él una alfombra turca;
cerca el estante con dos floreros amari1los.
A la derecha, no, al frente, un armario con espejo.
En el centro, la mesa donde escribía;
y los tres grandes sillones de mimbre.
Junto a la ventana estaba la cama
donde nos amamos tantas veces.
En algún lugar deben estar esas pobres cosas.
Junto a la ventana estaba la cama.
El sol de la tarde le llegaba a la mitad.
...Una tarde, las cuatro, nos habíamos separado
por una semana solamente... Ay de mí,
esa semana se volvió siempre.


A PERMANECER
Sería la una de la madrugada,
o la una y media.
En un rincón de la taberna:
detrás del tabique de madera.
Fuera de nosotros dos, el negocio totalmente vacío.
Una lámpara de petróleo lo alumbraba apenas.
En la puerta, dormitaba el sirviente trasnochado.
No nos veía nadie. Pero ya
nos habíamos inflamado tanto,
que fuimos incapaces de precauciones.
Las ropas se entreabrieron -muchas no eran
porque ardía un divino mes de julio.
Goce de la carne entre
las ropas semiabiertas:
desnudez fugaz del cuerpo -cuya imagen
veintiséis años ha atravesado: y ahora vino
a permanecer en este poema.


SI ES QUE MURIÓ
"¿Dónde se retiró, dónde ha desaparecido el Sabio?
Después de sus numerosos milagros,
la nombradía de su magisterio
que se esparció por tantas naciones,
se ocultó de repente y nadie supo
con certeza que fue de él
(ni nadie jamás vio su sepulcro).
Unos inventaron que murió en Efeso.
Sin embargo Damis no escribió eso; nada
sobre la muerte de Apolonio ha escrito Damis.
Otros dijeron que en Lindos desapareció.
O acaso sea cierta aquella historia,
de que ascendió al cielo en Creta,
en el templo antiguo de Diktine. -
Con todo tenemos su maravillosa,
su sobrenatural aparición
a un joven estudiante en Tiana.
Quizás no ha llegado el tiempo de que vuelva,
de que reaparezca otra vez ante el mundo;
o transfigurado, acaso, entre nosotros
anda incógnito. -Pero ha de volver a aparecer
como era, enseñando lo justo; y entonces seguramente
traerá de nuevo el culto de nuestros dioses,
y nuestras finas ceremonias helénicas".
Así divagaba en su pobre morada -
-después de una lectura de Filóstrato
"Sobre Apolonio de Tiana"-
uno de los pocos gentiles,
de los muy pocos que habían quedado. Por otra parte
-hombre insignificante y cobarde- en público
pasaba también él por cristiano y asistía a la iglesia.
Era la época en que reinaba,
con extrema devoción, el viejo Justino,
y Alejandría, ciudad temerosa de Dios,
repulsaba a los pobres idólatras.


JÓVENES DE SIDÓN (400 D.C.)
El actor que trajeron para que los divirtiera
recitó también algunos epigramas escogidos.
La sala se abría sobre el jardín;
y tenia una sutil fragancia de flores
que se mezclaba con los aromas
de los cinco perfumados jóvenes sidonios.
Se leyó a Meleagro, y a Crinágoras, y a Rianos.
Mas cuando el actor declamó,
"Esquilo Ateniense hijo de Euforión yace aquí"-
(acentuando quizás más de lo debido
el "coraje insigne" y el "bosque de Maratón"),
saltó al instante un muchacho vivaz,
fanático por las letras, y exclamó:
"Ah no me gusta este tetrástico.
Expresiones de tal especie parecen en cierto modo debilidades.
Entrega -proclamo yo- a tu obra toda tu fuerza,
todo tu cuidado, y luego recuerda igualmente tu obra
en el tiempo de prueba, o cuando tu vida ya declina.
Tal es lo que espero y exijo de ti.
Y no que saques totalmente de tu espíritu
el espléndido Logos de la Tragedia-
qué Agamenón, qué admirable Prometeo,
qué presentaciones de Orestes, de Casandra
qué Siete contra Tebas -y para memoria tuya que pongas
solamente que entre la tropa de soldados, en la multitud,
también tú combatiste contra Datis y Artafernes".


ANA COMNENA
En el prólogo de la Alexiada se lamenta
Ana Comnena de su viudez.
Su alma está presa del vértigo. "Y con
ríos de lágrimas" nos dice "empapo
mis ojos... Ay qué oleajes"
en su vida, "ay qué de revoluciones". La abrasa el dolor
"hasta la médula de los huesos y el quebrantamiento del alma".
Sin embargo parece que en verdad sólo una pena
mortal conoció la ambiciosa mujer;
sólo un dolor profundo tuvo
(aunque no lo confiese) esta arrogante griega:
que no logró, pese a toda su habilidad,
apoderarse del Reino. Sino que lo arrebató
casi de entre sus manos aquel insolente Juan.


