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G
Ganso,
s. Ave que suministra plumas para escribir que, gracias a un
proceso oculto de la naturaleza, están impregnadas, en
distinta medida, de la energía intelectual y el carácter del
ganso, de suerte que al ser entintadas y deslizadas
mecánicamente sobre un papel por una persona llamada "autor",
resulta una transcripción bastante exacta de los pensamientos
y sentimientos del ave. Las diferencias entre un ganso y otro,
tal como se manifiestan a través de este ingenioso método, son
considerables. Muchos gansos sólo poseen facultades triviales
e insignificantes, pero otros son, en realidad, grandes
gansos.
Gárgola,
s. Desagüe saledizo en los tejados de los edificios
medievales, que por lo común tiene la forma de una grotesca
caricatura de un enemigo personal del arquitecto o del
propietario. Esto ocurría sobre todo en las iglesias y
edificios eclesiásticos, cuyas gárgolas ofrecían una verdadera
"galería de delincuentes" formada por los herejes y disidentes
locales. A veces, al entrar en funciones un nuevo deán y un
nuevo capítulo, las viejas gárgolas eran reemplazadas por
otras, más estrechamente relacionadas con los resentimientos
privados de los nuevos titulares.
Gato,
s. Autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza
para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo
doméstico.
Genealogía,
s. Estudio de nuestra filiación hasta llegar a un antepasado
que no tuvo interés en averiguar la suya.
Generosidad,
s. Liberalidad del que tiene mucho al permitir que quien no
tiene nada, se procure todo lo que pueda. Se afirma que una
sola golondrina devora diez millones de insectos por año. Me
parece un ejemplo notable de la generosidad con que el Creador
provee a la subsistencia de sus criaturas.
Henry Ward Beecher.
Generoso,
adj. Originariamente, esta palabra significaba noble por
nacimiento, y se aplicaba rectamente a una gran multitud de
personas. Ahora significa noble por naturaleza y va cayendo en
desuso.
Geógrafo,
s. Sujeto que puede explicarnos de primera intención la
diferencia entre lo que está fuera del mundo y lo que está
adentro.
Geología,
s. Ciencia de la corteza terrestre, que sin duda incluirá la
del interior del globo cuando un charlatán salga de un pozo.
Las formaciones geológicas del planeta ya observadas son: el
Primario, o inferior, que está formado por rocas, huesos de
mulas empantanadas, cañerías de gas, herramientas de mineros,
viejas estatuas desnarigadas, doblones y antepasados. El
Secundario está constituido principalmente por gusanos
colorados y topos. El Terciario comprende vías férreas,
pavimentos, hierbas, víboras, botines enmohecidos, botellas de
cerveza, latas de tomates, ciudadanos intoxicados, basura,
anarquistas e imbéciles.
Glotón,
s. Persona que escapa a los riesgos de la moderación
incurriendo en dispepsia.
Gnóstico,
s. Miembro de una secta de filósofos que tratan de fusionar a
los primitivos cristianos con los platónicos. Los primeros no
quisieron entrar en conversaciones, y la combinación falló,
con gran fastidio de los promotores.
Gnu,
s. Animal sudafricano, que en su forma domesticada se parece a
un caballo, un búfalo y un ciervo. En estado salvaje, se
parece a un rayo, un terremoto y un ciclón.
Gobierno
monárquico, s. Gobierno.
Gota,
s. Nombre que da el médico al reumatismo de un paciente rico.
Gracias,
s. Tres bellas diosas, Aglaia, Thalia y Euphrosyne, que
servían gratuitamente a Venus. No costaba nada mantenerlas,
porque comían muy poco y se vestían según el tiempo, con la
brisa que soplaba en ese momento.
Gramática,
s. Sistema de trampas cuidadosamente preparadas en el camino
por donde el autodidacto avanza hacia la distinción.
Gravitación,
s. Tendencia de todos los cuerpos a acercarse unos a otros con
fuerza proporcional a la cantidad de materia que contienen; la
cantidad de materia que contienen se determina por la
tendencia a acercarse unos a otros. Bello y edificante ejemplo
de cómo la ciencia, después de hacer de A la prueba de B, hace
de B la prueba de A.
Guerra,
s. Subproducto de las artes de la paz. Un período de amistad
internacional es la situación política más amenazadora. El
estudioso de la historia que no ha aprendido a esperar lo
inesperado, puede perder la esperanza de cualquier revelación.
La máxima, "En tiempo de paz prepara la guerra" tiene un
significado más profundo de lo que parece; quiere decir, no
sólo que todas las cosas terrestres tienen un fin, que el
cambio es la única ley inmutable y eterna, sino que el terreno
de la paz está sembrado con las semillas de la guerra y
favorece su germinación y crecimiento.
Cuando Kubla Khan
decretó su "majestuoso palacio de placeres", es decir cuando
hubo paz en Xanadú y gordos festines, sólo entonces, "oyó a lo
lejos Antiguas voces que anunciaban guerra." (Las dos citas
pertenecen a "Kubla Khan", poema inconcluso de Coleridge.)
Coleridge era no sólo un gran poeta, sino un hombre sabio, y
no en vano recitó esta parábola. Necesitamos menos "manos
tendidas por encima de los mares", y algo más de esa
desconfianza elemental que constituye la seguridad de las
naciones. La guerra se complace en venir como un ladrón en la
noche; y la noche está hecha de promesas de amistad eterna.
Guillotina,
s. Máquina que hace que un francés se encoja de hombros con
buen motivo. En su gran obra sobre "Líneas Divergentes de la
Evolución Racial", el erudito profesor Brayfugle argumenta que
el predominio de ese gesto entre los franceses demuestra que
descienden de la tortuga, y que es una simple supervivencia de
la costumbre de replegar la cabeza al interior del caparazón.
Me desagrada discordar con autoridad tan eminente, pero en mi
opinión (detalladamente expuesta en mi obra Emociones
Hereditarias, Libro 11, capítulo xi), el encogimiento de
hombros es una base demasiado débil para fundamentar una
teoría tan importante, puesto que antes de la Revolución, el
gesto era desconocido. No dudo que tiene una relación directa
con el terror que inspiró la guillotina cuando su uso estaba
en auge.
H
Hábeas
Corpus, s. Recurso judicial que permite sacar a un
hombre de la cárcel cuando lo han encerrado por el delito que
no cometió, y no por los que realmente cometió.
Hábitos
sacerdotales, s. p. l. Traje abigarrado que usan los
payasos de la Corte Celestial.
Hablar,
v. i. Ser indiscreto sin ser tentado, a partir de un impulso
sin propósito.
Hada,
s. Ser de formas diversas y variados dones que habitaba
antiguamente los prados y los bosques. Tenía hábitos nocturnos
y era afecta a la danza y al robo de niños. Los naturalistas
sostienen que las hadas se han extinguido en la actualidad,
aunque un clérigo anglicano vio tres en las proximidades de
Colchester, en 1855, al atravesar un parque después de cenar
con el dueño de un castillo. El espectáculo lo sobresaltó de
tal modo, que sólo pudo dar un relato incoherente. En 1807,
una banda de hadas visitó un bosque, cerca de Aix, y se llevó
a la hija de un campesino que había entrado allí con un atado
de ropas. Por la misma época desapareció el hijo de un
adinerado burgués, aunque más tarde regresó. Había presenciado
el rapto y perseguido a las hadas. Justinian Gaux, escritor
del siglo XIV, asegura que el poder de transformación de las
hadas es tan grande que en cierta oportunidad observó cómo una
de ellas se convertía en dos ejércitos rivales que libraban
una sangrienta batalla; al día siguiente, cuando el hada
recuperó su forma original y se marchó, quedaron sobre el
terreno setecientos cadáveres que debieron enterrar los
campesinos. No aclara si alguno de los heridos sobrevivió. En
tiempo de Enrique III de Inglaterra, se promulgó una ley que
condenaba a muerte a quien "matare, hiriere o mutilare" un
hada. Esa ley fue universalmente acatada.
Hades,
s. El mundo interior; residencia de los espíritus difuntos;
lugar donde viven los muertos. Entre los antiguos, el Hades no
era sinónimo del Infierno, y algunos de los hombres más
respetables de la antigüedad residían allí muy cómodamente. En
rigor, los propios campos Elíseos eran parte del Hades, aunque
más tarde se trasladaron a París. Cuando la versión jacobina
del Nuevo Testamento estaba en proceso de evolución, la
mayoría de los piadosos sabios ocupados en la obra,
insistieron en traducir la palabra griega Aidns como
"Infierno"; pero un concienzudo miembro de la minoría se
apoderó secretamente de las actas y tachó la objetable palabra
donde quiera la encontró. En la próxima reunión, el obispo de
Salisbury, revisando la obra, se paró de un salto y exclamó,
muy excitado: "¡Señores, alguien ha abolido el infierno!" Años
despues el prelado pudo morir en paz reflexionando que (con la
ayuda de la Providencia) había realizado un aporte útil e
inmortal al inglés cotidiano.
