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FUNDACION ANDRES MATA
Premio
Andrés Mata
Centro
de documentación
Caracas, domingo 31 de mayo, 1998
cul
LEYENDO DE PIE IBSEN MARTÍNEZ
De una invasión apócrifa

"Preciosa serás sin bandera, sin lauros, ni gloria"
Preciosa, Bolero patriótico de don Rafael Hernández
 
El 15 de octubre de 1983, don Luis López Nieves envía al director del semanario puertorriqueño Claridad, una colección de cartas, documentos notariados, transcripciones de entrevistas grabadas, facsímiles de mapas del ejército colonial español, trozos del diario del general Nelson A. Miles y una solicitud: la de que todo sea publicado sin enmiendas ni expurgaciones. Tal es la voluntad última de su corresponsal, Víctor Cabañas, historiador de oficio, quien ha desaparecido, tal como temía y ha dejado ver en su últimas cartas a López Nieves. En esa correspondencia, que abarca varios años, Cabañas confía paulatinamente a su amigo López Nieves el progreso de sus desvelos en procura de un hallazgo que, a todas luces, puede ahora sustanciar fehacientemente: el de que un puñado de patriotas puertorriqueños ofreció tan fiera resistencia a la ocupación que toda una población del norte de la isla hubo de ser exterminada y sistemáticamente borrada de la memoria colectiva.

La punta de la madeja es una fecha errónea colada en un verso de una décima popular, compilada por un distinguido etnomusicólogo borincano, el profesor Canino. El verso reza "los americanos llegaron en mayo", contrariando la verdad histórica de que Nelson Miles desembarcó en Guánica en julio del 98.

Tirando de ella, Cabañas ha establecido que un pueblito llamado Seva, se sublevó ante la noticia de un desembarco estadounidense "de tanteo", ocurrido en mayo de aquel año.

La toma de Seva habría resultado tan onerosa en bajas marines y tan despiadada con la población civil, que comprometía seriamente la pretensión estadounidense de estar viniendo en apoyo de patriotas que combatían el dominio español. Cómo ha llegado Cabañas a esa conclusión? Pues dando por cierta la fecha del verso, cotejándola con el diario personal del general Miles, constatando la ubicación que a Seva dan los mapas militares españoles de la época, logrando el testimonio del huidizo Ignacio Martínez, único sobreviviente de la matanza: ahora es un anciano que ha guardado casi noventa años de temeroso silencio, a quien falta la oreja que un marine le cercenara de un sablazo durante el duro combate en la aldea y que, próximo a morir, confía la verdad al profesor Cabañas.

Su pesquisa lo lleva luego a Filadelfia, a Sevilla; de allí de vuelta a Borinquen. Para cuando envía la última misiva a su incrédulo pero leal amigo López Nieves, Cabañas es un hombre a la vez afiebrado y resuelto a cometer una locura. Según toda evidencia, Seva estuvo donde hoy día se levanta la base naval de Roosevelt Roads. Es un recinto vedado a la población civil. Se presume que allí, pese a todos los tratados de desnuclearización hemisférica, hay silos que albergan cohetería y ojivas nucleares. Si Cabañas halla siquiera un vestigio material de Seva, los puertorriqueños podrán saber que no son un pueblo sojuzgado sin ofrecer resistencia. Eso mismo se propone hacer: ingresar al recinto naval sin ser visto, exponiendo su vida. Cabañas desaparece y López Nieves cumple la promesa de dar a la luz su odisea historiográfica.

Una semana más tarde, el semanario Claridad se vio obligado a insistir en la aclaratoria hecha en la edición original de que aquel dossier era una obra de ficción. Nadie quiso creerle ni al semanario ni al propio López Nieves.

En programas de televisión, en cartas a la prensa, en entrevistas, López Nieves explicó hasta el cansancio cómo había concebido escribir una epopeya fundacional del orgullo patrio mientras estudiaba literatura comparada en Columbia University. Al paso que estudiaba las epopeyas clásicas -Gilgamesh, Cantar de la Hueste de Igor-, se apoderó de él una invencible depresión que sólo pudo conjurar urdiendo una ficción que narrase un hecho de armas que jamás tuvo lugar.

Puerto Rico en pleno decidió que, a despecho de las protestas del autor, los sucesos de Seva habían ocurrido realmente. La Academia de la Historia se mostró comprensiva con la "cautela" de López Nieves en atención a la suerte incierta corrida por el inexistente profesor Cabañas. Puedo dar fe de que todavía en 1985 las calles de San Juan y los muros de Roosevelt Roads amanecían cubiertos de airados graffiti : "Dónde está Víctor Cabañas?", o bien, "Seva vive". Paradójicamente, Seva1 participa de una cualidad convencionalmente moderna: la del texto comprometido, con brillantes toques de realismo sicológico, pero sometido a la intencionalidad política de un autor. Se inscribe también, con igual soltura, en lo que pronto será una tradición posmoderna: la del texto paródico, la del texto "apócrifamente apócrifo"; la del texto anotado que "penetra" y anima otros textos. Textos como la letra de un aguinaldo anónimo -género guajiro, desgajado del romance español- que propala épicamente la envidiable engañifa de López Nieves:

Don Víctor Cabañas
Se fue a investigar
Y al pueblo de Seva
Fue a desenterrar
Contó cómo en Seva
El boricua luchó
Cuando en mayo vino
Aquel invasor
Pronto me despido
Y pregunto yo
Dónde está don Víctor
Si vive o murió

Seva: historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico, ocurrida en mayo de 1898.

Luis López Nieves; Editorial Codillera, Inc. San Juan de Puerto Rico. 1991.