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Lo que
contesçió a un rey christiano que era muy poderoso et muy soberbioso
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et díxole assí:
-Patronio, muchos omnes me dizen que una de las cosas porque el omne se
puede ganar con Dios es por seer omildoso; otros me dizen que los omildosos son
menospreçiados de las otras gentes et que son tenidos por omnes de poco esfuerço
et de pequeño coraçón, et que el grand señor, quel’ cumple et le aprovecha ser
sobervio. Et porque yo sé que ningún omne non entiende mejor que vós lo que deve
fazer el grand señor, ruégovos que me consejedes cuál destas dos cosas me es
mejor, o que yo devo más fazer.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós entendades qué es en esto
lo mejor et vos más cumple de fazer, mucho me plazería que sopiéssedes lo que
conteçió a un rey christiano que era muy poderoso et muy sobervioso.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, en una tierra de que me non acuerdo el nombre,
avía un rey muy mançebo et muy rico et muy poderoso, et era muy soberbio a grand
maravilla; et a tanto llegó la su sobervia, que una vez, oyendo aquel cántico de
sancta María que dize: «Magnificat anima mea dominum», oyó en él un viesso que
dize: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles»;
que quier decir: «Nuestro señor Dios tiró et abaxó los poderosos sobervios del
su poderío et ensalçó los omildosos.» Cuando esto oyó, pesól’ mucho et mandó por
todo su regno que rayessen este viesso de los libros, et que pusiessen en aquel
lugar: «Et exaltavit potentes in sede et humiles posuit in natus»; que quiere
dezir: «Dios ensalçó las siellas de los sobervios poderosos et derribó los
omildosos.»
Esto pesó mucho a Dios, et fue muy contrario de lo que dixo sancta
María en este cántico mismo; ca desque vio que era madre del fijo de Dios que
ella conçibió et parió, seyendo et fincando siempre virgen et sin ningún
corrompimiento, et veyendo que era señora de los çielos et de la tierra, dixo de
sí misma, alabando la humildat sobre todas las virtudes: «Quia respexit
humilitatem ancille sue ecce enim ex hoc benedictam me dicent omnes
generationes»; que quiere dezir: «Porque cató el mi señor Dios la omildat de mí,
que só su sierva, por esta razón me llamarán todas las gentes bien aventurada.»
Et assí fue, que nunca ante nin después, pudo seer ninguna muger bien
aventurada; ca por las vondades, et señaladamente por la su grand omildat,
meresçió seer madre de Dios et reina de los çielos et de la tierra et seer
Señora puesta sobre todos los choros de los ángeles.
Mas al rey sobervioso conteçió muy contrario desto: ca un día ovo talante de
ir al vaño et fue allá muy argullosamente con su compaña. Et porque entró en el
vaño, óvose a desnuyar et dexó todos sus paños fuera del vaño. Et estando él vañándose, envió nuestro señor Dios un ángel al vaño, el cual,
por la virtud et por la voluntad de Dios, tomó la semejança del rey et salió del
vaño et vistióse los paños del rey et fuéronse todos con él para’l alcáçar. Et dexó a la puerta del vaño unos pañizuelos muy biles et muy rotos, como
destos pobrezuelos que piden a las puertas.
El rey, que fincava en el vaño non sabiendo desto ninguna cosa, cuando
entendió que era tiempo para salir del vaño, llamó a aquellos camareros et
aquellos que estavan con él. Et por mucho que llos llamó, non respondió ninguno
dellos, que eran idos todos, cuidando que ivan con el rey. Desque vio que non le
respondió ninguno, tomól’ tan grand saña, que fue muy grand marabilla, et
començó a jurar que los faría matar a todos de muy crueles muertes.
Et teniéndose por muy escarnido, salió del vaño desnuyo, cuidando que
fallaría algunos de sus omnes quel’ diessen de vestir. Et desque llegó do él cuidó fallar algunos de los suyos, et non falló ninguno, començó a catar del un cabo et del otro del vaño, et non falló a omne del mundo
a qui dezir una palabra.