SU COMIENZO
La consumación de su placer ilícito
tuvo lugar. Se levantaron del lecho,
y se visten rápidamente, sin hablar.
Salen separados, ocultamente de la casa; y mientras
caminan con cierta inquietud por la calle, parece
como si sospecharan que algo en ellos traiciona
a qué clase de lecho cayeron hace poco.
Cuánto ganó empero la vida del artista.
Mañana, pasado mañana, o después de años han de escribirse
los vigorosos versos cuyo comienzo aquí estuvo.


FAVOR DE ALEJANDRO BALAS
Ah, no me molesto porque se me dañó una rueda
del carruaje, y porque he perdido una victoria ridícula.
Con los buenos vinos, y entre las bellas rosas
voy a pasar la noche. Antioquía me pertenece.
Soy el mancebo más glorificado,
soy yo la debilidad de Balas, el adorado.
Mañana, ya verás, dirán que la carrera no fue correcta.
(Pero si yo fuera menos fino, y si lo hubiera ordenado en secreto -
los aduladores declararían primero a mi carro cojo).


DE LA ESCUELA DEL CÉLEBRE FILÓSOFO
Fue discípulo de Amonio Saccas por dos años;
pero se aburrió de la filosofía y de Saccas.
Después entró a la política.
Pero la abandonó. Eparcos era necio;
y los que lo rodeaban, unos estúpidos solemnes de apariencia grave:
el griego que hablaban los pobres, tres veces bárbaro.
La Iglesia atrajo un poco
su curiosidad: como para bautizarse
y hacerse Cristiano. Mas, pronto
cambió su opinión. Se malquistaría seguramente
con sus padres, abiertamente gentiles;
y le cortarían -cosa horrible-
en forma inmediata sus generosas mesadas.
Con todo había que hacer algo. Se volvió asiduo
de las casas de corrupción de Alejandría,
y de todo refugio secreto de perdición.
La suerte le pareció en esto favorable:
le había dado una figura en extremo agraciada.
Y él gozaba ese don divino.
A lo menos por diez años todavía
su hermosura habría de durar. Después -
quizás iría de nuevo donde Saccas.
Y si en el intervalo el viejo hubiera muerto,
iría donde otro filósofo o sofista:
siempre se encuentra alguno apropiado.
O por último, es posible que volviera a la política
-recordando de manera digna de elogio
sus tradiciones familiares,
los deberes para con la patria y otras cosas rimbombantes parecidas.


EN UN LIBRO VIEJO
En un libro viejo -de unos cien años-
olvidada entre sus hojas,
encontré una acuarela sin firma.
Debe haber sido obra de un artista muy bueno.
Llevaba como título "Presentación del amor".
Pero más bien correspondía "- del amor de los sensuales en
extremo".
Porque era manifiesto al contemplar la obra
(fácilmente percibíase la idea del artista)
que a los que aman en cierto modo regularmente,
que permanecen dentro de lo que de todas maneras se permite,
no estaba destinado el adolescente
de la pintura -en unos ojos pardos, oscuros,
con la hermosura peregrina de su rostro,
la belleza de la atracción anómala;
con sus labios ideales que llevan
el placer a un cuerpo amado;
con sus miembros ideales creados para lechos
que la moral corriente llama vergonzosos.


EN DESESPERACIÓN
Lo perdió del todo. Y ahora busca ya
en los labios de cada nuevo amante
los labios de él; en la unión con cada
nuevo amante busca engañarse
que es el mismo joven, que se entrega a aquél.
Lo perdió del todo, como si ni siquiera nunca existido.
Porque quería -dijo él- quería liberarse
del placer morboso, estigmatizado.
Era tiempo todavía -según dijo- de salvarse.
Lo perdió del todo, como si nunca siquiera hubiera existido.
A través de la imaginación, a través de las falsas sensaciones
en los labios de otros jóvenes busca los labios de él;
buscar sentir de nuevo su amor.


TEATRO DE SIDÓN (400 D.C.)
Hijo de un ciudadano honorable- sobre todo, agraciado
joven del teatro, agradable en diversos aspectos,
de vez en cuando compongo en lengua griega
muy audaces versos, que los hago circular
muy en secreto, se entiende ¡dioses! para que no los
vean
los que visten de oscuro, que hablan de moral
-versos de la voluptuosidad escogida, que lleva
a un amor estéril y reprobado.


ANTES QUE LOS CAMBIARA EL TIEMPO
Mucha pena sintieron por la separación.
Ellos no lo querían: fueron las circunstancias.
La necesidad de vivir hizo a uno de ellos
marcharse lejos -Nueva York o Canadá.
Su amor ciertamente no era igual como antes;
había disminuido gradualmente la atracción,
había disminuido mucho la atracción.
Con todo separarse, ellos no lo querían.
Fueron las circunstancias.- O acaso como un artista
el Destino apareció separándolos ahora
antes que se extinguiera su sentimiento, antes que los
cambiara el /Tiempo:
será el uno para el otro cual si siguiera siempre
siendo el hermoso muchacho de veinticuatro años.