Halo,
s. En sentido lato, anillo luminoso que rodea un cuerpo
astronómico; frecuentemente se lo confunde con la "aureola" o
"nimbo", fenómeno bastante similar que usan a modo de tocado
los santos y las divinidades. El halo es una ilusión puramente
óptica, producida, como el arcoiris, por la humedad del aire;
mientras que la aureola es conferida como signo de
extraordinaria santidad, del mismo modo que la mitra de un
obispo o la tiara del papa. En el cuadro La Natividad de
Szedgkin, piadoso artista de Pesth, aparecen con el nimbo no
sólo la Virgen y el Niño, sino un asno que come heno del
pesebre sagrado y que, dicho sea en su perdurable honor,
parece sobrellevar la insólita distinción con toda la gracia
de un santo.
Harmonistas,
s. Secta de protestantes, ahora extinguidos, que llegaron de
Europa a comienzos del siglo XVIII y se distinguieron por la
ferocidad de sus controversias y disensiones internas.
Hibernar,
v. i. Pasar el invierno en reclusión doméstica. Las creencias
populares sobre la hibernación de distintos animales son
numerosas y raras. Muchos creen que el oso hiberna todo el
invierno y subsiste lamiéndose mecánicamente las zarpas. Se
admite que en la primavera sale de su retiro, tan flaco, que
tiene que probar dos veces antes de proyectar una sombra. Hace
tres o cuatro siglos, en Inglaterra, se daba por sentado que
las golondrinas pasan el invierno entre el lado del fondo de
los arroyos, agrupadas en masas globulares. La suciedad de ese
medio, al parecer, las ha hecho desistir de semejante
costumbre. En Asia Central, Sotus Escobius descubrió toda una
tribu que practica la hibernación. Algunos investigadores
creen que el ayuno de cuaresma fue originariamente una forma
de hibernación a la que la Iglesia dio significado religioso.
Híbrido,
s. Diferencia conciliada.
Hidra,
s. Animal que en los antiguos catálogos figura bajo muchos
encabezamientos.
Hiena,
s. Bestia reverenciada por algunos pueblos orientales, gracias
a su costumbre de saquear los cementerios. Lo mismo hacen los
estudiantes de medicina.
Hígado,
s. Órgano rojo, de gran tamaño, que la naturaleza nos da
previsoramente para permitirnos ser biliosos. Los sentimientos
y emociones que asientan en el corazón --como sabe ahora todo
anatomista literario-- infestaban el hígado según creencias
más antiguas; e inclusive Gascoygne, hablando del costado
emocional de la naturaleza humana, lo llama "nuestra parte
hepática". En una época se le consideró la sede de la vida; de
ahí su nombre (en ingles "liver", vividor). Para el ganso, el
hígado es un don del cielo; sin él no podría suministrarnos el
"paté de foie".
Hilo,
s. Tela cuya fabricación, cuando está hecha de cáñamo, acarrea
un gran desperdicio de cáñamo.
Hipogrifo,
s. Animal, ahora extinguido, que era mitad caballo y mitad
grifo. El grifo en sí era un animal compuesto, mitad león y
mitad águila. El hipogrifo, pues, sólo era un cuarto de
águila, o sea dos dólares con cincuenta céntimos en oro. El
estudio de la zoología está lleno de sorpresas.
Hipócrita,
s. El que profesando virtudes que no respeta se asegura la
ventaja de parecer lo que desprecia.
Historia,
s. Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios
producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares
casi siempre necios.
Historiador,
s. Chismoso de trocha ancha.
Hogar,
amargo hogar.
Hombre,
s. Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que
cree ser, que olvida lo que indudablemente debería ser. Su
principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su
propia especie que, a pesar de eso, se multiplica con tanta
rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del
Canadá.
Homeópata,
s. Humorista de la medicina.
Homeopatía,
s. Escuela de medicina que está a mitad de camino entre la
alopatía y la Ciencia Cristiana. Esta última es muy superior a
todas las otras, pues puede curar enfermedades imaginarias,
cosa que resulta imposible a las demás.
Homicidio,
s. Muerte de un ser humano por otro ser humano.
Hay cuatro clases
de homicidio: felón, excusable, justificable y encomiable,
aunque al muerto no le importa mucho si lo han incluido en una
o en otra; la distinción es para uso de abogados.
Honorable,
adj. Dícese de lo que está afligido por un impedimento en su
capacidad general. En las cámaras legislativas se acostumbra
dar el título de "honorable" a todos los miembros. V.g.: "El
honorable diputado es un perro sarnoso".
Hospitalidad, s. Virtud que nos induce a alojar y
alimentar a personas que no necesitan alojamiento ni alimento.
Hostilidad,
s. Sentimiento exacerbado de la superpoblación terrestre.
Puede ser activa o pasiva. Es activa, por ejemplo, la
hostilidad de una mujer hacia sus amigas; y pasiva, la que
alberga hacia todas las demás mujeres.
Huérfano,
s. Persona a quien la muerte ha privado de la posibilidad de
ingratitud filial, privación que toca con singular elocuencia
todas las cuerdas de la simpatía humana. Cuando es joven, el
huérfano es enviado a un asilo, donde cultivando
cuidadosamente su rudimentario sentido de la ubicación, se le
enseña a conservar su lugar. Luego se lo instruye en las artes
de la dependencia y el servilismo y finalmente se lo suelta
para que vaya a vengarse del mundo convertido en lustrabotas o
en sirvienta.
Humanidad,
s. La raza humana, colectivamente, con exclusión de los poetas
antropoides.
Humildad,
s. Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la
pena.
Humillación,
s. Actitud mental decente y habitual en presencia del dinero o
el poder. Peculiarmente apropiada en un empleado cuando se
dirige a su patrón.
Humorista,
s. Plaga que habría ablandado la gélida rudeza de corazón del
Faraón, incitándolo a liberar a los hijos de Israel y a
mandarlos rápidamente a su país, con sus mejores deseos.
Huracán,
s. Manifestación atmosférica antes muy común, pero que hoy es
reemplazada generalmente por el tornado y el ciclón. El
huracán goza todavía de preferencia popular en las Indias
Occidentales, y algunos marinos anticuados lo prefieren. Se
usa también para construir la cubierta superior de los
vapores, pero en términos generales puede decirse que la
utilidad del huracán ha sobrevivido al huracán mismo.
Hurí,
s. Atractiva señora que habita el paraíso mahometano,
alegrando las horas del buen musulmán, cuya creencia en las
huríes es síntoma de un noble descontento con su esposa
terrestre que, según él, no tiene alma. Se dice que las
esposas no aprecian a las huríes.
I
I I.
Primera letra del alfabeto, primera palabra del idioma, primer
pensamiento de la mente, primer objeto del afecto; en
gramática inglesa, es el pronombre "yo". Se dice que su plural
es "nosotros", pero cómo puede existir más de un yo, es algo
que resulta más claro a los 72 gramáticos que al autor de este
incomparable diccionario. La concepción de dos yoes es
difícil, pero magnífica. El uso franco aunque elegante del
"yo" distingue a un buen escritor de uno malo; éste lo asume
como un ladrón que quiere esconder el botín bajo la capa.
Idiota,
s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en
los asuntos humanos ha sido siempre dominante. La actividad
del Idiota no se limita a ningún campo especial de pensamiento
o acción, sino que "satura y regula el todo". Siempre tiene la
última palabra; su decisión es inapelable. Establece las modas
de la opinión y el gusto, dicta las limitaciones del lenguaje,
fija las normas de la conducta.
Ignorante,
s. Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted
posee, y sabedora de otras cosas que usted ignora.
Ilusión,
s. Madre de una respetabilísima familia, que incluye al
Entusiasmo, el Afecto, la Abnegación, la Fe, la Esperanza, la
Caridad y muchos otros vástagos igualmente virtuosos.
Ilustre,
adj. Favorablemente situado para recibir las flechas de la
malicia, la envidia y la calumnia.
Imaginación,
s. Depósito de mercaderías que poseen en común los poetas y
los mentirosos.
Imbecilidad,
s. Especie de inspiración divina o fuego sagrado que anima a
los detractores de este diccionario.
