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Cuento XXXI
[Cuento: Texto completo]

Juan Manuel

Lo que ocurrió entre los canónigos y los franciscanos en París

Otro día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero y le dijo:

-Patronio, un amigo mío y yo querríamos hacer alguna cosa muy provechosa y de mucha honra para los dos; yo podría hacerla ya, pero no me atrevo hasta que venga él. Por el buen entendimiento que os concedió Dios, os pido vuestro consejo en este asunto.

-Señor conde -dijo Patronio-, para que hagáis lo que me parece más provechoso, me gustaría contaros lo que ocurrió a los canónigos y a los frailes franciscanos en París.

El conde le pidió que se lo contara.

-Señor conde -dijo Patronio-, los canónigos decían que, como ellos eran cabeza de la Iglesia, debían tocar las horas antes que nadie. Los frailes alegaban, por su parte, que ellos debían estudiar, levantarse a maitines y que no podían perder horas de estudio. Alegaron, además, que, estando exentos de obediencia al obispo, no tenían por qué esperar a nadie.

»El pleito duró mucho tiempo y costó mucho dinero a las dos partes, por los abogados y por llevar el asunto a Roma. Al fin, un nuevo papa encargó de esto a un cardenal y le ordenó que fallara el pleito inmediatamente.

»El cardenal hizo que le entregaran el sumario del proceso, que era tan grande que verlo daba espanto. Cuando el cardenal tuvo delante todo el sumario, citó a ambas partes para que vinieran a escuchar la sentencia y, cuando, personadas las partes, estaban delante del tribunal, el cardenal mandó destruir todos los papeles y les dijo así:

»-Amigos, este pleito ha durado mucho, habéis gastado en él mucho dinero y os habéis hecho mucho daño; como yo no quiero dilatarlo, sentencio que el que se despierte antes, taña antes.

Y vos, señor conde Lucanor, si la cosa es conveniente para ambos, y vos solo la podéis hacer, os aconsejo que la hagáis sin demora, pues muchas veces se pierden las buenas empresas por aplazarlas y después, cuando querríamos hacerlas, ya no es posible.

Con esta historia, el conde se sintió bien aconsejado, lo hizo así y le salió muy bien.

Y viendo don Juan que este cuento era bueno, lo mandó poner en este libro e hizo estos versos, que dicen así:

Si algo muy provechoso tú puedes hacer
no dejes que con el tiempo se te pueda perder.

FIN

 

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10 Nov 2010

El silencio de Galileo

  • Genial. Universidad de Georgetown, Estados Unidos
  • Pone patas arriba las concepciones actuales. Punto de Libro, España
  • Fascinante. El Comercio, Ecuador
  • Sobresaltante. El Nacional, República Dominicana
  • Arrincona la verdad. Prensa, Panamá
  • Fascinante. El Nuevo Día, Puerto Rico
  • Narración ágil que atrapa. Veintitrés, Argentina

 
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Luis López Nieves

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