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Me han pedido que hable sobre cien años de colonialismo. Pero no puedo hablar
sobre cien años porque en realidad son más de 500. Si voy a hablar del 1898
tengo que empezar por el 1493, porque no es la primera vez que tenemos el
aberrante honor de ser la colonia de un país poderoso.
Los descubrimientos, las conquistas y las colonias -todos, y no sólo los de
1898- son excelentes momentos para los escritores... y pueden servir de gran
inspiración.
Un puñado de hombres conquistó México. En la batalla final el emperador
Moctezuma reunió un ejército de un millón de indios y fue derrotado por los 600
aventureros de Hernán Cortés. Es como si ahora mismo nosotros, los que estamos
aquí, nos embarcáramos y en pocos meses conquistáramos el Congo o Irak.
Más sorprendente -y poco conocido- es que la mayoría de los conquistadores
fueron muchachos, muchas veces más jóvenes que los estudiantes universitarios de
hoy día. En cuadros o películas vemos a conquistadores viejos y con barba. Pero
recordemos que en esa época la expectativa de vida era de cuarenta años. Era la
juventud la que andaba suelta por América. Hay un personaje interesantísimo que
se llama Vicencio de Baeza. Era un veterano combatiente. Fundó San Salvador, en
América Central, y luego se destacó por sus proezas guerreras en Paraguay.
Parece que la fama se le fue a la cabeza, porque allí conspiró contra el
gobernador Diego de Mendieta. El Gobernador mandó a torturarlo y luego lo
ejecutó. Lo interesante en este caso es que Vicencio sólo tenía 21 años de edad.
La sorpresa mayor, sin embargo, es que el gobernador Mendieta tenía 18 años de
edad.
Mi primer libro,
Seva, publicado en el 1984, trata sobre la invasión
norteamericana de Puerto Rico. ¿Por qué? Opino que nuestras invasiones, al igual
que la colonia, son una magnífica espuela para la imaginación. Por eso utilicé
la última gran invasión. No la usé tal cual, por supuesto. Tomé los datos
reales y los subvertí. El escritor no tiene que ser exacto, no tiene
responsabilidad alguna con la supuesta realidad histórica. El único deber del
escritor es ser verosímil y entretenido... y tener algo que decir. Por eso
inventé que la invasión de julio de 1898 no era la primera invasión
norteamericana: que hubo una invasión dos meses antes, por el pueblo de Seva, y
que fracasó. Este cuento mío, ¿es verdad o ficción? Primero veamos otras
invasiones que no sé por qué razón aún no han servido de inspiración -que yo sepa- a
otros escritores puertorriqueños.
En el 1595 el famoso Francis Drake, a quien en esa época llamábamos el
Draque, invadió Puerto Rico con 26 barcos, 3,000 infanteros y 1,500 marineros:
esta poderosa flota fue uno de los más importantes intentos de conquista inglesa
no sólo en el Caribe, sino en todo el Nuevo Mundo. El Draque asoló, saqueó y
quemó muchas ciudades y poblados del Caribe, pero en Puerto Rico fracasó. No
sólo fracasó: nuestras fuerzas defensivas mataron a dos famosos capitanes de la
flota, y una bola de cañón penetró el camarote del Draque y lo hirió. Algunos
historiadores afirman que el Drake murió poco después debido a las heridas
recibidas en Puerto Rico. No comprendo por qué se sabe tan poco en el mundo
sobre este admirable capítulo de nuestra historia.
Ahora bien: ¿cómo sería Puerto Rico si el Draque hubiera ganado? Aquí la
imaginación no tiene que marchar mucho porque nos basta mirar hacia Jamaica. Esa
isla también fue española hasta que los ingleses la capturaron. No es
arriesgado, por tanto, aseverar que seríamos un país bastante similar a Jamaica.
Hablaríamos un inglés parecido al de ellos. En vez de católicos seríamos
preponderantemente anglicanos. Nuestra composición racial sería diferente, con
una presencia africana más marcada. Nuestra capital se llamaría Saint John of
Richport. Tendríamos fotos de la reina Isabel en las oficinas del
gobierno y en nuestras casas. Nuestros carros circularían por el lado izquierdo
de la carretera. Tantas cosas serían distintas, y esas diferencias son una
cantera prácticamente inédita de historias que esperan ser contadas.
Hay tres invasiones más que me interesan mucho. En 1598 los ingleses
regresaron. Fue la única vez, antes de 1898, en que ganaron los invasores. Sin
embargo, a los pocos días de tomar El Morro se desató una virulenta epidemia de
disentería que, como se sabe, es una diarrea dolorosa con mezcla de sangre. Los
ingleses empezaron a morir uno tras otro de disentería, y podrán imaginar
ustedes qué clase de muerte es esa. Finalmente, debilitados y supongo que
asustados, los ingleses se montaron en sus barcos y huyeron. Así la diarrea nos
salvó de la segunda invasión victoriosa de Puerto Rico, después de la española y
antes de la norteamericana, que es la tercera. ¿Por qué no se ha escrito en
Puerto Rico una novela sobre este suceso tragicómico?
En 1625 los holandeses invadieron Puerto Rico y fracasaron. Quemaron la
famosa biblioteca del Obispo, lo cual recuerdo haber aprendido cuando estaba en
cuarto o quinto grado. Hoy día la idea de hablar inglés no nos asusta tanto, por
razones obvias. Pero ¿cómo hablaríamos o seríamos si nos hubiera cogido el
holandés? Es bastante divertido visualizar las posibilidades literarias de un
Puerto Rico con una rubia reina holandesa. Reina dinástica, y no de belleza.
