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De lo que contesçió a un rey con un omne quel’ dixo quel’ faría
alquimia
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta
manera:
-Patronio, un omne vino a mí et dixo que me faría cobrar muy grand pro et
grand onra, et para esto que avía mester que catasse alguna cosa de lo mío con
que se començasse aquel fecho; ca desque fuesse acabado, por un dinero avría
diez. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades
lo que vierdes que me cumple de fazer en ello.
-Señor conde, para que fagades en esto lo que fuete más vuestra pro,
plazerme ía que sopiéssedes lo que contesçió a un rey con un omne quel’ dizía
que sabía fazer alquimia.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, un omne era muy grand golfín et avía
muy grand sabor de enrrequesçer et de salir de aquella mala vida que passava. Et
aquel omne sopo que un rey que non era de muy buen recado se trabajava de fazer
alquimia.
Et aquel golfín tomó çient doblas et limólas, et de aquellas limaduras fizo,
con otras cosas que puso con ellas, çient pellas, et cada una de aquellas pellas
pesava una dobla, et demás las otras cosas que él mezcló con las limaduras de
las doblas. Et fuesse para una villa do era el rey, et vistiósse de paños muy
assessegados et levó aquellas pellas et vendiólas a un espeçiero. Et el espeçiero preguntó que para qué eran aquellas pellas, et el golfín
díxol’ que para muchas cosas, et señaladamente, que sin aquella cosa, que se non
podía fazer el alquimia, et vendiól’ todas las cient pellas por cuantía de dos o
tres doblas. Et el espeçiero preguntól’ cómo avían nombre aquellas pellas, et el
golfín díxol’ que avían nombre tabardíe.
Et aquel golfín moró un tiempo en aquella villa en manera de omne muy
assessegado et fue diziendo a unos et a otros, en manera de poridat, que sabía
fazer alquimia. Et estas nuebas llegaron al rey, et envió por él et
preguntól’ si sabía fazer alquimia. Et el golfín, como quier quel’ fizo muestra
que se quería encobrir et que lo non sabía, al cabo diol’ a entender que lo
sabía; pero dixo al rey quel’ consejava que deste fecho non fiasse de omne del
mundo nin aventurasse mucho de su aver, pero si quisiesse, que provaría ante’l
un poco et quel’ amostraría lo que ende sabía. Esto le gradesçió el rey mucho,
et paresçiól’ que, segund estas palabras, que non podía aver ý ningún engaño. Estonçe fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar et
entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que mandó
traer non costaban más de dos o tres dineros. Desque las traxieron et las
fundieron ante’l rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el rey vio
que de cosa que costaba dos o tres dineros salía una dobla, fue muy alegre et
tóvose por el más bien andante del mundo, et dixo al golfín que esto fazía, que
cuidava el rey que era muy buen omne, que fiziesse más.
Et el golfín respondiól’, como si non sopiesse más daquello:
-Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et daquí adelante
vós lo faredes tan bien como yo; pero conviene que sepades una cosa: que
cualquier destas cosas que mengüe non se podría fazer este oro.
Et desque esto ovo dicho, espedióse del rey et fuesse para su casa.
El rey probó sin aquel maestro de fazer el oro, et dobló la reçepta, et salió
peso de dos doblas de oro. Otra vez dobló la reçepta, et salió peso de cuatro
doblas; et assí como fue cresçiendo la recepta, assí salió pesso de doblas. Desque el rey vio que él podía fazer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto
daquellas cosas para que pudiese fazer mill doblas. Et fallaron todas las otras
cosas, mas non fallaron el tabardíe. Desque el rey vio que pues menguava el
tabardíe, que se non podía fazer el oro, envió por aquel que gelo mostrara
fazer, et díxol’ que non podía fazer el oro como solía. Et él preguntól’ si
tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey díxol’ que sí, mas
quel’ menguava el tabardíe.
Estonçe le dixo el golfín que por cualquier cosa que menguasse que non se
podía fazer el oro, et que assí lo abía él dicho el primero día.
Estonçe preguntó el rey si sabía él do avía este
tabardíe; et el golfín le dixo que sí.
Entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuesse él por ello et
troxiesse tanto porque pudiesse fazer tanto cuanto oro quisiesse.
El golfín le dixo que como quier que esto podría fazer otri tan bien o mejor
que él, si el rey lo fallasse por su serviçio, que iría por ello: que en su
tierra fallaría ende asaz. Estonçe contó el rey lo que podría costar la compra
et la despensa et montó muy grand aver.
Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuesse su carrera et nunca tornó al
rey. Et assí fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vio que tardava
más de cuanto devía, envió el rey a su casa por saber si sabían de’l algunas
nuebas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinon un arca cerrada; et
desque la avrieron, fallaron ý un escripto que dizía assí:
«Bien creed que non a
en el mundo tabardíe; mas sabet que vos he engañado, et cuando yo vos dizía que
vos faría rico, deviérades me dezir que lo feziesse primero a mí et que me
creeríedes.»
A cabo de algunos días, unos omnes estavan riendo et trebejando et
escribían todos los omnes que ellos conosçían, cada uno de cuál manera era, et
dizían: «Los ardides son fulano et fulano; et los ricos, fulano et fulano; et
los cuerdos, fulano et fulano». Et assí de todas las otras cosas buenas o
contrarias. Et cuando ovieron a escrivir los omnes de mal recado, escrivieron ý
el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et asseguróles que les non
faría ningún mal por ello, et díxoles que por quél’ escrivieran por omne de mal
recabdo. Et ellos dixiéronlo: que por razón que diera tan grand aver a omne
estraño et de quien non tenía ningún recabdo.
Et el rey les dixo que avían errado, et que si viniesse aquel que avía levado
el aver que non fincaría él por omne de mal recabdo. Et ellos le dixieron que
ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniesse, que sacarían al rey
del escripto et que pornían a él.
Et vós, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por omne de mal
recabdo, non aventuredes por cosa que non sea çierta tanto de lo vuestro, que vos arrepintades si lo perdierdes por fuza de aver grand
pro, seyendo en dubda.
Al conde plogo deste consejo, et fízolo assí, et fallóse dello bien.
Et beyendo don Johan que este exiemplo era bueno, fízolo escrivir en este
libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Non aventuredes mucho la tu
riqueza,
por consejo del que a grand pobreza.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
FIN |