Et andando assí muy coitado, et non sabiendo qué se fazer, vio aquellos
pañiziellos viles et rotos que estavan a un rancón et pensó de los vestir et que
iría encubiertamente a su casa et que se vengaría muy cruelmente de todos los
que tan grand escarnio le avían fecho. Et vistiósse los paños et fuesse muy
encubiertamente al alcáçar, et cuando ý llegó, vio estar a la puerta uno de los
sus porteros que conosçía muy bien que era su portero, et uno de los que fueran
con él al vaño, et llamól’ muy passo et díxol’ quel’ avriesse la puerta et le
metiesse en su casa muy encubiertamente, porque non entendiesse ninguno que tan
envergonçadamente vinía.
El portero tenía muy buena espada al cuello et muy buena maça en la mano et
preguntól’ qué omne era que tales palabras dizía. Et el rey le dixo:
-¡A, traidor! ¿Non te cumple el escarnio que me feziste tú et los otros en
me dexar solo en el vaño et venir tan envergonçado como vengo? ¿Non eres tú
fulano, et non me conosçes cómo só yo el rey, vuestro señor, que dexastes en el
vaño? Ábreme la puerta, ante que venga alguno que me pueda conoscer, et sinon
seguro sey que yo te faré morir mala muerte et muy cruel.
Et el portero le dixo:
-¡Omne loco, mesquino!, ¿qué estás diziendo? Ve a buena ventura et non digas
más estas locuras, sinon yo te castigaré bien como a loco, ca el rey pieça ha
que vino del vaño, et viniemos todos con él, et ha comido et es echado a dormir,
et guárdate que non fagas aquí roído por quel’ despiertes.
Cuando el rey esto oyó, cuidando que gelo dizía faziendo escarnio, començó a
rabiar de saña et de malenconía, et arremetiósse a él, cuidándol’ tomar por los
cabellos. Et de que el portero esto vio, non le quiso ferir con la maça, mas
diol’ muy grand colpe con el mango, en guisa quel’ fizo salir sangre por muchos
lugares. De que el rey se sintió ferido et vio que el portero tenié buena espada
et buena maça et que él non tenié ninguna cosa con quel’ pudiesse fazer mal, nin
aun para se defender, cuidando que el portero era enloqueçido, et que si más le
dixiesse quel’ mataría por aventura, pensó de ir a casa
del su mayordomo et de encobrirse ý fasta que fuesse guarido, et después que
tomaría vengança de todos aquellos traidores que tan grant escarnio le avían
traído.
Et desque llegó a casa de su mayordomo, si mal le contesçiera en su casa con
el portero, muy peor le acaesçió en casa de su mayordomo.
Et dende, fuesse lo más encubiertamente que pudo para casa de la reina, su
muger, teniendo çiertamente que todo este mal quel’ vinía porque aquellas gentes
non le conoscían; et tenié sin duda que cuando todo el mundo le desconosçiese,
que non lo desconosçería la reina, su muger. Et desque llegó ante ella et le
dixo cuánto mal le avían fecho et cómo él era el rey, la reina, reçellando que
si el rey, que ella cuidava que estava en casa, sopiesse que ella oyé tal cosa,
quel’ pesaría ende, mandól’ dar muchas palancadas, diziéndol’ quel’ echassen de
casa aquel loco quel’ dizía aquellas locuras.
El rey, desaventurado, de que se vio tan mal andante, non sopo qué fazer et
fuesse echar en un ospital muy mal ferido et muy quebrantado, et estudo allí
muchos días. Et cuando le aquexaba la fanbre, iba demandando por las puertas, et
diziéndol’ las gentes, et fiziéndol’ escarnio, que cómo andava tan lazdrado
seyendo rey de aquella tierra. Et tantos omnes le dixieron esto et tantas vezes
et en tantos logares, que ya él mismo cuidava que era loco et que con locura
pensava que era rey de aquella tierra. Et desta guisa andudo muy grant tiempo,
teniendo todos los quel’ conosçían que era loco de una locura que contesçió a
muchos, que cuidan por sí mismo que son otra cosa o que son en otro estado.