Ahora bien: yo imagino que todos ustedes, al igual que yo, tienen una
invasión favorita. La mía es la inglesa de 1797. Hay una copla puertorriqueña,
muy famosa, que dice:
En el puente de Martín Peña
mataron a Pepe Díaz
el soldado más valiente
que el Rey de España tenía.
¿Quién fue Pepe Díaz? ¿Por qué nadie en Puerto Rico parece saber cuál fue la
hazaña de este hombre a quien nuestro folclor ha inmortalizado?
En 1797 se llevó a cabo la más grande invasión inglesa de Puerto Rico. Se
estima que la imponente flota consistía de 72 barcos y más de 14,000 hombres.
Tras una lucha prolongada los ingleses fueron expulsados y nuevamente nos
salvamos de la posibilidad de ser angloparlantes. De hecho, la historia de esta
invasión es probablemente la más dramática de todas. Pienso escribir una novela
sobre esta invasión, especialmente sobre su última etapa que es espectacular y
transcurrió cerca de donde actualmente vivo: en Monteflores, el sector alto que
está al lado de la Universidad del Sagrado Corazón. Además, esta invasión sirvió
para que naciera un personaje literario.
El sargento mayor del Toa, Pepe Díaz, reunió a 50 milicianos voluntarios de
su pueblo y acudió al rescate de la capital. En el puente de Martín Peña, tras
una lucha heroica cuyos detalles no se conocen, Pepe Díaz recibió de frente la
descarga de un cañón y murió. Tan gloriosamente luchó que hasta el día de hoy se
le recuerda en la copla. Yo creo -y lo digo con mucha convicción- que si no se
conocen los detalles de su heroísmo, me parece evidente -y necesario- que algún
escritor debería inventarlos.
Llegamos ahora a la más reciente invasión y a la siguiente pregunta: ¿Cómo
seríamos si los norteamericanos hubieran triunfado? Algunos dirían que no hay
que usar la imaginación: ya lo sabemos, porque triunfaron. Pero el escritor no
se conforma con la cruda realidad. Por eso me surge la pregunta que dejé
pendiente: ¿Seva es realidad o ficción?
Respondo con otra anécdota. Seva es la historia de un pueblo que fue
conquistado por los norteamericanos y luego sepultado debajo de la base naval de
Roosevelt Roads. Pues bien, para el 1991 se me pidió que escribiera sobre un
proyecto de restauración en el Viejo San Juan. Llegué sin saber nada, pero al
leer la información me enteré, estupefacto, de la desconocida historia del
Barrio de Ballajá. Cuando los norteamericanos invadieron Puerto Rico el casco de
San Juan se dividía en 5 barrios o sectores: uno de ellos era Ballajá. De hecho,
era el sector más nuevo y monumental de la ciudad. Los norteamericanos le
amputaron el barrio a la capital y le construyeron encima una base militar que
se llamaba Fort Brooke. Ningún miembro de mi generación conocía el Barrio
Ballajá. Era un sector vedado de San Juan, estaba prohibida la entrada, al igual
que ahora está prohibido entrar a la base de Roosevelt Roads en Ceiba.
¿Seva es realidad o ficción? Yo creo que Ballajá, un barrio que fue sepultado
bajo una base militar, es la confirmación de Seva. Demuestra que la intuición
literaria, aunque parezca irreverente, muchas veces es más efectiva que la
historia cuando se quiere llegar a la verdad. A la verdadera verdad.
Cuando publiqué Seva me busqué muchos enemigos que pedían mi cabeza a gritos.
Dos personas incluso me invitaron a pelear. Decían que yo le había faltado el
respeto a la puertorriqueñidad al ponerme a jugar con la historia. Por eso he
dicho hoy que los escritores no tenemos responsabilidad alguna con la exactitud.
Sólo la tenemos con la imaginación y con el arte y con nuestras conciencias.
Tenemos que ser entretenidos y verosímiles, pero no tenemos que ser exactos ni
realistas.
Llevo seis años trabajando mi nuevo libro:
La verdadera muerte de Juan Ponce
de León. Consiste de relatos ubicados en el Caribe del siglo XVI. Es decir: está
inspirado en la primera invasión, y en la conquista. El primer cuento lleva el
título del libro. Lo escribí en el 1992. Lo leí públicamente, por primera vez,
aquí mismo en el Ateneo, en una actividad auspiciada por el PEN Club en el 1993.
Lo publiqué en el 1994 y en el 1996, ambas veces fuera de Puerto Rico. El cuento
explica cómo murió Juan Ponce de León en realidad, y está basado en unos
manuscritos que encontré en el Arzobispado de San Juan. Los otros cuentos se
titulan: “El gran secreto de Cristóbal Colón”, basado en unos papeles que
encontré en el Archivo de Indias de Sevilla y que revelan un terrible secreto
que guardó Colón hasta su muerte; “El Conde de Ovando”, que trata sobre uno de
los primeros gobernadores de Puerto Rico, que quiso hacer experimentos
científicos; “La última noche de Rodrigo de las Nieves”, que narra la historia
de un heroico defensor de San Juan durante un ataque de piratas; y “El suplicio
caribeño de fray Juan de Bordón”, basado en la historia real de un fraile
francés que encontraron oculto en los bosques de Aguada en el 1580.
Este nuevo libro es una respuesta a la pregunta que nos estamos planteando
aquí esta tarde. ¿Qué pienso sobre el 1898? Es una invasión más, la tercera. No
fue la primera, tal vez no sea la última. Como escritor me interesa faltarle el
respeto a las invasiones. Supongo que de alguna manera
extravagante me he propuesto acabarlas a golpetazos de imaginación. Deséenme
suerte y muchas gracias.
FIN
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