VINO A LEER
Vino a leer. Están abiertos
dos, tres libros: historiadores y poetas.
Pero apenas leyó unos diez minutos,
y los dejó. En el sillón
dormita. Pertenece por entero a los libros-
pero tiene veintitrés años, y es muy hermoso;
y hoy después de mediodía pasó el amor
por su carne ideal, por sus labios.
Por su carne que es toda belleza
el ardor erótico pasó;
sin pudor ridículo por la forma del placer...


TEMETHOS, ANTIOQUENSE: 400 D.C.
Versos del joven Témethos apasionado de amor.
Con el título de "Emonidis"- de Antíoco Epifanes
el querido compañero: un hermosísimo
joven de Samosata. Pero si los versos resultaron
cálidos, emocionados es porque Emonidis
(tomado de aquella época antigua:
¡el ciento treintisiete del reinado de los griegos!
- acaso también un poco antes) fue colocado en el poema
como un simple nombre: apropiado sin embargo.
Un amor de Témethos el poema expresa,
bello y digno de él. Nosotros los iniciados
sus amigos íntimos; nosotros los iniciados
sabemos para quién se escribieron los versos.
Los antioquenses ignorantes leen Emonidis.


DE VIDRIO COLOREADO
Mucho me emociona un detalle
en la coronación, en Blaquerna, de Juan Cantacuzeno
y de Irene hija de Andrónico Asán.
Como no poseían sino unas pocas piedras preciosas
(grande era la pobreza de nuestro maltrecho estado)
se ataviaron con gemas artificiales. Una cantidad de trozos de vidrio,
granates, verdes o azulados. Nada
de humillante o indigno
tienen en mi opinión esos trocitos
de vidrio coloreado. Parecen por el contrario
una triste protesta
contra el injusto infortunio de los coronados.
Son los símbolos de aquello que debieron tener
en su coronación un Kyr Juan Cantacuzeno,
y una Kyría Irene hija de Andrónico Asán.


EL 25° AÑO DE SU VIDA
Va regularmente a la taberna
donde se habían conocido el mes anterior.
Preguntó; pero nada supieron decirle.
Por sus palabras, comprendió que se había conocido
con un sujeto totalmente desconocido;
uno de los muchos desconocidos y sospechosos
tipos jóvenes que por allí pasaban.
Va sin embargo a la taberna regularmente, en la noche,
y se sienta y mira a la entrada;
mira a la entrada hasta la fatiga.
Quizás entre. Esta noche quizás venga.
Cerca de tres semanas que lo hace así.
Se enfermó su ánimo de lascivia.
En su boca los besos permanecieron.
Todo su cuerpo sufre por el deseo continuo.
En contacto de aquel cuerpo sobre él está.
Quiere la unión con él de nuevo.
Se entiende que se esfuerza por no traicionarse.
Pero en cierto modo casi le es indiferente.-
Por otra parte, sabe a qué se expone,
se ha decidido. No es inverosímil que ésta su vida
a un escándalo desastroso lo lleve.


EN LA ALDEA ABURRIDA
En la aldea aburrida donde trabaja
-empleado en una casa de comercio,
jovencísimo- y donde espera
que pasen aún dos o tres meses,
aún dos o tres meses para que disminuya el quehacer,
y así trasladarse a la ciudad y lanzarse
al movimiento y las diversiones de inmediato;
en la aburrida aldea donde espera -
cayó a la cama esta noche preso de pasión amorosa;
su juventud toda inflamada por el deseo carnal,
en hermosa tensión toda su hermosa juventud.
Y en medio de su sueno vino el placer: en medio
del sueño ve y posee la figura, el cuerpo que quería...


LA ENFERMEDAD DE CLETO
Cleto, un simpático
muchacho, de unos veintitrés años
-con excelente educación, con un raro conocimiento del griego-
está gravemente enfermo. Lo atacó la fiebre
que este año ha asolado a Alejandría.
Lo atacó la fiebre estando ya agotado moralmente
por la pena de que su amigo, un joven actor,
dejó de amarlo y no lo quiere.
Está gravemente enfermo, y sus padres tiemblan.
Y una anciana sirviente que lo crió
tiembla también ella por la vida de Cleto.
En su terrible inquietud
le viene a la memoria un ídolo
que adoraba de pequeña, antes que entrara aquí, como criada,
a una casa de Cristianos importantes, y de cristianizarse.
Toma en secreto unos bizcochos, y vino, y miel.
Los lleva ante el ídolo. Canta cuantas melodías
de súplica recuerda. La necia
no se da cuenta que a ese demonio negro poco le importa
si sana o no sana un cristiano.


