|
¡Ah, si yo pudiera entrar hasta el mismo centro del mundo de mi niño para
elegir allí un placentero refugio! Sé que ese mundo tiene estrellas que le
hablan, y un cielo que desciende hasta su rostro y lo divierte con sus arcoiris
y sus fantásticas nubes.
Esos que parecen ser mudos e incapaces de un solo movimiento, se deslizan en
secreto a su ventana y le cuentan historietas y le ofrecen montones de juguetes
de brillantes colores.
¡Ah, si yo pudiera caminar por el sendero que cruza el espíritu de mi niño y
seguirlo aún más allá, más allá, fuera de todos los límites! Hasta donde
mensajeros sin mensaje van y vienen entre Estados de reyes sin historia, donde
la razón hace barriletes de sus leyes y los lanza al aire; donde la verdad
libera a las acciones de sus grilletes.
FIN
|