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[1] Cantar de los Nibelungos: Se inicia con las hazañas de Sigfrido (Siegfried),
héroe que conquistó el tesoro de los Nibelungos, y que al bañarse en la sangre
de un dragón al que había matado consiguió la invulnerabilidad de todo su
cuerpo, menos en una parte de la espalda en que una hoja caída de un árbol había
impedido que la sangre le tocara la piel.
Llega Sigfrido a Worms, corte de los burgundios, y pide al rey Gunter la mano
de su hermana, la hermosa Krimilda (Kriemhild). Gunter accede a condición de que
Sigfrido lo ayude a conquistar a Brunilda (Brunhild), reina de Islandia, que
sometia a sus pretendientes a rudas pruebas de fuerza física. Llegados a
Islandia, Sigfrido reviste una túnica que lo hace invisible, merced a lo cual
puede ayudar a Gunter en la prueba, que lleva a cabo victoriosamente, con lo que
conquista la mano de Brunilda
En Worms se celebran simultáneamente las bodas de Sigfrido con Krimilda y de
Gunter con Brunilda. Tiempo después, debido a una indiscreción de Krimilda,
Brunilda se entera de que Gunter la superó en las pruebas y la conquistó gracias
a la ayuda de Sigfrido invisible, y decide vengar el engaño. Encuentra un
valedor en el fiero guerrero burgundio Hagen, el mal, con engaños y falsos
pretextos, logra que Krimilda le detalle y precise cuál es el único lugar
vulnerable del cuerpo de su marido Sigfrido.
Hagen y Sigfrido salen de caza, y en el momento en que éste ha dejado la
lanza en manos de aquél, a fin de inclinarse para beber en una fuente, el
traidor atraviesa con su propia lanza el cuerpo del héroe por el único punto
vulnerable, y éste muere después de confiar a Gunter el cuidado de Krimilda.
Krimilda, deseosa de venganza, acepta la proposición de matrimonio que recibe
de Atila, y se traslada a la corte de los hunos, donde vive doce años.
Transcurridos éstos, llegan a la corte de Átila, para celebrar unos festejos, el
rey Gunter, Hagen y un gran séquito de burgundios. Krimilda encuentra entonces
la ocasión para realizar sus planes, y consigue que los hunos, tras un banquete,
ataquen a los burgundios, lo que produce una sangrienta refriega en que mueren
infinidad de guerreros de ambos bandos, y ella, finalmente, decapita a su propio
hermano Gunter y al feroz Hagen, que se había negado a revelar dónde había
escondido el tesoro de los Nibelungos después de la muerte de Sigfrido. En la
pelea con los burgundios y en el apresamiento de Gunter y Hagen Krimilda es
ayudada por el rey godo Teodorico, que vivía desterrado en la corte de Átila.
[2] Cantar de Roldán En siete años Carlomagno ha conquistado toda España,
salvo Zaragoza, ciudad que rige el rey moro Marsil, quien, incapaz de ahuyentar
a los franceses, acepta el consejo del anciano Blancandrin; ofrece, a Carlomagno
riquezas y tesoros para que se vuelva a Francia, y prometerle, engañosamente,
que poco después el propio Marsil lo seguirá para hacerse cristiano: ello
garantizado con la entrega de mujeres e hijos de los principales sarracenos como
rehenes.
Blancadrin, al frente de una embajada, va al campamento de Carlomagno, que
está en Cordres, y ante el emperador y sus principales caballeros expone lo que
Marsil ha decidido. Roldán, sobrino de Carlomagno, rechaza la propuesta porque
Marsil es un traidor que hizo decapitar a unos emisarios que el emperador le
envió en son de paz, y exige que Zaragoza sea sitiada hasta que se rinda. Pero
Ganelón, padrastro de Roldán, expone que hay que acceder a la proposición de
Marsil, a lo que se adhiere el viejo duque Naimón. Se decide enviar un mensajero
a Marsil para que concrete los tratos, misión que se sabe peligrosa y para la
que se ofrecen Naimón, Roldán, su compañero Oliveros y el arzobispo Turpín,
todos rechazados por Carlomagno; hasta que Roldán propone que lleve el mensaje
su padrastro Ganelón, lo que encoleriza a éste, pero acepta y hace disposiciones
sobre su familia por si no regresa. Carlomagno entrega a Ganelón el bastón y el
guante, símbolos de su investidura como embajador; pero el último se le cae al
ir a cogerlo, lo que se interpreta como un mal presagio.
En el camino hacia Zaragoza Ganelón imbuye en el ánimo de Blancandrín que
mientras Roldán esté al lado de Carlomagno éste no dejará de atacar a Marsil, y
ambos se juramentan y traman la muerte de Roldán.
En Zaragoza Ganelón expone a Marsil que Carlomagno acepta que se haga
cristiano y que incluso le ofrece media España como feudo, si lo hace; pero si
no se aviene a ello, será llevado a Francia y ejecutado. Estos términos provocan
una situación violenta, porque han sido expuestos ante los sarracenos
principales que rodeaban a Marsil; pero Blancandrín aconseja a su rey que hable
con Ganelón privadamente. Una vez solos, Ganelón le propone que envíe ricos
presentes u Carlomagno y rehenes para garantizar su lealtad; y así se volverá a
Francia con sus huestes, en cuya retaguardia pondrá a Roldán, a Oliveros y a los
dore pares, con veinte mil francos. Cuando el emperador haya cruzado el puerto
de Sicera, los moros podrán caer sobre la retaguardia, y Roldán perderá la vida.
De esta suerte la fuerza militar de Culomagno quedará destrozada, y Marsil,
tranquilo. Varios sarracenos y la reina Bramimonda, esposa de Marsil, hacen
ricos presentes a Ganelón; el cual regresa al campamento de Carlos con mulos
cargados con el tesoro que Marsil ofrece al emperador. Ganelón explica que
Marsil antes de un año irá a Francia para recibir el bautismo; y los franceses
emprenden el regreso a su tierra. Por la noche Carlomagno tiene dos sueños que
le pronostican desastres; y al día siguiente, cuando llegan a las inmediaciones
de las grandes montañas (los Pirineos), pregunta a los suyos quién se hará cargo
del mando de la retaguardia, y Ganelón se precipita a designar a su hijastro
Roldán, lo que es aceptado por éste con insolencia. Roldán recibe del emperador
el arco que simboliza su mandato militar, y se le unen los doce pares, que
eligen a veinte mil caballeros para formar la retaguardia.
El grueso del ejército francés atraviesa los montes y llega hasta alcanzar
Gascuña con la vista; y la retaguardia, mandada por Roldán, aún está en España,
cuando Marsil reúne en Zaragoza un ejército de cuatrocientos mil hombres,
mandado por doce pares sarracenos que proclaman sus bravatas contra Roldán y los
franceses, a los que esperan atacar en Roncesvalles. Oliveros oye el estruendo,
sube a una colina y ve a los sarracenos que se aproximan. Comprende que Ganelón
los ha traicionado y pide a Roldán que haga sonar su olifante, o cuerno de
guerra, para que lo oiga Carlomagno y acuda a socorrerlos. Roldán se niega u
ello, porque sería una cobardía pedir socorro; y Oliveros, que insiste en la
desproporción que hay entre sus fuerzas (veinte mil hombres) y las que se
aprestan a atacarlos (cuatrocientos mil), no consigue convencerlo. Roldán
prepara a los suyos para la batalla que se aproxima, los exhorta a resistir, y
la retaguardia se interna en los angostos desfiladeros.
Ataca el primer escuadrón sarraceno, y en combates singulares los pares de
Francia matan a los pares sarracenos, menos a uno (Margariz). El rey Marsil se
acerca luego con veinte escuadrones, que producen gran mortandad entre los
guerreros de Francia. Roldán, entonces, hace sonar el olifante, y al
reprochárselo Oliveros, le dice que lo hace para que llegue Carlomagno cuando
todos hayan muerto y pueda admirar su heroísmo. Éste, que ya estaba en Francia,
oye el sonido del olifante de Roldán, comprende lo que está ocurriendo y se da
cuenta de la traición de Ganelón. Lo hace prender y apalear, en espera de ser
juzgado. Y toda la hueste francesa retrocede hacia Roncesvalles. Mientras tanto
Roldán sigue combatiendo y mata a muchos sarracenos, lucha contra el rey Marsil,
le corta la mano derecha y quita la vida a su hijo. Ataca un nuevo escuadrón
sarraceno, mandado por el califa, tío de Marsil, llamado Marganices, el cual
hiere mortalmente a Oliveros, que aún tiene ánimos para devolverle el golpe y
matarlo y para seguir luchando, aunque pierde la vista y golpea a su amigo
Roldán creyendo que es un enemigo. Roldán le habla afablemente; y poca después
Oliveros muere, tras confesar sus pecados y pedir a Dios que bendiga a Cadomagno
y a Roldán.
Roldán se ha desmayado de dolor por la muerte de Oliveros, y han muerto todos
los franceses salvo el arzobispo Turpín y Gualter del Hura, que ha estado
luchando separadamente en una posición elevada, donde ha perdido a todos sus
hombres, y ahora acude a Roldán en demanda de socorro; y a pesar de estar
gravemente herido lucha a su ludo y al del arzobispo. Los atacan ahora mil
sarracenos, que matan a Gualter y hieren a Turpín, al que todavía quedan fueras
para matar a más de cuatrocientos.
Roldán hace sonar de nuevo el olifante, y el esfuerzo le rompe las sienes.
Cadomagno lo oye, se apresura y hace sonar los clarines de su hueste. Los
sarracenos, al oírlo, dan un nuevo asalto a Roldán y a Turpín. y huyen
precipitadamente por temor a la hueste francesa, que ya está muy cerca. Roldán
acomoda al herido arzobispo sobre la hierba y va en busca de los cadáveres de
los pares; los sitúa frente a Turpín, y éste les da su bendición y muere.
Viendo su muerte cercana, Roldán, ya ciego, intenta romper su espada Durendal
para que no caiga en poder del enemigo, pero su hierro es tan fuerte que se
hiende la dura piedra contra la que quiere quebrarla. Hace un elogio de ella, se
echa de bruces y la esconde bajo su cuerpo; y tras hacer su confesión, con el
rostro vuelto hacia España, ofrece su guante a Dios, que recoge San Gabriel, y
muere.
Carlomagno llega a Roncesvalles, donde el terreno está cubierto de cadáveres,
busca los de los doce pares y lamenta el gran desastre. Deja un destacamento que
custodie a los muertos, y la hueste francesa emprende la persecución de los
restos del ejército de Marsil. Como está u punto de anochecer, el emperador pide
a Dios que el sol se pare para prolongar la claridad, y se obra el milagro. Los
sarracenos, que huyen hacia Zaragoza, perseguidos muy de cerca, perecen muchos
de ellos ahogados al vadear el Ebro y otros son alcanzados por las armas de los
franceses. Carlomagno, al ver que los enemigos han muerto, da gracias a Dios y,
como ya es muy tarde, acampa a orillas del Ebro; y por la noche tiene otros dos
sueños premonitorios.
El rey Marsil, con la mano derecha cercenada por Roldán, logra llegar a
Zaragoza; y su mujer la reina Bramimonda se conduele y maldice a Carlomagno y a
los franceses. Los sarracenos de la ciudad increpan a sus ídolos, Apolín, Mahoma
y Tervagán, y los destrozan.
Ocurrió siete años antes, cuando Carlomagno invadió España, que el rey Marsil
de Zaragoza pidió socorro a su señor, el emir Baligán de Babilonia (El Cairo); y
éste reunió una inmensa hueste de todos sus exóticos reinos y partió con una
escuadra hacia España. Las naves paganas remontaron el curso del Ebro y llegaron
a Zaragoza el mismo día en que Carlomagno había derrotado a Marsil. Éste cantó a
Baligán las batallas de Roncesvalles y del Ebro, le rindió el debido homenaje y
le pidió ayuda. Baligán se dispuso a combatir a los franceses, que aún estaban
en España.
