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Difiero de los millones de insensatos que claman por la canonización
inmediata de la Madre Teresa de Calcuta. Me sublevo cuando hablan de Madre
Teresa sin mencionar la vida y el ejemplo de la verdadera santa de este
siglo: Diana de Gales.
¿Quién era la Madre Teresa? ¿Cuál
fue su sacrificio? En la India, país que no es cristiano, fundó
una orden de monjas católicas. ¿Qué tiene de raro?
Luego se dio a la tarea de atender a leprosos, enfermos, pobres y a los
famosos "intocables" que, como bien indica el nombre, en la India no son
dignos de socorro (mucho menos merecen una caricia). La Madre Teresa pasó
la vida entera en arrabales, auxiliando a los desahuciados, y al morir
dejó una orden de monjas (y monjes) que se ha extendido por el mundo
entero. ¿Cuál es la hazaña?
Ahora bien, lo de Diana de Gales ya es otra cosa. Desde
el primer momento le enseñó a la humanidad a vivir con caché.
Antes de nacer, por ejemplo, escogió llegar al mundo como aristócrata
inglesa, en una familia cuyos antepasados incluyen al Mío Cid y
a Carlomagno. Desde feto, ya iba demostrando su buen gusto y su prodigiosa
inteligencia. Luego, a los veintipico de años y sin haber ido siquiera
a la universidad, se convirtió en princesa y asumió con valentía
sin par la vida de rigor y autoinmolación que (como se sabe) viven
todas las princesas. Pocos años después, tras regalarle al
mundo dos principitos rosados (que tanta falta nos hacen), se halló
en la espantosa situación de ser hija de conde, esposa de príncipe,
nuera de reina y madre de futuro rey. ¿Acaso es fácil?
A pesar de todos estos sacrificios que voy enumerando,
Diana de Gales hacía de tripas corazones y enfrentaba sus deberes
como una generala. Llegaba a París o a Nueva York y pasaba una semana
completa de compras, que como todos saben es uno de los deberes más
sacrificados de las princesas. Luego asumía con estoicismo legendario
la horripilante obligación de tomar largas vacaciones esquiando
en los Alpes suizos o acostada en las blancas arenas de alguna isla privada
del Caribe. A tal grado llegaba el olvido de sí misma y la entrega
al deber de este ejemplo de ejemplos, que cada dos o tres meses obedecía
las instrucciones de su publicista y posaba para fotos junto a tullidos, retardados
o leprosos. ¡Con lo mucho que odiaba a los fotógrafos!
¿Cuál de estas dos mujeres llevó
la vida más dura, abnegada y ejemplar? Vivir en arrabales con pobres
y enfermos, como la Madre Teresa, no es nada difícil. De hecho,
aquí en Puerto Rico tenemos tantos pobres y enfermos que hasta podríamos
exportar algunos a la India ¿Cuál es la hazaña?
En cambio, y acudo ahora a un recuerdo doloroso, hace
unos años a mí personalmente me dio por pertenecer al Jet
Set internacional. Me la pasaba metido en París, conversaba por
teléfono con Madona y Elton John, leía revistas de moda,
comía caviar, bebía el amargo champán del destierro;
en fin, se me iba el día entero visitando sastres, aristócratas
y jefes de estado. Para ser breve, diré que no pude tolerarlo. Un
día me di por vencido y comprendí, de pronto, cuán
amplio y profundo es el sacrificio de las genuinas niñas ricas como
Diana la de Gales.
Tal y como van las cosas, temo que la Madre Teresa de
Calcuta llegue a santa antes que Diana. El mundo se ha vuelto loco.
FIN |