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Bíblico-Teológico Biografía de Fray Bartolomé de las Casas
9.abril/2002 Nació en Sevilla el año 1484. Estudio en
Salamanca y recién graduado de abogado, vino a América junto con su
padre, llegando el 15 de abril de 1502 a La Española. Venía, como la
mayoría, motivado por el espíritu aventurero y el ansia de riqueza.
Durante 8 años tomó parte en la guerra contra los indios y los
empleó para explotar la tierra. Fue encomendero,
pues.
Después de un corto regreso a Europa, como tenía ya los
estudios necesarios, se le concedió ser ordenado sacerdote
(diocesano), el primero en el Nuevo Mundo (1507). En 1510 llegan los
primeros dominicos, liderados por fr. Pedro de Córdoba. Bartolomé
hizo algún tiempo de intérprete para su predicación a los indios.
Fr. Antonio de Montesinos predica el famoso sermón del 1º domingo de
Adviento, en el que pregunta: “Y éstos no son personas...?”, lo cual
le impacta tremendamente, aunque no estaba de acuerdo con su
doctrina.
Pasó a Cuba como capellán del ejército y recibió
nuevos indios y tierras, a los que trató siempre con bondad, pero
vio que los demás no eran así, sino que los hombres perecían en las
minas, las mujeres eran abusadas, ancianos y niños morían de hambre
y familias enteras se suicidaban para escapar a la brutal
explotación.
En Pentecostés de 1514 renunció públicamente a
sus encomiendas y empezó a predicar contra todo aquel
sistema. Fue con Montesinos a Sevilla en 1516; ambos iban a
“amonestar al rey” de que la conquista y la esclavitud estaban
acabando con los naturales, por lo que solicitaban reformas
profundas. Muerto el rey Fernando, presenta sus memoriales “Abusos”y
“Remedios” al Cardenal Cisneros, pidiendo que los indígenas vivan en
pueblos con tierras comunes, organizados por un administrador,
pagando tributos a la corona. Fue nombrado “Protector de los
indios”.
En 1517 presenta al nuevo rey Carlos I un proyecto
para repoblar el continente con labradores en lugar de soldados.
Salió con muchos campesinos hacia Venezuela, pero casi todos le
abandonaron para dedicarse a la lucrativa trata de esclavos. Unos
indios se levantaron y mataron a algunos frailes y oficiales. Tuvo
que renunciar a su plan de colonización pacífica. Su proyecto de
“comunidades”, años después se transformó en el “corregimiento” o
pueblo libre bajo la corona.
Frustrado en sus planes, en 1522
ingresó a la Orden Dominicana en Santo Domingo, capital de La
Española. Por seis años estudió ampliamente -en Vega Real- teología,
patrística y sagrada escritura, y luego fue nombrado prior en Puerto
Plata. Desde allí escribe cartas apasionadas al Consejo de Indias,
denunciando la trata mortífera a los naturales. Esto da lugar a una
ley en 1530 prohibiendo la esclavitud de los indios. Sus sermones
pidiendo buen trato e incluso la libertad de los indios, fueron
considerados ‘escandalosos’ por muchos españoles, así como sus
consejos en el confesionario, y se quejaron a las autoridades, por
lo cual la Audiencia le prohibió predicar por dos años. Entonces fue
juntando material para su vasta “Historia general de las Indias”.
Junto con otro fraile fue a visitar en su campamento a
Enriquillo, un indio guerrillero, y le convencieron de que
abandonase su posición. Así demostró que con amor se podía atraer a
cualquiera a la fe cristiana. A raíz de esta experiencia compuso su
primer gran tratado: “El único modo de atraer a todas las gentes a
la verdadera fe”. En él expone que los naturales eran seres
racionales y muy capaces. Y que la conquista a fuego y espada era un
método equivocado. La conversión debía ser fruto de la prédica y del
buen ejemplo, con respeto a los derechos de los nativos, sobre todo
su libertad y su propiedad.
En 1531 escribe un largo
”Memorial para el Consejo de Indias” y se fue secretamente a España,
regresando con una ley favorable a los nativos; luego salió a
presentarla en México y después en Perú. Las Casas pide luego que le
dejen repetir la experiencia pacificadora en Tezulutlán (=tierra de
guerra), Guatemala, y con los padres Cáncer y Angulo se internó en
la zona, obteniendo su conversión en apenas dos años, en base a
exponer en su lengua las verdades de la fe con versos, música y
canto; no se derramó ni una gota de sangre. Aquella zona es llamada
desde entonces Verapaz.
A fines de 1539 vuelve a España para
buscar más misioneros y sigue cabildeando a favor de los indígenas.
