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30 Voces Mes de las Humanidades 2001Repertorio de amor para los niños
sábado, 13 de octubre
de 2001
Por Myrna Rivas
Nina Especial El Nuevo Día
![]() Evy Lucío
Córdova (Xavier
Araújo/El Nuevo Día)
|
Nota del Director:
Treinta voces, treinta visiones. Durante el mes de octubre
en conmemoración del Mes de las Humanidades, El Nuevo Día abre
sus páginas para presentar las soluciones que proponen estos
treinta puertorriqueños a los retos sociales que
enfrentamos.
EL MAESTRO Pablo Casals (1876-1973) reconoció en
ella "un talento natural para enseñar e inspirar a los niños a
cantar con un alto nivel de musicalidad". Se refería a Evy
Lucío Córdova, fundadora y directora musical del Coro de Niños
de San Juan (CNSJ).
En las esferas de la elite musical está situado al lado del
histórico Coro de los Niños Cantores de Viena; incluso, hay
críticos que lo ubican por encima de los austriacos. Hace 35
años, y desde su propia casa, Lucío inició un coro de niñas y
niños puertorriqueños. Quería transmitirles sus conocimientos
musicales, pero también su visión de las humanidades, la
importancia de la constancia y el amor general por las artes.
Hoy más de 200 niños de diferentes niveles socioeconómicos
se forman en el CNSJ. Pese a los logros cosechados, el camino
no ha sido fácil. Esta institución sin fines de lucro se ha
mantenido económicamente con la ayuda de la empresa privada,
del Gobierno, de los "fieles amigos del Coro" y de la National
Endowment for the Arts. Desde hace 28 años su sede provisional
ha sido en el llamado Polvorín de Miraflores, al que guardan
un gran aprecio, situado en los terrenos de la antigua Base
Naval en Miramar. Pero uno de los principales problemas que ha
enfrentado siempre ha sido no contar con una sede propia.
Ahora, por los proyectos previstos para esta zona, tienen que
abandonar el Polvorín, aunque al momento guarda esperanzas con
una reciente oferta del Gobierno que podría adaptarse a sus
necesidades.
Lucío sabe que la gente les tiene un gran cariño a sus
coros. Lo siente cuando los niños dan sus serenatas de
primavera o sus trullas de Navidad.
"Hemos ido a todos los rincones, incluyendo Vieques y
Culebra. Se ve el amor que le tienen al coro".
A pesar de estas manifestaciones de aprecio, Lucío
considera que el pueblo no se ha dado cuenta de la magnitud
del proyecto del CNSJ, el esfuerzo que requiere y el fuerte
programa educativo musical que se desarrolla. Este coro es más
que un coro; es un conservatorio donde niños de todas las
edades reciben adiestramiento auditivo, teoría y solfeo,
técnica vocal y repertorio coral a nivel preparatorio,
elemental, intermedio y avanzado.
La visión humanística de su fundadora parece ser la clave
para que el CNSJ esté en el sitial en que se encuentra a nivel
mundial. Para Lucío, quien explora constantemente sobre nuevas
partituras, creaciones y arreglos, es fundamental que los
niños puedan familiarizarse con una diversidad de piezas
musicales y con lo que éstas significan. Estos conocen desde
repertorios contemporáneos o de música folclórica
puertorriqueña, hasta piezas del romanticismo, clasicismo o
barroco.
"Interpretan un repertorio bien difícil, que incluye cantos
gregorianos, polifonías de la época más importante del Siglo
de Oro... semiclásicos como el Danubio Azul, piezas inéditas,
música de Puerto Rico...".
Los niños llegan a tener conocimiento de instrumentos como
el cuatro, la guitarra y la flauta, y a manejar cinco idiomas:
francés, alemán, italiano, latín e inglés.
"Podemos cantar hasta en 14 idiomas. Cuando los niños
cantan una partitura en francés o en ruso, conocen lo que
están cantando, y eso se nota. Pueden ser más fieles a la
música".
Su sueño es tener una escuela académica completa donde se
enseñen todas las materias, pero que esté enfocada y dirigida
hacia las humanidades. Ella y los demás maestros del CNSJ
procuran transmitirles a los niños el aprecio por ampliar sus
conocimientos generales. Es por eso que, previo a sus
frecuentes viajes, son orientados sobre los países que van a
visitar. Los niños, a su vez, llevan detalles para que la
gente pueda conocer a Puerto Rico.
"Les digo que tienen que ir abiertos, que tienen que comer
de todo. Aquí hay muchas cosas buenas, pero en otros lugares
también hay cosas que ver y aprender. El mundo no empieza ni
termina aquí".
Entre los temas que más preocupan a Lucío está "el poco
aprecio que demostramos por la naturaleza", que se refleja en
la tala de árboles, la basura en la calle o la contaminación
con ruidos. Le inquieta, también, el poco cuidado por el
patrimonio histórico y cultural. Por eso, admira mucho el
trabajo de don Ricardo Alegría a quien, incluso, ha llegado a
dedicar una de sus composiciones propias, la canción "La
Luna".
"No es sólo decir '¡Ay!, ¡qué bonito! Yo quiero a Puerto
Rico...'. Hay que amarlo de verdad, pensar mejor lo que
estamos haciendo".
Finalmente, Lucío también expresó que para mejorar nuestra
calidad de vida será fundamental que, como pueblo y como
individuos, desarrollemos una mayor disciplina y una mayor
espiritualidad. En cuanto a las escuelas…
"Deben transmitir una visión integrada de las humanidades y
enseñar más a pensar y a crear, no a memorizar. La creatividad
es un antídoto para muchos problemas".
Para una mejor calidad de vida
• Tener más espacios de silencio interior y espiritualidad.
• Apoyar más iniciativas que integren las artes y las
humanidades.
• Conocer más el mundo que nos rodea.
Breve ficha biográfica
1934 -Nace en Arecibo, Puerto Rico, el 12 de junio.
1955 -Se gradúa de la Universidad del Sagrado Corazón;
luego cursa estudios en la Longy School of Music de Boston y
en Pius X School of Liturgical Music de Nueva York.
1984 -Recibe el grado de Doctor Honoris Causa en Música en
la Universidad de Saint John's de Nueva York.
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