Et estando aquel rey en tan grand mal estado, la vondat et la piadat de Dios -que siempre quiere [la] pro de los pecadores et los acarrea a la manera
como se pueden salvar, si por grand su culpa non fuere-, obraron en tal guisa,
que el cativo del rey, que por su sobervia era caído en tan grant perdimiento et
a tan grand abaxamiento, començó a cuidar que este mal quel’ viniera, que fuera
por su pecado et por la grant sobervia que en él avía, et, señaladamente, todo
que era por el viesso que mandara raer del cántico de sancta María que desuso es
dicho, que mudara con grant sobervia et por tan grant locura. Et desque esto fue
entendiendo, començó a aver atan grant dolor et tan grant repentimiento en su
coraçón, que omne del mundo non lo podría dezir por la voca; et era en tal
guisa, que mayor dolor et mayor pesar avía de los yerros que fiziera contra
nuestro Señor, que del regno que avía perdido, et vio
cuanto mal andante el su cuerpo estaba, et por ende, nunca al fazía sinon llorar
et matarse et pedir merçed a nuestro señor Dios quel’ perdonasse sus pecados et
quel’ oviesse merçed al alma. Et tan grant dolor avía de sus pecados, que
solamente nunca se acordó nin puso en su talante de pedir merçed a nuestro señor
Dios quel’ tornasse en su regno nin en su onra; ca todo esto preçiava él nada,
et non cobdiciava otra cosa sinon aver perdón de sus pecados et poder salvar el
alma.
Et bien cred, señor conde, que cuantos fazen romerías et ayunos et limosnas
et oraciones o otros bienes cualesquier porque Dios les dé o los guarde o los acresçiente en la salud de los cuerpos o en la onra o en los vienes
temporales, yo non digo que fazen mal, mas digo que si todas estas cosas
fiziessen por aver perdón de todos sus pecados o por aver la gracia de Dios, la
cual se gana por buenas obras et buenas entençiones sin ipocrisía et sin infinta
que serié muy mejor, et sin dubda avrién perdón de sus pecados et abrían la
gracia de Dios: ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el coraçón
quebrantando et omillado et la entençión buena et derecha.
Et por ende, luego que por la merçed de Dios el rey se arrepentió de su
pecado et Dios vio el su gran repentimiento et la su buena entención, perdonól’
luego. Et porque la voluntad de Dios es tamaña que non se puede medir, non tan
solamente perdonó todos sus pecados al rey tan pecador, mas ante le tornó su
regno et su onra más complidamente que nunca la oviera, et fízolo por esta
manera:
El ángel que estava en logar de aquel rey et tenié la su figura llamó un
su portero et díxol’:
-Dízenme que anda aquí un omne loco que dize que fue rey de aquesta tierra,
et dize otras muchas buenas locuras; que te vala Dios, ¿qué omne eso qué cosas dize?
Et acaesçió assí por aventura, que el portero era aquél que firiera al rey el
día que se demudó cuando salió del vaño. Et pues el ángel, quel cuidava ser el
rey, gelo preguntava, contól’ todo lo quel’ contesçiera con aquel loco, et
contól’ cómo andavan las gentes riendo et trebejando con él, oyendo las locuras
que dizié. Et desque esto dixo el portero al rey, mandól’ quel’ fuesse llamar et
gelo troxiesse. Et desque el rey que andava por loco vino ante el ángel que
estava en lugar de rey, apartósse con él et díxol’:
-Amigo, a mí dizen que vós que dezides que sodes rey desta tierra, et que lo
perdiestes non sé por cuál mala ventura et por qué ocasión. Ruégovos, por la fe
que devedes a Dios, que me digades todo como cuidades que es, et que non me
encubrades ninguna cosa, et yo vos prometo a buena fe que nunca desto vos venga
daño.
Cuando el cuitado del rey que andava por loco et tan mal andante oyó dezir
aquellas cosas aquél que él cuidava que era rey, non sopo qué responder; ca de
una parte ovo miedo que gelo preguntava por lo sosacar, et si dixiesse que era
rey quel’ mataría et le faría más mal andante que cuanto era, et por ende
començó a llorar muy fieramente et díxole, como omne que estava muy coitado:
-Señor, yo non sé lo que vos responder a esto que me dezides, pero porque
entiendo que me sería ya tan buena la muerte como la vida (et sabe Dios que non
tengo mientes por cosa de bien nin de onra en este mundo), non vos quiero
encobrir ninguna cosa de como lo cuido en mi coraçón. Dígovos, señor, que yo veo
que só loco, et todas las gentes me tienen por tal et tales obras me fazen que
yo por tal manera ando grand tiempo a en esta tierra. Et como quier que alguno
errasse, non podría seer, si yo loco non fuesse, que todas las gentes, buenos et
malos, et grandes et pequeños, et de grand entendimiento et de pequeño, todos me
toviessen por loco; pero, como quier que yo esto veo et entiendo que es assí,
çiertamente la mi entençión et la mi crençia es que yo fuy rey desta tierra et
que perdí el regno et la gracia de Dios con grand derecho por mios pecados, et,
señaladamente, por la grand sobervia et grand orgullo que en mí avía.
