Viéndose un atún perseguido por un delfín, huía con gran estrépito. A punto
de ser cogido, la fuerza de su salto lo arrojó, sin darse cuenta, sobre la
orilla. Llevado por el mismo impulso, el delfín también terminó en el mismo
sitio. Se volvió el atún y vio al delfín exhalando el último suspiro.
-No me importa morir -dijo-, porque veo morir conmigo al causante de mi
muerte.
Sufrimos menos las desgracias compartidas con
el causante.
Durante más de
cuatrocientos años la paternidad del telescopio, el instrumento que
transformó nuestra visión del universo, ha estado en disputa. ¿Lo inventó
el italiano Galileo Galilei? ¿El alemán Hans Lippershey? ¿O los holandeses
Zacarías Janssen y Jacobo Metius?