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EL espíritu de investigación no tiene límites. En los
Estados Unidos y en Europa han descubierto a últimas fechas que existe una
especie de monos hispanoamericanos capaces de expresarse por escrito, réplicas
quizá del mono diligente que a fuerza de teclear una máquina termina por
escribir de nuevo, azarosamente, los sonetos de Shakespeare. Tal cosa, como es
natural, llena estas buenas gentes de asombro, y no falta quien traduzca
nuestros libros, ni, mucho menos, ociosos que los compren, como antes compraban
las cabecitas reducidas de los jíbaros. Hace más de cuatro siglos que fray
Bartolomé de las Casas pudo convencer a los europeos de que éramos humanos y de
que teníamos un alma porque nos reíamos; ahora quieren convencerse de lo mismo
porque escribimos. FIN |
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