Carlomagno ha vuelto a Roncesvalles; allí los franceses van identificando y
recogiendo los cadáveres de los suyos, y el emperador profiere un sentido planto
ante el cuerpo de Roldán. Entierran a los más en una fosa, y Carlomagno dispone
que los cadáveres de Roldán, de Oliveros y de Turpín sean llevados a Francia.
Entonces le anuncian que se acerca la gran hueste de Baligán, y se dispone a la
lucha.
Se describen los escuadrones de los franceses, con indicación de sus jefes, y
luego, muy prolijamente, los escuadrones de los paganos de Baligan, mientras se
dan detalles de la gran batalla, que acaba con un combate singular entre el emir
y el emperador, y éste, animado por la aparición de San Gabriel, mata a Baligán.
Derrotado y muerto Baligán, Cadomagno entra en Zaragoza, destruye las
sinagogas y las mahomerias y los ídolos y ahorca a todos los sarracenos que no
quieren recibir el bautismo. La reina Bramimonda es destinada a ser llevada a
Francia para convertirse allí por mora.
La hueste francesa llega finalmente a Francia. En Burdeos depositan el
olifante en el altar de San Severino, y en San Román de Blaya los cadáveres de
Roldán, de Oliveros y del arzobispo Turpín. Llegan a Aix (Aquisgrán), y
Carlomagno envía a buscar hombres sabios del Imperio para que juzguen a Ganelón.
En Aix la hermosa Alda, hermana de Oliveros, pregunta a Carlomagno dónde esta
Roldán, su novio. Le contesta que está muerto. pero que en compensación se
casará con Ludovico, su hijo. Alda cae muerta u los pies del emperador.
Los barones del Imperio interrogan a Canelón, quien se defiende afirmando que
él no ha cometido traición alguna, sino que se ha vengado de las injurias de su
hijastro Roldán. Y, tras deliberar, los barones deciden que Ganelón sea absuelto
y puesto en libertad.
Terrin de se presenta ante Carlomagno y se brinda a combatir contra quien le
desmienta que Ganelón es un traidor. Pinabel de Sorenza, pariente de Ganelón, se
ofrece para luchar contra Terrin. El emperador exige rehenes en prenda, y en
esta calidad se comprometen treinta parientes de Ganelón. En un prado de Aix se
celebra el combate singular entre Terrín y Pinabel, y aquél mata a éste. Son
ahorcados los treinta parientes de Ganelón que se ofrecieron como rehenes, y el
traidor es descuartizado por cuatro caballos a los que atan sus pies y sus
manos.
La reina Bramimonda, bien adoctrinada con sermones y ejemplos, pide el
cristianismo, es bautizada y se le impone el nombre de Juliana. Cuando, acabado
todo. Carlomagno dormía en su cámara de Aix, se le apareció el ángel Gabriel y
le ordenó, en nombre de Dios, que reuniera su hueste para ir a la tierra de Bira
a socorrer al rey Iván. en Infa, que está sitiado por los paganos. El emperador,
que no quisiera ir, se exclama, llora y se mesa las barbas. Y aquí acaba la
gesta.
[3] («El rey Carlos, nuestro emperador magno, ha estado en España siete años
enteros: conquistó hasta la mar la alterosa tierra. No hay castillo que resista
ante él, ni ha quedado muro ni ciudad sin derribar, salvo Zaragoza, que está en
una montaña. La posee el rey Marsil, que no ama a Dios; sirve a Mahoma e invoca
a Apolin: no se puede preservar de que mal le alcance)
[4] («La injusticia es de los paganos y de los cristianos la razón.»)
[5] («Roldán es valiente y Oliveros es sensato.»)
[6] («El emperador ha regresado de España y llega a Aix [Aquisgrán], la mejor
sede de Francia; sube al palacio y entra en la sala. He aquí que se le ha
acercado Alda. una hermosa doncella, y dice al rey: "¿Dónde está el capitán
Roldán, que me juró tomarme por compañera?" Carlos siente dolor y pesadumbre,
lloran sus ojos y mesa su barba blanca "Hermana, querida amiga, me preguntas por
hombre muerto. Te daré compensación muy ventajosa: es Ludovico, no podría decir
otro mejor; es mi hijo y poseerá mis marcas. Alda responde: "Extraño me es este
lenguaje. No plazca a Dios, a sus santos ni a sus ángeles que yo siga viva
después de Roldán." Pierde el color, cae a los pies de Carlomagno. Al instante
ha muerto; ¡Dios tenga piedad de su alma! Los barones franceses la lloran y
lamentan.»)
[7] Dijo el pagano: "Siento gran admiración por Carlomagno, que es canoso y
viejo: a mi parecer tiene doscientos años, y más. Ha fatigado su cuerpo por
tantas tierras, ha recibido ¿ratos golpes de lanzas y de azconas y ha reducido a
mendicidad a tantos reyes poderosos, cuando se cansará de guerrear?" "Esto nunca
-dijo Ganelón-, mientras viva su sobrino. le tiene vasallo igual bajo la capa
del cielo. Valerosísimo es su compañero Oliveros. Los doce pares, a los que
tanto quiere Carlos, forman las avanzadas con veinte mil caballeros. Seguro está
Carlos, que no teme a ningún hombre.»)
[8] («Dijo el sarraceno: "Gran admiración siento por Carlomagno, que es
canoso y blanco: a mi parecer tiene más de doscientos años. Ha ido conquistando
por tantas tierras, tantos golpes ha recibido de buenas azconas afiladas, tantos
reyes poderosos ha muerto y vencido en el campo: ¿cuándo de guerrear se
cansará?" "Eso nunca -dijo Ganelón-, mientras viva Roldán. No hay vasallo como
él de aquí a Oriente. Valerosisimo es Oliveros, su compañero. Los doce pares, a
los que tanto ama Carlos, forman las avanzadas con veinte mil francos. Seguro
está Carlos: no teme a hombre vivo."»)
[9] En l'Archamp (o Larchamp) está a punto de darse una batalla entre las
fuerzas sarracenas del rey Deramed y las cristianas de Teobaldo de Bourges,
junto a quien forman su sobrino Esturmi Y Vivién (sobrino de Guillermo). Ante la
superioridad numérica de los infieles, Teobaldo y Esturmi huyen cobardemente, y
Vivién queda al frente de un reducido ejército cristiano. Se le une su primo
Girart, y ambos luchan valientemente mientras va menguando el número de
combatientes cristianos, hasta que, en un momento dado, quedan en pie sólo
veinte frente a quinientos mil sarracenos. La única esperanza de Vivién es que
pueda socorrerlos su tío Guillermo, y encomienda a Girart que vaya prestamente a
darle cuenta de la suerte de la batalla y le ruegue que acuda a auxiliarlo.
Girart emprende el viaje, durante el cual se le muere el caballo, padece sed y
calor y va desprendiéndose de las armas para ir más ligero, conservando sólo la
espada Mientras tanto, Vivién lucha acorralado por los sarracenos, que le hieren
con sus dardos; con la marro izquierda recoge los intestinos, que le cuelgan, y
con la derecha sigue blandiendo la espada, hasta que, alcanzado en la cabeza, se
le derrama el cerebro y muere. Guillermo está en Barcelona y recibe a Girart,
quien le explica la situación de su sobrino Vivién y le transmite su ruego de
que vaya a socorrerlo. Guillermo titubea, pues hace sólo tres días que ha
regresado de otra batalla y se siente cansado; pero su esposa Guiburc le insta y
lo convence para que vaya a l'Archamp. Forma un ejército y parte, llevando
consigo a Girart y al joven Guischart, sarraceno convertido, sobrino de su
esposa Guiburc. Los paganos matan al primero y hieren al segundo, quien, tras
haber renegado de la fe cristiana, muere. Guillermo ha quedado solo, muertos
todos los suyos; atraviesa el cuerpo de Guischart en la silla del caballo y
emprende el regreso a Barcelona, donde Guiburc ha reunido un ejército de treinta
mil hombres. La esposa sale a la puerta de la ciudad, y allí sostiene un
impresionante diálogo con Guillermo, denotado, rendido y avergonzado. Ella llora
ante el cuerpo de su sobrino, y Guillermo confiesa amargamente su deshonra, su
vencimiento y que su avanzada edad le impide guerrear. Guiburc le revela que ha
reunido un grueso ejército, y al propio tiempo, a fin de no desalentar a los
soldados, les cuenta que su esposo viene de derrotar a los sarracenos en
l'Archamp y que deben aprestarse para ir al campo de batalla a recoger el botín,
y les promete grandes recompensas en tierras y hermosas doncellas. Guillermo
descansa, y al día siguiente parte para l'Archamp. con sus nuevas tropas, a las
que se ha incorporado su sobrino Gui, hermano de Vivién. La batalla dura dos
días, al cabo de los cuales en el bando cristiano sólo quedan en pie Guillermo y
Gui, el cual se siente perecer de fatiga y de hambre. Guillermo es atacado, le
matan el caballo y está a punto de perecer, cuando Gui cubra ánimos y lo salva
luchando valerosamente. Guillermo ha ganado la batalla.
Cerca de un arroyo, Guillermo y Gui encuentran a Vivién todavía vivo, el cual
muere cristianamente en brazos de su tío. Los sarracenos atacan, hacen
prisionero a Gui y hostigan a Guillermo, que se disponía a llevarse el cuerpo de
Vivién a Orange, ciudad a la que llega perseguido de cerca por el enemigo. A las
puertas de Orange, Guiburc no quiere creer que se trata de su marido, sino de un
sarraceno, y para probar su identidad le exige que luche contra siete moros que
le van siguiendo, lo que hace Guillermo, y que le muestre su nariz. Así entra
Guillermo en Oange, donde lamenta con su esposa el descalabro y la pérdida de
sus sobrinos. Al día siguiente parte para Laón, a fin de recabar el auxilio del
rey Luis, y Guiburc se encarga de la defensa de la ciudad. En Laón es recibido
por el rey, que no quiere socorrerlo; pero se ve obligado a acceder a ello ante
las amenazas de Guillermo, de su padre Aymerí y de varios de sus hermanos y
sobrinos, que se hallaban en la corte. La reina, que es hermana de Guillermo, se
opone al proyecto de socorro, y es insultada y maltratada por éste, de tal
suerte, que sólo la intervención de Aymeri impide que la mate. Se reúne un
ejército de veinte mil hombres y se pone en marcha. En el destaca la figura del
gigante Rainoarl (Reneward), pinche de cocina de enorme fuerza y que maneja como
nadie una descomunal cachiporra matando gente en sus frecuentes arrebatos de
ira. En Orange se averigua que Rainoart es hijo del sarraceno Deamed. Y, tras
una serie de bromas que le gastan los pinches de las cocinas, es este gigantazo
quien, al día siguiente, hace reunir a las tropas cristianas que se encaminaban
a 1'Archamp. En la batalla Rainoart tiene el primer papel: hace verdaderos
prodigios con su enorme cachiporra mata más de dos mil paganos Ganada la
batalla, los cristianos regresan a Orange, donde se celebra un festín, en el que
Guillermo recompensa a sus guerreros; pero se olvida de premiar a Rainoart, y
éste, despechado, emprende la marcha hacia tierras sarracenas para abrazar de
nuevo la religión pagana. Tiene que ser el propio Guillermo quien vaya en su
busca y, de regreso al interrumpido festín, le colma de gracias. $e averigua
entonces que Rainoart, robado de niño y vendido en París, donde hizo siete años
de pinche de cocina, es hermano de Guiburc, la esposa de Guillermo.
[10] «Vivién vaga a pie por medio del campo; el yelmo se le cae sobre el
nasal, y entre los pies va arrastrando los intestinos, que va conteniendo con la
mano izquierda. En la derecha lleva una espada de acero, completamente roja
desde el arriaz, y con la vaina llena de hígado y de sangre, y con su punta se
apoya en el suelo. La muerte le angustia mucho, y se mantiene erguido gracias a
la espada. Intensamente suplica a Jesús todopoderoso que le envie a Guillermo,
el buen franco, o a Ludovico, el fuerte rey luchador.»
