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Lo que sucedió a don Pedro Meléndez de Valdés cuando se rompió una pierna
Otro día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:
-Patronio, como vos sabéis, estoy en litigio con un señor, vecino mío y muy
poderoso. Ambos hemos acordado ir a una villa y el que primero llegue se quedará
con ella, pero el otro la perderá. Sabéis también que ya está preparada toda mi
gente y que, si yo fuese el primero, con la ayuda de Dios, estoy seguro de que
conseguiría mucha honra y gran provecho; pero como no estoy muy sano, veo que no
puedo hacerlo y por eso estoy muy preocupado, y, aunque perder esa villa me
duele mucho, sinceramente os digo que para mí será peor que él acreciente su
poder y su honra. Por la confianza que tengo en vos, os ruego que me digáis lo
que en estas circunstancias debo hacer.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, aunque tenéis razón al lamentaros, para
que en casos como este hagáis siempre lo mejor, me gustaría que supierais lo que
le sucedió a don Pedro Meléndez de Valdés.
El conde pidió que le contara lo sucedido.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, era don Pedro Meléndez de Valdés un
caballero distinguido del reino de León, que, cuando tenía una contrariedad,
siempre decía así: «Bendito sea Dios, pero pues Él lo ha hecho será por mi
bien».
»Y debéis saber que don Pedro Meléndez era consejero del rey de León y
privado suyo, por lo cual sus enemigos, movidos por la envidia, lo acusaron ante
el rey de crímenes tan graves que el monarca decidió mandarle matar.
»Estando don Pedro Meléndez en su casa, le llegó una orden del rey mandándole
ir a palacio inmediatamente. Sabed que quienes lo habían de matar lo estaban
esperando a media legua de su casa. Cuando don Pedro Meléndez fue a coger su
caballo para ir junto al rey, cayó por una escalera y se rompió una pierna; por
lo cual sus sirvientes y acompañantes se sintieron muy disgustados y empezaron a
echarle en cara su confianza en Dios, diciéndole:
»-¡Vaya, don Pedro Meléndez! ¡Vos, que decís que lo que Dios hace es siempre
por vuestro bien, tomad el que Dios ahora os envía!
»Pero él les dijo que estuvieran seguros de que, aunque esta desgracia les
molestara mucho, ya verían como era por su bien, pues Dios la había mandado. Y
por mucho que insistieron, no pudieron cambiar su actitud.
»Los que le esperaban para darle muerte por orden del rey, cuando vieron que
don Pedro no llegaba y se enteraron de lo sucedido, volvieron a palacio y allí
contaron al rey por qué sus órdenes no se habían cumplido.
»Durante mucho tiempo estuvo don Pedro Meléndez sin poder cabalgar y en este
tiempo supo el rey que las acusaciones contra don Pedro eran totalmente falsas,
por lo cual hizo prender a sus calumniadores. Luego fue a visitar a don Pedro,
le contó las infamias que habían levantado contra él, su resolución de darle
muerte y, finalmente, le pidió perdón por los errores que había cometido y le
concedió nuevos honores y mercedes para compensarle. Después mandó ejecutar en
su presencia a quienes falsamente habían acusado a don Pedro.
»Y así libró Dios a don Pedro Meléndez de perder la fama y aun la propia
vida, resultando ciertas las palabras que solía decir: «Lo que Dios nos envía
siempre es lo mejor».
»Y vos, señor Conde Lucanor, no os lamentéis por esta contrariedad que ahora
padecéis, pues debéis saber que todo lo que Dios hace es para bien nuestro, y si
así lo creéis Él os ayudará en todo momento. Pero debéis saber, además, que las
cosas que nos suceden son de dos clases: unas las podemos remediar cuando
ocurren; otras no tienen solución alguna. En las primeras debemos hacer cuanto
podamos para hallar una solución, sin dejarlo todo en las manos de la
Providencia o de la suerte, porque esto sería tentar a Dios, ya que, al tener el
hombre entendimiento y razón, ha de intentar remediar cuantas contrariedades y
desdichas le puedan sobrevenir. Sin embargo, en las cosas en que no es posible
poner remedio, debemos pensar que, al ocurrir por voluntad de Dios, será por
nuestro bien. Como esa enfermedad de la que me habláis es de las cosas que Dios
manda y que no podemos remediar, pensad que, si viene de Él, será lo mejor que
pueda ocurriros, que ya Dios dispondrá que todo salga como deseáis.
El conde pensó que Patronio le decía la verdad y le daba un buen consejo,
obró así y le fue muy bien.
Y como don Juan vio que este era un buen cuento, lo hizo escribir en este
libro e hizo los versos que dicen así:
No te quejes por lo que Dios hiciere
pues será por tu bien cuando Él quisiere.
FIN |