Imparcial,
adj. Incapaz de percibir promesa de ventaja personal en la
adhesión a uno de los bandos de una controversia, o en la
adopción de una entre dos ideas en conflicto.
Impenitencia, s. Estado de ánimo intermedio, en el
tiempo, entre el pecado y el castigo.
Impiedad,
s. Irreverencia del prójimo hacia mis dioses.
Imposición,
s. Acto de bendecir o consagrar imponiendo las manos:
ceremonia común a muchos sistemas eclesiásticos, pero que es
realizada con máxima sinceridad por la secta de los Ladrones.
Impostor,
s. Rival que también aspira a los honores públicos.
Imprevisión,
s. Satisfacción de las necesidades de hoy con las rentas de
mañana.
Impunidad,
s. Riqueza.
Inadmisible,
adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos
testimonios que los jurados son incapaces de apreciar, y que
en consecuencia los jueces rechazan, aun en procedimientos de
los que son los únicos árbitros. La evidencia de oídas es
inadmisible, porque la persona a quien se cita no ha prestado
juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no
obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de
fundamento a las más importantes acciones, militares,
políticas, comerciales y de cualquier otra clase. No existe
en el mundo una religión que no se funde en la evidencia de
oídas. La revelación es evidencia de oídas; que las Escrituras
sean la palabra de Dios, es cosa que sabemos solamente por el
testimonio de hombres muertos hace mucho tiempo, cuya
identidad no está claramente establecida y que no prestaron
ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia
judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería
admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la
batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César,
que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los
archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede
probarse fácilmente que han existido poderosos y perversos
magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia
(confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar
por hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aun hoy es
inatacable. Las decisiones judiciales fundadas en ella eran
justas dentro de la lógica y la ley. Nada está mejor probado
ante un tribunal que los cargos de brujería que llevaron
a tantos a su muerte. Si las brujas no existieran, el
testimonio humano y la razón humana carecerían igualmente de
valor.
Inauspiciosamente, adv. De manera poco promisoria,
por ser desfavorables los auspicios. Antes de emprender
cualquier acción importante, los romanos acostumbraban obtener
de los augures algún dato sobre el probable resultado; uno de
los métodos de adivinación más dignos de confianza consistía
en observar el vuelo de las aves, y los pronósticos que de ahí
surgían se llamaban auspicios. Periodistas y algunos
lexicógrafos dan a la palabra el sentido de "patrocinio" o
"dirección", verbigracia: "Las celebraciones se realizaron
bajo los auspicios de la Antigua y Venerable Orden de Ladrones
de Cadáveres" o "Los festejos fueron auspiciados por los
Caballeros del Hambre".
Incompatibilidad, s. En el matrimonio, semejanza de
gustos, en particular el gusto por la dominación. La
incompatibilidad, sin embargo, puede asumir la forma de una
pacífica madre de familia que vive a la vuelta de la esquina.
Se conocen algunas incompatibilidades con bigote.
Incompatible, adj. Incapaz de existir en presencia de
otra cosa. Dos cosas son incompatibles cuando el mundo del ser
tiene espacio suficiente para una, pero no para las dos: por
ejemplo, la poesía de Walt Whitman y la misericordia de Dios
con el hombre. Las palabras "Señor, somos incompatibles"
reemplazan con ventaja a la vulgar expresión "Vaya a bañarse;
si lo veo de nuevo, lo mato".
Inconducta,
s. Infracción de la ley que posee menos dignidad que la
felonía y no autoriza el ingreso en la mejor sociedad
criminal.
Incubo,
s. Miembro de una raza de demonios extraordinariamente
impúdicos que, aunque no del todo extinguidos, han conocido
mejores noches. Para una descripción completa de los "incubi"
y los "succubi" (y también de las "incubae" y las "succubae"),
consultar el Liber Demonorum de Protassus (Paris, 1328), donde
hay muchas informaciones curiosas que estarían fuera de lugar
en un diccionario destinado a servir de texto en las escuelas
públicas. Víctor Hugo relata que en las Islas del Canal de la
Mancha, el propio Satanás (sin duda tentado más que en otros
sitios por la belleza de las mujeres) suele hacerse el íncubo,
con gran alarma y escándalo de las buenas señoras que, en
términos generales, quieren ser fieles a sus votos
matrimoniales. Cierta dama acudió al párroco para averiguar
cómo podría, en la oscuridad, distinguir al osado intruso de
su marido. El santo varón le aconsejó tocarle la frente para
ver si llevaba cuernos; Hugo es lo bastante descortés como
para insinuar sus dudas sobre la eficacia del método.
Indice,
s. Dedo que se usa generalmente para señalar a los malechores.
Indecisión,
s. Factor principal del éxito, porque como dice Sir Thomas
Brewbold, "sólo hay una manera de no hacer nada, y muchas
maneras de hacer algo, y entre estas una sola es la correcta;
de ahí que el indeciso que se queda quieto tiene menos
probabilidades de equivocarse que quien se lanza a la acción".
--Su rápida decisión de atacar --le dijo cierta vez el general
Grant al general Gordon Granger-- fue admirable. Sólo tuvo
usted cinco minutos para decidirse. --Si, señor --respondió el
victorioso subordinado--, es importante saber lo que debe
hacerse en una emergencia. Cuando no sé si atacar o retirarme,
jamás vacilo: tiro al aire una moneda. --¿Quiere decir que eso
es lo que acaba de hacer?-- Si, mi general, pero le ruego no
reprenderme. Desobedecí a la moneda.
Indefenso,
adj. Incapaz de atacar.
Independiente, adj. En política, enfermo de
autorrespeto. Es término despectivo.
Indigestión,
s. Enfermedad que el paciente y sus amigos suelen tomar por
profunda convicción religiosa e interés en la salvación de la
humanidad. Como dijo el sencillo Piel Roja del desierto: "Yo
bien no reza; gran dolor barriga, mucho Dios".
Indiscreción, s. Culpa de las mujeres.
Indultar,
v. t. Remitir una pena y devolver al acusado a una vida
criminal. Agregar a la fascinación del crimen la tentación de
la ingratitud.
Ineficaz,
adj. Dícese de lo que no está calculado para favorecer
nuestros intereses.
Infiel,
adj. y s. Dícese, en New York, del que no cree en la religión
cristiana; en Constantinopla, del que cree. Especie de pillo
que no reverencia adecuadamente ni mantiene a teólogos,
eclesiásticos, papas, pastores, canónigos, monjes, mollahs,
vudús, hierofantes, prelados, obíes, abates, monjas,
misioneros, exhortadores, diáconos, frailes, hadjis, altos
sacerdotes, muecines, brahamanes, hechiceros, confesores,
eminencias, presbíteros, primados, prebendarios, peregrinos,
profetas, imanes, beneficiarios, clérigos, vicarios, arzobispos,
obispos, priores, predicadores, padres, abadesas, calógeros,
monjes mendicantes, curas, patriarcas, bonzos, santones,
canonesas, residenciarios, diocesanos, diáconos, subdiáconos,
diáconos rurales, abdalas, vendedores de hechizos,
archidiáconos, jerarcas, beneficiarios, capitularios, sheiks,
talapoins, postulantes, escribas, gurús, chantres, bedeles,
fakires, sacristanes, reverendos, revivalistas, cenobitas,
capellanes, mudjoes, lectores, novicios, vicarios, pastores,
rabís, ulemas, lamas, derviches, rectores, cardenales,
prioresas, sufragantes, acólitos, párrocos, sulíes,
muftis y pumpums.
Infralapsario, s. El que se atreve a creer que Adán
no tenía necesidad de pecar, si no quería; por oposición a los
supralapsarios que sostienen que su caída estaba decretada
desde el comienzo. A los infralapsarios se les llama a veces
supralapsarios, sin que ello altere la importancia o lucidez
de sus opiniones sobre Adán.
Injusticia,
s. De todas las cargas que soportamos o imponemos a los demás,
la injusticia es la que pesa menos en las manos y más en la
espalda.
