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30 Voces Mes de las Humanidades 2001Calidad de vida sin discriminación
jueves, 4 de octubre
de 2001
Por Myna Rivas
Nina Especial para El Nuevo Día
![]() Ana Irma
Rivera Lassén (Tito
Guzmán/El Nuevo Día)
|
Nota del Director:
Treinta voces, treinta visiones. Durante el mes de octubre
en conmemoración del Mes de las Humanidades, El Nuevo Día abre
sus páginas para presentar las soluciones que proponen estos
treinta puertorriqueños a los retos sociales que
enfrentamos.
DESDE LOS los 16 años comenzó su trayectoria dentro
de la lucha por los derechos humanos, los derechos de las
mujeres y los temas de raza en Puerto Rico. La licenciada y
poeta Ana Irma Rivera Lassén se identifica también a sí misma
como comunicadora en el sentido amplio del término. Esto la ha
llevado a aceptar retos tan diversos como ser guionista y
profesora de programas educativos por televisión, ser
columnista en el extinto periódico El Reportero o ser
responsable de la Cátedra Especial de Justicia Racial de la
Universidad de Puerto Rico.
Cuenta como la poesía también ha formado parte de su vida.
Pertenece a la llamada generación del 70, de la que forman
parte personas como Che Meléndez, Vanessa Droz, Liliana Ramos,
Maritza Pérez y Aurea María Sotomayor. Aunque ya ha publicado
en antologías, uno de sus proyectos es publicar un libro de
poesía.
Para esta humanista su principal inquietud en este momento
es la posibilidad de una guerra.
"Ocupa ahora el 90% de mis preocupaciones, mientras más
piensas en la posibilidad de una guerra más tienes que pensar
en la paz, la mentalidad de la guerra significa la derrota de
la Humanidad".
En consonancia con su preocupación, Rivera Lassén forma
parte de un grupo de mujeres que se encuentra recogiendo
firmas por la paz.
Previo a los ataques terroristas en los Estados Unidos, el
tema que más le preocupaba de la sociedad puertorriqueña es la
violencia en sus múltiples manifestaciones, especialmente
hacia la mujer, en el ámbito doméstico en general y en las
prácticas militares de Vieques.
La identidad racial de los puertorriqueños también le
levanta profunda inquietud, más aún al ver los resultados del
último censo donde la inmensa mayoría de la población se
identificó como blanca. Rivera Lassén está convencida que
estos datos son una lección que aprender y propone que el país
reflexione más sobre lo que lo entiende por mezcla de razas.
"Las mezclas no son iguales, no es un bloque homogéneo,
somos una mezcla con muchas tonalidades, y esa riqueza y
diversidad es lo que debemos apreciar y de lo que nos debemos
sentir bien orgullosas y orgullosos".
También le preocupa la xenofobia y otros tipos de
discriminación social. Por eso enfatiza que no permite frente
a ella ningún chiste contra grupo social alguno.
Aunque el gobierno Puerto Rico no envió representación a la
reciente Conferencia Mundial Contra el Racismo en la cual
participó Rivera Lassén, ésta está optimista de que pronto se
lograrán importantes avances a nivel de programas educativos y
de política pública. Cree además en la capacidad de los grupos
de la sociedad civil para promover cambios, como es el
Instituto Puertorriqueño de Estudios de Raza e Identidad del
que forma parte y donde participan personas como la profesora
Palmira Ríos y la psicóloga social Mariluz Franco.
Al hablar de calidad de vida Rivera Lassén aclaró que "es
algo que cambia con el tiempo, no puedes definir la calidad de
vida ahora igual a la de otra época, porque los estándares de
vida cambian".
Sin embargo, antes y ahora la calidad de vida tiene que ser
algo que incluya la armonía de la gente en una sociedad. Ella
no puede imaginarse llegar a la calidad de vida sin erradicar
la discriminación.
"Tiene que ser una visión de una sociedad justa, que no
discrimine por razón de sexo, raza, orientación sexual, ideas
políticas y otras formas de discrimen que conocemos que pueden
ser altamente ofensivas", reiteró Rivera Lassén.
Para esta humanista, la búsqueda de soluciones en Puerto
Rico debe pasar por entender los cambios que se han dado en la
familia puertorriqueña. "No podemos seguir hablando de la
familia, sino de las familias". Está convencida de que cuando
se comprenda esa diversidad de situaciones mejorará la calidad
de vida.
Esta feminista, que viaja con frecuencia a otros países por
su activa participación en organizaciones no gubernamentales a
nivel internacional, entiende que la sociedad puertorriqueña
debe comenzar a ver más allá de sus fronteras. También sugiere
una discusión más profunda del manoseado concepto de
globalización.
"Tenemos a veces una visión demasiado doméstica del mundo y
el mundo no empieza ni termina en nuestras playas, somos parte
de él, hay que entender qué aportaciones el mundo nos puede
dar y las que puede hacer Puerto Rico al mundo".
Concluye exhortando a los grupos de la sociedad civil que
estén abiertos a nuevas ideas.
"Debemos siempre estar pensando que tenemos una deuda con
las generaciones futuras, dejarle el comienzo de nuevas ideas,
pero saber que la próxima generación va a tomar estas ideas,
puede ser que las cambien o que piensen otras nuevas, no somos
dueñas y dueños de la verdad".
Para una mejor calidad de vida
Trabajo continuo por la paz.
Respeto y valoración de la diversidad.
Cumplimiento de la legislación vigente contra la violencia
doméstica.
Nuevo acercamiento al mundo globalizado.
Ficha biográfica
Nace en Santurce, el 13 de marzo de 1955.
En 1974 se gradúa en Humanidades y en 1977 como abogada de
la Universidad de Puerto Rico.
Desde el 2000, lleva la Cátedra Especial sobre Justicia
Racial, Escuela de Derecho, UPR.
Desde el 1996 es la coordinadora en Puerto Rico del Comité
Latinoamericano para la Defensa de los Derechos de la Mujer
(CLADEM).
Está a punto de salir su último libro, "Documentos del
feminismo. Facsímiles de la historia" en colaboración con la
Dra. Elizabeth Crespo, bajo la Editorial de la UPR.
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