El 15 de octubre de 1983, don
Luis López
Nieves envía al director del semanario puertorriqueño
Claridad, una
colección de cartas, documentos notariados, transcripciones de
entrevistas grabadas, facsímiles de mapas del ejército colonial
español, trozos del diario del general Nelson A. Miles y una
solicitud: la de que todo sea publicado sin enmiendas ni
expurgaciones. Tal es la voluntad última de su corresponsal, Víctor
Cabañas, historiador de oficio, quien ha desaparecido, tal como
temía y ha dejado ver en su últimas cartas a López Nieves. En esa
correspondencia, que abarca varios años, Cabañas confía
paulatinamente a su amigo López Nieves el progreso de sus desvelos
en procura de un hallazgo que, a todas luces, puede ahora sustanciar
fehacientemente: el de que un puñado de patriotas puertorriqueños
ofreció tan fiera resistencia a la ocupación que toda una población
del norte de la isla hubo de ser exterminada y sistemáticamente
borrada de la memoria colectiva.
La punta de la madeja es una fecha errónea colada en un verso de
una décima popular, compilada por un distinguido etnomusicólogo
borincano, el profesor Canino. El verso reza "los americanos
llegaron en mayo", contrariando la verdad histórica de que Nelson
Miles desembarcó en Guánica en julio del 98.
Tirando de ella, Cabañas ha establecido que un pueblito llamado
Seva, se sublevó ante la noticia de un desembarco estadounidense "de
tanteo", ocurrido en mayo de aquel año.
La toma de Seva habría resultado tan onerosa en bajas marines y
tan despiadada con la población civil, que comprometía seriamente la
pretensión estadounidense de estar viniendo en apoyo de patriotas
que combatían el dominio español. Cómo ha llegado Cabañas a esa
conclusión? Pues dando por cierta la fecha del verso, cotejándola
con el diario personal del general Miles, constatando la ubicación
que a Seva dan los mapas militares españoles de la época, logrando
el testimonio del huidizo Ignacio Martínez, único sobreviviente de
la matanza: ahora es un anciano que ha guardado casi noventa años de
temeroso silencio, a quien falta la oreja que un marine le cercenara
de un sablazo durante el duro combate en la aldea y que, próximo a
morir, confía la verdad al profesor Cabañas.
Su pesquisa lo lleva luego a Filadelfia, a Sevilla; de allí de
vuelta a Borinquen. Para cuando envía la última misiva a su
incrédulo pero leal amigo López Nieves, Cabañas es un hombre a la
vez afiebrado y resuelto a cometer una locura. Según toda evidencia,
Seva estuvo donde hoy día se levanta la base naval de Roosevelt
Roads. Es un recinto vedado a la población civil. Se presume que
allí, pese a todos los tratados de desnuclearización hemisférica,
hay silos que albergan cohetería y ojivas nucleares. Si Cabañas
halla siquiera un vestigio material de Seva, los puertorriqueños
podrán saber que no son un pueblo sojuzgado sin ofrecer resistencia.
Eso mismo se propone hacer: ingresar al recinto naval sin ser visto,
exponiendo su vida. Cabañas desaparece y López Nieves cumple la
promesa de dar a la luz su odisea historiográfica.
Una semana más tarde, el semanario Claridad se vio obligado a
insistir en la aclaratoria hecha en la edición original de que
aquel dossier era una obra de ficción. Nadie quiso creerle ni al
semanario ni al propio López Nieves.
En programas de televisión, en cartas a la prensa, en
entrevistas, López Nieves explicó hasta el cansancio cómo había
concebido escribir una epopeya fundacional del orgullo patrio
mientras estudiaba literatura comparada en Columbia University. Al
paso que estudiaba las epopeyas clásicas -Gilgamesh, Cantar de la
Hueste de Igor-, se apoderó de él una invencible depresión que sólo
pudo conjurar urdiendo una ficción que narrase un hecho de armas que
jamás tuvo lugar.
Puerto Rico en pleno decidió que, a despecho de las protestas del
autor, los sucesos de Seva habían ocurrido realmente. La Academia de
la Historia se mostró comprensiva con la "cautela" de López Nieves
en atención a la suerte incierta corrida por el inexistente profesor
Cabañas. Puedo dar fe de que todavía en 1985 las calles de San Juan
y los muros de Roosevelt Roads amanecían cubiertos de airados
graffiti : "Dónde está Víctor Cabañas?", o bien, "Seva vive".
Paradójicamente, Seva1 participa de una cualidad convencionalmente
moderna: la del texto comprometido, con brillantes toques de
realismo sicológico, pero sometido a la intencionalidad política de
un autor. Se inscribe también, con igual soltura, en lo que pronto
será una tradición posmoderna: la del texto paródico, la del texto
"apócrifamente apócrifo"; la del texto anotado que "penetra" y anima
otros textos. Textos como la letra de un aguinaldo anónimo -género
guajiro, desgajado del romance español- que propala épicamente la
envidiable engañifa de López Nieves:
- Don Víctor Cabañas
- Se fue a investigar
- Y al pueblo de Seva
- Fue a desenterrar
- Contó cómo en Seva
- El boricua luchó
- Cuando en mayo vino
- Aquel invasor
- Pronto me despido
- Y pregunto yo
- Dónde está don Víctor
- Si vive o murió
Seva: historia de la primera invasión norteamericana de la isla
de Puerto Rico, ocurrida en mayo de 1898.
Luis López Nieves; Editorial Codillera, Inc. San Juan de Puerto
Rico. 1991.