Inferiae,
s (latín). Entre los griegos y los romanos, sacrificios
propiciatorios de los Dei Manes, o almas de los héroes
muertos. Los piadosos antiguos no pudieron inventar dioses
suficientes para satisfacer sus necesidades espirituales, y
debieron recurrir a un número de deidades de relleno que
fabricaban con los materiales menos promisorios. Fue mientras
sacrificaba un buey al espíritu de Agamenón que Laiaides,
sacerdote de Áulide, se vio favorecido por la aparición del
espectro de ese ilustre guerrero, quien le narró
proféticamente el nacimiento de Cristo y el triunfo del
cristianismo, dándole además una reseña rápida, pero
pasablemente completa, de los acontecimientos hasta el reinado
de San Luis. El relato terminó abruptamente en ese punto,
debido al desconsiderado canto de un gallo, que obligó al
espectral Rey de Hombres a volver al trote al Hades. Esta
historia tiene 78 un delicado sabor medieval, y como no se ha
podido rastrear su origen más allá del padre Brateille,
piadoso aunque oscuro escritor de la Corte de San Luis,
probablemente no nos equivocaremos si la consideramos
apócrifa, aunque monseñor Capel piense otra cosa.
Influencia,
s. En política, un quo ilusorio que se da a cambio de un quid
sustancial.
Infortunio,
s. Especie de fortuna que siempre llega.
Ingenio,
s. Sal con que el humorista americano arruina su cocina
intelectual, al omitirla.
Ingenuidad,
s. Seductora cualidad que alcanzan las mujeres mediante largo
estudio e intensa práctica con sus admiradores varones, que de
buena gana la confunden con el sencillo candor de sus hijos.
Ingrato,
s. El que recibe un beneficio de otro, o es objeto de una
caridad cualquiera.
Injuria,
s. Ofensa que sigue en gravedad a un desdén.
Inmigrante,
s. Persona inculta que piensa que un país es mejor que otro.
Inmoral,
adj. Impráctico. Todo lo que resulta poco práctico para los
hombres, llega a ser considerado perverso e inmoral. Si las
nociones humanas del bien y del mal tuvieran otra base que la
utilidad; si se originaran, o pudieran originarse, de otro
modo; si las acciones tuvieran en sí mismas un carácter moral
independiente de sus consecuencias; entonces toda la filosofía
sería una mentira, y la razón una enfermedad de la mente.
Innato,
adj. Natural, inherente, como las ideas innatas, que poseemos
al nacer, porque nos fueron dadas antes de venir al mundo. La
doctrina de las ideas innatas es una de las más admirables
creencias de la filosofía, siendo ella misma una idea innata y
por lo tanto irrefutable, aunque Locke neciamente creyó
"ponerle un ojo en compota". Al número de las ideas innatas ya
clasificadas, debemos agregar la creencia en nuestra capacidad
para dirigir un diario, en la grandeza de nuestro país, en la
superioridad de nuestra civilización, en la importancia de
nuestros asuntos personales y en el interés que nuestras
enfermedades presentan para los demás.
Inscripción,
s. Una cosa escrita sobre otra cosa. Hay muchas clases de
inscripciones, pero en general están destinadas a conmemorar
la fama de alguna persona ilustre y transmitir a épocas
distantes el recuerdo de sus servicios y virtudes. A esta
clase de inscripciones, pertenece el nombre de John Smith,
escrito a lápiz sobre el monumento a Washington. He aquí
algunos ejemplos de inscripciones recordatorias en lápidas
(ver Epitafio). Mi cuerpo yace en el suelo Mas el alma subió
al cielo; Pero el Día llegará Y mi cuerpo se alzará Para que
del cielo goce. 1812. Ella sufrió sin queja su dolencia Fue
inútil el auxilio de la ciencia; La muerte de pesares la
libró; Con su esposo en el Cielo se reunió. "Aquí yace
Jeremías Arbol. Fue abatido el 9 de mayo de 1862 a los 27
años, 4 meses y 12 días. Indígena."
Insensible,
adj. Dotado de gran fortaleza para soportar los males que
aquejan a los demás. Cuando le dijeron a Zenón que uno de sus
enemigos había muerto, se lo vio profundamente conmovido.
--¡Qué! --exclamó uno de sus discípulos-- ¿Lloras la muerte de
un enemigo?--Ah, es cierto --repuso el gran estoico-- Pero
deberías verme sonreír ante la muerte de un amigo.
Insignias,
s. Distintivos, joyas y trajes de órdenes antiguas y
venerables como: los Caballeros de Adán; los Visionarios del
Divino Blablá; la Antigua Orden de los Modernos Trogloditas;
la Liga de la Santa Farsa; la Dorada Falange de los
Falangistas Marsupiales; la Gentil Sociedad de Vagabundos
Expurgados; la Mística Alianza de Exquisitos Regalianos; las
Damas y Caballeros del Perro Amarillo; la Oriental Orden de
los Hijos de Occidente; La Orfandad de los Insufribles; los
Guerreros de Arco Largo; los Guardianes de la Gran Cuchara de
Cuerno; la Banda de Bestias; la Impenitente Orden de
Azotadores de Esposas; la Sublime Legión de Conspicuos
Rimbombantes; los Adoradores del Santuario Galvanoplástico;
los Inaccesibles Resplandecientes; los Jenízaros del
Pavorreal; la Gran Cábala de Sedentarios; la Fraternidad de
los Verrugosos; la Cooperativa del Candelero; los Discípulos
Militantes de la Fe Oculta; los Caballeros Defensores del
Perro Doméstico; los Guardianes de la Letrina Mística; la
Misteriosa Orden del Manuscrito Indescifrable; Los Monarcas
del Mérito y el Hambre; los Prelados de la Bañera y la Espada.
Insurrección, s. Revolución fallida. Fracaso de
opositores que pretenden reemplazar un gobierno malo por otro
desastroso.
Intemperie,
s. Lugar donde ningún gobierno ha podido cobrar impuestos. Su
función principal es inspirar a los poetas.
Intención,
s. Conciencia del predominio que un grupo de influencias
ejerce en nuestro espíritu sobre otro grupo de influencias.
Efecto cuya causa es la inminencia, real o supuesta, de un
acto involuntario.
Intérprete,
s. El que permite a dos personas de distinto idioma
comprenderse, repitiendo a cada una lo que convendría al
intérprete que dijera la otra.
Interregno,
s. Período durante el cual una monarquía es gobernada por un
lugar aún tibio en el almohadón de un trono. La experiencia de
permitir que ese lugar se enfríe ha dado generalmente malos
resultados, en virtud del entusiasmo que despliegan, para
volver a calentarlo, numerosas personas dignas.
Intimidad,
s. Relación a que son providencialmente arrastrados los necios
a fin de destruirse.
Inventor,
s. Persona que construye un ingenioso ordenamiento de ruedas,
palancas, y resortes, y cree que eso es civilización.
Ira,
s. Enojo de grado y cualidad superiores que corresponde a
personajes encumbrados y a ocasiones importantes: como "la ira
de Dios", "los días de ira", etc. Los antiguos consideraban
sagrada la ira de los reyes y de los sacerdotes, porque
generalmente podía manifestarse a través de un dios. Los
griegos frente a Troya fueron tan hostigados por Apolo, que
saltaron de la sartén de la ira de Crises al fuego de la
cólera de Aquiles, aunque Agamenón, el único ofensor, no
resultó asado ni quemado. Inmunidad parecida gozó David cuando
incurrió en la cólera de Yahveh por censar a su pueblo, del
que setenta mil pagaron la pena con sus vidas. En la
actualidad Dios es Amor y los censistas pueden cumplir su
trabajo sin temor al desastre.
Irreligión,
s. La más importante entre las grandes creencias de este
mundo.
J
J.
una consonante en ingles, pero algunas naciones la usan como
vocal, lo que es el colmo del absurdo. Su forma original, que
ha sido apenas modificada, era la de la cola de un perro
apaleado; en realidad, no era una letra, sino un signo que
representaba al verbo latino "jacere", "tirar", porque la cola
de perro asume esa forma cuando le tiran una piedra. Tal es el
origen de esta letra, según lo ha explicado el prestigioso Dr.
Jocolpus Bumer, de la Universidad de Belgrado, quien divulgó
sus conclusiones sobre el tema en una obra de tres volúmenes
en cuarto y se suicidó al enterarse de que en el alfabeto
romano la J no tenía cola.
Jábega,
s. Red barredera. Para atrapar peces se hace con una malla
gruesa y ruda; las mujeres se atrapan más fácilmente mediante
un tejido singularmente delicado que lleva, a modo de plomada,
pequeñas piedras talladas.
Jineta,
s. En el ejército, insignia que permite distinguir a un
oficial del enemigo; o sea, del oficial de grado
inmediatamente inferior que ascendería gracias a su muerte.
Juramento,
s. En derecho, solemne promesa ante Dios, que la conciencia
debe cumplir so pena de perjurio.
Justicia,
s. Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al
ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus
servicios personales.
Juventud,
s. Período de lo Posible, cuando Arquímedes encuentra un punto
de apoyo. Casandra tiene quien la escuche y siete ciudades
compiten por el honor de mantener a un Homero viviente.
