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Un León fingía que estaba enfermo: con este engaño hacía
venir a su cueva a todos los animales, y cuando los tenía allí los mataba.
Llegó también la zorra; pero, no fiándose, dijo desde
afuera al león que sentía mucho su enfermedad. El león , viendo que no entraba,
dijo:
-¿Por qué no entras? ¿Recelas por ventura de mí, cuando
estoy tan débil que, aunque quisiera, no me sería posible hacerte daño? Entra,
pues, como los demás.
-Esto es -respondió la zorra- lo que me infunde recelo:
que veo aquí seguramente las huellas de los que han entrado, pero no veo las de
los que han salido.
No se debe fiar ciegamente en lo que
nos dicen; se debe juzgar
las palabras según sean las obras de la persona que
las pronuncia. |