[11] Entonces desmontó Guillermo, el de la nariz corta. Frota los flancos y
los costados de su caballo, y luego lo interpela con mucho cariño, y le dice: "Bausant,
¿qué os pasa? Veo vuestros dos flancos muy ensangrentados, y no es maravilla que
estéis muy cansado, porque estáis fatigadisimo y quebrantado, Mucho me pesa que
estéis malherido; pero si te amilanas, yo he llegado a mi fin," Bausant lo oyó y
lo entendió bien, levantó las orejas y frunció la nariz, sacudió la cabeza y
recobró el vigor.
[12] En Aquisgrán Carlomagno celebra una fiesta, en la que decide renunciar a
sus reinos en la persona de su hijo Luis. Al instarlo a que se ciña la corona,
Luis titubea indeciso, de lo cual se aprovecha Arneis de Orleans pan obtener de
Carlos la regencia hasta que su hijo se haga capaz de reinar. Enterado de ello
Guillermo, entra violentamente en el palacio, mata a Arneis de un puñetazo y
ciñe ta corona en las sienes de Luis. Carlomagno agradece a Guillermo su muestra
de fidelidad, gracias a la cual el linaje imperial ha sido realzado. Guillermo
parte para Roma a fin de cumplir una promesa; pero al llegar a la ciudad
encuentra que los sarracenos han invadido Italia, mandados por el rey Galafre,
el cual no hace caso de las súplicas del Papa. Sólo se consigue que la lucha se
reduzca a un combate singular entre el gigantesco Corsolt, por los sarracenos, y
Guillermo, por los cristianos, Guillermo vence a su enemigo y logra después
librar a Roma del peligro sarraceno, El rey cristiano de Capua, Guaifier, que
había sido desposeído por los infieles y que acaba de recobrar sus tierras
gracias a Guillermo, le ofrece la mitad de su reino y la mano de su hija. Cuando
el Papa está a punto de casarlos llegan mensajeros de Francia y notifican que
Carlomagno ha muerto y que los traidores quieren desposeer de ta corona al débil
Luis y hacer rey al hijo de Ricardo de Normandia. Guillermo combate a los
rebeldes, afianza a Luis y pacifica el reino; vuelve a Italia para luchar contra
Gui de Alemania, que se había apoderado de Roma lo vence, y en la ciudad santa
corona a Luis, del mismo modo que antaño lo hizo en Aquisgrán. De regreso a
Francia sofoca una nueva rebelión de los barones, y, tras someterlos, casa al
rey Luis con una hermana suya,
[13] En Paris el rey Luis distribuye mercedes entre sus vasallos, a los que
entrega feudos y tierras; solamente deja de premiar los grandes servicios que le
hizo Guillemo, a quien nada ofrece. Guillermo le echa en cara la ingratitud, le
enumera cuánto le debe, y, tras rechazar los ofrecimientos que ahora,
apresuradamente, le hace el indeciso e ingrato rey, sólo acepta peligrosos
feudos en tierras de sarracenos, que el guerrero tendrá que ganarse guerreando,
o sea España con Tortolose y PortpaiIlart, Orange y Nimes. Guillermo, al frente
de sus fuerzas, se dirige contra Nimes. Para conquistar esta ciudad recurre al
ardid de meter a sus guerreros en toneles que llenan una serie de carros, que
son introducidos en Nimes como si se tratara de mercancías, guiados por
Guillermo, vestido de mercader. Una vez dentro de la ciudad salen de los toneles
y vencen a los sarracenos, y Nimes queda en poder de Guillemo.
[14] La vida plácida de Nimes no se aviene con el carácter batallador de
Guillermo. Un cristiano evadido de las mazmorras de la ciudad sarracena de
Orange le cuenta las maravillas de aquel país y le describe la belleza de Orable,
esposa del rey moro Tiebat. Guillemo, acompañado del fugitivo y de su sobrino
Guielín (hijo de Bernart de Brusbán), se introduce en Orange, los tres
disfrazados de sarracenos. De este modo el valiente guerrero ve a Orable y se
prenda de ella. Los tres franceses son desenmascarados y sostienen largas e
inverosimiles luchas contra miles de sarracenos que habitan en Orange. Gracias a
la ayuda que les presta Orable, que corresponde fulminantemente al amor de
Guillermo, y al auxilio armado que les llega con las tropas de Bertrand, sobrino
de éste, Orange queda en poder de los cristianos. Orable recibe el bautismo,
cambia su nombre por el de Guiburc y se casa con Guillermo.
[15] En las vejeces de Garfn de Monglane, sus cuatro hijos se despiden de él
y marchan a hacer fortuna. Girart y Renier se encaminan a Is corte de
Carlomagno, donde, tras ser menospreciados por su pobreza, logran imponerse.
Renier recibe el feudo de Gennes (o Generes), donde se casa y tiene dos hijos:
Oliveros y la hermosa Alda. Girart, que es objeto del incumplimiento de una
promesa por parte de Carlos y de una humillación por parte de la esposa de éste,
recibe el feudo de Vienne y se casa con Guiburc. Años después llega a Vienne su
sohrino Aymen (hijo de Hemaul de Beaulande) y le da cuenta de la afrenta de que
le hizo objeto la reina, pues Girart no la advirtió en el momento de matizarse,
años atrás. Girart convoca rápidamente a sus hermanos, ya que la ofensa
avergüenza a todo el linaje, y con ellos acude también el viejo Garln. Estalla
la guerra entre Girart y Carlomagno, aquél fuertemente armado y aprovisionado en
Vienne, ciudad que es cercada por Carlomagno con un gran ejército, en el que
figura su joven sobrino Roldán. Entre Roldán y Oliveros nace una noble rivalidad
guerrera, agravada por el hecho de haberse enamorado el primera de la hermana
del segundo.
Tras siete años de combates, sin que la victoria se decida hacia ninguno de
los los dos bandos,se resuelve que la contienda sea zanjada por medio de un
combate singular entre Oliveros y Roldán, en una isla del Ródano. Luchan
valientemente pero la contienda se alarga porque ambos son igualmente fuertes,
produciendo la desazón de Alda, que contempla la batalla y que teme tanto por su
hermano como por Roldán. Cuando ambos están ya agotados y cada uno de ellos
admirado de la valentía del otro, Dios envía un ángel que los separa, pues donde
están destinados a ejercitar su fuerza es en España, contra los sarracenos.
Mutuamente se comprometen a acordar la paz entre Carlomagno y Girart. A pesar de
ello la guerra continúa, y un día los sitiados se enteran de que el emperador está azorado
en un bosque vecino a la ciudad; salen de ella por un subterráneo y consiguen
rodearlo cuando se ha separado de su acompañamiento. El joven Aymerí aconseja a
su tío Girart que le corte la cabeza; pero éste, frente a la majestad del
emperador, se arrodilla ante él y le pide perdón. Todos sus parientes hacen lo
mismo, menos Aymerí, que permanece en pie y hace reservas condicionando su
fidelidad a Carlomagno a la conducta que éste siga con él. Ha acabado la guerra
entre el emperador y su vasallo Girart; pero cuando se van a celebrar iras bodas
de Roldán y la hermosa Aida llegan mensajeros anunciando que los sarracenos de
España han entrado en Francia, y todos deben partir precipitadamente a
combatirlos.
[16] El ejército franco regresa tristemente de España, tras el desastre de Roncesvalles y la muerte de Roldán y Oliveros. Al pasar por delante de la ciudad
de Narbona. Carlomagno la promete en feudo a aquel de sus caballeros que quiera
conquistarla a los sarracenos. Todos ellos cansados de la larga guerra. rehúsan
el ofrecimiento, excepto el joven Aymerí, que acepta la peligrosa empresa, lo
que proporciona a Carlos la primera alegría desde la muerte de Roldán. Aymeri se
adueña de Narbona y recibe el feudo. Luego emprende un viaje a Lombardia, a fin
de casarse con Hermerjart, hija del rey de Parta, al cual asombra con la
fastuosidad de sus embajadores. Pero Aymed tiene que regresoa precipitadamente a
Narbona, porque la ciudad ha sido sitiada y atacada por los sarracenos. Su tío
Girart de Vienne le ayuda a levantar el cerco y a derrotar al invasor, y tras
una sangrienta batalla, en pleno campo de lucha y entre lu tiendas abandonadas
por el enemigo, Aymery siguiendo los consejos de Girart, hace suya a Hermenjart
[17] Pepino el Breve pide la mano de Berta, hija de los reyes de Hungría,
Flores y Blancaflor. Llegada la novia a París, su nodriza Margiste, con engaño,
consigue sustituirla en la noche de bodas por su propia hija, Aliste, de gran
parecido físico con Berta. Margiste logra también que la auténtica Berta sea
sorprendida en la cámara real con un cuchillo en las manos, y que el rey,
creyéndola hija de la nodriza, la condene a morir, pena que se le conmuta por el
abandono en un bosque, donde es acogida en la humilde monda de un tal Simón.
Tiempo después llega a París la reina húngara BIancaflor, deseosa de ver a su
hija, y de este moda se descubre que Berta ha sido suplantada. La malvada
Margiste es condenada a la hoguera, y su hija Aliste, en atención a que ha dado
al rey Pepino dos hijos, Rainfroi y Heldri, es encerrada en el monasterio de
Montmartre. En una cacería por el bosque del Mans el rey encuentra a Berta, la
cual ocupa el lugar que le corresponde. Años después da a luz a Carlomagno
[18] Rainfroi y Heldrí han envenenado a Pepino y a Berta, y la custodia del
reino y del joven Karlot (Carlomagno) ha quedado confiada al primero de los
bastardos, quien lo hace criar vergonzosamente en las cocinas y busca ocasión
para deshacerse de él. En compañía de jóvenes amigos, Karlot consigue huir de la
corte, y pasando por Burdeos y Pamplona llegan a Toledo, donde reina el
sarraceno Galafre, al que se ofrecen como soldados. Galafre los acepta gustoso y
los envía a Monfrín a luchar contra sus enemigos. Karot se distingue por su
bravura y toma el nombre de Mainet. Al regresar a Toledo, Galiana, hija de
Galafre, se enamora de Mainet, y confía a sus doncellas el deseo de casarse con
él y de que el hijo que nazca de esta boda sea rey de España, en lugar de Marsil,
su hermano. Galafre arma caballero a Mainet, le promete la mano de su hija a
condición de que le traiga la cabeza de su enemigo Braimant, y quiere regalarle
su espada; pero el joven guerrero renuncia a ello porque posee la Joyosa, que
fue del primer rey cristiano de Francia. Mainet encuentra al fiero Braimant
cerca de Toledo, lo mata y se apodera de su espada Durendal. Cuando regresa a la
corte, las tropas sirias que formaban parte del ejército de Mainet, admiradas de
la bravura de éste y del poder de Dios, se convierten al cristianismo. Cuando
Galafre se dispone a colmarlo de honores, el envidioso Marsil, hijo del rey
toledano, intenta una conjura, que fracasa gracias a la intervención de Galiana
y a su sabiduría astrológica. Marsil es derrotado por los franceses, y cuando
éstos se disponen a regresar a Francia, engrosadas sus fuerzas con los sirios ya
bautizados, Mainet se entera de que los sarracenos han invadido Italia y tienen
al Papa cercado en Roma. Tras una campaña victoriosa en Italia, Mainet llega a
Francia, donde hace ajusticiar a Rainfroi y Heldri, y se corona rey.
[19] Al morir Pepino, Carlos ya tiene treinta y dos años; pero en la corte
existe una conspiración contra él, que le obliga a huir a despoblado con su fiel
caballero Thierry de Ardenne. En el bosque se une con el bandido Basín, donde
lleva vida de asaltador de caminos, y se entera de que los usurpadores Rainfroi y Heldrí
han resuelto adueñarse definitivamente del poder, y que en Aquisgrán el primero
se coronará como emperador y su hermano será hecho duque. Con la ayuda de Basín, Carlos sorprende y mata a los traidores, y aquél es premiado por éste con el
castillo y la viuda de Rainfroi.