K
Kilt,
s. Traje que suelen usar los escoceses en Norteamérica y los
norteamericanos en Escocia.
Korán,
s. Libro que los mahometanos, neciamente, creen escrito por
inspiración divina, pero que los cristianos consideran una
perversa impostura, contraria a las Sagradas Escrituras.
L
Ladrón,
s. Comerciante candoroso. Se cuenta de Voltaire que una noche
se alojó, con algunos compañeros de viaje, en una posada del
camino. Después de cenar, empezaron a contar historias de
ladrones. Cuando le llegó el turno a Voltaire dijo:--Hubo una
vez un Recaudador General de Impuestos --y se calló. Como los
demás lo alentaron a proseguir, añadió:--Ese es el cuento.
Ladrón de
cadáveres, s. El que despoja de gusanos los
sepulcros. El que provee a los médicos jóvenes lo que los
médicos viejos han provisto al enterrador. La hiena.
Lamentable,
adj. Estado de un enemigo o adversario después de un encuentro
imaginario con uno mismo.
Laocoonte,
s. Famosa escultura antigua que representa a un sacerdote de
ese nombre y a sus dos hijos entre los anillos de dos
monstruosas serpientes. El arte y diligencia con que el
anciano y sus muchachos sostienen a las serpientes y las
obligan a realizar su tarea constituyen una de las más nobles
ilustraciones artísticas del dominio de la inteligencia humana
sobre la inercia bruta.
Lástima,
s. Sensación de inmunidad, inspirada por el contraste.
Legal,
adj. Compatible con la voluntad del juez competente.
Lenguaje,
s. Música con que encantamos las serpientes que custodian el
tesoro ajeno.
Lexicógrafo,
s. Individuo pestilente que so pretexto de registrar un
determinado estadio en el desarrollo de una lengua, hace lo
que puede para detener su crecimiento, quitarle flexibilidad y
mecanizar sus métodos. El lexicógrafo, después de escribir su
diccionario, se convierte en "autoridad", cuando su función es
simplemente hacer una recopilación y no dictar una ley. El
natural servilismo de la inteligencia humana, al investirlo de
un poder judicial, renuncia a su derecho a la razón y se
somete a una mera crónica como si fuera un estatuto legal.
Basta, por ejemplo, que el diccionario catalogue a una palabra
de buena ley como "obsoleta" u "obsolescente", para que pocos
hombres se atrevan a usarla en adelante, por mucho que la
necesiten y por conveniente que sea. De este modo el
empobrecimiento se acelera y el idioma decae. Por el
contrario, el escritor audaz y cultivado que sabe que el
idioma crece por innovación --cuando crece--, y fabrica nuevas
palabras o usa las viejas en un sentido poco familiar,
encuentra pocos adeptos. Enseguida le señalan agriamente que
"eso no está en el diccionario", aunque antes de aparecer el
primer lexicógrafo (¡que Dios lo perdone!) nadie había usado
una palabra que estuviera en el diccionario. En la época de
oro del idioma inglés, cuando de labios de los grandes
isabelinos brotaban palabras que formaban su propio
significado, evidente en su sonido mismo, cuando eran posibles
un Shakespeare y un Bacon, y el idioma, que hoy muere
rápidamente por una punta y se renueva despacio por la otra,
crecía vigoroso y se conservaba dulce como la miel y fuerte
como un león, el lexicógrafo era una persona desconocida, y el
diccionario una obra para cuya creación el Creador no lo había
creado.
Libertad,
s. Uno de los bienes más preciosos de la Imaginación, que
permite eludir cinco o seis entre los infinitos métodos de
coerción con que se ejerce la autoridad. Condición política de
la que cada nación cree tener un virtual monopolio.
Independencia. La distinción entre libertad e independencia es
más bien vaga, los naturalistas no han encontrado especímenes
vivos de ninguna de las dos.
Libertino,
s. El que ha corrido tras el placer con tanto ardor, que tuvo
la desgracia de pasarlo de largo.
Libro de
recortes, s. Libro editado por un tonto con las
tonterías que se dicen sobre él.
Ligas,
s. Bandas elásticas destinadas a impedir que una mujer salga
de sus medias y devaste el país.
Lío,
s. Salario de la coherencia.
Lira,
s. Antiguo instrumento de tortura. Hoy la palabra se usa
figuradamente con el sentido de facultad poética.
Litigante,
s. Persona que está por entregar la piel con la esperanza de
conservar los huesos.
Lobisón,
s. Lobo que fue una vez, o es a veces, un hombre. Todos los
lobisones tienen un carácter maligno, pues han asumido una
forma bestial para gratificar un apetito bestial; pero
algunos, transformados por artes de brujería, son tan humanos
como lo permite su gusto adquirido por la carne humana. En
cierta oportunidad, unos campesinos bávaros capturaron un
lobo, lo ataron por la cola a un poste y como era de noche, se
fueron a dormir. A la mañana siguiente, el lobo había
desaparecido. Muy perplejos, consultaron al cura local, quien
les dijo que el cautivo era indudablemente un lobisón, y que
había reasumido su forma humana durante la noche. --La próxima
vez que atrapéis un lobo --dijo el buen hombre-- encadenadlo
por la pata, y a la mañana siguiente encontraréis un luterano.
Loco,
adj. Dícese de quien está afectado de un alto nivel de
independencia intelectual; del que no se conforma a las normas
de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han
establecido observándose a sí mismos; del que no está de
acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado.
Vale la pena señalar que una persona es declarada loca por
funcionarios carentes de pruebas de su propia cordura. Por
ejemplo, el ilustre autor de este Diccionario no se siente más
convencido de su salud mental que cualquier internado en un
manicomio, y --salvo demostración en contrario-- es posible
que en vez de la sublime ocupación a que cree dedicar sus
facultades, esté golpeando los puños contra los barrotes de un
asilo y afirmando ser Noé Webster, (autor del diccionario
Webster) ante la inocente delectación de muchos espectadores
desprevenidos.
Locuacidad,
s. Dolencia que vuelve al paciente incapaz de contener la
lengua cuando uno quiere hablar.
Locura,
s. Ese "don y divina facultad" cuya energía creadora y
ordenadora inspira el espíritu del hombre, guía sus actos y
adorna su vida.
Locomaquia,
s. Guerra en que las armas son palabras y las heridas,
pinchazos en la vejiga natatoria de la autoestima; especie de
lucha en que al vencedor se le niega la recompensa de la
victoria porque el vencido es inconsciente de su derrota.
Longevidad,
s. Prolongación poco común del temor a la muerte.
Lord,
s. En la sociedad norteamericana, turista inglés de rango
superior al de un viajante de comercio. La palabra "Lord", que
significa Señor, se usa también a veces como título del
Supremo Hacedor; pero en esto prima la lisonja sobre la
reverencia.
Luminaria,
s. El que arroja luz sobre un tema; verbigracia, un secretario
de redacción cuando no escribe sobre ese tema.
Lunario,
s. Habitante de la luna. No debe confundirse con el lunático,
que es habitado por la luna. Los lunarios han sido descritos
por Luciano, Locke y otros observadores, que no se han puesto
mayormente de acuerdo. Bragellos, por ejemplo, afirma que son
anatómicamente idénticos al hombre, mientras que el profesor
Newcomb asegura que se parecen más a los tribeños de Vermont.
Lunes,
s. En los países cristianos, el día que sigue al partido de
béisbol.
LL.D.
ras que designan el título de "Legumastuciorum
Doctor", o sea erudito en leyes, provisto de astucia legal.(
significa, en realidad, "Legum Doctor", doctor en Leyes.).
Pero esta derivación resulta sospechosa si se tiene en cuenta
que antiguamente el título se abreviaba ££.d. (Libras y
peniques) , y era conferido solamente a caballeros adinerados.
Actualmente, la Universidad de Columbia considera la
posibilidad de crear otro título para clérigos, en lugar del
antiguo D.D. (significa "Divinitatis Doctor", doctor en
teología) o "Damnator Diaboli". El nuevo honor será conocido
como "Sanctorum Custus", y se escribirá $$ cts. El reverendo
John Satán ha sido propuesto como primer destinatario del
título.
Lógica,
s. Arte de pensar y razonar en estricta concordancia con los
límites e incapacidades de la incomprensión humana. La base
lógica es el silogismo, que consiste en una premisa mayor, una
menor y una conclusión, por ejemplo: "Mayor": Sesenta hombres
pueden realizar un trabajo sesenta veces más rápido que un
solo hombre. ."Menor": Un hombre puede cavar un pozo para un
poste en sesenta segundos. "Conclusión": Sesenta hombres
pueden cavar un pozo para un poste en un segundo. Esto es lo
que puede llamarse el silogismo matemático, con el cual,
combinando lógica y matemática, obtenemos una doble certeza y
somos dos veces benditos.
