Bartolomé de las
Casas nació en Sevilla en 1484. Su padre, Pedro
de
Las Casas, mercader de profesión, era oriundo de Tarifa
(Cádiz) y según se cree de familia conversa. Madre de
Bartolomé fue Isabel de Sosa. Entre los parientes
más cercanos de la familia estaba el capitán Francisco de Peñalosa,
amigo de Cristóbal Colón.
De sus primeros recuerdos sobre el
Nuevo Mundo, retenía en la memoria la imagen de aquellos siete
indios, que acompañaban al descubridor el 31 de marzo de 1493 en
Sevilla,
"los cuales vio en Sevilla y posaban junto al arco que
se dice de las imágenes, situado junto a la iglesia de San Nicolás.
Llevó papagayos verdes, muy hermosos y coloreados y guaizas, que
eran unas carátulas hechas de pedrería de huesos de pescado".
Su padre, Pedro
Las Casas, y uno de sus tíos,
Francisco de Peñalosa, se embarcaron en 1493 para el Nuevo Mundo
formando parte del segundo viaje colombino. También recordaba que,
en junio de 1496, vio regresar a Colón de su segundo viaje, vestido
de franciscano. En 1499 regresó su padre con un indio esclavo que se
lo había regalado Colón y que pasó a disfrutarlo
Bartolomé hasta que en 1500, por orden de Isabel la
Católica, fue devuelto a su lugar de origen, junto con otros indios
que habían sido llevados a España. Sabemos que durante los tres
primeros meses de 1500 se desplazó a Granada para colaborar, como
auxiliar de las milicias sevillanas, en el sofocamiento de la
rebelión de los moriscos.
Se ha especulado mucho acerca de
sus estudios. No consta que acudiera a la Universidad ni que
poseyera el título de licenciado cuando se embarcó para las Indias
en 1502. Más probable es que estudiara en algún colegio de Sevilla
latinidad y humanidades.
A principios de 1502,
Bartolomé de Las Casas, acompañando a su padre y a
su tío, se embarcó para La Española en la flota del nuevo gobernador
Nicolás de Ovando. En esa fecha, aunque se ha venido sosteniendo lo
contrario, parece que
Bartolomé todavía no era
clérigo, y sus intereses eran más económicos que religiosos. Actuaba
como un colono más: fue minero y encomendero en La Española, además
de colaborador en las guerras de Jaraguá y del Higüey. Tuvo hacienda
e indios en las orillas del río Janique y hasta 1514 siguió siendo
estanciero.
Entretanto, en 1507, regresó al Viejo Mundo y
marchó a Roma, donde recibió las órdenes sacerdotales. Sin embargo,
esperó hasta 1510 para cantar su primera misa en Concepción de la
Vega. En la primavera de 1512, tras vender su hacienda, se unió a la
conquista de Cuba, como capellán de los conquistadores, y recibió
una buena encomienda que atendió hasta 1514. Será a mediados de este
año cuando
Las Casas viva su primera conversión y
renuncie a los indios de su repartimiento por razones de conciencia.
Estaba convencido de que debía "
procurar el remedio de estas
gentes divinalmente ordenado". Se sentía predestinado para esta
misión.
Vuelto a Santo Domingo, estableció contacto con los
dominicos. Fray Pedro de Córdoba decidió enviar a
Bartolomé, junto con Antonio de Montesinos, a
España para denunciar la encomienda y sus abusos.
Las
Casas y Montesinos pudieron entrevistarse el 23 de
diciembre de 1515 con Fernando el Católico, ya muy enfermo. También
hablaron con el obispo Rodríguez de Fonseca que no les concedió
mayor atención. Mejor suerte tuvieron al dirigirse al cardenal
Jiménez de Cisneros y a Adriano de Utrecht, el futuro papa Adriano
VI, con los que discutieron algunos remedios, como enviar a Santo
Domingo a tres frailes jerónimos en calidad de gobernadores.
Las Casas les acompañaría como asesor y por esas
mismas fechas fue también nombrado
"procurador o protector
universal de todos los indios de las Indias".
De regreso
nuevamente en La Española, en 1517, los jerónimos entraron pronto en
conflicto con
Las Casas y los dominicos, quienes
volvieron a enviar a
Bartolomé a España. El 19 de
mayo de 1520 obtuvo en La Coruña una capitulación para llevar a cabo
un proyecto de colonización pacífica en la costa de Paria, actual
Venezuela. A principios de 1521 emprendió viaje con sus labradores
españoles hacia San Juan de Puerto Rico. Su idea era establecer en
Paria a esos labradores y propiciar de manera pacífica el
acercamiento a los indios que, conservando plenamente su libertad,
escucharían la predicación del Evangelio y, sin violencia alguna,
como la gente de otros muchos lugares, aceptarían al rey de España
como el suyo propio. A finales de 1521, tras fracasar, reemprendió
viaje a Santo Domingo.