SACERDOTE DEL SERAPION
A mi buen padre anciano,
que me amó siempre igual;
a mi buen padre anciano que murió anteayer,
poco antes de anochecer, estoy llorando.
Jesucristo, los mandamientos
de tu iglesia santísima observar
en cada acción mía, en cada palabra,
en cada pensamiento, es mi esfuerzo
cotidiano. Y a los que te niegan
los rechazo.- Pero ahora me lamento:
gimo, Cristo mío, por mi padre
a pesar de que era -horrible decirlo-
sacerdote en el muy maldito Serapion.


POR LAS TABERNAS
Por las tabernas y los burdeles
de Berito me revuelco. No quería quedarme
en Alejandría. Me abandonó Tamidis
y se fue con el hijo de Eparcos para tener
una villa en el Nilo, un palacio en la ciudad.
No podía quedarme en Alejandría yo.-
Por las cantinas y los burdeles
de Berito me revuelco. En disipación abyecta
paso vilmente la vida. Lo único que me salva
como belleza duradera, como aroma que sobre
mi cuerpo ha quedado, es que tuve por dos años
como mío a Tamidis, el joven más maravilloso,
como mío no por una casa o una villa en el Nilo.


ANA DALASENE
En la bula áurea que dictó Alexis Comnenos
para honrar en forma magnífica a su madre,
a la muy prudente señora Ana Dalasene
-distinguida en sus obras, en sus costumbres-
hay elogios diversos: traigamos aquí de entre ellos
una frase hermosa, noble
"Jamás esta fría palabra; lo mía o lo tuyo, dijo".


DÍAS DE 1896
Se envileció totalmente. Una tendencia erótica
muy prohibida y despreciada
(innata sin embargo) fue la causa:
era la sociedad puritana en extremo.
Gradualmente perdió su escaso dinero;
después perdió su rango, y su reputación.
Se acercaba a los treinta sin que nunca por un año
durara en un trabajo, al menos conocido.
A veces sus gastos los ganaba
con tratos que se consideran vergonzosos.
Llegó a ser un sujeto que al que vieran con él
a menudo, era probable que lo comprometiera en forma
grave.
Pero no sólo esto. Ello no sería justo.
Bastante más vale de su belleza el recuerdo.
Otro aspecto existe que si desde él se mira
aparece como atractivo; aparece como un sencillo y
verdadero
muchacho del amor, que por sobre el honor,
y su reputación colocó sin prevenciones
la voluptuosidad pura de su cuerpo puro.
En cuanto a su fama? La sociedad que era
puritana en extremo sacaba necias conclusiones.


DOS JÓVENES, DE 23 A 24 AÑOS
Desde las diez y media estaba en el café,
y lo esperaba que dentro de poco apareciera.
Llegó la medianoche -y lo esperaba todavía.
Dieron la una y media; habíase vaciado
casi del todo el café.
Se aburrió de leer diarios
maquinalmente. De sus pobres tres chelines
sólo le quedaba uno: en tanto rato que esperaba
gastó los otros en cafés y coñac.
Todos sus cigarrillos se los fumó.
Lo estaba agotando tanta espera. Porque
solo como estaba por horas, comenzaron
a apoderarse de él inoportunos pensamientos
sobre su vida descarriada.
Mas cuando vio entrar a su amigo -al punto
el cansancio, el fastidio, los pensamientos disipáronse.
El amigo le llevó una noticia inesperada.
Había ganado sesenta liras en el garito.
Sus hermosos semblantes, su maravillosa juventud,
el sensitivo amor que entre sí se tenían,
se refrescaron, revivieron, se fortalecieron
por las sesenta liras de la casa de juego.
Y plenos de alegría y de vigor, de sensualidad y belleza
Se fueron -no a las casas de sus honorables familiares
(donde, por otra parte, ya no los querían):
a una casa de corrupción conocida de ellos,
y muy particular, se fueron y pidieron
un dormitorio, y licores costosos, y de nuevo bebieron.
Y cuando se acabaron los costosos licores,
y cuando ya se acercaban las cuatro
al amor se entregaron felices.


DÍAS DE 1901
Esto era lo que había en él de singular:
que en medio de toda su vida disoluta
y de su mucha experiencia en el amor,
a pesar de la habitual armonía
entre su actitud y su edad,
había algunos instantes -pero muy raros
ciertamente- en que daba la impresión
de una carne casi intacta.
La hermosura de sus veintinueve años,
tan probada en el placer,
había momentos en que paradojalmente recordaba
a un adolescente que -con cierta torpeza- al amor
por primera vez su cuerpo puro entrega.


NO COMPRENDISTE
De nuestras creencias religiosas-
el necio Julián dijo: "Leí, comprendí,
condené". Como si nos hubiera anonadado
con su "condené", el muy ridículo.
Tales ocurrencias sin embargo no van con nosotros
los Cristianos. "Leíste, pero no comprendiste; pues si hubieras
comprendido,
no habrías condenado" respondimos de inmediato.


