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Estaba frente a la ventana
silbando una canción sobre Ana...
-Ernest Hornung
I
Un duende con dolor de muela -parecía una calumnia
sobre este ser que tiene a su servicio tantos brujos y brujas, que pudiera
devorar barriles de azúcar sin ningún peligro; pero era cierto, era verdad-, un
duende pequeño y triste estaba sentado al lado de una estufa fría, que hacía
tiempo que había olvidado el fuego. Meneando rítmicamente su despeinada cabeza,
aguantaba la mejilla amarrada con un trapo, se quejaba lastimoso, como un niño;
en sus ojos, rojos y turbios, latía el sufrimiento.
Estaba lloviendo. Entré a esta casa abandonada para
escampar y lo vi; se le olvidó que tenía que desaparecer...
-Ahora da lo mismo -dijo él con voz parecida a la voz
de un loro, cuando el pájaro está en gracia-, de todas formas, nadie creerá que
me viste.
Después de hacer con mis dedos, por si acaso, los
cuernos de caracol, o sea “jettatura”, le respondí:
-No temas. No recibirás de mí ningún tiro con moneda de
plata, ni conjuros complicados. ...Pero la casa está vacía.
-Y, oh. Sin embargo, es tan difícil dejarla -objetó el
pequeño duende-. Atiéndeme. De acuerdo, te lo contaré. De todas formas me duele
la muela. Hablando me siento mejor. Mucho mejor... oh. Cariño, fue sólo una
hora, y por eso estoy trabado aquí. Tengo que comprender, sabes, qué fue lo que
pasó y por qué. Pero los míos, los míos -suspiró sollozando-. Los míos, bueno,
mejor dicho, los nuestros, hace tiempo están peinando colas de caballos del otro
lado de las montañas desde que se fueron de aquí, pero yo no puedo porque tengo
que comprender.
"Mira: el techo y las paredes están rotos. Ahora
imagínate que la cocina brilla con los calderos de cobre, que las cortinas son
blancas y transparentes, que en la casa hay más flores que en el bosque, que el
piso está encerado, que la estufa, donde estás sentado como si fuera una fría
piedra de cementerio, está al rojo vivo, que el almuerzo está hirviendo a
borbotones y huele riquísimo.
"Cerca de aquí había una cantera de piedra de granito.
En esta casa vivía un matrimonio, una pareja como pocas. El esposo se llamaba
Fílip y la esposa Anny. Ella tenía veinte años y él veinticinco. Mira, si esto
te gusta, ella era así mismo -entonces el duende arrancó una flor silvestre que
había crecido en una grieta de la ventana, en la tierra, acumulada con los años,
y me la ofreció-. Al esposo yo también lo quería, pero ella me gustaba más
porque no sólo era ama de casa; a nosotros, los duendes, nos encantan las cosas
que hacen que la gente se nos parezca. Ella intentaba pescar con las manos en el
arroyo, golpeaba la piedra grande que está en el cruce de caminos y escuchaba
cómo el sonido desaparecía poco a poco, se reía cuando veía un reflejo de luz
del sol en la pared. No te asombres, esto tiene magia, el gran conocimiento del
alma maravillosa, pero solamente nosotros, los de pies de chivo, podemos
comprender sus señales, los humanos no son tan perspicaces.
"-¡Anny! -gritaba contento el esposo cuando llegaba a
almorzar de la cantera, donde trabajaba en la oficina-, no vengo solo, Ralf
viene conmigo.
"Como el chiste se repetía casi a diario, Anny,
sonriendo y sin vacilar, servía la mesa para dos. Ellos se encontraban como si
estuvieran buscando uno al otro: ella salía corriendo a su encuentro y él la
traía en sus brazos.
"Por las noches él sacaba las cartas de Ralf, su amigo,
con quien pasó una parte de su vida antes de casarse, y las leía en voz alta.
Anny, apoyando su cabeza en los brazos, escuchaba las palabras ya conocidas
sobre el mar y el brillo de los rayos maravillosos del otro lado de nuestra gran
tierra, sobre los volcanes y las perlas, sobre las tormentas y las batallas en
la sombra de los frondosos bosques. Y cada una de estas palabras significaba
para ella una piedra, parecida a la del cruce de caminos, la que cantaba si uno
la golpeaba.
“-Él llegará pronto -decía Fílip-, vendrá por aquí
cuando su 'Sindbad' de tres mástiles entre al puerto de Gres. De allá es sólo
una hora por ferrocarril y otra hora de la estación para acá.
"A veces a Anny le interesaba algo de la vida de Ralf,
entonces Fílip le contaba emocionado sobre su valentía, sus caprichos, su
generosidad y su destino parecido a un cuento de hadas: la miseria, las vetas de
oro, la compra del barco y el encaje de grandes leyendas, tejido del aparejo, la
espuma del mar, el juego y el comercio, los peligros y los hallazgos. El eterno
juego. La eterna emoción. La eterna música del mar y la costa.