M
Macho,
s. Miembro del sexo insignificante. El macho de la especie
humana es generalmente conocido (por la mujer) como Simple
Hombre. El género tiene dos variedades: buenos proveedores y
malos proveedores.
Macrobiano,
s. Olvidado de los dioses que alcanza una edad muy avanzada.
La historia nos da numerosos ejemplos, desde Matusalén hasta
el Old Parr, pero algunos casos notables de longevidad son
menos conocidos. Un campesino calabrés llamado Coloni vivió
tanto que llegó a tener un vislumbre de la paz universal.
Scanavius dice que conoció a un obispo tan viejo que era capaz
de recordar una época en que colgarlo hubiera sido una
injusticia. En 1566, un tejedor de Bristol, Inglaterra,
declaró que había vivido quinientos años, y que en todo ese
tiempo jamás había dicho una mentira. En nuestro país también
hay un caso de longevidad (macrobiosis). El senador Chauncey
Depew es tan viejo que se ha vuelto inteligente. El Director
de The American, periódico neoyorquino, tiene una memoria que
se remonta a la época en que era un pillo, aunque no se
remonta al hecho mismo de que era un pillo. El presidente de
los Estados Unidos nació hace tanto tiempo que muchos de los
amigos de su juventud han escalado altas posiciones políticas
y militares sin el concurso de méritos personales.
Magia,
s. Arte de convertir la superstición en moneda contante y
sonante. Hay otras artes que sirven al mismo fin, pero el
discreto lexicógrafo no las nombra.
Magnético,
adj. Dícese de lo que sufre la influencia del magnetismo.
Magnetismo,
s. Lo que ejerce influencia sobre algo magnético. Estas dos
definiciones están condensadas de la obra de un millar de
eminentes hombres de ciencia, que han arrojado sobre el tema
una luz deslumbrante, con indecible progreso del conocimiento
humano
Magnífico,
adj. Dotado de esplendor o grandeza superiores a los que el
espectador está habituado; por ejemplo, las orejas de un asno
para un conejo, o la gloria de una luciérnaga para un simple
gusano.
Magnitud,
s. Tamaño. Como la magnitud es puramente relativa, nada es
grande y nada es pequeño. Si todo lo que compone el universo
aumentara su tamaño en un millar de diámetros, nada sería más
grande que antes, pero si una sola cosa permaneciera igual,
todas las otras serían más grandes de lo que fueron. Para un
intelecto familiarizado con la relatividad de la magnitud y la
distancia, los espacios y las masas del astrónomo no serían
más impresionantes que las del microscopista. Al fin y al
cabo, nadie nos asegura que el universo visible no sea una
pequeña parte de un átomo, con sus iones componentes, flotando
en el fluido vital (o en el éter luminífero) de un vasto
animal. Posible mente las menudas criaturas que pueblan los
corpúsculos de nuestra propia sangre experimenten la emoción
debida al contemplar las impensables distancias que los
separan.
Majestad,
s. Condición y titulo de rey, considerados con justo desprecio
por los Muy Eminentes Grandes Maestres, Grandes Cancilleres, e
lmperiales Potentados de las antiguas y honorables órdenes de
la América republicana.
Malechor,
s. El principal factor en el progreso de la raza humana.
Malthusiano,
adj. Relativo a Malthus y sus doctrinas. Malthus creía en la
necesidad de limitar artificialmente la población, pero
descubrió que eso no podía hacerse hablando. Uno de los
exponentes más prácticos del malthusianismo fue Herodes de
Judea, aunque todos los militares famosos han participado de
esas ideas.
Malla (de
baile). prenda del vestuario teatral destinada a
reforzar con una particular publicidad el entusiasmo general
del agente de prensa. Durante algún tiempo, la atención del
público se desvió de esta prenda para concentrarse en la
negativa de Miss Lillian Russell a usarla. Se hicieron muchas
conjeturas sobre sus motivos, hasta que una actriz rival,
Pauline Hall, sugirió --dando muestras de notable ingenio y
reflexión-- que la naturaleza no había dotado a Miss Russell
de bellas piernas. El intelecto masculino no pudo aceptar esa
teoría, pero la mera idea de que existiera una pierna femenina
defectuosa era tan prodigiosamente original que figuró entre
las mayores hazañas de la especulación filosófica. Es extraño
que en toda esta controversia nadie haya pensado en atribuir a
"pudor" la actitud de Miss Russell. La naturaleza de ese
sentimiento no es muy bien comprendida en la actualidad, e
incluso es difícil decir con el vocabulario que nos queda, de
qué se trata. Recientemente, sin embargo, ha resucitado el
estudio de las artes perdidas, y algunas de ellas se han
recuperado. Esta es una época de renacimientos, y cabe esperar
que el primitivo "rubor" sea rescatado de su escondite entre
las tumbas de la antigüedad y devuelto al escenario en alas de
un silbido.
Mamíferos,
s. Familia de vertebrados cuyas hembras, en estado natural,
amamantan a su cría, pero cuando se vuelven civilizadas e
inteligentes la dan a la nodriza o usan el biberón.
Mamón,
s. Dios de la religión que predomina en el mundo. Su templo
principal se halla en la santa ciudad de Nueva York.
Maná,
s. Alimento dado milagrosamente a los israelitas en el
desierto. Cuando no lo recibieron más, se afincaron y labraron
la tierra, fertilizándola, por regla general, con los
cadáveres de sus primitivos ocupantes.
Manes,
s. Partes inmortales de los griegos y romanos que morían.
Experimentaban un
sordo malestar hasta que los cuerpos de donde habían exhalado
se quemaban y enterraban. Después de esto, tampoco lograban
sentirse particularmente felices.
Maniqueísmo,
s. Antigua doctrina persa según la cual hay guerra incesante
entre el Bien y el Mal. Cuando el Bien abandonó la lucha, los
persas se pasaron a la oposición victoriosa.
Mano,
s. Instrumento singular que se usa al extremo de un brazo
humano, y que por lo general se encuentra metida en un
bolsillo ajeno.
Maquinación,
s. Método empleado por nuestros enemigos para anular nuestro
declarado y honroso esfuerzo por hacer lo justo.
Marido,
s. El que después de cenar debe encargarse de lavar el plato.
Mártir,
s. Alguien que avanza hacia una muerte deseada siguiendo el
camino de la menor repugnancia.
Más,
adj. Grado comparativo de demasiado.
Masonería,
s. Orden de ritual secreto, grotescas ceremonias y
extravagantes ropas, a la que, tras su fundación por los
artesanos de Londres bajo el reinado de Carlos II, han
adherido los muertos de los pasados siglos, en incesante
retroceso. Actualmente abarca todas las generaciones del
hombre, de Adán acá, y está reclutando distinguidos adeptos
entre los habitantes precreacionales del Caos y del Vacío.
Informe. La orden fue creada en diferentes épocas por
Carlomagno, Julio César, Ciro, Salomón, Zoroastro, Confucio,
Thotmés y Buda. Sus emblemas y símbolos se
han encontrado en las catacumbas de París y Roma, en las
piedras del Partenón y la Gran Muralla China, entre los
templos de Karnak y Palmira, y en las pirámides egipcias. El
descubridor fue siempre un masón.
Matar,
v. t. Crear una vacante sin designar un sucesor.
Matrimonio,
s. Condición o estado de una comunidad formada por un amo, un
ama y dos esclavos, todos los cuales suman dos.
Mausoleo,
s. La última y más divertida locura de los ricos.
Mayonesa,
s. Uno de los aderezos que usan los franceses en lugar de la
religión del estado.
Maza,
s. Bastón que en la función pública denota autoridad. Su
forma, que es la de un pesado garrote, indica su propósito
primitivo, que era calmar a los disidentes.
Meandro,
s. Curva sinuosa. Toma su nombre de un río situado unas ciento
cincuenta millas al sur de Troya, que cambia de curso para no
oír a griegos y troyanos jactarse de sus hazañas.
Medalla,
s. Pequeño disco de metal que se da en premio de virtudes,
hazañas o servicios más o menos auténticos. A Bismarck le
dieron una medalla por rescatar valerosamente a una persona
que se ahogaba. Cuando le preguntaron el significado de la
medalla, respondió: "A veces salvo vidas". Otras veces hacía
lo contrario.