[20] Hallándose la corte en el monasterio de Saint Denis, el emperador
Carlomagno, luciendo la corona y la espada, rodeado de sus caballeros, preguntó
a su esposa si sabia de algún hombre a quien mejor sentaron los atributos
reales. Ante la sorpresa de todos. la reina respondió que sabia de uno entre sus
caballeros que ceñía la corona con más soltura. Carlomagno le exige que le diga
de qué rey se trata, pues quiere ir a él para que sus caballeros juzguen quién
de los dos lleva mejor la corona: si los caballeros son de la misma opinión que
la reina, él, Carlos, se someterá a su parecer: pero si dicen que ha mentido, le
cortará la cabeza con su propia espada. La reina intenta retirar sus palabras;
pero, frente a la insistencia del rey, dice que ha oido hablar de Hugo el
Fuerte, emperador de Grecia y de Constantinopla el caballero más gallardo del
mundo, después de Carlos, añade ahora. Carlomagno contesta que está dispuesto a
ir a comprobarlo, y que si ha mentido, puede considerarse muerta. Tras hacer una
ofrenda al monasterio de Saint Denis. el emperador regresa a París, convoca a sus doce pares y les comunica
que van a partir para visitar Jerusalén y adorar la Cruz y el Santo Sepulcro, y
luego a ver a cierto rey, del que ha oído hablar. Emprenden el camino sin ataras
ni arreos militares, con bordones y hábitos de peregrinos. Son ochenta mil
franceses los que. tras un viaje sin incidencias, llegan a Jerusalén. En una
iglesia de la ciudad santa encuentran, frente a un altar, los trece sitiales en
que se habían sentado Jesucristo y los doce apóstoles, y Carlos ocupa el del
Salvador, y sus pares, los otros. Nadie había osado sentarse en ellos hasta
aquel día, ni jamás nadie volverá a hacerlo. Un judío que entra en la iglesia y
ve ocupados los sitiales corte espantado a encontrar al Patriarca y le pide ser
bautizado. pues cree que acaba de ver a Jesucristo y sus apóstoles. El Patriarca
va a la iglesia y Carlos se le da a conocer. Aquél le dice que. pues se ha
sentado en el sitial de Jesucristo, desde ahora se llamará Carlomagno. y le da
numerosas reliquias pan que las lleve a Francia (el brazo de San Simeña, la
cabeza de San Lázaro, sangre de San Esteban, un trazo del sudario de Cristo, uno
de los clavos de la Cruz, la corona de espinas, el cáliz y el plato de la Cena
el cuchillo que empleó Jesús, pelos de la barba y cabellos de San Pedro, leche y
un trozo de camisa de la Virgen). En el momento de la entrega un paralítico se
cura milagrosamente. El arzobispo Turpin queda encargado de guardar las
reliquias en una caja de oro. Tras una estancia de cuatro meses en Jerusalén,
Carlomagno se despide del Patriarca, quien le ruega que destruye a los sameenos.
El emperador le promete que sin tardanza organizará una expedición a España; y
cumplió su palabra -dice el poeta- en la ocasión en que murieron Roldán y los
doce pares.
A través de Asia los francos llegan a unos jardines próximos a Constantinopla
en los que veinte mil caballeros, lujosamente vestidos, se solazan jugando al
ajedrez y cuidando aves de caza; tres mil hermosas doncellas hacen compañía a
sus amigos.Los francos preguntan por el rey de aquella tierra, y se les indica
que lo hallarán cera de un pabellón. Se dirigen al lugar señalado y encuentran a
Hugo el Fuerte labrando la tierra con un arado de oro. Carlomagno se le da a
conocer, y Hugo. que había oído hablar de su gloria, le invita a pasar un año en
sus dominios y le promete riquísimos regalos. Hugo deja su arado en el campo,
porque en su país no hay ladrones, y se encaminan a Constantinopla. El palacio
es de una riqueza incomparable y está lleno de maravillas: los muebles son de
oro; el edificio gira, según sople el siento, gracias a unos ingeniosos
mecanismos; estatuas de bronce hacen sonar cuernos de marfil. Al llegar los
franceses se desencadena una terrible tempestad. que los espanta, ya que todo el
palacio tiembla. El rey Hugo los tranquiliza haciéndola cesar, pues sólo se trata de un encanto que ha
provocado pan asombrar a sus huéspedes. Les sirven una opípara cena, a la que
asisten la esposa y la hija de Hugo, y de esta última se enamora Oliveros.
Después de la cena los franceses se retiran a ta habitación que se les ha
destinado para descansar, en la que se han dispuesto trece camas para Carlomagno
y sus pares. Pero han bebido mucho clarete y tienen ganas de hablar y no de
dormir. Carlomagno les propone que se entreguen al juego de gaber, o sea, decir
bravatas. No advierten que el rey Hugo ha apostado un espía que está escuchando
todo lo que dicen. El primero en gaber es el propio Carlomagno, y le siguen los
doce pares, que anuncian inverosímiles y pintorescos gabers, en la mayoría de
los cuales se pone en ridículo al rey Hugo y se humoriza sobre las maravillas de
Constantinopla. Cuando acaban de gaber, Carlomagno y los doce pares se duermen,
mientras el espía va a contar al rey Hugo cuanto ha oído. Al día siguiente Hugo
interpela indignado, a Carlomagno; éste intenta disculparse echando la culpa de
las bravatas al buen vino clarete que bebieron la noche anterior: pero el rey
los conmina a que realicen las inverosímiles hazañas. Aterrorizados, los
franceses corren a rezar y piden a Dios que los saque del apuro. Un ángel se
aparece a Carlomagno y le dice que se apresten a realizar sus bravatas, pues no
les faltará la ayuda divina. Los franceses van al rey Hugo y le dicen que están
dispuestos a llevar a cabo sus anunciadas proezas. Realizan la suya Oliveros,
Guillermo de Orange y Bernard de Brusbán, y a raíz de esta última la ciudad se
inunda. El rey Hugo se refugia en la torre más alta y pide a Carlomagno que
detenga el desastre, y a cambio de ello le regalará sus tesoros y le prestará
homenaje. Carlos accede y hace volver el río a su cauce. Convencido el rey Hugo
del poder de los franceses, se dispone a entregar sus tesoros a Carlomagno; pero
éste no los admite, y sólo exige que hagan una fiesta en la que ambos ciñan la
corona. En ella los caballeros franceses pueden comprobar que Carlomagno la
lleva con más gallardía, y que, por tanto, la reina no tenía razón. La
expedición regresa a París. y Carlomagno deposita las principales reliquias en
el monasterio de Saint Denis y reparte las demás por todo su reino. La reina se posta a sus pies, y él la perdona por amor del Santo Sepulcro que ha
adorado.
[21] Un día estaba el rey Carlos en el monasterio de San Dionís; se puso la
corona, persignó con la cruz su cabeza y se ciñó la espada, cuyo pomo era de oro
puro. Había allí duques, señores, barones y caballeros. El emperador Carlos
contempló a su mujer, que iba bien y bellamente coronada. La tomó por la mano
bajo un olivo y se puso a decirle estas palabras: "Señora, ¿visteis jamás bajo
el cielo a hombre que mejor le sentaran la espada y la corona en la cabeza?
¡Todavía conquistaré ciudades con mi lanza!" Ella no fue discreta y le contestó
locamente: "Emperador, por mucho que presumáis, yo sé de uno que está más
elegante cuando lleva la corona entre sus caballeros: cuando se la pone en la
cabeza le sienta mejor que a vos." Cuando Carlomagno la oyó se indignó y se
apesadumbró por los franceses que lo habían oído. "Bien, señora, ¡,dónde está
ese rey? Enseñádmelo. Llevaremos juntos la corona en la cabeza, y estarán
presentes vuestros favoritos y todos vuestros consejeros, y yo convocaré a la
corte a todos mis buenos caballeros. Si los franceses lo confirman, yo también
lo admitiré. Pero si habéis mentido, lo pagaréis caro: os cortaré la cabeza con
mi espada de acero."»
[22] Meses después de la partida de los franceses de Constantinopla, la hija
del rey Hugo, llamada Jacqueline, da a luz a un hijo, fruto del gaber de
Oliveros. El niño, al que se da el nombre de Galiens, es educado en la corte de
su abuelo, y se le ocultan cuidadosamente quién fue su padre y las
circunstancias de su nacimiento. Ya mozo, jugando una partida de ajedrez tiene
una violenta disputa con su adversario, el cual, encolerizado, le llama
bastardo. Galiens averigua entonces, por su madre, que es hijo de Oliveros. El
mozo emprende un largo viaje con la finalidad de hallar a su padre, al que
admira por su fama de gran caballero, y acierta a encontrarle en plena batalla
de Roncesvalles, cuando los únicos franceses vivos son Roldán y Oliveros. Éste
reconoce a su hijo por la espada que lleva (que antaño dejó a Jacqueline para
que la entregara al hijo que nacería de sus amores). Muere pocos momentos
después de haber visto por vez primera a Galiens, y éste lo venga luchando
valerosamente contra una nube de paganos.
[23] Carlomagno, vengado el desastre de Roncesvalles se ha hecho dueño de
España y ha dominado el peligro sarraceno. En Saint-Fagon (Sahagún) anuncia a
los suyos que ha decidido volver a Francia, pero que conviene dejar a España en
poder de un rey cristiano. Para ello sólo se ofrece un joven caballero, sin gran
historial guerrero, llamado Anseís, hijo de Rispeu de Bretaña, muerto en la
guerra española. Cartomagno accede, y en la plaza de Saint-Fagon, frente a sus
caballeros, lo corona como rey «de España y de Cartago» y le entrega su espada
Joyosa. Dada la juventud de Anseís, Carlos deja a su lado a un viejo consejero,
Ysoré, y antes de partir promete al mozo rey que si alguna vez se encuentra en
peligro, acudirá a socorrerle. Anseis establece la capital de su reino en una
ciudad llamada Modigane. Lefise, hija de Ysoré, se enamora apasionadamente de
Anseís, sin que la calmen los consejos de su padre, que juzga desproporcionada
una posible boda. Los caballeros de Anseís le aconsejan que tome mujer, y es
precisamente Ysoré quien sugiere que su esposa más indicada seria la hermosa
Gaudisse. hija del rey sarraceno Marsil, que reside en Morinde, ciudad situada
más allá del mar. Anseis, súbitamente enamorado de la sarracena, a la que jamás
ha visto, encarga una embajada a Ysoré para pedir su mano. El viejo consejero,
antes de emprender el viaje, le encomienda la custodia de su hija Lefise, y le
advierte que jamás tenga la idea de deshonrarla, pues en tal caso él dejaría de
servirle y se haría mahometano. Durante la ausencia de su padre, Lefise, presa
de ardiente pasión por Anseís, se introduce en su lecho y se entrega a él, sin
que el joven rey la reconozca hasta el último momento.
