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30 Voces Mes de las Humanidades 2001Clave para una vida creadora
domingo, 30 de
septiembre de 2001
Por Myrna Rivas
Nina Especial El Nuevo Día
 Don Ricardo Alegría (Tito Guzmán/El Nuevo
Día)
|
Nota del Director:
Treinta voces, treinta visiones. Durante el mes de octubre
en conmemoración del Mes de las Humanidades, El Nuevo Día abre
sus páginas para presentar las soluciones que proponen estos
treinta puertorriqueños a los retos sociales que
enfrentamos.
EL INSTITUTO de Cultura Puertorriqueña, los centros
culturales, los festivales y la enseñanza de la historia
puertorriqueña en las escuelas son algunos de los múltiples
proyectos impulsados por don Ricardo Alegría y que hoy forman
parte de nuestra vida como pueblo.
Las causas que ha iniciado o apoyado este historiador,
arqueólogo y antropólogo han sido muchas y muy diversas. A sus
ochenta años cuenta entusiasmado acerca de la última
exposición sobre la herencia africana del Museo de las
Américas, que dirige ad honorem, al igual que el Instituto de
Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.
"Todos los puertorriqueños sin importar sus rasgos físicos
o el color de la piel somos herederos de esa herencia".
Vieques también ha estado en su agenda, por eso no dudó en
tomar El Morro de forma simbólica junto a otros intelectuales
en abril del 2000.
Don Ricardo considera que los humanistas puertorriqueños
han estado presentes en la realidad social. Destaca a Enrique
Laguerre como un pionero en llamar la atención sobre la
conservación del ambiente o al novelista e historiador Tomás
Blanco en la preservación del patrimonio histórico.
"Es cierto que otros viven en su mundo, que a veces no
bajan a las situaciones de todos los días, pero creo que los
humanistas han contribuido a enriquecer la vida diaria de los
puertorriqueños".
Lo que más le preocupa de la realidad social es la
situación de los jóvenes que viven en áreas de pobreza extrema
y de alta incidencia criminal.
"Veo en los periódicos la muerte de jóvenes de 15 a 18
años, es un ciclo, pobreza, falta de educación de los padres,
alta incidencia criminal, familias rotas, abandono de la
escuela... esa ha sido la preocupación mía que vengo
expresando desde hace años, pero se me ha interpretado mal".
Se refiere a sus propuestas para la creación de "escuelas
hogares" donde "el Estado pueda indemnizar a las familias y se
les provea a sus hijos una educación de excelencia, fuera de
ese ambiente, lo propuse en los 80 y no se me hizo caso,
pienso cuántos niños se hubieran salvado".
Don Ricardo recuerda el antiguo Hogar Insular de Niños que,
durante las primeras décadas del siglo XX, fue muy efectivo en
proveer a niños de familias pobres una formación académica y
un oficio.
"Personalidades destacadas, incluso figuras actuales dentro
de las Humanidades, salieron de este Hogar".
Otro tema que le preocupa es el de los deambulantes, en
especial los jóvenes. Sabe que es un problema muy complejo y
considera fundamental el papel de la sociedad civil en la
aportación de soluciones. "No podemos pensar que el Gobierno,
ya sea municipal o estatal, lo puede resolver en un momento".
Don Ricardo lamenta que actualmente por calidad de vida "se
haya interpretado casi todo en un afán materialista". Cree que
muchos de los problemas sociales provienen de querer equiparar
la posesión de bienes con el éxito. Asegura que la calidad de
vida se logra de muchas formas, siendo una de las más
importantes el orgullo del trabajo bien realizado. Para
ejemplificarlo nos cuenta cómo a mediados de la década del 50
comenzó a promover la producción artesanal como la fabricación
del cuatro, las tallas de santos o el tejido de hamacas, que
estaba desapareciendo.
"Me decían, y eso me dolía, que eran cosas del tercer
mundo, que nosotros no estamos para eso".
Hoy habla satisfecho del florecimiento de las artesanías y
las define como la explosión más importante de la expresión
cultural puertorriqueña por su impacto sobre las nuevas
generaciones. Tiene el privilegio de recibir a muchos de estos
jóvenes artesanos.
"Ya no es el santo como los hacían los viejos santeros,
sino otras versiones, veo en esos artesanos un orgullo en su
afán de producir, eso para mí es calidad de vida, no tienen
que tener el carro más costoso o beber el whisky más caro del
mundo, sino tener la satisfacción de estar produciendo algo".
Para don Ricardo hay muchas formas de mejorar la calidad de
vida. En el terreno educativo reitera su idea de las "escuelas
hogares". "Por lo menos se debe probar", insistió. También
urge a los líderes a promover la enseñanza de la historia y
cultura puertorriqueña en las nuevas generaciones, "les
ayudará a valorarse más, a pensar". También exhorta a
reconocer y valorar el trabajo de los maestros. "Deben seguir
siendo una figura importante dentro de los pueblos".
Empero que sus llamados no caen siempre en terreno fértil.
"Muchos políticos me dicen que nadie en la calle pide
cultura y sí que le arreglen las calles, las aceras".
Pero este humanista incansable está convencido de que
"saber de su historia y de su cultura da a las personas un
sentido de servicio, como lo vemos hoy más que nunca en los
Estados Unidos (tras los ataques terroristas)".
Para una mejor calidad de vida
• Impulso a la creación de "escuelas hogares" en zonas de
alta incidencia criminal.
• Fortalecimiento de la enseñanza de la historia y cultura
puertorriqueña en las escuelas y dar más prestigio a los
maestros.
• Apoyo económico a los centros culturales y a otras
organizaciones de la sociedad civil.
• Difusión del quehacer cultural de los puertorriqueños
dentro y fuera de la Isla.
Ficha biográfica
1921 - Nace en el Viejo San Juan, 14 de abril.
1942 - Se gradúa de la Universidad de Puerto Rico. Recibe
doctorado de la Universidad de Harvard.(1954)
1955 - Funda el Instituto de Cultura Puertorriqueña que
dirige hasta 1973. Catedrático de la Universidad de Puerto
Rico y director de su Museo de Antropología, Historia y Arte.
1977 - Dirige ad honorem el Centro de Estudios Avanzados de
Puerto Rico y el Caribe y el Museo de Las Américas (desde
1988), ambos fundados por él.
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