Et entonce contó, con muy grand cuita et con muchas lágrimas, todo lo quel’
contesçiera, tanbién del viesso que fiziera mudar, como los otros pecados. Et pues el ángel que Dios enviara tomar la su figura et estava por rey
entendió que se dolía más de los yerros en que cayera que del regno et de la
onra que avía perdido, díxol’ por mandado de Dios:
-Amigo, dígovos que dezides en todo muy grand verdat, que vós fuestes rey
desta tierra, et nuestro señor Dios tiróvoslo por estas razones mismas que vós
dezides, et envió a mí, que só su ángel, que tomasse vuestra figura et
estudiesse en vuestro lugar. Et porque la piadat de Dios es tan complida, et non
quiere del pecador sinon que se arrepienta verdaderamente, este prodigio verdaderamente amostró dos cosas para seer el repentimiento
verdadero: la una es que se arrepienta para nunca tornar aquel pecado; et la
otra, que sea el repentimiento sin infinta. Et porque el nuestro señor Dios
entendió que el vuestro repentimiento es tal, avos perdonado, et mandó a mí que
vos tornasse en vuestra figura et vos dexasse vuestro regno. Et ruégovos et
conséjovos yo que entre todos los pecados vos guardedes del pecado de la
sobervia; ca sabet que de los pecados en que, segund natura, los omnes caen, que
es el que Dios más aborreçe, ca es verdaderamente contra Dios et contra el su
poder, et siempre que es muy aparejado para fazer perder el alma. Seed çierto
que nunca fue tierra, nin linage, nin estado, nin persona en que este pecado
regnasse, que non fuesse desfecho o muy mal derribado.
Cuando el rey que andava por loco oyó dezir estas palabras del ángel, dexósse
caer ante él llorando muy fieramente, et creyó todo lo quel’ dizía et adoról’
por reverençia de Dios, cuyo ángel mensagero era, et pidiól’ merçed que se non
partiesse ende fasta que todas las gentes se ayuntassen porque publicasse este
tan grand miraglo que nuestro señor Dios fiziera. Et el ángel fízolo assí. Et
desque todos fueron ayuntados, el rey predicó et contó todo el pleito como
passara. Et el ángel, por voluntat de Dios, paresçió a todos manifiestamente et
contóles esso mismo.
Entonçe el rey fizo cuantas emiendas pudo a nuestro señor Dios; et entre las
otras cosas, mandó que, por remembrança desto, que en todo su regno para siempre
fuesse escripto aquel viesso que él revesara con letras de oro. Et oí dezir que oy en día assí se guarda en aquel regno. Et esto acabado,
fuesse el ángel para nuestro señor Dios quel’ enviara, et fincó el rey con sus
gentes muy alegres et muy bien andantes. Et dallí adelante fue el rey muy bueno
para serviçio de Dios et pro del pueblo et fizo muchos buenos fechos porque ovo
buena fama en este mundo et meresçió aver la gloria del Paraíso, la cual Él nos
quiera dar por la su merçed.
Et vós, señor conde Lucanor, si queredes aver la gracia de Dios et buena fama
del mundo, fazet buenas obras, et sean bien fechas, sin infinta et sin
ipocrisía, et entre todas las cosas del mundo vos guardat de sobervia et set
omildoso sin beguenería et sin ipocrisía; pero la humildat, sea siempre
guardando vuestro estado en guisa que seades omildoso, mas non omillado. Et los poderosos sobervios nunca fallen en vos humildat con mengua, nin con vençimiento, mas todos los que se vos omillaren fallen en
vos siempre omildat de vida et de buenas obras complida.
Al conde plogo mucho con este consejo, et rogó a Dios quel’ endereçasse por
quel’ pudiesse todo esto complir et guardar.
Et porque don Johan se pagó mucho además deste enxiemplo, fízolo poner en
este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Los derechos omildosos Díos
mucho los ensalça,
a los que son sobervios fiérelos peor que maça.
Et la estoria deste enxiemplo es ésta que se sigue.
FIN |