De modo que en 1542 una Junta Magna en Valladolid publica las
famosas Leyes Nuevas de Indias, inspiradas en su pensamiento, que no
gustaron a las autoridades del Nuevo Mundo, que hicieron todo lo
posible por no cumplirlas y desacreditar a su inspirador. Por este
tiempo acabó de escribir su “Brevísima relación de la destrucción de
las Indias”. Como en todas sus obras, demuestra una gran erudición:
manejo de autoridades clásicas, así como un conocimiento detallado
-por lo que él vio o por lo que le contaron de primera mano-, que
respalda sus afirmaciones (a pesar de lo cual fue tachado de
exagerado, porque las cifras y datos son verdaderamente
escalofriantes).
Su pensamiento de avanzada llega a afirmar
que es preferible que los indígenas anden desnudos y adoren a sus
dioses, e incluso tengan sus sacrificios humanos de buena fe, antes
que hacerles la guerra cruelmente y despojarles de sus tierras, de
sus valores y de su dignidad, lo cual demuestra un pensamiento más
atrasado, sustentado en la fuerza bruta. Admira las grandes
ciudades, el orden político y social de las sociedades americanas,
el carácter agradable y pacífico de las gentes, frente a la
brutalidad, el egoísmo y la mentira de los conquistadores. Por eso
algunos en España le acusaron de antipatriota, en lugar de
percatarse de dónde estaba la verdad.
Fue elegido para obispo
de Cusco, en Perú, pero rehusó, diciendo que él sólo obraba por
servir a Dios y a Su Majestad y no por buscar mercedes. Poco después
fue obligado a que aceptase el nombramiento de obispo de Chiapas,
siendo consagrado en 1544 en Sevilla. Llegó con 45 frailes dominicos
y un equipo laico de 5 personas, el mayor contingente misionero
jamás reunido hasta entonces. Quería hacer una diócesis modelo.
Vivía pobremente, vestido con su hábito blanco, comiendo poco para
no recargar sobre las gentes, etc. Y tuvo el consuelo de que ya
otros frailes, como los franciscanos, aceptaban sus ideas
liberadoras. Pero las personas ‘importantes’ le hacían la vida
imposible, cegados por la ambición y la prepotencia, amenazando
incluso con matarle, por lo cual renunció en 1547 (residió en
Chiapas poco más de seis meses) y regresó a España, para
entrevistarse con el príncipe Felipe. En ese intervalo estuvo
consagrando obispo, en Gracias a Dios (Honduras) a Mons. Antonio
Valdivieso OP, obispo de León (Nicaragua). Estuvo en Granada y en El
Realejo, Nicaragua, donde intentó armar una expedición
evangelizadora al Perú, que parece no llegó a su fin.
En
1550 tuvo grandes discusiones con el teólogo esclavista Sepúlveda;
en esas discusiones siempre contó con la ayuda de sus hermanos
dominicos, como Melchor Cano, etc. Siempre estaba escribiendo,
retirado en algún convento, escribiendo cartas a numerosos
personajes o presentando ponencias en alguna Junta real. Y era
frecuentemente consultado en la Corte sobre cuestiones de
América.
Murió santamente en 1566, en el convento de Atocha,
Madrid, a los 82 años.
Discutido y calumniado por algunos, la
posteridad le ha hecho justicia, viendo en él a un insigne
evangelizador de los pobres (los indígenas) y a un incansable
luchador por la justicia. En sus últimos tiempos lamentó
amargamente el que durante un tiempo había aceptado la esclavitud de
los negros, para reemplazar a los indígenas en los trabajos pesados,
aunque luego se arrepintió y pensó siempre lo contrario: que la
dignidad es igual para todos los seres humanos. Creyó, como siempre,
que había fracasado, pero, como siempre también, su efecto fue
positivamente incalculable.
Es un ejemplo para todos, pues
contó con armas poderosas: un vasto conocimiento de América, dominio
del derecho y la teología, elocuencia abrumadora, pluma fácil y una
fuerza de voluntad incansable. Durante su larga vida “fue
sucesivamente sacerdote, fraile, obispo, obispo jubilado y estadista
en la Corte. Defendió la causa de los indios ante cuatro soberanos
españoles; influyó en las decisiones de tres papas; fue ayudado por
oficiales, juristas, caciques nativos. Escribió miles de páginas,
compareció ante incontables comisiones, redactó leyes protectoras,
cruzó el Atlántico al menos diez veces. En total, Bartolomé de las
Casas consumió ‘cincuenta años mortales’ dirigiendo quizás el mayor
esfuerzo para los derechos civiles y la justicia racial en la
historia de la humanidad”(Helen Rand Parish).
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