UN JOVEN, DEL ARTE LITERARIO - EN SU 24° AÑO
Como puedas trabaja pues, cerebro.-
Lo agota un placer a medias.
Se encuentra en una situación neurotizante.
Besa el rostro amado cada día,
sus manos permanecen sobre los más maravillosos miembros.
Nunca ha amado con tan grande
pasión. Pero falta la bella consumación
del amor; falta la consumación
que por los dos debe cumplirse con una intensidad anhelada.
(Al placer anormal no se han entregado igualmente los dos.
Sólo a él ese placer lo dominó en forma absoluta).
Y se agota, y se neurotizó del todo.
Por otra parte también está sin trabajo; y esto contribuye mucho.
Algunas pequeñas cantidades de dinero
consigue prestadas con dificultad (casi
las mendiga a veces) y medio se mantiene.
Besa los labios adorados; sobre
el cuerpo maravilloso -que sin embargo ahora percibe
sólo consiente- goza.
Y después bebe y fuma; bebe y fuma;
y vaga por los cafés todo el día,
arrastra con fastidio la consunción de su belleza.-
Como puedas trabaja pues, cerebro.


RETRATO DE UN JOVEN DE 23 AÑOS, HECHO POR AMIGO
SUYO DE IGUAL EDAD, PINTOR AFICIONADO
Terminó el retrato ayer por la tarde. Ahora
lo examina en detalle. Lo pintó con un terno
gris desabotonado, gris oscuro: sin
chaleco ni corbata. Con una camisa
rosada: abierta, para que algo se vea también
de la hermosura del cuello, del pecho.
Su frente a la derecha casi entera
la cubren sus cabellos, sus hermosos cabellos
(como es el peinado que este ano prefiere).
Y allí está en plenitud el tono sensual
que quiso dar cuando pintaba los ojos,
cuando dibujaba los labios... Su boca, los labios
que son para satisfacer un erotismo selecto.


KIMON HIJO DE LEARJOS DE 22 AÑOS,
ESTUDIANTE DE LETRAS GRIEGAS (EN CIRENE)
"Mi fin sobrevino cuando era feliz.
Hermotelis me tenía como su amigo inseparable.
En mis últimos días, a pesar de que fingía
no estar inquieto, percibía yo a menudo
sus ojos llorosos. Parecía como si hubiera
dormido poco, caía como fuera de sí
en el borde de mi cama. Y éramos también los dos
jóvenes de una edad, veintitrés años.
Traidora es la Suerte. Quizás alguna otra pasión
a Hermotelis lo separaba de mí.
En buena hora he muerto: en el amor no compartido".
Este epitafio de Marilo Aristodemos
que murió en Alejandría hace un mes,
lo recibí yo el doliente, su primo Kimon.
Me lo envió el poeta conocido mío que lo escribió.
Me lo envió porque sabía que yo era
pariente de Marilo: no sabía otra cosa.
Llena está mi alma de pena por Marilo.
Habíamos crecido juntos, como hermanos.
Siento tristeza profunda. Su muerte prematura
cualquier resentimiento del todo me lo borró...
todo resentimiento contra Marilo -a pesar
de que me había robado el amor de Hermotelis,
y aunque me quiera ahora Hermotelis de nuevo,
no será en absoluto lo mismo. Conozco yo el carácter
sensible que poseo. La imagen de Marilo
surgirá entre nosotros, y he de creer que lo oigo
decirme: Hete aquí ahora satisfecho:
He aquí que lo has recobrado como deseabas, Kimon:
He aquí que ya no tienes pretexto para acusarme.


EN CAMINO A SINOPE
Mitrídates, glorioso y potente,
señor de grandes ciudades,
poseedor de ejércitos poderosos y de flotas,
mientras iba a Sinope pasó por un camino
de campo muy apartado
donde tenía su morada un adivino.
Envió Mitrídates un oficial
a preguntar al augur cuánta riqueza aún
poseería en el futuro, cuánto poder más.
Envió un oficial suyo, y después
continuó su camino hacia Sinope.
Se retiró el adivino a un cuarto secreto.
Después de más o menos media hora salió
preocupado, y dijo al oficial:
"No pude distinguir en forma satisfactoria.
El día no es apropiado hoy.
Vi cosas oscuras. No comprendí bien.
Pero que se contente, pienso, el rey con cuanto tiene.
Algo más le traería peligros.
Acuérdate de decirle esto, oficial:
¡con lo que posee, por Dios, que se contente!
La fortuna tiene cambios repentinos.
Dile al rey Mitrídates:
"muy raramente se encuentra el compañero noble, de su antepasado
que escribe con su lanza sobre el suelo oportunamente
la frase salvadora Mitrídates huye".


