Había una vez un príncipe que no se reía nunca. Pero un
día, una mujer se dijo:
-Yo haré reír a ese príncipe; reír o llorar.
Y la mujer se vistió con harapos sujetos con una cuerda, se soltó el pelo y al
son de un tamboril fue a bailar delante del príncipe que estaba asomado al
balcón de su palacio. Se movió tanto bailando frenéticamente que, de repente, se
rompió la cuerda que sujetaba su ropa y se quedó completamente desnuda en medio
de la calle. Al verla, el príncipe se puso a reír a carcajadas. La mujer no
había previsto que pudiera caérsele la ropa. Cuando vio que el príncipe se reía
de ella dijo:
-Quiera Dios que no vuelva a reír nunca más antes de encontrar las tres naranjas
de amor.
A partir de ese momento, el príncipe se sintió muy triste. Un día se dijo:
-Quiero divertirme y reír. Iré a buscar las tres naranjas de amor allí donde se
encuentren.
Y se marchó en su búsqueda yendo de pueblo en pueblo. Una mañana, encontró a la
mujer que le había echado la maldición, pero no la reconoció.
-¿Adónde va usted? -le preguntó.
-Estoy buscando las tres naranjas de amor.
-Se encuentran muy lejos de aquí; tres perros las custodian al fondo de una
gruta. Vaya hacia el norte y la encontrará en el hueco de un montón de rocas.
El príncipe compró tres panes y volvió a ponerse en camino. Al final llegó a las
rocas que albergaban la gruta. En el momento en que iba a entrar en ella, un
perro apareció en la entrada gruñendo. El príncipe le arrojó un pan y siguió su
camino. A unos pasos de allí vio plantado delante de él otro perro; le arrojó el
segundo pan y pudo avanzar. Más lejos aún estaba el tercer perro. El príncipe le
lanzó el tercer pan y continuó su búsqueda. Mientras los perros se comían los
panes, él llegó a una sala en la que había una mesa de oro con tres cajas. Las
cogió y huyó. Cada una de ella contenía una naranja de amor. Después de haber
caminado muchas horas, se sentó bajo un fresno y se dijo:
-Voy a abrir una caja.
La abrió, y la naranja se puso a hablar:
-¡Agua! ¡agua! Si no bebo me voy a morir. ¡Agua, que me muero!
Pero el príncipe no tenía agua y la naranja murió. Volvió a ponerse en camino y
llegó a una posada donde pidió que le sirvieran de comer más una jarra de vino y
otra de agua. Abrió la segunda caja y la naranja se puso a hablar:
-¡Agua! ¡agua! Si no bebo me voy a morir. ¡Agua, que me muero!
Pero el príncipe en lugar de coger la jarra del agua cogió la de vino, la vertió
en la caja, y la naranja murió. Su camino lo condujo a una montaña por la que
corría un río; se detuvo allí y abrió la tercera caja. La naranja se puso a
hablar:
-¡Agua! ¡agua! Si no bebo me voy a morir. ¡Agua, que me muero!
-Esta vez -dijo el príncipe- no morirás por falta de agua.
Y arrojó la caja al río. Inmediatamente, se formó una nube de espuma sobre el
agua y salió de ella una princesa más bella que el sol. El príncipe se la llevó
consigo y se casó con ella en el primer pueblo que encontraron. Un año después,
el nacimiento de un hijo aumentó aún más su felicidad. Pero un día el príncipe
anunció a su esposa:
-Debemos regresar con mi familia; no le he dado ninguna noticia al rey mi padre
desde que dejé el palacio.
Se pusieron pues en camino y cuando llegaron a la entrada de la ciudad donde
vivía su padre, el príncipe le dijo a la princesa:
-Quédate sentada al pie de este árbol cerca de la fuente mientras yo voy a
anunciar nuestra llegada al rey mi padre. Volveré rápidamente a buscarte.
La princesa se sentó al pie del árbol con su hijo dormido en los brazos. Fue
entonces cuando pasó la mujer que le había lanzado la maldición al príncipe. Se
acercó a la fuente para beber y vio en el agua el reflejo de un rostro de
inconmensurable belleza. Se incorporó retrocediendo y dijo:
-¡Soy muy bella!
Se acercó poco a poco a la fuente y vio que el agua seguía reflejando el mismo
rostro, más resplandeciente que nunca. Retrocedió de nuevo repitiendo:
-¡Soy muy bella!
Fue entonces cuando al acercarse por tercera vez a la fuente vio que el rostro
reflejado en el agua era el de la princesa. Y le preguntó:
-¿Qué hacéis aquí?
-Estoy esperando al príncipe, mi esposo.
-¡Qué hermoso niño tenéis! Dejádmelo un poco, lo atenderé mientras vos
descansáis.
De mala gana, la princesa le tendió el niño a la mujer. Fue entonces cuando ésta
dijo:
-¡Qué hermosos cabellos tenéis, princesa! Son sin duda más finos que la seda.
Pero estáis algo despeinada.
Y, al tiempo que hacía como que le arreglaba su moño, le clavó un alfiler en la
cabeza; la princesa quedó transformada en paloma. La mujer, que era una bruja,
adoptó el aspecto de la princesa, puso al niño sobre sus rodilla y se sentó al
pie del árbol esperando al príncipe. Cuando éste regresó, le dijo a la que creía
su esposa:
-Se diría que tu rostro ha cambiado.
-Debe ser a causa del sol que me ha oscurecido la piel; pero desaparecerá tan
pronto como haya descansado de la fatiga del viaje. Vamos.
Se dirigieron hacia el palacio real. Poco tiempo después falleció el rey, su
hijo heredó el trono y, en consecuencia, la bruja se convirtió en reina.
Durante todo ese tiempo, la paloma venía cada mañana a revolotear por el huerto
del rey; se posaba en un árbol, se comía una fruta y decía:
-Jardinero del rey, ¿qué hacen el rey y la reina?
-Comen, beben y descansan a la sombra.
-¿Y el niño? ¿qué hace?
-Unos ratos canta y otros llora.
-¡Pobre amor de su madre que vaga sola por la montaña!
Un día, el jardinero le repitió al rey la conversación que tenía todas las
mañanas con la paloma. El rey le ordenó atrapar al ave para dársela al niño.
Desde el momento en que la paloma estuvo en palacio, la reina quiso matarla. El
niño pasaba largas horas jugando con ella. Un día, observó que el animal se
rascaba sin cesar la cabeza con una pata. Le miró y encontró un alfiler que allí
estaba clavado. Se lo arrancó y, al instante, la paloma se transformó en reina.
El niño rompió a llorar pero la reina le dijo:
-No llores, hijo mío, porque yo soy tu madre.
Cogió al niño y lo cubrió de besos. En ese momento llegó el rey y cayó en brazos
de la reina. Ésta le contó que había sido hechizada por la bruja junto a la
fuente.
La bruja fue quemada en la plaza pública y el rey y la reina vivieron felices
por mucho tiempo.FIN |
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