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¿Por qué lloras, hijo mío? ¡Qué malos son, pues siempre te regañan sin
motivo! Mientras escribías, te has manchado de tinta la cara y las manos; ¿por
esto te han llamado sucio? ¡Cómo se atreven! ¿Se les ocurrirá decir que la luna
nueva es sucia porque tiene la cara negra de tinta? Te acusan por cualquier
tontería, hijo mío; siempre están dispuestos a meter ruido por nada.
Jugando te rompiste tu vestido: ¿por esto te llaman destrozón? ¡Cómo se
atreven! ¿Qué dirían de la mañana de otoño que sonríe a través de las nubes
rasgadas? No te preocupen sus regañinas, hijo mío, ni la perfecta y minuciosa
cuenta que llevan de tus faltas.
Todos sabemos que te gustan los dulces. ¿Y por esto te llaman goloso? ¡Cómo
se atreven! Pues, ¿qué nombre nos darán a los que encontramos tanto gusto en
besarte?
FIN
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