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Había un lobo en la selva. Un día, cuando estaba afuera
paseando, encontró a un árbol que tenía unas hojas que parecían caras de
personas. Escuchó atentamente y pudo oír al árbol hablar.
El lobo se asustó y dijo:
-Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo
tan raro como un árbol hablante.
Tan pronto como hubo dicho estas palabras, alguna cosa
que no pudo ver lo golpeó y lo dejó inconsciente. No sabía durante cuánto tiempo
había estado allí tendido en el suelo, pero cuando despertó estaba demasiado
asustado para hablar. Se levantó inmediatamente y empezó a correr.
El lobo estuvo pensando acerca de lo que le había
ocurrido y se dio cuenta de que podía usar el árbol para su provecho. Se fue
paseando de nuevo y se encontró a un antílope. Le contó lo del árbol que
hablaba, pero el antílope no le creyó.
-Ven y lo verás tu mismo -dijo el lobo- pero cuando
llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras: "Hasta el día de
hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante". Si no
las dices, morirás.
El lobo y el antílope se acercaron hasta el árbol que
hablaba. El antílope dijo:
-Has dicho la verdad, lobo, hasta el día de hoy nunca
me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.
Tan pronto como dijo esto alguna cosa lo golpeó y lo
dejó inconsciente. El lobo cargó con él a su espalda y se lo llevó a casa para
comérselo. "Este árbol que habla solucionará todos mis problemas", pensó el
lobo. "Si soy inteligente nunca más volveré a pasar hambre."
Al día siguiente el lobo estaba paseando como de
costumbre. Al cabo de un rato se encontró con una tortuga. Le contó la misma
historia que le había contado al antílope, y la llevó hasta el lugar. La tortuga
se sorprendió cuando vio al árbol hablante.
-No creía que esto fuera posible -dijo- hasta el día de
hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.
Inmediatamente fue golpeada por algo que no pudo ver y
cayó inconsciente. El lobo la arrastró hasta su casa y la puso en una olla.
Pensó en hacer una estupenda sopa.
El lobo estaba orgulloso de sí mismo. Después del
antílope y la tortuga cazó un ave, un jabalí, y un ciervo. Nunca antes había
comido mejor. Siempre usaba la misma estrategia. Contaba a sus presas que debían
decir que nunca antes habían visto a un árbol hablar y que si no lo decían
morirían. Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y todos ellos quedaron
inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su casa. Era un plan
perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las estrellas el hecho
de haber encontrado a ese árbol. Esperaba comer como un rey durante el resto de
su vida.
Un día, que se sentía con algo de hambre, el lobo fue a
pasear de nuevo. Esta vez se encontró con una liebre. El lobo le dijo:
-Hermana liebre, he visto algo que tú no has visto
desde el tiempo de tus antepasados.
-Hermano mayor, ¿qué puede ser? -preguntó la liebre.
-He visto un árbol que habla en la selva -dijo el lobo.
Contó la misma historia de siempre a la liebre y se
ofreció para llevarla a ver ese árbol hablante. Fueron juntos hasta el lugar.
Cuando se acercaban al árbol el lobo le dijo:
-No olvides lo que te he contado.
-¿Qué me contaste? -preguntó la liebre.
-Lo que debes decir cuando llegues junto al árbol, o si
no , morirás -dijo el lobo.
-¡Oh!, sí -dijo la liebre-.
Y empezó a hablar con el árbol.
-¡Oh!, árbol, ¡oh!, árbol -dijo-. Eres un árbol
precioso.
.No, esto no -dijo el lobo.
-Perdona -dijo la liebre. Entonces habló de nuevo-.
Árbol, ¡oh!, árbol, nunca pensé que pudieras ser tan maravilloso.
-¡No, no! -dijo el lobo- no un árbol precioso, un árbol
hablante. Te dije que tenías que decir que nunca habías visto antes a un árbol
hablante.
Tan pronto como hubo dicho estas palabras, el lobo cayó
inconsciente. La liebre se fue andando y mirando hacia el árbol y el lobo. Luego
sonrió:
-Entonces, este era el plan del señor Lobo -dijo-. Se
pensaba que este lugar era un comedero y yo su comida.
La liebre se marchó y contó a todos los animales de la
selva el secreto del árbol que hablaba. El plan del lobo fue descubierto, y el
árbol, sin herir a nadie, continuó hablando solo.
FIN |