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Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven
pasaba todos los días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima
leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en
la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer. Decían que vivía sola,
que era muy rica y que guardaba grandes sumas de dinero en su casa, aparte de
las joyas y de la platería. Una noche el joven, armado de ganzúa y de una
linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la mujer. La mujer
despertó, empezó a gritar y el joven se vio en la penosa necesidad de matarla.
Huyó sin haber podido robar ni un alfiler, pero con el
consuelo de que la policía no descubriría al autor del crimen. A la mañana
siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo. Azorado por la
increíble sagacidad policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer
llevaba un diario íntimo en el que había escrito que el joven vendedor de la
tienda de la esquina, buen mozo y de ojos verdes, era su amante y que esa noche
la visitaría.
FIN |
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1972 |
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