A partir de 1531 comenzó a predicar en
Puerto de Plata contra los colonos españoles, los cuales
consiguieron que sus superiores lo trasladaran a Santo Domingo. En
esta capital, en 1533, consiguió la rendición del cacique
Enriquillo, sublevado desde 1519. A finales de 1534, fray
Bartolomé y otros tres dominicos emprendieron un
viaje al Perú para trabajar en defensa de los indios y fortalecer
también las actividades de su orden. Una serie de dificultades
impidió a
Las Casas llegar a su destino. En lugar
de ello, estuvo en Panamá, Nicaragua y México (1536).
De allí
pasó a Guatemala, en donde residió poco menos de dos años. En ese
lugar escribió otra de sus obras más importantes, la intitulada De
unico vocationis modo, conocida en español como
"Del único modo
de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión". En ese
largo tratado la tesis central era que la única forma de promover la
conversión de cualquier ser humano no era otra que la vía de la
persuasión y jamás valiéndose de las armas o de cualquier otra
manera de violencia. Proceder así sería actuación
"temeraria,
injusta, inicua y tiránica". En paralelo con lo que escribía,
acometió entonces el proyecto de penetración pacífica en la región
de Tezulutlán, considerada hasta entonces como tierra de guerra en
Guatemala. La entrada en la que se llamaría la Vera Paz, implicaba
la prohibición de que ningunos otros españoles podrían pasar a ella
en tanto que allí se efectuaba la conversión de los indígenas en
términos del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera
religión, por medio del diálogo y la persuasión.
En 1538 el
padre
Las Casas y su secretario el padre Rodrigo de
Ladrada, viajaron a México para participar en el capítulo de la
orden dominicana. Concluido éste, ambos se embarcaron con rumbo a
España. Allí, a principios de 1540,
Las Casas
obtuvo que se expidieran varias reales cédulas que favorecían los
trabajos de su misión en Tezulutlán. Por ese tiempo escribió su
célebre Brevísima relación de la destrucción de las Indias, así como
la obra que se conoce como
"Los dieciséis remedios para la
reformación de las Indias". Residiendo en Valladolid, estuvo en
contacto con el emperador Carlos V (el rey español Carlos I), al que
había conocido veinte años antes. Éste, prestando oídos a las
demandas
de Las Casas, convocó a las que se conocen
como Juntas de Valladolid en las que fray
Bartolomé, según se dice, presentó su Brevísima
relación de la destrucción de las Indias y los ya mencionados
Dieciseis remedios.
Consecuencia de lo que allí se discutió,
fue la promulgación el 20 de noviembre del mismo 1542 de las que
fueron conocidas como Leyes Nuevas. En ellas se prohibía la
esclavitud de los indios, se ordenaba además que todos quedaran
libres de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección
directa de la Corona. Se disponía además que, en lo concerniente a
la penetración en tierras hasta entonces no exploradas, debían
participar siempre dos religiosos que vigilarían que los contactos
con los indios se llevaran a cabo en forma pacífica dando lugar al
diálogo que propiciara su conversión.
Al año siguiente, en
marzo de 1543, el emperador presentó a fray
Bartolomé de Las
Casas al papa como candidato al obispado de Chiapas.
Disposición complementaria fue la de incluir dentro de los límites
de su diócesis la región de Tezulutlán donde se desarrollaba el
proyecto de penetración pacífica concebida por fray
Bartolomé. Consagrado obispo en la capilla del
convento de San Pablo en Sevilla, se embarcó en julio de 1544 con
rumbo a La Española de donde se dirigió a su diócesis en una
travesía que lo llevó a desembarcar en Campeche. Establecido ya en
Ciudad Real de Chiapas, quiso enterarse desde un principio acerca de
la conducta de sus feligreses con los indígenas.
Redactó
entonces los
"doce puntos de su Confesionario" que
publicaría más tarde con el título de Avisos y reglas de confesores.
Al percatarse de la situación imperante en Chiapas, dispuso que
nadie pudiera absolver a quienes tuvieran indios esclavos. Esto
provocó reacciones extremadamente adversas.
