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De lo que contesció a un emperador et a
don Alvar Háñez Minaya
con sus mugeres
Fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, un día et
díxole assí:
-Patronio, dos hermanos que yo he son casados entramos et biven cada uno
dellos muy desbariadamente el uno del otro; ca el uno ama tanto aquella dueña
con qui es casado, que abés podemos guisar con él que se parta un día del lugar
onde ella es, et non faz cosa del mundo sinon lo que ella quiere, et si ante non
gelo pregunta. Et el otro, en ninguna guisa non podemos con él que un día la
quiera veer de los ojos, nin entrar en casa do ella sea. Et porque yo he grand
pesar desto, ruégovos que me digades alguna manera porque podamos ý poner
consejo.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, segund esto que vós dezides entramos
vuestros hermanos andan muy errados en sus faziendas; ca el uno nin el otro non
devían mostrar tan grand amor nin tan grand desamor como muestran a aquellas
dueñas con qui ellos son casados; mas como quier que lo ellos yerran, por
aventura es por las maneras que an aquellas sus mugeres; et por ende querría que
sopiésedes lo que contesçió al emperador Fradrique et a don Alvar Fáñez Minaya
con sus mugeres.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, porque estos exiemplos son dos et non
vos los podría entramos dezir en uno, contarvos he primero lo que contesçió al
emperador Fradrique, et después contarvos he lo que contesçió a don Alvar Háñez.
-Señor conde, el emperador Fradrique casó con una donzella de muy alta
sangre, segund le pertenesçía; mas de tanto, non le acaesçió bien, que non sopo
ante que casasse con aquélla las maneras que avía.
Et después que fueron casados, comoquier que ella era muy buena dueña et muy
guardada en el su cuerpo, començó a seer la más brava et la más fuerte et la más
rebessada cosa del mundo. Assí que si el emperador quería comer, ella dizía que
quería ayunar; et si el emperador quería dormir, queriese ella levantar; et si el emperador querié bien alguno, luego ella lo desamava. ¿Qué vos diré más? Todas las cosas del mundo en que el emperador tomava
plazer, en todas dava ella a entender que tomava pesar, et de todo lo que el
emperador fazía, de todo fazía ella el contrario sienpre.
Et desque el emperador sufrió esto un tiempo, et vio que por ninguna guisa
non la podía sacar desta entençión por cosa que él nin otros le dixiessen, nin
por ruegos, nin por amenazas, nin por buen talante nin por malo quel’ mostrasse,
et vio que sin el pesar et la vida enojosa que avia de sofrir, quel’ era tan
grand daño para su fazienda et para las sus gentes, que non podía ý poner
consejo; et de que esto vio, fuesse para’l Papa et contól’ la su fazienda,
también de la vida que passava, como del grand daño que binía a él et a toda la
tierra por las maneras que avía la emperadriz; et quisiera muy de grado, si
podría seer, que los partiesse el Papa. Mas vio que segund la ley de los
christianos non se podían partir, et que en ninguna manera non podían bevir en
uno por las malas maneras que la emperadriz avía, et sabía el Papa que esto era
assí.
Et desque otro cobro no podieron fallar, dixo el Papa al emperador que este
fecho que lo acomendava él al entendimiento et a la sotileza del emperador, ca
él non podía dar penitençia ante que el pecado fuesse fecho.
Et el emperador partióse del Papa et fuesse para su casa, et trabajó por
cuantas maneras pudo, por falagos et por amenazas et por consejos et por
desengaños et por cuantas maneras él et todos los que con él bivían pudieron
asmar para la sacar de aquella mala entençión, mas todo esto non tobo ý pro, que
cuanto más le dizían que se partiesse de aquella manera, tanto más fazía ella
cada día todo lo revesado.