Ysoré, mientras tanto, ha llegado a Morinde acompañado por el caballero
franco Raimón de Navarra. y ha obtenido la mano de la hija de Marsil para su
rey. La hermosa Gaudisse, ilusionada con su hoda, ya piensa en el bautismo y
reniega de los dioses sarracenos: pero he aquí que anteriormente su mano había
sido prometida a un rey pagano llamado Agolant el Salvaje, el cual, enterado de
lo acordado con Anseis, se presenta en Morinde; pero es vencido por Raimón de
Navarra en un combate singular. Acabado el peligro. Ysoré regresa a España con
la respuesta afirmativa de Marsil; se entera de que Anseis ha deshonrado a su
hija; recrimina al rey por su acción, pero luego finge perdonarlo y disimula su
cólera, y, con achaque de volver en busca de Gaudisse, se presenta de nuevo en
la corte de Marsil, donde reniega la fe de Cristo, incita al rey sarraceno
contra los cristianos y logra que la guerra se encienda de nuevo. El renegado
Ysoré se pone al frente de las tropas paganas, que atraviesan el mar y derrotan
en la costa española a Anseís. que se ve precisado a huir, y se inicia una
interminable campaña con numerosas hatallas. Simultáneamente, la hermosa
Gaudisse. que acompaña a su padre Marsil en la expedición. envía mensajes a
Anseis,y éste consigue apoderarse de ella después de una batalla. La doncella es
bautizada y se casa con Anseís. Pero la campaña va de mal en peor para éste, que
se ve reducido a poco terreno, apretado por el hambre y la desesperación. En
tales circunstancias pide auxilio a Cartomagno, el cual, pese a estar enfermo y
a su avanzadísima edad, organiza una nueva expedición, que entra en España,
socorre a Anseís y logra imponer a los cristianos en toda el país. Ysoré y
Marsil caen prisioneros: el primero es ahorcado, y el segundo es llevado a
Francia y, al no querer recibir el bautismo, es decapitado en Laón. Lefise,
hecha también prisionera, pide merced a Carlomagno,juntamente con el hijo que ha
tenido de Anseis, y es perdonada a condición de que se haga monja. Anseís queda
reinando felizmente en España, y Carlomagno muere en Aquiagrán,
[24] lsembart, barón (o sobrino) de Luis, rey de Francia, hijo de Carlomagno,
se rebela contra su rey y huye a Inglaterra, donde se pone al servicio del rey
sarraceno Gormont y reniega de la fe cristiana Persuade a Gormont de que debe
conquistar Francia, y se organiza una expedición capitaneada por el propio
lsembart. quien desembarca y ataca el Ponthieu, en tierras que antaño fueron
suyas, y las saquea, e incendia la abadía de Saint Riquier. El rey Luis presenta
batalla en Cayeux a las fueras de Gomont y de lsembart. Gormont lucha
valerosamente y vence a gran número decaballeros cristianos, acompañando cada
victoria de insultos a Dios, a los cristianos y a Francia, seguidos de un
obsesionante estribillo. El rey Luis combate con él y lo mata. lsembart, llamado
«le .Margaris» («el renegado»). sigue luchando contra los franceses. el valor de
cuyo rey admira. Sin reconocerlo, mata a su propio padre, el viejo Bernart; y
finalmente hasta los mismos sarracenos se rebelan contra él y lo abandonan
malherido. Cuatro franceses lo atacan y lo derriban agonizando. En este momento
Isembart invoca a Nuestra Señora, se arrepiente de su perversidad y muere
confiando en la misericordia de Dios. El rey muere un mes después a consecuencia
de las heridas recibidas en la batalla.
[25] Raoul Taillefer, que había recibido del rey Luis de Francia el feudo de
Cambrai, muere poco antes de nacer su hijo, fruto de su matrimonio con Aalais,
hermana del soberano. El rey intenta dar el feudo y la mano de la viuda a un
protegido suyo, Gibouin le Mancel; pero Aalais consigue evitarlo, aunque el
feudo de Cambrai pasa a poder del pretendiente. Raoul, el hijo de la viuda, se
presenta en la corte del rey al cumplir los quince años, acompañado de su escudero Bemier, y Luis lo
arma caballero y lo hace su senescal. Tiempo después, instigado por su tío
Guerrí de Arras, le Sor («el rubio»), Raoul reclama al rey su feudo de Cambrai.
El soberano le responde que no puede dárselo, pues está en poder de Gibouin,
pero que el primer feudo que quede vacante por muerte de su posesor será para
él. Un año después muere el conde Herbert de Vermandois, y Raoul exige a Luis
que cumpla su promesa. El rey se niega en principio, pues Herbert ha dejado
cuatro hijos a los que no quisiera desposeer; pero ante la violenta protesta de
Raoul acaba concediéndoselo, aunque a condición de que se lo conquiste con sus
propias fuerzas, sin la ayuda real. La decisión de Raoul aflige a su escudero
Bemier, nieto bastardo de Herbert, y contraría a su madre, Aalaís, que, habiendo
sufrido una injusticia semejante, no quiere que su hijo desposea a los del conde
Herbert. No pudiendo disuadirle del empeño. Aalais maldice a su hijo; pero al
punto se arrepiente de su acción y pide a Dios perdón y que proteja a Raoul.
Raoul, al frente de sus tropas, y aconsejado por Gaerri le Sor, invade el
Vemrandois. Llegan a la abadía de Origny, de la cual es abadesa Marcens, madre
de Bemier, el escudero de Raoul, que lo tuvo, antes de entrar en religión, de
sus amores con Ybert de Ribemont, uno de los cuatro hijos de Herbert. Raoul
decide atacar la abadía, a pesar de las súplicas de Marcens; ésta pregunta a su
hijo por qué razón combate la tierra de su padre, pero al responder Bemier que
es vasallo de Raoul, la madre comprende su actitud y se la aprueba. Raoul
incendia la abadía de Origny, en la que perecen cien monjas y Marcens, la
abadesa, en presencia de su propio hijo Bemier. Éste no se considera libre de
sus obligaciones hacia su señor hasta que en un momento de ira Raoul le golpea.
Entonces abandona su servicio y se encamina a su padre Ybert de Ribemont.
Estalla la guerra entre Raoul y los cuatro hijos de Herbert. Éstos intentan
llegar a un acuerdo enviando mensajeros a Raoul, el mal se niega a avenirse,
siguiendo los consejos de Guerrfi le Sor. Se da una feroz batalla en Origny, en
la cual Raoul combate, vence y persigue implacablemente a Ernaut de Doais.
Durante la persecución Raoul le dice que ni Dios podrá salvarle, blasfemia que
acareará la muerte del héroe. En efecto: es atacado por Bemier, su antiguo
escudero, que logra matarlo. En el momento de expirar Raoul invoca a Dios y
reclama el auxilio de la Virgen. Ernaut se venga introduciendo la espada en el
cráneo del cadáver, y Bemier llora a su antiguo señor, a quien él mismo ha
muerto. Guerrí le Sor pide una tregua al enemigo. En el campo está el cadáver de
un gigante francés, muerto por Raoul: Guerrí hace extraer los corazones de ambos
y muestra a las tropas que el de Raoul es mucho mayor que el del gigante, y este
espectáculo le enardece huta tal punto que hace recomenzar la lucha; pero
finalmente es derrotado. Con los restos de su ejército llega a Cambrai, llevando
el cadáver de Raoul. Aalais recibe acongojada el cuerpo de su hijo, a quien
había maldecido, y en sus lamentos se desespera de que haya sido muerto por el
bastardo Bemier, a quien ella había educado, y de que Guerri no haya podido
salvado. Frente al túmulo, el niño Gautier, sobrino de Raoul, jura vengado.
Años después, cuando ya es un hombre, Gautier es armado caballero, y la
guerra entre el linaje de Raoul y el de Herbert empiera de nuevo. Un primer
encuentro tiene lugar en Saint Quemin, y Bemier, con sus tropas, llega hasta
Cambrai. Gautier le propone resolver la querella mediante un combate singular.
El día fijado se presenta cada uno de los contendientes con un compañero:
Gautier con Guerri le Sor, y Bemier con Altaume de Namur. Altaume es herido de
muerte por Guerrí, y Bemier acusa a éste de haber atacado a aquél a traicíón.
Rendidos y cubiertos de heridas. acaban retirándose: unos a Cambrai y otros a
Saint Quentin. El rey Luis intenta vanamente acabar con la guerra entre las dos familias
rivales. En la fiesta de Pentecostés reúne en la corte a sus vasallos. Tanto los
de un bando como los de otro, y al punto surge una terrible contienda en la
misma mesa del rey. Se decide que se celebre un nuevo combate entre Bemier y
Gautier. Los luchadores quedan malheridos y son llevados a una misma habitación,
donde se los acuesta en dos lechos próximos. Allí echados siguen injuriándose.
Entonces entra en la habitación Aalais e intenta matar a Bemier con una palanca:
pero éste se postra a sus pies, le recuerda que ella le ha criado y le ofrece la
paz. Todos están de acuerdo v se reconcilían. Pero en este momento el rey Luís
tiene la mala idea de decir a Ybert de Ribemont que, cuando haya muerto,
dispondrá de su feudo. Ybert contesta que ya lo ha entregado a su hijo Bemier, y
el rey le replica que ello es improcedente, porque es bastardo. A estas palabras
los vasallos recuerdan al rey que por su culpa se inició la guerra, y todos se
precipitan tumultuosamente sobre Luis y lo hieren. A continuación saquean e
incendian la capital, y lodos regresan a sus tierras
[26] «Y Guerrí va recogiendo sus muertos; y olvidó por el momento a sus dos
hijos por su sobrino Raoul, el luchador. Delante de sí ve a Juan, muerto
ensangrentado: no habla en toda Francia caballero más corpulento. Todo el mundo
sabe que lo mató Raoul. Lo vio Guerri y fue corriendo hacia donde estaba, y los
tomó a él y a Raoul y los abrió a los dos con su afilada espada, y les extrajo
el corazón, como encontramos escrito. Para ver su aspecto los depositó encima de
un escudo de oro reluciente: el uno era pequeño como de un niño, y el de Raoul,
como sabe todo el mundo, era tan grande, a mi parecer, como el de un toro que
arrastra un arado. Lo vio Guerrí y se pone a derramar lágrimas de dolor, y dice
llorando a los caballeros: "Francos compañeros, acercaos, por Dios: ¡ved que
corazón tenía RaouL el valeroso luchador, en comparación con el de este
gigante!"»
[27] En una disputa durante una partida de ajedrez, Charlot hijo de
Carlomagno, mata a Baudoulnet, hijo de Ogier, y al negarse el emperador a hacer
justicia, Ogier se rebela contra él y jura no concederle tregua hasta haber
matado a Charlot por su limpia mano. Abandona la corte de Laón y se acoge a la
hospitalidad de Didier, rey de los lombardos, en Pavia, el cual lo hace
gonfalonero de su reino y le da los castillos de Montchevreuil y Castelforl.
Carlomagno emprende una campaña contra el rey lombardo y el barón rebelde, y se
libra una batalla en los Prados de Saint Ajose, en la cual Didier huye y Ogier
tiene que luchar ante los mejores guerreros franceses, como Giart de Vienne y
Ricardo de Normandía, al que mata, hasta que se ve precisado a retirarse. Tiene
lugar entonces la heroica pugna del rebelde, solo con su caballo Broiefort, por
los caminos de Italia, luchando ante sus Perseguidores. Topa con la legendaria
pareja de amigos Amis y Amile, y los asesina porque sabe que su muerte producirá
un gran dolor a Carlomagno. La ferocidad de Ogier aumenta, y sus actos son
desmesurados: mata a la gente que encuentra y lucha a pedradas con los franceses
que lo persiguen. Finalmente se refugia en Castelfort (en Toscana), donde
resiste un cerco de siete años, llega a quedar como único defensor y se ve
obligado a moler el trigo para procurarse pan. No accediendo a la solución
pacífica que le propone Charlot, el hijo de Carlomagno, Ogier huye de nuevo y
vive a salto de mata. El arzobispo Turpín, regresando de Roma, encuentro al
rebelde dormido en un valle, y, fiel al juramento que prestó a Carlomagno, lo
hace prisionero y se lo lleva a París. El emperador quiere que muera
inmediatamente; pero Turpín, que siente afecto por Ogier, propone hacerlo morir
lentamente de hambre, dándole una insuficiente ración de alimento. El emperador
accede, y Turpín encierra a Ogier en Reims, donde aparenta cumplir lo acordado,
pero de hecho lo alimenta abundantemente y hace lo posible pan suavizar su
suerte. Al divulgarse la falsa noticia de la muerte de Ogier, los sarracenos de España, sabiendo que a Carlos le falta el guerrero más
temible, invaden Francia y llegan huta las cercanias de Laón. Entre los
cristianos cunde la desesperación, y todos lamentan que Ogier no exista, pues
sólo él podría salvarlos del peligro. Cuando Cadomagno esta más apurado, Turpín
le revela que Ogier vive, pero que sólo accede a ponerse al frente de sus tropas
a condición de que se le entregue a Charlot, a quien ha jurado matar. El
emperador lo otorga. y Charlot es llevado ante Ogier, y cuando éste ya ha
desenvainado la espada, un ángel baja del cielo y ordena al barón que no mate a
su víctima, pues sóln dándole una bofetada habrá cumplido su juramento. Ogier se
incorpora al ejército francés, que desde este momento lucha afortunadamente
contra los sarracenos. Ogier vence en un combate singular al jefe pagano Brebier,
y el enemigo queda derrotado. Carlomagno se humilla ante el barón e incluso le
sostiene el estribo; le da el condado de Hainaul. el ducado de Brabante y la
ciudad de Ermay. Cuando, tras su matrimonio con una princesa inglesa, Ogier
murió, su cuerpo fue enterrado en Meaux, cera de San Benito.
