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De lo que
contesçió a un raposo con un gallo
El conde Lucanor fablava con Patronio, su
consejero, una vez en esta guisa:
-Patronio, vós sabedes que, loado a Dios, la mi tierra es muy grande et non
es toda ayuntada en uno. Et como quier que yo he muchos lugares que son muy
fuertes, he algunos que lo non son tanto, et otrosí otros lugares que son ya
cuanto apartados de la mi tierra en que yo he mayor poder. Et cuando he
contienda con míos señores et con míos vezinos que an mayor poder que yo, muchos
omnes que se me dan por amigos, et otros que se me fazen consejeros, métenme
grandes miedos et grandes espantos et conséjanme que en ninguna guisa non esté
en aquellos míos lugares apartados, sinon que me acoja et esté en los lugares
más fuertes et que son bien dentro en mi poder; et porque yo sé que vós sodes
muy leal et sabedes mucho de tales cosas como éstas, ruégovos que me consejedes
lo que vos semeja que me cumple de fazer en esto.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, en los grandes fechos et muy dubdosos
son muy periglosos los consejos, ca en los más de los consejos non puede omne
fablar çiertamente, ca non es omne seguro a que pueden recodir las cosas; ca
muchas vezes viemos que cuida omne una cosa et recude después a otra; ca lo que
cuida omne que es mal, recude a las vegadas a bien, et lo que cuida omne que es
vien, recude a las vegadas a mal; et por ende, el que a dar consejo, si es omne
leal et de buena entençión, es en muy grand quexa cuando ha de consejar, ca si
el consejo que da recude a bien, non ha otras gracias sinon que dizen que fizo
su debdo en dar buen consejo; et si el consejo a bien non recude, sienpre finca
el consejero con daño et con vergüença. Et por ende, este consejo, en que ay
muchas dubdas et muchos periglos, plazerme ía de coraçón si pudiese escusar de
non lo dar, mas pues queredes que vos conseje, et non lo
puedo escusar, dígovos que querría mucho que sopiésedes cómo contesció a un
gallo con un raposo.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un omne bueno avía una casa en la montaña, et
entre las otras cosas que criava en su casa, criava siempre muchas gallinas et
muchos gallos. Et acaesçió que uno de aquellos gallos andava un día allongado de
la casa por un campo, et andando él muy sin reçelo, violo el raposo et vino muy
ascondidamente, cuidándolo tomar. Et el gallo sintiólo et subió en un árbol que
estava ya cuanto alongado de los otros. Cuando el raposo entendió que el gallo
estava en salvo, pesól’ mucho porque nol’ pudiera tomar et pensó en cuál manera
podría guisar quel’ tomasse. Et entonçe endereçó al árbol, et començól’ a rogar
et a falagar et assegurar que descendiesse a andar por el campo como solía; et
el gallo non lo quiso fazer. Et desque el raposo entendió que por ningún falago
non le podía engañar, començól’ amenaçar diziéndol’ que, pues de’l non fiava,
que él guisaría cómo se fallasse ende mal. Et el gallo, entendiendo que estava
en su salvo, non dava nada por sus amenazas nin por sus seguranças.
Et de que el raposo entendió que por todas estas maneras non le podía
engañar, endereçó al árbol et començó a roer en él con los dientes et dar en él
muy grandes colpes con la cola. Et el cativo del gallo tomó miedo sin razón, non
parando mientes cómo aquel miedo que el raposo le ponía non le podía enpeçer, et
espantóse de valde et quiso foir a los otros árboles en que cuidava estar más
seguro, que non pudo llegar al monte, mas llegó a otro árbol.
Et de que el raposo entendió que tomava miedo sin razón fue en pos él; et
assí lo levó de árbol en árbor fasta que lo sacó del monte et lo tomó, et lo
comió.
Et vós, señor conde Lucanor, a menester que, pues tan grandes fechos avedes a
pasar et vos avedes de partir a ello, que nunca tomedes miedo sin razón, nin vos
espantedes de valde por amenazas, nin por dichos de ningunos, nin fiedes en cosa
de que vos pueda venir grand daño, nin grand periglo, et puñad siempre en
defender et en anparar los lugares más postrimeros de la vuestra tierra; et non
creades que tal omne como vós, teniendo gentes et vianda, que por non seer el
lugar muy fuerte, podríedes tomar peligro ninguno. Et si con
miedo o con reçelo valdío dexardes los lugares de cabo de vuestra tierra, seguro
sed que assí vos irán levando de logar en logar fasta que vos sacassen de todo;
ca cuanto vós et los vuestros mayor miedo et mayor desmayo mostrássedes en
dexando los vuestros logares, tanto más se esforçarán vuestros contrarios para
vos tomar lo vuestro. Et cuando vós et los vuestros viéredes a los vuestros
contrarios más esforçados, tanto desmayaredes más, et assí irá yendo el pleito
fasta que non vos finque cosa en el mundo; mas si bien porfidiardes sobre lo
primero, sodes seguro, como fuera el gallo si estudiera en el primero árbol; et
aun tengo que cumpliría a todos los que tienen fortalezas, si sopiessen este
exiemplo, ca non se espantarían sin razón cuando les metiessen miedo con
engaños, o con cavas, o con castiellos de madera, o con otras tales cosas que
nunca las farían sinon para espantar a los cercados. Et mayor cosa vos diré
porque beades que vos digo verdat. Nunca logar se puede tomar sinon subiendo por
el muro con escaleras o cavando el muro; pero si el muro es alto, non podrán
llegar allá las escaleras. Et para cavarlo, vien cred que an mester grand vagar
los que lo an de cavar. Et assí, todos los lugares que se toman o es con miedo o
por alguna mengua que an los cercados, et lo demás es por miedo sin razón. Et
çiertamente, señor conde, los tales como vós, et aun los otros que non son de
tan grand estado como vós, ante que comencedes la cosa, la devedes catar et ir a
ella con grand acuerdo, et non lo pudiendo nin diviendo escusar. Mas, desque en
el pleito fuéredes, non a mester que por cosa del mundo tomedes espanto nin
miedo sin razón; siquier devédeslo fazer, porque es çierto que de los que son en
los periglos, que muchos más escapan de los que se defienden, et non de los que
fuyen. Siquier parat mientes que si un perriello quel’ quiera matar un grand
alano, está quedo et regaña los dientes, que muchas vezes escapa, et por grand
perro que sea, si fuye, luego es tomado et muerto.
Al conde plogo mucho de todo esto que Patronio le dixo, et fízolo assí, et
fallósse dello muy bien.
Et porque don Johan tovo este por buen exiemplo, fízolo poner en este libro,
et fizo estos viessos que dizen assí:
Non te espantes por cosa sin razón,
mas defiéndete bien como varón.
Et la estoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
FIN |