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-Hijo mío -decía el Rey Padre-, no debes preferir nunca la
justicia humana a la divina justicia. -Entonces,
oh padre -respondió el Príncipe-, quiero comer esta noche en la mesa de mis
sirvientes.
Frunció el Rey el entrecejo y
apuntó:
-Pero no olvides que tu misión comprende el mantenerte
en cierta posición sobre tus súbditos, para que éstos no olviden que has sido
dado a ellos como Rey y Señor por la Justicia Divina.
-En tal caso -repuso el joven Príncipe-, la Justicia
Divina no es la Justicia del Bien.
FIN |