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Desde que somos pequeños e indefensos, desde que abrimos
los ojos por la mañana: el radio reloj dice time, alarm, doze. El
cuarto de baño grita Crest, Scope, hot, cold. Vamos a la cocina
y al desayuno: Corn Flakes, Quaker, high, medium, low. Nos montamos en
el carro: fuel, oil, speed, seat belts, lights, power brakes. Llegamos
a la escuela: cursos de inglés desde el primer grado, en todas las
escuelas, sean públicas o privadas. Una que otra celebración
en aquellos días especiales: Halloween, Thanksgiving, cositas por
el estilo. En los colegios, libros de texto en inglés: ¿Papi,
quién es Phillip the Second, el Spanish Monarch? Libros de matemáticas
y de ciencias y de historia: en inglés. Música en inglés
por la radio: I really really love you, baby. Continuamente. Por televisión
los interminables videos en inglés de MTV, Music Box, ya tú
sabes. Discotecas con nombres en inglés, donde sólo se baila
en ese idioma. Letreros en inglés en todos los edificios. No se
escapa uno, por más insignificante que parezca: exit, fire, in case
of fire, emergency window, cold, hot. El ascensor: close door, open door,
up, down. Los productos del supermercado expresan las calorías y
los ingredientes en inglés. Las advertencias urgentes, en inglés:
warning, poison, do not touch, danger, caution, hazardous. En los carros:
My son/daugther is an honor student at Saint Elsewhere School. Las facturas,
en inglés: Puerto Rico Telephone Company, etc. Todos los enseres
eléctricos, aunque vengan del Japón: off, on, fast forward,
rewind, date, time, volume, treble, stop. Cine en inglés, con la
rara excepción de un Jacobo, Zurinaga, Molina o de alguna que otra
bella época. Las películas extranjeras, con subtítulos
en inglés. Las películas puertorriqueñas, en la section
de Foreign Films. Ridiculez de Blockbuster, insulto de Blockbuster, que
no puede honrarnos con una tablillita que diga "Cine Puertorriqueño".
Cerca de 936 canales en inglés, más o menos, gracias a Cable
TV of Greater San Juan. Hasta C-Span. Hasta los debates del Parlamento
Británico para los que, hartos de la fonética norteamericana,
prefieran lapachear en el elegante acento de Inglaterra. Revistas de todo
tipo: mecánica, farándula, computadoras, levantamiento de
pesas (hombres y mujeres). Cultas librerías con nombres ingleses:
Castle Books, Mathew's, Papyrus, Ñémerson. Gobierno que habla
español con sintaxis inglesa. Puerto Rico does it better.
En fin, que todo lo vemos, escuchamos, tocamos, olemos
y probamos en inglés. De tal modo que no acabo de entender a los
muchos compatriotas que se jactan de saber inglés e insisten en
usarlo con frecuencia. No entiendo, por más que lo intento, a los
que gustan de salpicar sus conversaciones con gotitas de palabras inglesas
como si eso tuviera algún tipo de caché o elegancia. No acabo
de entenderlo, por mi madre. Porque a estas alturas es evidente que cualquier
idiota que se lo proponga puede hablar inglés en esta isla.
Lo difícil en Puerto Rico, el verdadero desafío, es hablar
español correctamente. FIN |