DÍAS DE 1909 10 Y 11
De un maltraído, pobrísimo marino
(de una isla del Mar Egeo) era hijo.
Trabajaba donde un herrero. Usaba ropa vieja.
Sus zapatos de trabajo raídos y míseros.
Sus manos estaban manchadas de herrumbe y aceite.
Al caer la noche, cuando cerraba el taller,
si había algo que deseaba mucho,
alguna corbata un poco cara,
alguna corbata para el domingo,
o si había visto en una vitrina y la quería
alguna bonita camisa azul oscuro,
vendía su cuerpo por un tálero o dos.
Me pregunto si en los tiempos antiguos
poseyó la gloriosa Alejandría un joven más bellísimo,
un muchacho 'más perfecto que él - que se perdió:
no hubo, se comprende, estatua o pintura suya:
arrojado al mísero taller de un herrero,
se hubo de acabar tempranamente por el trabajo penoso
y por una vulgar corrupción, desdichada.


MIRIS: ALEJANDRÍA DEL 340 D.C.
Cuando supe la desgracia, que había muerto Miris,
fui a su casa, a pesar de que evito
entrar a las casas de Cristianos,
sobre todo cuando tienen duelos o festejos.
Me detuve en un pasillo. No quise
avanzar más adentro, pues percibí
que los parientes del muerto me miraban
con manifiesto asombro y desagrado.
Lo tenían en una sala grande
que desde el extremo donde me detuve
vi un poco: toda tapices preciosos,
y utensilios de oro y de plata.
Yo estaba de pie llorando al final del pasillo.
Y pensaba que nuestras reuniones y excursiones
sin Miris no tendrían ya valor
y pensaba que ya no lo vería
en nuestras bellas trasnochadas inmorales
regocijarse, y reír, y recitar versos
con su perfecto sentido del ritmo griego;
y pensaba que había perdido para siempre
su belleza, que había perdido para siempre
al joven que adoraba con locura.
Unas ancianas, cerca de mí, hablaban en voz baja
del último día que vivió-
continuamente en sus labios, el nombre de Jesús,
tenía una cruz en sus manos.-
Entraron después al aposento
cuatro sacerdotes Cristianos, y decían sus oraciones
con fervor y unas súplicas a Jesús
o a María (no conozco bien su religión)
Sabíamos, ciertamente, que Miris era Cristiano.
Lo sabíamos desde el primer momento, cuando
el año antepasado entró a nuestro grupo.
Pero vivía absolutamente como nosotros.
De todos nosotros el más entregado a los placeres;
disipando con largueza su dinero en las diversiones.
Sin cuidado por el juicio de la gente,
se metía de adrede en riñas nocturnas en las calles
cuando nuestra cuadrilla acertaba
a hallar un grupo opuesto.
Nunca hablaba de su religión.
Más aun, cierta vez le dijimos
que lo llevaríamos con nosotros al Serapion.
Pero como que se disgustó
con esa broma: ahora recuerdo.
Ah y también me vienen a la mente otras dos ocasiones.
Cuando hicimos libaciones a Poseidón,
se apartó de nuestro grupo y volvió la vista a otra parte.
Cuando entusiasmado uno de nosotros
dijo "el grupo nuestro que esté
bajo el favor y protección del grande,
del hermosísimo Apolo" -Miris susurró
(los demás no lo oyeron) "con excepción de mí'.
Los sacerdotes Cristianos en alta voz
suplicaban por el alma del joven.-
Yo observaba con cuánto esmero
y con qué atención concentrada
se preparaba todo en las formas
de su religión para el funeral Cristiano.
Y de repente me dominó una extraña impresión.
De una manera indefinida, sentía
como si Miris se marchase de mi lado.
Sentía que se había unido, Cristiano,
con los suyos, y que me había vuelto
yo un extraño, muy extraño, sentía además
que una duda se me allegaba: acaso hubiera sido engañado
por mi afecto, y siempre le fui extraño.-
Me lancé fuera de la horrible casa de ellos,
huí velozmente antes que el recuerdo de Miris me
fuera arrebatado, cambiado por el cristianismo de ésos.


BELLAS FLORES Y BLANCAS COMO MUCHO LE VENÍAN
Entró al café donde iban juntos.-
Su amigo aquí le dijo hace tres meses:
"No tenemos un centavo. Dos pobres muchachos
somos -que hemos caído a tabernas baratas.
Te lo digo claramente, contigo no puedo
andar. Otro, sábelo, me busca."
El otro le había prometido dos trajes y algunos
pañuelos de seda.- Para tenerlo de nuevo
removió el mundo, y consiguió veinte liras.
Vino de nuevo con él por las veinte liras,
pero también, a más de ellas, por la vieja amistad,
por el antiguo afecto, por su sentimiento.-
El "otro" era un mentiroso, un verdadero pillo;
solamente un traje le había hecho, y
aun esto a la fuerza, después de mil ruegos.
Pero ahora ya no quiere ni los trajes,
ni tampoco en absoluto los pañuelos de seda,
y ni veinte liras, y ni veinte monedas.
El domingo lo enterraron, a las diez de la mañana.
El domingo lo enterraron: hace una semana casi.
En su pobre ataúd unas flores le puso,
flores bellas y blancas como mucho le venían
a la hermosura suya y a sus veintidós años.
Cuando a la noche fue -encontró algún trabajo,
necesidad del pan- al café donde
iban juntos: puñal en su corazón
el mísero café donde iban juntos.