Et de que el emperador vio que por ninguna guisa esto non se podía endereçar,
díxol’ un día que el quería ir a la caça de los çiervos et que levaría una
partida de aquella yerva que ponen en las saetas con que matan los çiervos, et
que dexaría lo ál para otra vegada, cuando quisiesse ir a caça, et que se
guardasse que por cosa del mundo non pusiesse de aquella yerva en sarna, nin en
postiella, nin en lugar donde saliesse sangre; ca aquella yerva era tan fuerte,
que non avía en el mundo cosa viva que non matasse. Et tomó de otro ungüento muy
bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga et el emperador untósse con él
ant’ella en algunos lugares que non estavan sanos. Et ella et cuantos ý estavan
vieron que guaresçía luego con ello. Et díxole que si le
fuesse mester, que de aquél pusiesse en cualquier llaga que oviesse. Et esto le
dixo ante pieça de omnes et de mugeres. Et de que esto ovo dicho, tomó aquella
yerva que avía menester para matar los çiervos et fuesse a su caça, assí como
avía dicho.
Et luego que el emperador fue ido, començó ella a ensañarse et a enbraveçer,
et començó a dezir:
-¡Veed el falso del emperador, lo que me fue dezir! Porque él sabe que la
sarna que yo he non es de tal manera como la suya, díxome que me untasse con
aquel ungüento que se él untó, porque sabe que non podría guaresçer con él, mas
de aquel otro ungüento bueno con que él sabe que guarescría, dixo que non
tomasse de’l en guisa ninguna; mas por le fazer pesar, yo me untaré con él, et
cuando él viniere, fallarme ha sana. Et só çierta que en ninguna cosa non le
podría fazer mayor pesar, et por esto lo faré.
Los cavalleros et las dueñas que con ella estavan travaron mucho con ella que
lo non fiziesse, et començáronle a pedir merçed, muy fieramente llorando, que se
guardasse de lo fazer; ca çierta fuesse, si lo fiziesse, que luego sería muerta.
Et por todo esto non lo quiso dexar. Et tomó la yerva et untó con ella las
llagas. Et a poco rato començól’ a tomar la rabia de la muerte, et ella
repintiérase si pudiera, mas ya non era tiempo en que se pudiesse fazer. Et
murió por la manera que avía porfiosa et a su daño.
Mas a don Alvar Háñez contesçió el contrario desto, et porque lo sepades todo
como fue, contarvos he cómo acaesçió.
Don Alvar Háñez era muy buen omne et muy onrado et pobló a Ixcar, et morava
ý. Et el conde don Pero Ançúrez pobló a Cuéllar et morava en ella. Et el conde don Pero Ançúrez avía tres fijas.
Et un día, estando sin sospecha ninguna, entró don Alvar Háñez por la puerta;
et al conde don Pero Ançúrez plógol’ mucho con él. Et desque ovieron comido,
preguntól’ que por qué vinía tan sin sospecha. Et don Alvar Háñez díxol’ que
vinía por demandar una de sus fijas para con que casase, mas que quería que
gelas mostrasse todas tres et quel’ dexasse fablar con cada una dellas, et
después que escogería cuál quisiesse. Et el conde, veyendo quel’ fazía Dios mucho bien en ello, dixo quel’ plazía mucho de fazer cuanto don
Alvar Háñez le dizía.
Et don Alvar Háñez apartósse con la fija mayor et díxol’ que si a ella
ploguiesse, que quería casar con ella; pero ante que fablasse más en el pleito,
quel’ quería contar algo de su fazienda. Que sopiesse, lo primero, que él non
era muy mançebo et que por las muchas feridas que oviera en las lides que se
acertara, quel’ enflaqueçiera tanto la cabeça que por poco vino que viviesse,
quel’ fazié perder luego el entendimiento; et de que estava fuera de su seso,
que se asañava tan fuerte que non catava lo que dizía; et que a las vegadas
firía a los omnes en tal guisa, que se repentía mucho después que tornaba a su
entendimiento; et aun, cuando se echava a dormir, desque yazía en la cama, que
fazía ý muchas cosas que non enpeçería nin migaja si más linpias fuessen. Et
destas cosas le dixo tantas, que toda muger quel entendimiento non oviesse muy
maduro, se podría tener de’l por non muy bien casada.