[28] El día de Pentecostés, Carlomagno reúne su corte y advierte que de todos
sus vasallos sólo falta uno: el rebelde Beuves d'Aigremont, que en su tierra
mantiene una actitud hostil frente a él. Le envía un mensajero para que le
conmine acudir a la corte para Navidad; pero Beuves lo mata sin hacerle ningún
caso. Luego Carlomagno envía a su propio hijo, Lohier, con una fuerte escolta.
Lohier habla a Beuves altivamente y con amenazas, a consecuencia de lo cual los
barones de éste se precipitan sobre los imperiales, los vencen, y el propio
Lohier es muerto por Beuves. Estalla la guerra entre Cadomagno y Beuves
d'Aigremont, al lado del cual se encuentran sus tres hermanos Girart de
Roussilion, Doon de Nanleuil y Aymón de Dordone. Los rebeldes son vencidos en una batalla. y, tras un acto de
humildad, son perdonados por Carlomagno; éste, no obstante, hace asesinar
traidoramente a Beuves por barones del linaje de Ganelón. Aymón permanece en la
corte de Carlos, sirviendo lealmente al monarca, al cual presenta sus cuatro
hijos: Aalart, Renaut. Guichart y Richart, los cuales son armados caballeros por
el emperador. Al día siguiente de la fiesta, jugando al ajedrez Renaut con
Bertolai, sobrino del emperador, surge una disputa, en la cual aquél mata a
éste. Los cuatro hermanos escapan de la corte, Renaut montado en su famoso
caballo Bayart, y, tras visitar a su madre en Dordone, se internan en la selva
de las Ardenas, huyendo de la persecución de que Carlomagno los hace objeto
implacablemente. En pleno bosque construyen el castillo de Montessor, donde
viven cinco años servidos por una numerosa corte de caballeros e ignorados del
resto del mundo. Un peregrino desabre el escondite y lo comunicara a Carlomagno,
quien sitia Montessor con un poderoso ejército, en el mal figura el propio Aymón,
padre de los rebeldes. Después de treinta meses de cerco, los cuatro hermanos se
ven obligados a abandonar el castillo y a internarse en la selva, donde sufren
toda suerte de miserias, hambre, frío y desnudez, hasta que, después de tres
años de vida salvaje, se resuelven a presentarse en su natal Dordone. donde la
madre los viste, los llena de riquezas y les proporciona una tropa de
setecientos soldados. Se encaminan entonces a Gascuña, y en Burdeos ofrecen sus
servicios al rey Yon, que en aquellos momentos está en guerra con Begón, rey
sarraceno de Tolosa. Luchan tan valerosamente y alejan de tal suerte el peligro
sarraceno, que el rey Yon les concede que edifiquen un castillo en su tierra, al
que llaman Montauban, y a Renaut le da su hermana Clarisse en matrimonio. De
esta unión nacen Aymonet y Yonet, y parece que la paz y la tranquilidad de los
cuatro hermanos ha de ser duradera. Un día Carlomagno, de regreso de una
peregrinación a Santiago, se admira de la grandeza del astillo de Montauban y
pregunta a quién pertenece. Al enterarse de que es de los cuatro hijos de Aymón,
de cuyo paradero había perdido el rastro, conmina al rey Yon a que le entregue
los rebeldes. Yon se niega al principio: pero, amenazadas sus tierras por Carlos
tiene que acceder a ponerse de su parte. En Montauhan los cuatro hijos de Aymón
son nuevamente sitiados por Carlomagno. Con ellos se encuentra su primo Maugis,
hijo de Beuves d'Aigremont. Maugis es una mezcla de caballero, ladrón de caminos
y hechicero, que, gracia a su poder mágico, presta una extraordinaria ayuda a
los hijos de Aymón: una vez, por arte de encantaroiento, roba las espadas de
Roldán, de Oliveros y de Ogier, que forman parte del ejército sitiador, y la
corona de Cadomagno, el cual odia mortalmente a Maugís. Otra vez, éste consigue
dormirlo mágicamente y llevarlo dentro del castillo de Montauhan: pero cuando
los rebeldes lo tienen a su completa merced caen de rodillas ante su majestad y
se inicia un convenio: Renaut se ofrece a entregarle Montauban y el caballo
Bayart y marcharse a Tierra Santa como peregrino; pero Carlos exige que también
le sea entregado Maugis, condición que no es aceptada El hambre y la peste hacen
imposible ls residencia en Montauban, y sus defensores huyen par un subterráneo,
llevándose al rey Yon, al cual habían hecho prisionero. Los fugitivos se
encaminan a Tremoigne (Dortmund, en Westfalia a orillas del Rin), donde
Carlomagno los sitia de nuevo, a pesar de que entre sus altos barones hay una
real simpatia por Renaut, hasta tal punto que Roldán y los demás pares abandonan
el ejército imperial. Renaut. por su parte, que siempre ha sido propicio a una
avenencia, logra pactar con Carlos entregarle el caballo Bayart y marchándose a
Tierra Santa. Bayart es un caballo singular que tiene uso de razón y que
constantemente ha dado a los cuatro hermanos pruebas de una extraordinaria
eficaciarda y que ha cargado con todos ellos en los momentos de grave peligro.
Renaut, en hábito de penitente llega a Constantinopla, donde encuentra al
encantador Maugís, y los dos primos visitan Jerusalén y reconquistan el Santo
Sepulcro, que había caído en poder de los sarracenos. De regreso en Tremoigne,
Renaut se ocupa de sus hijos, a los que introduce en la corte de Carlomagno, y,
cuando ya son mayores, cede Tremoigne a Aymonet y Montauban a Yonet. Como
mendigo se encamina a Colonia, donde se emplea como obrero en la construcción de
la catedral; pero, como no acepta retribución alguna por su trabajo, los demás
obreros lo asesinan. Los ángeles se llevan el alma de Renaut y su cuerpo es
metido en un saco y arrojado al Rin, a través de cuya corriente es conducido
milagrosamente por los peces, mientras un coro de ángeles lo siguen e iluminan
el agua con una maravillosa claridad. El arzobispo recoge el cuerpo y lo hace
llevar a la iglesia, donde celebra un oficio por su alma, y luego el carro en
que ha sido depositado se pone en marcha milagrosamente. Por el camino los
enfermos que tocan el ataúd son curados, y las campanas de Tremoigne se ponen a
tañer solas cuando los restos se acercan a la ciudad, donde son acogidos por sus
tres hermanos y por los dos hijos, quienes entierran al héroe en el monasterio
de Nuestra Señora
[29] El emperador de Constantinopla ha prometido la mano de sus dos hijas a
Carlos Martel, rey de Francia, y a Girart, en recompensa por su valerosa defensa
de Roma contra los sarracenos. Girart, acompañado del Papa, va a Constantinopla
a buscar a las dos princesas: Berta, asignada a Carlos, y Elissent destinada a
él mismo. Pero al llegar a Benevento las dos princesas, Carlos se prenda de la
más pequeña y hace que Giran se case con Berta. Este cambio no se verifica sin
violentas discusiones, y sólo tiene efecto cuando Carlos accede, como
compensución, a hacer a Girart libre del homenaje que le debe: el vasallo dejará
de serlo y su feudo no dependerá del rey de Francia, aunque éste se reserva el
derecho a cazar en las tierras de Girart. Celebradas ya las bodas, en el momento
de separarse ambas matrimonios, Elissent manifiesta a Girart y a su hermana
Berta que agradece al vasallo su gesta, gracias a la cual ella ha llegado a ser
reina, y le entrega su anillo como prenda de amor. Tiempo después, Carlos, de
regreso de las Ardenas, y ejerciendo su derecho a cazar en las tierras de Girart,
va a parar a Rossilhó, admira el magnífico castillo de su antiguo vasallo y
pretende que le ceda su posesión. Esto provoca una guerra y el sitio del
castillo por parte de las fuerzas de Carlos. Tras varios lances, un traidor abre
a los sitiadores las puertas de Rossilhó, y Girart se ve obligado a huir a
Aviñon. Desde allí reúne un ejército de veinticinco mil hombres, y, tras
derrotar a las fuerzas reales en varios encuentros, reconquista el castillo de
Rossilhó y obliga a Carlos a refugiarse en Orleans.
Aunque Girart intenta una conciliación con el soberano, éste. irritado y
humillado, sólo admite que ambos resuelvan sus diferencias en una batalla que se
celebrará en la llanura de Valbetón, donde se enfretarán los ejércitos: el
caudillo que quede vencido tomará los hábitos de peregrino y se desterrará a
ultramar. La batalla es terrible y sangrienta, y en ella el viejo Teme d'Ascane,
enemigo del linaje de Girart, mata al padre de éste, Draugón, y hiere a su tío
Odilón. Tras día y medio de lucha se verifica un milagro: del cielo bajan dos
llamas que caen sobre los estandartes de los dos bandos y los carbonizan, lo que
significa que Dios no quiere que la contienda perdure. Se envían mensajeros y se
llega finalmente a un acuerdo amistoso, en el que influyen, con noble
desapasionamiento, el viejo Odilón, que antes de morir recomienda a su sobrino
Girart que vuelva a aceptar la soberanía de Carlos y perdone a Terric, por el
que muere, y el mismo Terric, que accede a desterrarse para evitar que sus
resentimientos perturben la paz. Durante cinco años Girart se dedica a obras
piadosas, lucha al lado de Carlos contra los sarracenos y otros enemigos del rey
y perdona sus agravios a Terric, el cual regresa a su país. Pero no lo habían
perdonado Bosón d'Escarpión y Seguin, hijos de Odilón, los cuales le tienden una
emboscada en Saint Germain des Prés y lo matan con sus dos hijos. Ello motiva
que Carlos emprenda nuevamente la guerra contra Girart en realidad inocente, y
que le invadan sus tierras y le reduzcan cada vez más, hasta que sólo cuenta con
la ayuda de los borgoñones. Las cosas van de mal en peor para Girart, el cual,
vencido constantemente y acorralado por las fuerzas reales, se desmesura y
comete actos inicuos, entre ellos matar a cien de sus enemigos que se han
acogido bajo una cruz e incendiar un monasterio con su abad y sus monjes,
sacrilegios que lo convierten en enemigo de Dios. Expulsado del castillo de
Rossilhó y abandonado por sus últimos fieles, Girart se refugia en el bosque de
las Ardenas con su esposa, e inicia una triste y miserable vida de penitencia,
perdonando incluso los agravios de Carlos al confesarse con un ermitaño. Su
esposa es una fiel compañera del penitente, el cual por doquiera que va
contempla la miseria y el destrozo que han causado sus terribles guerras contra
el rey y se ve obligado a ganarse el pan trabajando de carbonero. Viven así
durante veintidós años. Un dio Girart y su esposa tienen ocasión de presenciar
un torneo celebrado por unos señores del país, y ello les recuerda los tiempos
de su fastuosa y opulenta vida caballeresca en Rossilhó. Se encaminan a Orleans.
donde está la corte, y Girart, en la iglesia, se acera a la reina Elissent y le
presenta el anillo que ella le entregó cuando se separaron. Elissent, feliz por
haber encontrado a Girart y a Berta. de cuyo paradero nadie sabía nada.logra
reconciliarlos con Carlos y que recobren el feudo de Rossilhó. El matrimonio se
entrega a obras de piedad, entre ellas la fundación del monasterio de Santa
María Magdalena en Vézelay, y tienen dos hijos, uno de los cuales muere en
seguida. Pero Carlos, instigado por los parientes de Terric invade nuevamente
las tierras de Girart y se aproxima a Rossilhó. Girart hace grandes alardes de
fuerza y siente plenamente su orgullo de guerrero y su entusiasmo por el
combate. Pero he aquí que su otro hijo es asesinado por un caballero desleal, y
frente a tal desgracia se abate el ánimo del orgulloso barón, que decide que sea
Dios quien herede sus tierras. Desarmado y al frente de su tropas, se encamina
en son de paz al ejército enemigo, al que poco antes había derrotado, y se
postra humildemente ante Carlos, a quien presenta su espada, y ante los
parientes de Terric, con lo que la guerra acaba definitivamente. El matrimonio
se entrega de nuevo a obras de caridad y a la penitencia, tras desprenderse de
sus bienes, y hechos milagrosos confirman que sus sacrificios son acogidos por
Dios.
