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José Martí es el Apóstol de la República de Cuba.
Después de innumerables intentos patrióticos por independizar la
isla de Cuba del Imperio Español, Martí organizó la guerra que
lograría lo imposible. Menos de 30 hombres - pobres ya, con
carabinas de un sólo tiro, unos revólveres y muchos machetes -
vencieron un ejército profesional de más de un cuarto de millón de
soldados. Tal ejercito disponía de las armas más modernas y potentes
del momento, al igual que una gran reserva de hombres. Pero la
guerra costó sangre, mucha sangre, incluyendo la vida del Apóstol.
Y por eso se le tiene en un pedestal donde quiera que haya
un cubano. Pero no es eso lo que vamos a tratar aquí. Es Martí el
autor a quien exponemos. No en todo su esplendor, ni tampoco
profundizamos mucho en su filosofía. Tal vez, con el tiempo, algún
día logremos llegar a entender su reino ideológico.
En la
prosa, la forma de Martí se destaca por la claridad y musicalidad de
su narración. Adoptó el criterio de que cada palabra tiene que
justificar su uso en la oración. Desde muy joven demostró ser un
verdadero maestro de la descripción. En la poesía, la musicalidad es
asombrosa. Tanto así que sus versos se le incorporan a la canción La
Guantanamera sin tener que hacerle ningún
arreglo. |