Et de que esto le ovo dicho, respondiól’ la fija del conde que este
casamiento non estava en ella, sinon en su padre et en su madre.
Et con tanto, partiósse de don Alvar Háñez et fuesse para su padre.
Et de que el padre et la madre le preguntaron que era su voluntad de fazer,
porque ella non fue de tan buen entendimiento como le era mester, dixo a su
padre et a su madre que tales cosas le dixiera don Alvar Háñez, que ante quería
seer muerta que casar con él.
Et el conde non lo quiso dezir esto a don Alvar Háñez, mas díxol’ que su fija
que non avía entonçe voluntad de casar.
Et fabló don Alvar Háñez con la fija mediana; et passaron entre él et ella
bien assí como con el hermana mayor.
Et después fabló con el hermana menor et díxol’ todas aquellas cosas que
dixiera a las otras sus hermanas.
Et ella respondiól’ que gradesçía mucho a Dios en que don Alvar Háñez quería
casar con ella; et en lo quel’ dizía quel’ fazía mal el vino, que si, por
aventura, alguna vez le cumpliesse por alguna cosa de estar apartado de las gentes por aquello quel’ dizía o por ál, que ella lo encubriría
mejor que ninguna otra persona del mundo; et a lo que dizía que él era viejo,
que cuanto por esto non partiría ella el casamiento, que cunplíale a ella del
casamiento el bien et la onra que avía de ser casada con don Alvar Háñez; et de
lo que dizía que era muy sañudo et que firía a las gentes, que cuanto por esto
non fazía fuerça, ca nunca ella le faría por que la firiesse, et si lo fiziesse,
que lo sabría muy bien sofrir.
Et a todas las cosas que don Alvar Háñez le dixo, a todas le sopo tan bien
responder, que don Alvar Háñez fue muy pagado, et gradesçió mucho a Dios porque
fallara muger de tan buen entendimiento.
Et dixo al conde don Pero Ançúrez que con aquella quería casar. Al conde
plogo mucho ende. Et fizieron ende sus vodas luego. Et fuesse con su muger luego
en buena ventura. Et esta dueña avía nombre doña Vascuñana.
Et después que don Alvar Háñez levó a su muger a su casa, fue ella tan buena
dueña et tan cuerda, que don Alvar Háñez se tovo por bien casado della et tenía
por razón que se fiziesse todo lo que ella querié.
Et esto fazía él por dos razones: la primera, porquel’ fizo Dios a ella tanto
bien, que tanto amava a don Alvar Háñez et tanto presçiava el su entendimiento,
que todo lo que don Alvar Háñez dizía et fazía, que todo tenía ella
verdaderamente que era lo mejor; et plazíale mucho de cuanto dizía et de cuanto
fazía, et nunca en toda su vida contralló cosa que entendiesse que a él plazía.
Et non entendades que fazía esto por le lisonjar, nin por le falagar por mejor
estar con él, mas fazíalo porque verdaderamente creía, et era su entençión, que
todo lo que don Alvar Háñez quería et dizía et fazía, que en ninguna guisa non
podría seer yerro, nin lo podría otro ninguno mejorar. Et lo uno por esto, que
era el mayor bien que podría seer, et lo ál porque ella era de tan buen
entendimiento et de tan buenas obras, que siempre acertava en lo mejor. Et por
estas cosas amávala et preçiávala tanto don Alvar Háñez que tenía por razón de
fazer todo lo que ella querié, ca sienpre ella quería et le consejava lo que era
su pro et su onra. Et nunca tovo mientes, por talante nin por voluntad que
oviesse de ninguna cosa que fiziesse don Alvar Háñez, sinon lo que a él más le
pertenesçía, et que era más su onra et su pro.
Et acaesçió que una vez, seyendo don Alvar Háñez en su
casa, que vino a él un so sobrino que vivía en casa del rey, et plógol’ mucho a
don Alvar Háñez con él. Et desque ovo morado con don Alvar Háñez algunos días,
díxol’ un día que era muy buen omne et muy complido et que non podía poner en él
ninguna tacha sinon una. Et don Alvar Háñez preguntól’ que cuál era. Et el
sobrino díxol’ que non fallava tacha quel’ poner sinon que fazía mucho por su
muger et la apoderava mucho en toda su fazienda. Et don Alvar Háñez respondiól’
que a esto que dende a pocos días le daría ende la repuesta.