[30] Amís y Amile nacen el mismo día, de diferentes familias y en tierras muy
dejadas, pero están predestinados a una eterna amistad y son iguales
físicamente, como si fueran hermanos gemelos. Educados separadamente, se
encuentran ya mayores y se juran camaradería y ambos sirven a Carlomagno en la
guerra contra los bretones. Amís, convertido en conde de Blaya se retira a su
castillo; mientras tanto Amile se hace amante de Befissent, hija de Carlomagno,
lo cual es descubierto y denunciado por el traidor Hudré. Se decide celebrar un
combate judiciario para descubrir la verdad; pero Amile, que sabe que es cierto
aquello de que se le acusa y que, por tanto, será vencido y quedará Belissent
infamada se deja sustituir en el combate por Amís, que ha acudido en auxilio de
su camarada y que lo suplanta gracias al parecido que existe entre ellos. Amile
huye a Blaya y Amis vence en el combate y mata a Hardré, pero se ve obligado a
casarse con Belissent, pecado por el que será castigado por Dios. Parte con ella
a Blaya para entregarla a Amile, su verdadero marido, el cual ha hecho sus veces
durante estos acontecimientos. Con la lepra purga Amís su pecado, y vaga como un
mendigo hasta que llega al castillo de Amile, el cual lo cuida con gran cariño,
y un día sabe por revelación divina que podrá curarlo si lo baña con la sangre
de sus propios hijos. Amile degüella a sus hijos para salvar a su amigo, y éste
cura de la lepra; pero entonces se produce un nuevo milagro y los niños
resucitan. Tiempo después Amis Y Amile murieron, el mismo día.
[31] Carlomagno, viejo y cansado de reinar, decide ceder la corona a su hijo Charlot, pero antes de que ello tenga lugar el traidor Amauri explica que en
Burdeos gobieman Huon y Girart, hijos del duque Seguin, los cuales son rebeldes
al emperador. Éste les envía un mensaje para que se presenten en París a
rendirle homenaje, cosa que los dos barones se disponen a hacer de buen grado,
pues su rebeldía es una pura invención de Amauri que odiaba a los bordeleses.
Éste les tiende una emboscada en el río, en la cual también participa Charlot el
hijo de Carlomagno, que es presentado como un hombre vil y despreciable; pero en
la refriega Huon mata al príncipe. Ante Carlomagno se presentan los bordeleses
pidiendo justicia, al paso que Amauri los acusa de asesinos. El conflicto se
resuelve un duelo, en el que Huon mata al traidor: pero Carlomagno no le concede
el perdón sino a condición de que se encamine a Babilonia y lleve a cabo una
serie de actos pintorescos y peligrosos: matar al primer pagano que encuentre en
el palacio; dar tres besos a Esclarmonda hija del emir, y hacer a éste objeto de
insolencias, entre ellas arrancarle las barbas y tres dientes, que deberá
presentar a Carlomagno.
Mientras Girart se queda al frente del feudo de Burdeos, Huon parte a su
arriesgada empresa y, tras visitar Roma y Jerusalén, cerca del mar Rojo, llega
al fantástico reino de Auberón. Auberón es un geniecillo, de tres pies de
altura. La genealogía de este personaje es pintoresquísima: del matrimonio entre
un tal César y Brunehilde, hija de Judas Macabeo, nació Julio César, el cual se
casa con el hada Morgana y tiene dos hijos: Auberón y San Jorge. Auberón reina
en un bosque encantado y realiza toda suerte de maravillas. Auberón se prenda de
Huon y le retiene en su corte, y cuando al fin consiente en su partida le regala
un cuerno, encargándole que lo haga sonar cada vez que esté en peligro, y él
acudirá al punto en su auxilio. Huon emprende una serie de aventuras
arriesgadas, y cada vez que suena el cuerno se ve ayudado por Auberón y cien mil
hombres de armas, que aparecen de improviso. Finalmente llega a Babilonia, donde
apresuradamente quiere llevar a cabo lo que le exigió Carlomagno: mata a un
sarraceno, que resulta ser el prometido de Esclarmonda; da los tres besos a
ésta, y cuando va por la barba y los dientes del emir es atacado por la guardia
de palacio, pierde el cuerno y con ello la posibilidad de que Auberón lo
auxilie, y es encerado en una mazmorra. Esclarmonda no obstante, enamorada de
Huon, lo reconcilia con su padre, y el joven bordelés recupera el cuerno. con el
cual llama a Auberón, que se presenta con su ejército y realiza una atroz
matanza de sarracenos en Babilonia no perdonando la vida al emir. Huon arranca
al cadáver las barbas y tres dientes. Las aventuras se multiplican en el viaje
de regreso, y cuando llega a su pais se encuentra con que su hermano Girart se
ha apoderado de su feudo. Éste le sustrae las pruebas de sus proezas en
Babilonia, y el héroe se presenta ante Carlomagno aparentemente fracasado.
Cuando va a ser condenado, aparece mágicamente Auberón y lo salva; y le asegura
que dentro de tres años le sucederá en su maravilloso reino oriental, pues él,
cansado de este mundo, ha decidido trasladarse al paraíso.
[32] Relato prosificado en la Primera Crónica General:
Rodrigo Velázquez, señor poderoso del alfoz de Lara, casa con doña Lambra,
prima hermana del conde Garci Fernández de Castilla, y las bodas se celebran en
Burgos. A ellas acuden. entre otros invitados. Gonzalo Gústioz el Bueno, de
Salas, con sus siete hijos, llamados los infantes, y el ayo que los crió, Muño
Salido. Gonzalo Gústioz era cuñado de Rodrigo Velázquez, pues estaba casado con
la hermana de éste, doña Sancha. Durante las fiestas surge una disputa, y el
menor de los infantes, Gonzalo González, mata a Álvar Sánchez, primo de doña
Lambra. Rodrigo Velázquez ataca a su sobrino Gonzalo González y ambos se hieren;
pero, gracias a la intervención de Gonzalo Gústioz y del conde de Castilla Garci
Femández, se apaciguan los ánimos y se perdonan unos y otros. Estando de caza en
Barbadillo, doña Lambra, deseosa de vengar la muerte de su primo, hace que un
vasallo suyo injurie a Gonzalo González, a lo que éste y sus hermanos responden
matando al vasallo, a pesar de haberse acogido a la protección de doña Lambra,
que lo cubre con su manto, el cual queda teñido de sangre. Doña Lambra pide a su
marido, Rodrigo Velázquez, que la vengue cumplidamente de esta nueva afrenta.
Rodrigo se entrevista con su cuñado Gonzalo Gústioz y le encarga que vaya a
Córdoba a tratar con Almanzor de cierta ayuda que aquél había prometido para
subvenir a los gastos de las recientes bodas. Le entrega una carta escrita en
árabe, en la que Rodrigo Velázquez explica a Almanzor que Gonzalo Gústioz y sus
hijos han afrentado a él y a su mujer: que decapite al primero y que envíe una
expedición guerrera a Almenar, adonde él hará que acudan los siete infantes, y
los moros les podrán dar muerte, con lo cual Almanzor se apoderará fácilmente de
la tierra de los cristianos, pues el conde Garci Fernández se confía mucho en el
valor de los siete hermanos. Gonzalo Gústioz va a Córdoba y presenta la carta a
Almanzor, el cual, al darse cuenta del odio que en ella se transparenta, decide
no decapitar al caballero, sino encarcelarlo, y ordena que le sirva y le cuide
una mora «fija dalgo», de la cual se enamora Gonzalo Gústioz y tiene con ella
después un hijo, que se llamará Mudarra González, el vengador de su padre y de
sus siete hermanos. Rodrigo Velázquez, mientras tanto, propone a sus sobrinos,
los infantes de Salas, una expedición de saqueo hasta el campo de Almenar, la
mal aceptan ellos gustosos. Por el camino el ayo Muño Salido observa malos
agüeros y aconseja a los infantes que abandonen la empresa y vuelvan a Salas;
pero ellos no le hacen caso ni aceptan sus consejos. El ayo inicia el regreso;
pero luego, pensando en la suerte de los siete jóvenes y la responsabilidad que
tiene sobre ellos, se reincorpara a la expedición. AI llegar al río Hebras
encuentran a Rodrigo Velázquez, quien tiene una disputa con Muño Salido por la
interpretación de los agüeros, que provoca que un caballero del primero ataque
al ayo; pero el infante Gonzalo González se interpone y lo mata. Rodrigo
Velázquez apacigua la situación, a fin de no echar a perder lo que tiene
tramado. Todos juntos cabalgan hasta el campo de Almenar, donde ven aparecer
innumerables huestes de moros, mandadas por Viera y Galve, jefes con los cuales
se entrevista Rodrigo Velázquez para tomar la nueva traición. Se da cuenta de
ello Muño Salido y avisa a los infantes, que son atacados por los moros, y en la
lucha mueren el ayo y Femán González, uno de los siete hermanos. Dudando todavía
de la traición, Diego González, uno de los infantes, parlamenta con su tío y le
pide que los socorra del aprieto en que los tienen los moros, y entonces Rodrigo
Velázquez descubre su ruin intención. diciéndole que no los ayudará, pues no ha
olvidado la afrenta que le hicieron en Burgos cuando mataron a Álvar Sánchez, la
que hicieron a doña Lamba cuando mataron a su vasallo y la que acaban de hacerle
al matarle un caballero en Hebras. Se reanuda la lucha, y trescientos caballeros
de Rodrigo Velázquez, viendo la traición, abandonan a su señor y se ponen a
luchar al lado de los infantes. Cuando éstos estaban ya rendidos de luchar,
Viera y Galve los llevan a su tienda, compadecidos y dispuestos a salvarlos;
pero Rodrigo Velázquez les recuerda lo tramado y los amenaza con hacerlos
castigar por Almanzor. La batalla renace de nuevo, y los seis infantes que
quedaban con vida son apresados y decapitados en presencia de su tío. El menor,
Gonzalo González, vende cara su vida, llevándose por delante veinte moros.
Acabada la batalla, Rodrigo Velázquez se vuelve a Vilvestre, y los moros, a
Córdoba, con las cabezas de los siete infantes y la de Muño Salido. Almanzor
hace llevar las ocho cabezas a la cárcel en que está Gonzalo Gústioz y le
pregunta si conoce a aquellos caballeros muertos. Al reconocer las cabezas de
sus hijos y de Muño, el prisionero hace un dolorido lamento sobre cada una de
ellas, y después, lleno de ira, toma la espada de un moro y mata a siete
alguaciles en presencia de Almanzor, al que pide que le quite la vida. Almanzor,
compadecido, le otorga la libertad, y la mora que lo ha cuidado lo anima y le
anuncia que pronto dará a luz un hijo. Gonzalo Gústioz le dice que, si es varón,
que lo haga criar bien y luego lo envíe a Salas, a su lado, y le entrega la
mitad de una sortija suya, a fin de reconocerlo. A los pocas días de haber
partido Gonzalo Gústioz para Salas nace Mudarra González. A los diez años
Almanzor lo arma caballero, y le concede doscientos escuderos para servirle.
Conocedor de la muerte de sus siete hermanos y de la deshonra de su padre,
Mudarra, con su séquito, parte para Castilla, y en Salas se hace reconocer de
Gonzalo Gústioz gracias a la sortija y le expone su designio de venganza. Van a
la corte del conde Garci Femández, y allá Mudarra desafía a Rodrigo Velázquez, y
se establecen treguas por tres días. Transcurridos éstos, Mudara acecha al
traidor y lo mata, junto con treinta caballeros que iban con él. Más adelante
hace quemar a doña Lambra.