EN EL MISMO LUGAR
Ambiente de la casa, de los locales, del barrio
que veo y por donde camino: años y años.
Te he dado forma en alegría y en tristezas:
con tantas circunstancias, con tantas cosas.
Y todo entero te has trocado en sentimiento, para mí.


EL ESPEJO EN LA ENTRADA
La rica mansión tenía en la entrada
un espejo enorme, muy antiguo,
comprado a lo menos ochenta años antes.
Un hermosísimo joven, empleado donde un sastre
(los domingos, atleta aficionado),
estaba allí con un paquete. Lo entregó
a alguien de la casa, y éste lo llevó adentro
para traer el recibo. El empleado del sastre
se quedó solo, esperando.
Se acercó al espejo y se miraba
y se arreglaba la corbata. A los cinco minutos
le trajeron el recibo. Lo tomó y se fue.
Pero el viejo espejo que había visto tanto y tanto,
durante sus muchos años de existencia,
miles de cosas y de rostros,
pero el viejo espejo ahora se alegraba
y se sentía ufano de haber recibido sobre sí
la perfecta belleza por algunos instantes.


PREGUNTABA POR LA CALIDAD
Desde la oficina donde lo habían tomado
para un puesto insignificante y mal pagado
(como ocho liras al mes: con los extras)
salió al terminar su maldito trabajo
donde la tarde entera había estado agachado:
salió a las siete, e iba caminando lentamente
haraganeando por la calle.- Hermoso,
e interesante: de tal modo que mostraba haber llegado
a su plena realización sensual.
Los veintinueve años, los había cumplido el mes pasado.
Vagaba por la calle, y por los pobres
pasajes que llevaban a su casa.
Al pasar frente a un pequeño negocio
donde vendían unos artículos
falsificados y baratos para obreros,
vio dentro una cara, vio una figura
que le atrajo y entró, como buscando
ver unos pañuelos de color.
Preguntaba por la calidad de los pañuelos
y cuánto costaban con voz ahogada,
casi apagada por el deseo.
Y de igual manera vinieron las respuestas,
distraídas, en voz baja,
con un consentimiento subentendido.
Seguían hablando sobre la mercancía -pero
único objetivo: que se tocaran las manos
sobre los pañuelos; que se acercaran
los rostros, los labios como por casualidad:
un contacto momentáneo del cuerpo.
Rápida y furtivamente, para que no se diera cuenta
el dueño de la tienda que estaba sentado al fondo.


DÍAS DE 1908
Aquel año se encontró sin trabajo;
y en consecuencia vivía de las cartas,
y de los dados, y de dinero prestado.
Un puesto, con tres liras al mes, le habían ofrecido
en una pequeña papelería.
Pero lo rechazó, sin ninguna vacilación.
No le venía. No era sueldo para él,
un joven con bastante cultura, y de veintidós años.
Ganaba, no ganaba dos, tres chelines al día.
De las cartas y los dados qué podía sacar el muchacho,
en los cafés de su clase, populares,
por más que jugara con viveza, por más que eligiera necios.
El dinero prestado, eso era y no era plata.
Raramente alcanzaba a un tálero, lo más frecuente medio,
a veces caía a sólo un chelín.
Cada semana, a veces más seguido,
cuando se libraba del terrible trasnochar,
se refrescaba bañándose, nadando en la mañana.
Su ropa era una terrible ruina.
Siempre llevaba el mismo traje, un traje
muy desteñido color canela.
Ah días del verano del novecientos ocho,
de vuestra visión, artísticamente,
se borró la ropa raída color cáscara.
Vuestra visión lo conservó
cuando se despojaba de ellas, cuando se las quitaba,
las ropas indignas, la ropa interior remendada.
Y quedaba enteramente desnudo,. inmaculadamente hermoso: una
maravilla.
Sus cabellos sin peinar, desordenados;
sus miembros un poco quemados
por la desnudez matinal en los baños, y en la playa.