Et ante que don Alvar Háñez viesse a doña Vascuñana, cavalgó et fuesse a otro
lugar et andudo allá algunos días et levó allá aquel su sobrino consigo. Et después envió por doña Vascuñana, et guisó assí don Alvar Háñez que se
encontraron en el camino, pero que non fablaron ningunas razones entre sí, nin
ovo tiempo aunque lo quisiessen fazer.
Et don Alvar Háñez fuesse adelante, et iba con él su sobrino. Et doña
Vascuñana vinía en pos dellos. Et desque ovieron andado assí una pieça don Alvar
Háñez et su sobrino, fallaron una pieça de vacas. Et don Alvar Háñez començó a
dezir:
-¿Viestes, sobrino, qué fermosas yeguas ha en esta nuestra tierra?
Cuando su sobrino esto oyó, maravillóse ende mucho, et cuidó que gelo dizía
por trebejo et díxol’ que cómo dizía tal cosa, que non eran sinon vacas.
Et don Alvar Háñez se començó mucho de maravillar et dezirle que reçelava que
avía perdido el seso, ea bien beié que aquéllas yeguas eran.
Et de que el sobrino vio que don Alvar Háñez porfiava tanto sobresto, et que
lo dizía a todo su seso, fincó mucho espantado et cuidó que don Alvar Háñez avía
perdido el entendimiento.
Et don Alvar Háñez estido tanto adrede en aquella porfía, fasta que asomó
doña Vascuñana que vinía por el camino. Et de que don Alvar Háñez la vio, dixo a
su sobrino:
-Ea, don sobrino, fe aquí a doña Vascuñana que nos partirá nuestra
contienda.
Al sobrino plogo desto mucho; et desque doña Vascuñana llegó, díxol’ su
cuñado:
-Señora, don Alvar Háñez et yo estamos en contienda, ca él dize por estas
vacas, que son yeguas, et yo digo que son vacas; et tanto avemos porfiado, que
él me tiene por loco, et yo tengo que él non está bien en su seso. Et vós,
señora, departidnos agora esta contienda.
Et cuando doña Vascuñana esto vio, como quier que ella tenía que aquéllas
eran vacas, pero pues su cuñado le dixo que dizía don Alvar Háñez que eran
yeguas, tovo verdaderamente ella, con todo su entendimiento, que ellos erravan,
que las non conosçían, mas que don Alvar Háñez non erraría en ninguna manera en
las conosçer; et pues dizía que eran yeguas, que en toda guisa del mundo, que
yeguas eran et non vacas.
Et començó a dezir al cuñado et a cuantos ý estavan:
-Por Dios, cuñado, pésame mucho desto que dezides, et sabe Dios que quisiera
que con mayor seso et con mayor pro nos viniéssedes agora de casa del rey, do
tanto avedes morado; ca bien veedes vós que muy grand mengua de entendimiento et
de vista es tener que las yeguas que son vacas.
Et començól’ a mostrar, también por las colores, como por las façiones, como
por otras cosas muchas, que eran yeguas et non vacas, et que era verdat lo que
don Alvar Háñez dizía, que en ninguna manera el entendimiento et la palabra de
don Alvar Háñez que nunca podría errar. Et tanto le afirmó esto, que ya, el
cuñado et todos los otros començaron a dubdar que ellos erravan, et que don
Alvar Háñez dizía verdat que las que ellos tenían por vacas, que eran yeguas. Et
de que esto fue fecho, fuéronse don Alvar Háñez et su sobrino adelante et
fallaron una gran pieça de yeguas.
Et don Alvar Háñez dixo a su sobrino:
-¡Ahá, sobrino! Estas son las vacas, que non las que vos dizíades ante, que
dizía yo que eran yeguas.