"Nunca los oí discutir, y yo lo oigo todo. No los vi
mirarse con frialdad, y yo lo veo todo. 'Tengo sueño' decía Anny y él la llevaba
a la cama, la acostaba y la arropaba como a un niño. Quedándose dormida ella
decía: 'Fil, ¿quién susurra en las copas de los árboles? ¿Quién camina por el
tejado? ¿De quién es la cara que veo en el arroyo a tu lado?' Él contestaba
preocupado: 'La urraca camina por el tejado, el aire susurra en los árboles, las
piedras brillan en el arroyo. Duérmete y no andes descalza.'
"Después él se sentaba a la mesa para terminar el
reporte de turno, luego se aseaba, preparaba la leña y se acostaba, se dormía
enseguida y si soñaba siempre olvidaba los sueños. Nunca golpeaba la piedra
cantante, la que está en el cruce de los caminos donde las hadas tejen del polvo
y de la luz de la luna sus alfombras maravillosas."
II
-Bueno, escucha.. Ya falta poco para terminar la
historia sobre tres personas que dejaron a este duende en un callejón sin
salida. Era un día de sol, toda la tierra florecía, cuando Fílip con una agenda
en la mano marcaba las lomas de granito, y Anny al regreso de la estación, a
donde fue de compras, se detuvo al lado de su piedra y como siempre la hacía
cantar con un golpe de la llave. Era un pedazo de roca que te llegaría a la
cintura. Si lo golpeabas sonaba un largo rato, el sonido se iba apagando, y
cuando pensabas que ya estaba callado le pegabas el oído y alcanzabas oír su voz
tenue desde el mismo corazón de la roca.
"Los caminos de nuestros bosques son como los jardines.
Su belleza te aprieta el corazón, las flores y las ramas encima de tu cabeza
miran entre los dedos al sol, que cambia de color porque los ojos se cansan de
mirarlo y terminan vagando sin rumbo; la luz, amarilla, lila y verde oscura, se
refleja en la arena blanca. El agua fría era lo mejor en un día como aquel.
"Anny se detuvo escuchando al bosque cantando en su
mismo pecho y empezó a golpear la piedra, sonriendo cuando una nueva ola del
sonido vencía el canto apagado. Así se entretenía ella pensando que no la veía
nadie pero un hombre salió del recodo del camino y se le acercó. Sus pasos se
volvieron más lentos hasta que se detuvo; ella todavía sonriente, lo miró, sin
inquietarse, sin dar un paso atrás, como si él siempre estuviera parado allí.
"Era trigueño, muy trigueño, el mar dejó en su cara el
resplandor de sus olas en movimiento. Pero este rostro era bello porque
reflejaba su alma, tierna y salvaje. Sus ojos oscuros miraban a Anny, su brillo
se tornaba más oscuro y fuerte, los ojos claros de la mujer brillaban mansos.
"Como tú comprenderás, yo no le perdía ni pie ni pisada
porque en el bosque hay serpientes.
"Hacía rato que la piedra estaba callada pero ellos
seguían mirándose, sonrientes, sin palabras, sin un sonido; luego él le tendió
la mano y ella -muy lentamente- le tendió la suya y las manos los unieron. Él
cogió su cabeza, con cuidado, con tanto cuidado que yo tenía miedo de respirar,
y la besó en la boca. Ella cerró los ojos.
"Después se separaron. Y la piedra seguía entre ellos.
Al ver a Fílip que se acercaba, Anny corrió a su encuentro.
"-Es Ralf; ya llegó.
"-Llegó, sí -tanta alegría no dejó que Fílip gritara
enseguida, pero al fin tiró el sombrero al aire y gritó abrazando al visitante-.
Ya viste a Anny, Ralf. Es ella.
"Su cara sólida del hombre bueno ardía de la emoción
del encuentro.
"-Te quedarás con nosotros, Ralf; te lo enseñaremos
todo. Hablaremos hasta hartarnos. Esta, mi amigo, es mi esposa, ella también te
estaba esperando.
"Anny puso la mano en el hombro su esposo y lo miró con
su mirada más grande, más cálida y más limpia, luego se volvió hacia el
visitante sin cambiar su expresión, como si los dos le fueran cercanos y
queridos de la misma forma.
"-Regresaré -dijo Ralf-. Fil, me confundí con tu
dirección, pensaba que este no era el camino. Por eso no traje mi equipaje.
Ahora mismo lo buscaré.
"En eso quedaron y se separaron. Esto es todo, cazador,
asesino de mis amigos, lo que sé sobre esto. Y no logro entenderlo. A lo mejor
tú me lo puedes explicar."
-¿Volvió Ralf?
-Lo esperaban, pero escribió desde la estación que se
encontró con un conocido que le propuso un negocio impostergable.
-¿Y ellos?
-Ellos murieron, murieron hace tiempo, hace unos
treinta años. Agua fría en un día caluroso. Primero se resfrió ella. Él iba
detrás del ataúd, todo canoso, después desapareció, dicen que se encerró en una
habitación con horno. ¿Pero eso que importa?... Me duelen las muelas y no acabo
de entender...
-Así es y será siempre -dije con respeto, sacudiendo en
gesto de despedida su patita peluda y sucia-. Solamente nosotros, los de los
cinco dedos, podemos comprender las señales del corazón, los duendes no son tan
perspicaces.
FIN |