En la Segunda Crónica General, o Crónica de 1344, y en una interpolación de
la segunda mitad del siglo XIV de la Tercera Crónica General el mismo relato
aparece con notables cambios y amplificaciones. En la primera parte las
diferencias son menores, pues las más características se reducen a una más
pormenorizada observación de los agüeros por parte de Muño Salido y a la
presencia, en Almenar, de los jefes moros Alicante y Barrasín al lado de Viera y
Galve. Después de la muerte de los siete infantes las divergencias son de mayor
entidad. El moro Alicante, al advertir el número considerable de pérdidas que ha
sufrido en la batalla, envía a Rodrigo Velázquez un cartel de desafío,
acusándolo de traición, y éste se desespera cobardemente, se arrepiente de
cuanto ha hecho y se propone rebelarse contra el conde de Castilla El episodio
de las ocho cabezas presentadas ante Gonzalo Gústioz en la cárcel es mucho más
extenso, y se detalla en él el planto que el caballero hace ante los rostros de
sus siete hijos y de Muño Salido. Gracias a estos lamentos nos enteramos de las
características y fisonomía individuales de los infantes de Salas y de los
nombres de todos ellos (Diego, el mayor, Martín, Suero, Fernán, Ruy, Gustios y
Gonzalo, el menor). Tras esta escena Almanzor encomienda el cuidado del
prisionero no a una mora cualquiera, sino a su propia hermana, llamada Zenla, la
cual, siendo realmente soltera, inventa que estuvo casada con un rey moro y que
también perdió siete hijos y el marido en una acción contra cristianos, a fin de
consolar al desventurado padre (en la Primera Crónica General la mora también
explica lo mismo. pero no se dice que fuera una mentira pladosa y además ello
ocurre antes de la escena de las cabezas). La hermana de Almanzor propone a
Gonzalo Gústioz la unión a fan de que tengan un hijo que sea el vengador.
Gonzalo Gústios llega a Salas con las ocho cabezas y las muestra a su mujer doña
Sancha diciéndole: «Vet ese presente que vos enbía Ruy Vásquez, vuestro
hermano». lo que produce el natural dolor de la dama. Intentan pedir justicia al
conde Garci Fernández, y como el traidor se ha apoderado de muchas tierras viven
miserablemente en Salas durante dieciocho años, y Gonzalo Gústios pierde la
vista. Nace Mudarra, que al hacerse mozo revela un extraordinario parecido con
su hermano Gonzalo González, el menor de los infantes, detalle que reaparece
varias veces en esta redacción. Cuando ya es un caballero esforzado y liberal,
jugando un día al ajedrez con el rey moro de Segura surge una disputa y éste lo
llama «Fijo de ninguno». Lo mata y. después de una refriega con sus vasallos,
pregunta a su madre quién fue su padre. y aquélla le cuenta la vendad. Con la
aquiesciencia de Almanzor, Mudara se va con su séquito a Castilla. Destruye
Vilvestre, que era de Rodrigo Velázquez, y mata a su mayordomo. y al día
siguiente llega a Salas. Aquella noche doña Sancha sueña que ella y su marido,
Gonzalo Gústioz, están en una alta sierra, y desde Córdoba ven venir volando un
azor que se le posa en las manos y abre las alas y es tan grande que los cubre a
ambos; luego va a posarse en el hombro del traidor Rodrigo Velázquez. y lo
aprieta tan fuertemente que le arranca un brazo del cuerpo y corren ríos de
sangre: doña Sancha se arrodilla y la bebe. A poco llega un emisario de Mudara,
el cual se presenta como sobrino del rey Almanzor, lo que preocupa a Gonzalo
Gústioz, porque teme que a su esposa le pese que haya tenido un hijo fuera de
matrimonio, y se propone negarlo. Mudarra entra en una iglesia y ve las cabezas
de sus hermanos; luego se presenta ante Gústioz y doña Sancha y les besa las
manos. La dama se sorprende al notar su gran parecido con su hijo Gonzalo
González, y Mudarra afirma que es hijo del señor de Salas. Este lo niega,
asegurando que jamás ha sido infiel a doña Sancha: pero ésta dice a su marido
que si tuviera la vista como antaño, aseguraría que el recién llegado es su hijo
Gonzalo González, y le incita a confesar la verdad. Se comparan los dos trozos de la
sortija que al juntarse quedan unidos milagrosamente, y al punto Gonzalo Gústioz
recobra la vista y llama a Mudara con el nombre de Gonzalo González. Van a
Burgos, y por el camino incendian Barbadillo y destruyen los bienes de Rodrigo
Velázquez Ante Garci Fernández piden justicia y el conde bautiza a Mudarra, de
quien es madrina doña Sancha, que lo recibe por hijo metiéndolo por una manga de
su vestido y sacándolo por otra y desde entonces se llamará Mudarra González.
Garci Fernández lo arma caballero y lo hace alcaide mayor de toda su tierra como
lo había sido hasta aquel momento Rodrigo Velázquez, y le otorga todos los
castillos que gane al traidor. Siguen las conquistas de Mudarra y su persecución
de Rodrigo, que huye de lugar en lugar. Lo encuentra en Val de Espera y
concierta un combate singular, en el cual Mudarra derriba a su enemigo. Al verlo
en tierra, Gonzalo Gústioz le pide que no lo mate y que lo lleve a doña Sancha,
para que ésta vea realizado lo que soñó. En Vilvestre doña Sancha se arrodilla
para beber la sangre de Rodrigo Velázquez; pero Mudarra lo impide y decide que
se ajusticie al traidor. Todos proponen diversas clases de suplicios, pero se
acepta la sentencia de doña Sancha: que en Burgos se alce un tablado similar al
que se montó durante las fiestas de las bodas que originaron todos los daños;
que se coloque allí a don Rodrigo atado de pies y manos, y que caballeros y
escuderos disparen sobre él sus lanzas. Se cumple la sentencia y luego llega a
Burgos doña Lambra a pedir merced a su primo el conde Garci Fernández; pero éste
la maldice, y ella huye hasta que muere en la sierra de Nella. Cuantos pasan por
allí, en vez de rezar un padrenuestro por su alma dicen: «¡Mal sieglo haya!»
[33] El guerrero castellano Rodrigo Diaz de Vivar, llamado el Cid, es enviado
por el rey Alfonso a cobrar los tributos que los moros de Andalucia pagaban a
Castilla, y mientras realiza esta misión se le opone el conde castellano Garcia
Ordóñez, que se había establecido entre los moros, y el Cid lo hace prisionero y
lo encierra en e1 castillo de Cabra. Cuando regresa a Castilla, cortesanos
envidiosos de su gloria acusan al Cid de haberse reservado para sí grandes
riquezas procedentes de los tributos, y el rey Alfonso hace caso a estas
calumnias y lo desuero de sus reinos. El Cid abandona, pues, Castilla con un
grupo de fíeles, parientes y vasallos, entre los que se destaca Álvar Fáñez. De
Vivar van al monasterio de Cardoña donde están refugiadas doña Ximena, esposa
del Cid, y sus hijas doña Elvira y doña Sol, de las que se despide tiernamente.
El Cid y los suyos se ven obligados a sustentarse a base de lo único que
saber hacer, que es guerrear. Conquistan Castejón, en la Alcarria. y Alcocer, a
orillas del Jalón, y luego venden a los moros las ganancias conseguido en tales
acciones. Se internan más en tierras moras y hacen tributaria suya una amplia
zona entre Teruel y Zaragoza. Para congraciarse con el rey Alfonso, el Cid envía
a Castilla a Álvar Fáñez con presentes para el monarca mientras él prosigue el
avance por las montañas de Morella y otras tierras que se encontraban bajo la
protección del conde de Barcelona. Lucha contra éste, lo hace prisionero, y tres
días después lo deja en libertad.
El Cid conquista una zona costera del Mediterráneo, entre Castellón y
Murviedro, y efectúa expediciones a Denia, hasta que se apodera de la gran
ciudad de Valencia. Lo ataca el rey moro de Sevilla, pero es derrotado, y el Cid
dispone que el botin ganado en esta acción sea llevado por Alvar Fáñez al rey
Alfonso, y que le ruegue que permita que doña Ximena y las dos hijas puedan
trasladarse a vivir con él en Valencia, ciudad que ha cristianizado y de la que
ha nombrado obispo a don Jerónimo. El rey accede, y Álvar Fáñez regresa a
Valencia con doña Ximena y las hilas, que son recibidas con gran alegría. El rey
de Marruecos Yúçef ataca nuevamente a Valencia, pero es vencido por el Cid, y el
rico botin ganado en esta batalla es también llevado al rey de Castilla por
Alvar Fáñez. La corte castellana está sorprendida por tan valiosos regalos
enviados por el Cid, que suscitan la envidia del conde García Ordóñez, el que
fue encarcelado en Cabra, y la codicia de unos parientes suyos, llamados los
infantes de Carrión, que ven la gran ocasión de enriquecerse casándose con las
hijas del Cid. El rey, creído que proceden de buena fe, y considerando que estas
bodas con jóvenes tan ilustres aumentará el honor del Cid, accede a ellas, y se
las propone a Alvar Fáñez. En vista de ello, el rey Alfonso tiene una entrevista
con el Cid a orillas del Tajo; lo perdona, y se concierta la boda de sus hijas
con los infantes de Carrión. Y el Cid regresa a Valencia con los infantes y allí
se celebran las bodas.
Los infantes hacen patente su cobardía en acciones de guerra contra el rey
Búcar de Marruecos, que es vencido y muerto por el Cid. Ha alcanzado éste el
momento más elevado de su gloria; es rico y poderoso, y planea someter el reino
de Marruecos. Pero su gente se burla de la cobardía de los infantes de Carrión,
los cuales, deseosos de abandonar un ambiente que les es hostil y de vengarse de
su suegro, obtienen de éste licencia para trasladarse con sus esposas a
Castilla. El Cid los despide llenándolos de riquezas, y bendice a sus hijas en
medio de malos agüeros y tristes presentimientos. Cuando las dos parejas han
entrado en tierras de Castilla, en el robledo de Corpes los infantes azotan
vilmente a sus esposas y las dejan abandonadas. El Cid, al enterarse de ello,
envía a Alvar Fáñez a recoger a sus hijas, y a Muño Gústioz a pedir justicia al
rey, pues ya que él concertó las bodas, sobre él también recae la deshonra. Al
saberlo, el rey convoca cortes en Toledo, a las que acuden los infantes de
Camón, confiados en el poder de su bando, encabezado por García Ordóñez, el gran
enemigo del Cid. Éste se presenta en las cortes: expone sus agravios y exige que
los infantes le devuelvan las espadas llamadas Colada y Tizón, que les había
regalado, así como la dote que dio a sus hijas, y que se repare la deshonra
mediante un combate de juicio de Dios. La sesión se hace muy violenta con las
fanfarronadas de los infantes, que consideran a las hijas del Cid indignas de su
alta categoría, mientras que los parientes del Cid los recrimininan por su
cobardía. Cuando los ánimos están más exaltados llegan a las cortes mensajeros
de los reyes de Navarra y de Aragón, con la petición de las hijas del Cid como
esposas para los hijos de aquellos monarcas, que serán reyes. Alfonso de
Castilla accede, y ordena luego que la batalla judicial se haga en las vegas del
Carrión. Allí los infantes son vencidos en batalla singular y declarados
públicamente traidores. Doña Elvira y doña Sol se casan por segunda vez, y hoy
día reyes de España son parientes del Cid
[34] «El que quiera perder cuitas y enriquecerse, que venga con el Cid, que
tiene intención de hacer una expedición y quiere cercar a Valencia para darla a
cristianos.»
[35] «El que quiera ir conmigo a cercar a Valencia -todos vengan por su
voluntad, ninguno forzado-, sepa que le esperaré tres días en el Canal de Celfa.»
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