Cuando el sobrino esto oyó, dixo a su tío:
-Por Dios, don Alvar Háñez, si vos verdat dezides, el diablo me traxo a mí a
esta tierra; ca çiertamente, si éstas son vacas, perdido he yo el entendimiento,
ca, en toda guisa del mundo, éstas yeguas son et non vacas.
Don Alvar Háñez començó a porfiar muy fieramente que eran vacas. Et tanto
duró esta porfía, fasta que llegó doña Vascuñana. Et desque ella llegó et le
contaron lo que dizía don Alvar Háñez et dizía su sobrino, maguer a ella
paresçía que el sobrino dizía verdat, non pudo creer por ninguna guisa que don
Alvar Háñez pudiesse errar, nin que pudiesse seer verdat ál sinon lo que él
dizía. Et començó a catar razones para provar que era verdat lo que dizía don
Alvar Háñez, et tantas razones et tan buenas dixo, que su cuñado et todos los
otros tovieron que el su entendimiento, et la su vista, errava; mas lo que don
Alvar Háñez dizía, que era verdat. Et aquesto fincó assí.
Et fuéronse don Alvar Háñez et su sobrino adelante et andudieron tanto, fasta
que llegaron a un río en que avía pieça de molinos. Et dando del agua a las
vestias en el río, començó a dezir don Alvar Háñez que aquel río que corría
contra la parte onde nasçía, et aquellos molinos, que del otra parte les vinía
el agua.
Et el sobrino de don Alvar Háñez se tovo por perdido cuando esto le oyó; ca
tovo que assí como errara en el conosçimiento de las vacas et de las yeguas, que
assí errava agora en cuidar que aquel río vinía al revés de como dizía don Alvar
Háñez. Pero porfiaron tanto sobresto, fasta que doña Vascuñana llegó.
Et desquel’ dixieron esta porfía en que estava don Alvar Háñez et su sobrino,
pero que a ella paresçía que el sobrino dizía verdat, non creó al su
entendimiento et tovo que era verdat lo que don Alvar Háñez dizía. Et por tantas
maneras sopo ayudar a la su razón, que su cuñado et cuantos lo oyeron, creyeron
todos que aquella era la verdat.
Et daquel día acá, fincó por fazaña que si el marido dize que corre el río
contra arriba, que la buena muger lo deve crer et deve dezir que es verdat.
Et desque el sobrino de don Alvar Háñez vio que por todas
estas razones que doña Vascuñana dizía se provava que era verdat lo que dizía
don Alvar Háñez, et que errava él en non conosçer las cosas assí como eran,
tóvose por muy maltrecho, cuidando que avía perdido el entendimiento.
Et de que andudieron assí una grand pieça por el camino, et don Alvar Háñez
vio que su sobrino iva muy triste et en grand cuidado, díxole assí:
-Sobrino, agora vos he dado la repuesta a lo que en el otro día me dixiestes
que me davan las gentes por grand tacha porque tanto fazía por doña Vascuñana,
mi muger; ca bien cred que todo esto que vós et yo avemos passado oy, todo lo
fize porque entendiéssedes quién es ella, et que lo que yo por ella fago, que lo
fago con razón; ca bien creed que entendía yo que las primeras vacas que nós
fallamos, et que dizía yo que eran yeguas, que vacas eran, assí como vós
dizíades. Et desque doña Vascuñana llegó et vos oyó que yo dizía que eran
yeguas, bien çierto só que entendía que vós dizíades verdat; mas que fió ella
tanto en el mío entendimiento, que tien’ que, por cosa del mundo, non podría
errar, tovo que vós et ella errávades en non lo conosçer cómo era. Et por ende
dixo tantas razones et tan buenas, que fizo entender a vos, et a cuantos allí
estavan, que lo que yo dizía era verdat; et esso mismo fizo después en lo de las
yeguas et del río. Et bien vos digo verdat: que del día que comigo casó, que
nunca un día le bi fazer nin dezir cosa en que yo pudiesse entender que quería
nin tomava plazer sinon en aquello que yo quis’; nin le vi tomar enojo de
ninguna cosa que yo fiziesse. Et sienpre tiene verdaderamente en su talante que
cualquier cosa que yo faga, que aquello es lo mejor; et lo que ella a de fazer
de suyo o le yo acomiendo que faga, sábelo muy bien fazer, et sienpre lo faze
guardando toda mi onra et mi pro et queriendo que entiendan las gentes que yo só
el señor, et que la mi voluntad et la mi onra se cumpla en todo; et non quiere
para sí otra pro, nin otra fama de todo el fecho, sinon que sepan que es mi pro,
et tome yo plazer en ello. Et tengo que si un moro de allende el mar esto
fiziesse, quel’ devía yo mucho amar et presçiar yo et fazer yo mucho por el su
consejo et demás seyendo casado con ella et seyendo ella tal et de tal linaje de
que me tengo por muy bien casado. Et agora, sobrino, vos he dado repuesta a la
tacha que el otro día me dixiestes que avía.