POEMAS INÉDITOS (1884-1923)


VIAJE NOCTURNO DE PRÍAMO (1893)
Dolor y lamento en Ilión.
La tierra
de Troya en desesperanza amarga y en temor
al gran Héctor Priámida llora.
El treno estridente grave resuena.
Ni un alma
queda en Troya no doliente,
que el recuerdo de Héctor olvide.
Mas es vano, inútil
el mucho
lamento en una ciudad atormentada;
sordo es el adverso destino.
Detestando Príamo lo inútil,
oro
saca del tesoro; agrega marmitas,
tapices, y mantos; y también
túnicas, trípodes, una cantidad espléndida
de peplos,
y todo lo que apropiado juzga,
y sobre su carro lo carga.
Quiere con rescate del terrible
enemigo
recuperar el cuerpo de su hijo,
y con augustas exequias honrarlo.
Sale en la noche silenciosa.
Habla
poco. Por único pensamiento ahora tiene
veloz, veloz que corra su carruaje.
Tenebroso extiéndese el camino.
Lúgubre
gime el viento y se lamenta.
Grazna a lo lejos un ominoso cuervo.
Aquí, el aullido de un perro se escucha;
allí,
cual susurro una liebre de rápidos pies cruza.
El rey azota, azota los caballos.
Sombras de la llanura despiértanse
siniestras,
y se preguntan por qué con tanta prisa
vuela el Dardánida hacia los navíos
de argivos asesinos, y de aqueos
funestos.
Pero el rey a esas cosas no atiende;
basta que su carro veloz, veloz corra.


MUERTE DE UN GENERAL (1899)
Su mano alarga la muerte
y de un glorioso general la frente toca.
Al atardecer un diario la noticia da.
La casa del enfermo se llena con muchísima gente.
A él los dolores le paralizaron
los miembros y la lengua. Su, mirada gira
y mucho rato se fija en cosas conocidas.
Impasible, a los viejos héroes recuerda.
Por afuera -lo han cubierto silencio e inmovilidad.
Por dentro -lo ha podrido la envidia de la vida, miedo,
lepra de placer, necia obstinación, ira, maldad.
Pesadamente gime. -Ha expirado-. Llora la voz
de cada ciudadano: "¡Su muerte ha arruinado a nuestro estado!
¡Ay la Virtud con él ha muerto!"


27 DE JUNIO DE 1906, 2 p.m. (1908)
Cuando lo llevaron los Cristianos a colgar
al inocente muchacho de diecisiete años,
su madre que allí cerca de la horca
se arrastraba y se golpeaba en el suelo
bajo el sol feroz de mediodía,
ya daba alaridos, y aullaba como lobo, como fiera,
o ya extenuada la mártir se lamentaba:
"Diecisiete años sólo me viviste, hijo mío".
Y cuando lo subieron por la escala de la horca
y le pasaron la cuerda y lo colgaron,
y pendía lastimosamente en el vacío
con los espasmos de su negra agonía
su cuerpo adolescente bellamente formado,
la madre mártir se arrastraba por el suelo
y no se lamentaba ya por los años ahora:
"Diecisiete días solamente, gemía,
diecisiete días solamente te gocé, hijo mío".


LO OCULTO (1908)
Por cuanto hice y por cuanto dije
que no traten de encontrar quién era yo.
Un obstáculo se alzaba y transformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Un obstáculo se alzaba y me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Mis acciones más inobservadas
y mis escritos más ocultos
-sólo por allí me entenderán.
Mas acaso no vale la pena gastar
tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
Más tarde -en la sociedad más perfecta-
algún otro, hecho como yo,
ciertamente surgirá y actuará libremente.


MEDIA HORA (1914)
Ni te conseguí, ni te conseguiré
nunca, creo. Algunas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es una pena, no digo. Pero nosotros los del Arte
a veces con intensidad de pensamiento, y ciertamente sólo
por poco tiempo, creamos un placer
que parece casi real.
Así en el bar anteayer -claro que ayudando
mucho el alcohol compasivo-
tuve una media hora en plenitud erótica.
Y tú lo percibiste, me parece,
y te quedaste un poco más de adrede.
Eso era muy necesario. Porque
con toda la imaginación, y con el mágico alcohol,
tenía que mirar también tus labios,
tenía que estar tu cuerpo cerca.


CASA CON HUERTO (1915)
Quisiera tener una casa. de campo
con un jardín muy grande -no tanto
por las flores, por los árboles, y por el verdor
(por cierto que también se hallen: son bellísimos),
sino para tener animales. Ah, ¡tener animales!
Al menos siete gatos -dos bien negros,
y dos albos como nieve, para el contraste.
Un serio papagayo, para escucharlo
decir cosas con énfasis y convicción.
En cuanto a perros, creo que tres me bastarían.
Quisiera también dos caballos (buenos son los caballitos).
Y sobre todo tres o cuatro de aquellos valiosos,
simpáticos, animales, los asnos,
que estuvieran echados perezosamente, que menearan alegres sus cabezas.

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El silencio de Galileo

  • Genial. Universidad de Georgetown, Estados Unidos
  • Pone patas arriba las concepciones actuales. Punto de Libro, España
  • Fascinante. El Comercio, Ecuador
  • Sobresaltante. El Nacional, República Dominicana
  • Arrincona la verdad. Prensa, Panamá
  • Fascinante. El Nuevo Día, Puerto Rico
  • Narración ágil que atrapa. Veintitrés, Argentina

 

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Luis López Nieves

Sobre Luis López Nieves Escríbanos Libro de Visitas Suscripciones Literarias

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