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De lo que
contesçió al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su muger
Un día fablava el
conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta manera:
-Patronio, a mí contesçe con un omne assí: que muchas vezes me ruega et me
pide quel’ ayude et le dé algo de lo mío; et comoquier que cuando fago aquello
que él me ruega, da a entender que me lo gradesçe, luego que otra vez me pide
alguna cosa, si lo non fago assí como él quiere, luego se ensaña et da a
entender que non me lo gradesçe et que a olbidado todo lo que fiz por él. Et por
el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes en qué manera
passe con este omne.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, a mí paresçe que vos contesçe con este
omne segund contesçió al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su muger.
El conde preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, el rey Abenabet era casado con Ramaiquía et
amávala más que cosa del mundo; et ella era muy buena muger et los moros an
della muchos buenos exiemplos; pero avía una manera que non era muy buena: esto
era que a las vezes tomava algunos antojos a su voluntad.
Et acaesçió que un día, estando en Córdova en el mes de febrero, cayó una
nieve; et cuando Ramaiquía la vio, començó a llorar. Et preguntól’ el rey por
qué llorava.
Et ella díxol’ que por que nunca la dexava estar en tierra que viesse nieve.
Et el rey, por le fazer plazer, fizo poner almendrales por toda la xierra de
Córdova; porque pues Córdova es tierra caliente et non nieva ý cada año, que en
el febrero paresciessen los almendrales floridos, que semejan nieve, por le
fazer perder el deseo de la nieve.
Otra vez, estando Ramaiquía en una cámara sobre el río, vio una muger
descalça bolviendo lodo cerca el río para fazer adobes; et cuando Ramaiquía lo
vio, començó a llorar; et el rey preguntól’ por qué llorava. Et ella díxol’ que
porque nunca podía estar a su guisa, siquier faziendo lo que fazía aquella
muger.
Entonçe, por le fazer plazer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella
grand albuhera de Córdova en logar de agua, et en lugar de tierra, fízola fenchir de açúcar et de canela et de gengibre et espic et
clavos et musgo et ambra et algalina, et de todas buenas espeçias et buenos
olores que pudían seer; et en lugar de paja, poner cañas de açúcar. Et desque
destas cosas fue llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer,
dixo el rey a Ramaiquía que se descalçase et que follasse aquel lodo et que
fiziesse adobes del cuantos quisiesse.
Otro día, por otra cosa que se le antojó, començó a llorar; et el rey
preguntól’ por qué lo fazía.
Et ella díxol’ que cómo non lloraría, que nunca fiziera el rey cosa por le
fazer plazer. Et el rey veyendo que, pues tanto avía fecho por le fazer plazer
et conplir su talante, et que ya non sabía qué pudiesse fazer más, díxol’ una
palabra que se dize en el algaravía desta guisa: «v. a. le mahar aten?», et
quiere dezir: «¿Et non el día del lodo?», como diziendo que pues las otras cosas
olvidava, que non devía olvidar el lodo que fiziera por le fazer plazer.
Et vés, señor conde, si veedes que por cosa que por aquel omne fagades, que
si non le fazedes todo lo ál que vos dize, que luego olvida et desgradesçe todo
lo que por él avedes fecho, conséjovos que non fagades por él tanto que se vos
torne en grand daño de vuestra fazienda. Et a vos, otrosí, conséjovos que, si
alguno fiziesse por vos alguna cosa que vos cumpla et después non fiziere todo
lo que vós querriedes, que por esso nunca lo desconozcades el bien que vos vino
de lo que por vos fizo.
El conde tovo este por buen consejo et fízolo assí et fallósse ende bien.
Et teniendo don Johan éste por buen enxiemplo, fízolo escrivir en este libro
et fizo estos viessos que dizen assí:
Qui te desconosçe tu bien fecho,
non dexes
por él tu grand provecho.
Et la istoria deste exienplo es ésta que se sigue:
FIN |