Las
Casas excomulgó a los encomenderos y a quienes se oponían a
lo dispuesto por él. Tras visitar la región de Tezulutlán, se
trasladó a México para participar en una Junta de Prelados y
religiosos que allí se celebró. En esa Junta tuvo un enfrentamiento
con el virrey Antonio de Mendoza que se oponía a dar entrada a la
cuestión de la esclavitud de los indios. En busca de apoyo a las
tesis que defendía y asimismo a la misión de Tezulutlán, viajó
nuevamente a España a principios de 1547. Residiendo en Valladolid
continuó la redacción de su "
Historia de las
Indias".Consecuencia de las gestiones que realizó fue
que se convocara en julio de 1550, en Valladolid, a una junta de
teólogos, expertos en derecho canónigo y miembros de los consejos de
Castilla y de las Indias. El propósito era discutir las formas de
cómo debía procederse en los descubrimientos, conquistas y población
en las Indias. Participaron en la Junta, además
de Las
Casas, Juan Ginés de Sepúlveda, fray Domingo de Soto, fray
Melchor Cano y fray
Bartolomé Carranza. Tanto fray
Bartolomé como Sepúlveda expusieron allí sus ideas.
Escritos muy diferentes se derivaron de esa Junta. Uno fue el texto
que redactó Sepúlveda como apoyo de otro trabajo suyo escrito poco
antes, intitulado Demócrates alter, en el que sostenía que los
indios, como seres inferiores, debían quedar sometidos a los
españoles. El otro escrito de fray
Bartolomé fue la
Apología, texto clave en las discusiones. La Junta quedó inconclusa
y por ello volvió a convocarse el año siguiente.
Tal vez, al
percatarse fray
Bartolomé de que en esa Junta no se
llegó a tomar decisión alguna, optó por otras formas de proceder.
Una fue renunciar a su obispado de Chiapas para consagrarse más
libremente en España a la terminación y publicación de sus obras,
así como a la obtención de cédulas reales en favor de los indios, de
modo especial de los que habitaban en Tezulutlán. Así, en 1552,
obtuvo el envío de otros misioneros a las Indias; además logró la
publicación de una serie de tratados entre ellos la
"Brevísima
relación de la destrucción de las indias", "el Confesionario", "El
tratado sobre esclavos" y otros que aparecieron en Sevilla en
el mismo 1552. Residiendo allí tuvo a su alcance la llamada
Biblioteca Colombina, en la que pudo consultar libros y manuscritos
que le permitieron avanzar en la redacción de su
"Historia de
las Indias". Fue también entonces cuando, como trabajo
complementario, inició la redacción de la que se conoce como
"Apologética historia sumaria", verdadero tratado de
antropología comparada en el que, poniendo en parangón a las
culturas indígenas con las de la antigüedad clásica, subraya las
virtudes y grandes merecimientos de los habitantes del Nuevo
Mundo.
Singular experiencia para
Bartolomé
fue encontrarse, de regreso en Valladolid, con un indígena caxcán de
Zacatecas, llamado Francisco Tenamaztle. Este había sido deportado a
España por haber encabezado una rebelión en su tierra.
Las
Casas, tras escuchar a Tenamaztle, emprendió con él su
defensa. Se conservan interesantes documentos, varios suscritos por
Tenamaztle, en los que éste daba a conocer al Consejo de Indias su
situación y la de su pueblo, demandando justicia.
Las
Casas en esta actuación hizo aplicación de sus ideas al
caso particular de Tenamaztle y los indios caxcanes de la lejana
Nueva España.
Doloroso debió ser para fray Bartolomé enterarse
más tarde de que en 1558 los dominicos que trabajaban en la Vera Paz
en Guatemala reconocieran la necesidad de aceptar el uso de las
armas para someter a los indios de la región Lacandona y de
Puchutla. Tal forma de proceder, a la que siguió en 1559 la
iniciación de hostilidades en la región de Tezulutlán, significó el
fracaso de una idea que pudo haberse realizado y a la que tantos
desvelos había consagrado.
Los últimos años de su vida los
pasó en Madrid. Había concluido ya para entonces la
Historia de las Indias. Todavía escribió varios
memoriales, así como la obra que intituló De thesauris, en
la que cuestionaba el supuesto derecho de propiedad, tanto de los
tesoros derivados del rescate del inca Atahualpa, como de aquellos
otros encontrados en los sepulcros o guacas de los indígenas. En
febrero de 1564 hizo su testamento y todavía pudo escribir un
memorial al Consejo de Indias reafirmándose en todo lo que había
expresado en defensa de los indios. El 17 de julio de 1556 murió
fray Bartolomé de Las Casas en el convento de
Nuestra Señora de Atocha en Madrid. Sepultado en la capilla mayor
del convento, sus restos fueron llevados más tarde al convento
dominico de San Gregorio en Valladolid. Fray Bartolomé de
Las Casas, que dedicó su vida a la defensa de los pueblos
indígenas, es hoy reconocido universalmente como uno de los
precursores en la teoría y en la práctica de la defensa de los
derechos humanos.