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Del miraglo
que fizo sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero
Un día fablava el conde
Lucanor con Patronio en su fazienda et díxole:
-Patronio, algunos omnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere
et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contezca. Et ruégovos que me digades lo que vos paresçe en ello.
-Señor conde -dixo Patronio-, como quier que a los grandes señores vos
cumple de aver algún tesoro para muchas cosas, et señaladamente porque non
dexedes, por mengua de aver, de fazer lo que vos cumplier; et pero non
entendades que este tesoro devedes ayuntar en guisa que pongades tanto el
talante en ayuntar grand tesoro porque dexedes de fazer lo que devedes a
vuestras gentes et para guarda de vuestra onra et de vuestro estado, ca si lo
fiziésedes podervos ía acaesçer lo que contesçió a un lonbardo en Bolonia.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, en Boloñia avía un lonbardo que ayuntó muy
grand tesoro et non catava si era de buena parte o non, sinon ayuntarlo en
cualquier manera que pudiesse. El lonbardo adoleçió de dolençia mortal, et un su
amigo que avía, desque lo vio en la muerte, consejól’ que se confessase con
sancto Domingo, que era estonçe en Bollonia. Et el lonbardo quísolo fazer.
Et cuando fueron por sancto Domingo, entendió sancto Domingo que non era
voluntad de Dios que aquel mal omne non sufriesse la pena por el mal que avía
fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuesse allá.
Cuando los fijos del lonbardo sopieron que avía enviado por sancto Domingo,
pesóles ende mucho, teniendo que sancto Domingo faría a su padre que diesse lo
que avía por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando el fraire
vino, dixiéronle que suava su padre, mas cuando cumpliesse, que ellos enbiarían
por él.
A poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió, en guisa que non fizo nada
de lo que avía mester para su alma. Otro día, cuando lo levaron a enterrar,
rogaron a sancto Domingo que predigasse sobre aquel lonbardo. Et sancto Domingo
fízolo. Et cuando en la predigaçión ovo de fablar daquel omne, dixo una palabra
que dize el Evangelio, que dize assí: «Ubi est tesaurus tuus, ibi est cor tuum».
Que quier dezir: «Do es el tu tesoro, ý es el tu coraçón». Et cuando esto dixo,
tornósse a las gentes et díxoles:
-Amigos, porque beades que la palabra del Evangelio es verdadera, fazet
catar el coraçón a este omne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo
suyo et fallarlo an en el arca que tenía el su tesoro.
Estonçe fueron catar el coraçón en el cuerpo et non lo fallaron ý, et
falláronlo en el arca como sancto Domingo dixo. Et estava lleno de gujanos et
olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuesse.
Et vós, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho,
es bueno, guardad dos cosas: la una, en que el tesoro que ayuntáredes, que sea
de buena parte; la otra, que non pongades tanto el coraçón en el tesoro porque fagades ninguna cosa que vos non caya de fazer; nin
dexedes nada de vuestra onra, nin de lo que devedes fazer, por ayuntar grand
tesoro de buenas obras, porque ayades la gracia de Dios et buena fama de las
gentes.
Al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dio, et fízolo assí, et
fallóse ende bien.
Et teniendo don Johan que este exiemplo era muy bueno, fízolo escrivir en
este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Gana el tesoro verdadero
et
guárdate del falleçedero.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
FIN |