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El joven poeta le dijo a la princesa:
-Te amo.
-Yo también te amo, hijo mío -dijo la princesa.
-Yo no soy tu hijo. Soy un hombre y te amo.
-Soy la madre de hijos e hijas -respondió ella-, y ellos son padres y madres
de hijos e hijas; y uno de los hijos de mis hijos es mayor que tú.
El joven poeta protestó:
-Pero te amo.
No mucho después la princesa murió. Mas, antes de que su último suspiro fuera
recibido nuevamente por el gran suspiro de la tierra, ella dijo desde su alma:
-Mi bien amado, mi único hijo, mi joven poeta, llegará el día en que nos
encontremos de nuevo y yo no tendré setenta años.
FIN
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