Médico,
s. Alguien a quien lanzamos nuestras súplicas cuando estamos
enfermos, y nuestros perros cuando nos hemos curado.
Mendaz,
adj. Aficionado a la retórica.
Mendigar,
v. t. Pedir algo con intensidad proporcional a la creencia de
que no será otorgado.
Mendigo,
s. El que ha confiado en la ayuda de los amigos.
Menor,
adj. Menos objetable.
Mente,
s. Misteriosa forma de la materia segregada por el cerebro. Su
principal actividad parece consistir en el esfuerzo por
determinar su propia naturaleza, tentativa que parece fútil,
puesto que la mente, para conocerse, no dispone de otra cosa
que sí misma.
Metralla,
s. Argumento que el futuro prepara en respuesta a las demandas
del socialismo americano.
Metrópoli,
s. Baluarte del provincialismo.
Mesmerismo,
s. Nombre dado al Hipnotismo antes que empezara a vestir con
elegancia, tuviera carruaje e invitara a cenar a la
Incredulidad.
Mi,
n. Caso objetable del pronombre personal de primera
persona, que tiene tres casos: dominativo, objetable y
opresivo. Cada uno de ellos es los otros dos.
Milagro,
s. Acontecimiento inexplicable y extraño al orden natural,
como ganar con un póker de ases y un rey contra un póker de
reyes y un as.
Milenio,
s. Feriado de mil años a cuyo término se clavará la tapa, con
todos los reformistas adentro.
Ministro,
s. Agente de un poder superior con una responsabilidad
inferior. En diplomacia, funcionario enviado a un país
extranjero como encarnación visible de la hostilidad de su
soberano por ese país. El principal requisito para ser
ministro es un grado de plausibilidad en la mentira apenas
inferior al de un embajador.
Mío,
adj. Lo que me pertenece, siempre que pueda apropiármelo.
Misericordia, s. Daga que en la guerra medieval usaba
el infante para recordar a un caballero desmontado por su
cabalgadura que él también era mortal.
Misericordia, s. Virtud que aman los delincuentes
sorprendidos.
Miss,
s. Título con que marcamos a las mujeres solteras para indicar
que están disponibles en el mercado. Miss, Misses (Mrs.), y
Mister (Mr.) me parecen las tres palabras más desagradables de
la lengua inglesa, tanto por su sonido como por su sentido.
Las dos primeras son una corrupción de "Mistress" y la tercera
de "Master". Mientras los demás títulos han sido abolidos en
nuestro país, estos sobreviven para complicarnos la vida. Si
fuera indispensable conservarlos, deberíamos ser coherentes y
encontrar uno que designe al hombre soltero.
Me atrevo a sugerir la palabra Mush ( abreviada Mh., (Mush
significa harina de maíz).
Mitad,
s. Una de las dos partes en que una cosa puede dividirse o
considerarse dividida. En el siglo XIV teólogos y filósofos
discutieron acaloradamente si la Omnisciencia podía partir un
objeto en tres mitades; y el piadoso padre Aldrovinus rogó
públicamente en la catedral de Rouen porque Dios demostrara la
afirmativa de la proposición en alguna forma notable e
inconfundible (preferiblemente, si le pluguiera, en el cuerpo
de ese empedernido blasfemador, Manutius Procinus, quien
sostenía la negativa). Procinus, sin embargo,
fue preservado para morir de una mordedura de serpiente.
Mitología,
s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su
origen, héroes y dioses, por oposición a la historia
verdadera, que inventa más tarde.
Moda,
s. Déspota a quien los sabios ridiculizan y obedecen.
Mojigata,
s. Celestina que se oculta a espaldas de su conducta.
Molécula,
s. Ultima e indivisible unidad de la materia. Se distingue del
corpúsculo, que también es la última e indivisible unidad de
la materia, por una semejanza más estrecha con el átomo que
es, asimismo, la última e indivisible unidad de la materia.
Las tres grandes teorías científicas de la estructura del
universo son la molecular, la corpuscular y la atómica. Una
cuarta postula, con Haeckel, la condensación o precipitación
de la materia a partir del éter, cuya existencia es probada
por esa condensación o precipitación. La corriente actual del
pensamiento científico se inclina hacia la teoría de los
iones. El ión difiere de la molécula, el corpúsculo y el átomo
en el hecho de ser un ión. Una quinta teoría es sostenida por
los idiotas, pero es dudoso que ellos sepan algo más sobre la
materia que los otros.
Momia,
s. Egipcio antiguo, usado antaño como remedio en todas las
naciones civilizadas y que ahora provee al arte de un
excelente pigmento. También resulta cómoda en los museos para
satisfacer la vulgar curiosidad que distingue al hombre de los
animales inferiores.
Mónada,
s. Ultima e indivisible unidad de la materia (ver Molécula).
Según Leibniz, y en la medida en que él parece dispuesto a ser
comprendido, la mónada tiene cuerpo sin volumen, y mente sin
manifestación; Leibniz la reconoce gracias a la facultad
innata de la reflexión y ha fundado sobre la mónada una teoría
del universo, que ella soporta sin resentimiento, porque es
una dama. Pequeña como es, la mónada contiene todas las
potencialidades necesarias para convertirse en un filósofo
alemán de primera categoría. No confundir la mónada con el
microbio o el bacilo; pertenece a una especie muy diferente,
como lo demuestra un buen microscopio al no poder detectarla.
Monarca,
s. Persona que se ocupa de reinar. Antiguamente el monarca era
el único amo, como lo indica la etimología de la palabra y
como aprendieron, a costa de sí mismos, muchos súbditos. En
Rusia y Oriente el Monarca retiene todavía una considerable
influencia en los asuntos públicos y en el destino final de
las cabezas humanas, pero en Europa Occidental la
administración pública corre por cuenta de los ministros,
mientras el monarca reflexiona sobre el destino de su propia
cabeza.
Mono,
s. Animal arbóreo que se instala en los árboles genealógicos.
Monosilábico, adj. Dícese del idioma compuesto de
palabras de una sola sílaba, para uso de bebes literarios que
nunca se cansan de expresar, mediante un adecuado gugu, el
placer que les causa ese alimento insípido. Las palabras
monosilábicas son por lo común sajonas, es decir el idioma de
un pueblo bárbaro, desprovisto de ideas que sólo puede
experimentar sentimientos y emociones elementales.
Monseñor,
s. Alto título eclesiástico, en cuyas ventajas no reparó el
fundador de nuestra religión.
Monumento,
s. Estructura destinada a conmemorar algo que no necesita
conmemoración o no puede ser conmemorado. Como dijo el poeta.
"Los huesos de Agamenón son ofrecidos en espectáculo, mientras
su regio monumento yace en ruinas". Pero la fama de Agamenón
no es afectada por eso. La costumbre monumentaria alcanza sus
"reductiones ad absurdum" en los monumentos "a los muertos
desconocidos", que perpetúan la memoria de aquellos que no han
dejado memoria.
Moral,
adj. Conforme a una norma de derecho local y mudable. Cómodo.
Dícese que existe
en el Este una cadena de montañas y que a un lado de ella
ciertas conductas son inmorales, pero que del otro lado son
tenidas en alta estima; esto resulta muy ventajoso para el
montañés, porque puede bajar ora de un lado, ora del otro, y
hacer lo que le plazca, sin ofensa.
("Meditaciones de
Gooke").
Muerto,
adj. Dícese de lo que ha concluido el trabajo de respirar; de
lo que ha acabado para todo el mundo; de lo que ha llevado
hasta el fin una enloquecida carrera; y de lo que al alcanzar
la meta de oro, ha descubierto que era un simple agujero.
Mujer,
s. Animal que suele vivir en la vecindad del Hombre, que tiene
una rudimentaria aptitud para la domesticación. Algunos de los
zoólogos más viejos le atribuyen cierta docilidad vestigial
adquirida en una antigua época de reclusión, pero los
naturalistas del postfeminismo, que no saben nada de esa
reclusión, niegan semejante virtud y declaran que la mujer no
ha cambiado desde el principio de los tiempos. La especie es
la más ampliamente distribuida de todas las bestias de presa;
infecta todas las partes habitables del globo, desde las
dulces montañas de Groenlandia hasta las virtuosas playas de
la India. El nombre que se le da popularmente (mujer lobo) es
incorrecto, porque pertenece a la especie de los gatos. La
mujer es flexible y grácil en sus movimientos, especialmente
Ia variedad norteamericana (Felis pugnans), es omnívora, y
puede enseñársele a callar.
Mulato,
s. Hijo de dos razas, que se avergüenza de ambas.
