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Allá en tiempos muy remotos, un día de los más
calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula
en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar,
precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del
Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía
mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que
los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta,
evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos
dulces y armoniosos.
Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy
viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de
que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.
FIN |