Cuando el sobrino de don Alvar Háñez oyó estas razones, plógol’ ende mucho,
et entendió que pues doña Vascuñana tal era et avía tal entendimiento et tal
entención, que fazía muy grand derecho don Alvar Háñez de la
amar et fiar en ella et fazer por ella cuanto fazía et aun muy más, si más
fiziesse.
Et assí fueron muy contrarias la muger del enperador et la muger de don Alvar
Háñez.
Et, señor conde Lucanor, si vuestros hermanos son tan desvariados, que el uno
faze todo cuanto su muger quiere et el otro todo lo contrario, por aventura esto
es porque sus mugeres fazen tal vida con ellos como fazía la emperadriz et doña
Vascuñana. Et si ellas tales son, non devedes maravillarvos nin poner culpa a
vuestros hermanos; mas si ellas non son tan buenas nin tan revesadas como estas
dos de que vos he fablado, sin dubda vuestros hermanos non podrían seer sin
grand culpa; ea como quier que aquel vuestro hermano que faze mucho por su muger
faze bien, entendet que este bien, que se deve fazer con razón et non más; ca si
el omne, por aver grand amor a su muger, quiere estar con ella tanto por que se
dexe de ir a los lugares o a los fechos en que puede fazer su pro et su onra, faze muy grand yerro;
nin si por le plazer nin complir su talante dexa nada de lo que pertenesçe a su
estado, nin a su onra, faze muy desaguisado; mas guardando estas cosas, todo
buen talante et toda fiança que el marido pueda mostrar a su muger, todo le es
fazedero et todo lo deve fazer et le pertenesçe muy bien que lo faga. Et otrosí,
deve mucho guardar que por lo que a él mucho non cumple, nin le faze gran
mengua, que non le faga pesar nin enojo e señaladamente en ninguna cosa en que
pueda aver pecado, ca desto vienen muchos daños. Lo uno, el pecado e la maldad
que el omne faze; e lo ál que por fazerle enmienda o fazerle plazer porque
pierda aquel enojo avrá a fazer cosas que se tornarán en daño de la fazienda e
de la fama. Otrosí el que por su fuerte bentura tal muger obiera como la del
emperador, pues al comienço non pudo o non sopo poner ý consejo, non ay sinon
pasar por su ventura como Dios gelo quisiere endereçar. Pero saved que para lo
uno e para lo ál cumple mucho que del primer día que el omne casa deve dar a
entender a su muger que él es señor e que le faga entender la vida que ha de
pasar.
E vós, señor conde Lucanor, al mío cuidar, parando mientes a estas cosas
podedes consejar a vuestros hermanos en qué manera bivan con sus mugeres.
E al conde plogo mucho destas cosas que Patronio le dixo
e tovo que le dezía verdad e muy buen seso.
E entendiendo don Juan que estos enxemplos heran muy buenos, fízolos escrivir
en este libro e fizo estos versos que dizen assí:
En el comienço deve omne
mostrar
a su muger cómo deve passar.
FIN |