Una encina y una caña por su
resistencia discutían. Levantose un fuertísimo viento y la caña, como se curvaba
e inclinaba ante el soplo de aquel, consiguió librarse de ser arrancada de raíz,
mientras que la encina, por resistirse, fue arrancada de cuajo.
La fábula muestra que no conviene
rivalizar ni resistirse a los que son más fuertes.