Multitud,
s. Muchedumbre. Fuente de sabiduría y virtud políticas. En una
república, objeto de adoración del estadista. "En una multitud
de consejeros está la sabiduría", dice el proverbio. Si muchos
hombres de igual sabiduría individual resultan más sabios que
cualquiera de ellos, debe ser que adquieren ese exceso de
sabiduría por el simple hecho de reunirse. ¿De dónde viene?
Evidentemente, de ninguna parte. Lo mismo valdría decir que
una cadena de montañas es más alta que las montañas
individuales que la componen. Una multitud es
tan sabia como el más sabio de sus miembros, siempre que éste
sea obedecido; de lo contrario es tan necia como el más necio
entre ellos.
Murmurar,
v. t. Decir cómo encuentra uno a otro cuando el otro no puede
encontrarlo a uno.
Mustang,
s. Caballo indócil de las planicies occidentales. En la
sociedad británica, esposa norteamericana de un noble inglés.
N
Nacimiento,
s. Primero y más terrible de todos los desastres. Sobre su
naturaleza, hay distintas opiniones. Cástor y Pólux nacieron
de un huevo. Pallas, de un cráneo. Galatea, de un bloque de
piedra, Peresilis, autor del siglo X, asegura que brotó del
suelo donde un sacerdote había derramado agua bendita. Es
sabido que Arimaxus surgió de un agujero hecho por un rayo en
la tierra. Leucomedón era hijo de una caverna en el Monte
Etna, y yo personalmente he visto a un hombre salir de una
bodega.
Nariz,
s. Ultimo puesto avanzado de la cara. Getius, cuyos escritos
son anteriores a la era del humor, observó que todos los
grandes conquistadores tienen grandes narices, y pensó que la
nariz era el órgano de la sujeción. Se ha observado que la
nariz de alguien nunca se siente tan feliz como cuando está
metida en los asuntos de otro; de aquí infieren algunos
fisiólogos que la nariz carece del sentido del olfato.
Néctar,
s. Bebida que consumían los dioses en los banquetes olímpicos.
El secreto de su preparación se ha perdido, pero los modernos
habitantes de Kentucky creen saber cuál era su ingrediente
principal.
Negativa,
s. Acción de no dar lo que se pide; verbigracia, cuando una
anciana solterona niega su mano a un pretendiente rico y buen
mozo; un concejal, una concesión importante a una corporación;
un sacerdote, la absolución a un rey impenitente; etcétera.
Las negativas se gradúan en una escala descendente de
finalidad, a saber: 1a negativa absoluta, la negativa
condicional, la negativa de sondeo y la negativa femenina, que
algunos casuistas llaman negativa afirmativa.
Negro,
s. "Piece de résistance" en el problema político
norteamericano. Los republicanos lo representan por la letra n
y llegan a la siguiente ecuación: "Supongamos que n = hombre
blanco". La fórmula, sin embargo, parece dar un resultado
insatisfactorio.
Nepotismo,
s. Práctica que consiste en designar a la propia abuela para
un cargo público, por el bien del partido.
Newtoniano,
adj. Perteneciente a la filosofía del universo inventada por
Newton, quien descubrió que una manzana siempre termina por
caer al suelo, aunque no pudo explicar por qué. Sus sucesores
y discípulos han progresado tanto que son capaces de decir
cuándo.
Nihilista,
s. Ruso que niega la existencia de todo, menos de Tolstoi. El
jefe de esta escuela es Tolstoi.
Niñez,
s. Período de la vida humana intermedio entre la idiotez de la
primera infancia y la locura de la juventud, a dos pasos del
pecado de la adultez, y a tres del remordimiento de la
ancianidad.
Nirvana,
s. En la religión budista, estado de aniquilamiento agradable,
otorgado a los sabios, particularmente a los que son lo
bastante sabios para comprenderlo.
Noble,
s. Invención provista por la naturaleza para que las doncellas
norteamericanas adineradas y ambiciosas puedan incurrir en
distinción social y padecer la "high life".
No
Combatiente, s. Un cuáquero muerto.
Notoriedad,
s. Fama de nuestro adversario en la lucha por un cargo
público. El tipo de renombre más accesible y aceptable para la
mediocridad. Escala de jacob que conduce a un escenario de
vodevil, con ángeles que suben y bajan.
Noúmeno,
s. Lo que existe, por oposición a lo que, meramente pareciendo
existir, recibe el nombre de fenómeno. El noúmeno es bastante
difícil de localizar; sólo puede ser aprehendido mediante un
proceso de razonamiento... que es un fenómeno. No obstante, el
descubrimiento y exposición del noúmeno abre un amplio campo
para lo que llama Lewis "la interminable variedad y excitación
del pensamiento filosófico". ¡Viva pues el noúmeno!
Novela,
s. (En inglés, romance, novela de aventuras más o menos
fantásticas. por oposición a "novel", novela realista ).
Cuento inflado. Especie de composición que guarda con la
literatura la misma relación que el panorama guarda con el
arte. Como es demasiado larga para leer de un tirón, las
impresiones producidas por sus partes sucesivas son
sucesivamente borradas, como en un panorama. La unidad, la
totalidad del efecto, es imposible porque aparte de las
escasas páginas que se leen al final, todo lo que queda en la
mente es el simple argumento de lo ocurrido antes. La novela
realista es al relato fantástico lo que la fotografía es a la
pintura. Su principio básico, la verosimilitud, corresponde a
la realidad literal de la fotografía, y la ubica dentro del
periodismo; mientras que la libertad del relato fantástico no
tiene más límites que la imaginación del narrador. Los tres
principios esenciales del arte literario son imaginación,
imaginación e imaginación. El arte de escribir novelas, en la
medida en que pudo llamarse arte, ha muerto hace mucho en todo
el mundo, salvo en Rusia, donde es nuevo. Paz tengan sus
cenizas... algunas de las cuales aún se venden mucho.
Novela
fantástica, s. Obra de ficción que no rinde pleitesía
al Dios de las Cosas que Son. En la novela, el pensamiento del
escritor está atado a la verosimilitud, como un caballo al
palenque, pero en la novela fantástica se pasea a voluntad por
todo el reino de la imaginación, libre, sin ley, sin rienda ni
freno. Nuestro novelista es una pobre criatura (como diría
Carlyle), un simple reportero. Puede inventar los personajes y
la trama, pero no imaginar algo que no pueda ocurrir, aunque
toda su narración sea una candorosa mentira. Por qué se impone
esta dura condición y "arrastra a cada paso una cadena cada
vez más larga", que él mismo ha forjado, es algo que tratará
de explicarnos en diez volúmenes, sin iluminar en absoluto su
negra y absoluta ignorancia en la materia. Hay grandes
novelas, porque grandes escritores han desperdiciado su
talento para escribirlas, pero lo cierto es que la ficción más
fascinante que existe sigue siendo "Las mil y Una Noches".
Noviembre,
s. Décimoprimer duodécimo del tedio.
O
O bien,modo,
adv. O mal.
Observatorio, s. Lugar donde los astrónomos disuelven
en conjeturas las adivinanzas de sus predecesores.
Obsoleto,
adj. Lo que ya no usan los tímidos. Se aplica principalmente a
las palabras. La palabra que cualquier diccionario califica
como obsoleta se convierte en objeto de terror para el
escritor necio, pero si es una palabra buena y no tiene
equivalente moderno igualmente bueno, la usará el buen
escritor. En realidad, la actitud de un escritor hacia las
palabras "obsoletas" es un índice de su capacidad literaria
tan bueno como cualquier otro, salvo el carácter de su obra.
Obstinado,
adj. Inaccesible a la verdad, tal como se manifiesta en el
esplendor y la fuerza de nuestras creencias. El prototipo
popular de la obstinación es la mula, animal muy inteligente.
Ocasional,
adj. Dícese de lo que nos aflige con mayor o menor frecuencia.
No es el caso de los "versos ocasionales", que nos afligen con
regularidad --y con más crueldad que otras clases de versos--
en los aniversarios y otras celebraciones.
Occidente,
s. Parte del mundo situada al oeste (o al este) de Oriente.
Está habitada principalmente por Cristianos, poderosa subtribu
de los Hipócritas, cuyas principales industrias son el
asesinato y la estafa, que disfrazan con los nombres de
"guerra" y "comercio". Esas son también las principales
industrias de Oriente.
Océano,
s. Extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho
para el hombre, que casualmente carece de branquias.
Ociosidad,
s. Granja modelo donde el diablo experimenta las semillas de
nuevos pecados y promueve el crecimiento de los vicios
básicos.
Odio,
s. S |