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Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras
otro, son arrastrados por la corriente.
En ellos he escrito, con grandes letras negras, mi nombre y el nombre de mi
pueblo.
Confío en que alguien los encontrará, en un país lejano, y así sabrá quién
soy.
Cargo mis barquitos con flores de shiuli cogidas en nuestro jardín, y espero
que estas flores abiertas al amanecer tendrán la suerte de llegar al país de la
noche.
Después de haber echado al agua mis barcos de papel, levanto los ojos al
cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas blancas y combadas.
Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde el cielo, lanzándolas al viento,
para que compitan con mis barcos...
Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre mis brazos y sueño que mis
barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos, bajo la claridad de las
estrellas de la medianoche.
Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan por carga sus cestos llenos de
ensueños.
FIN
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