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El documental "La ciudad de los signos" es un homenaje al
cine desde dentro del mismo cine.
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ROSELLINI, PARAPSICOLOGÍA Y TIEMPOS SUPERPUESTOS
En 2006, Humberto Solás
reconoció a Roberto Rosellini
como el "hombre que redescubrió la realidad de los humildes
mediante el misterio de la cámara". Las palabras del director de Barrio
Cuba introducían la exhibición de Roma, ciudad abierta y el
homenaje que el 4to. Festival Internacional del Cine Pobre dedicaba a la
obra del fundador del movimiento neorrealista italiano.
Ahora, el maestro de Paisá y Alemania, año 0 ha vuelto a
Gibara a
través de La ciudad de los signos, filme de 62 minutos de
duración, realizado por Samuel Alarcón gracias a una beca de la Agencia
Española de Cooperación Internacional y que ya en 2009 se alzó con
el premio del público en Documenta Madrid.
No es difícil comprender por qué esta cinta hizo batir palmas a los
espectadores en la más exigente cita del documental en España. Alarcón
seduce con su bien elaborada fusión entre dos asuntos a primera vista
antitéticos. De un lado, la historia del cine y el realismo de
Roselinni; del otro, la parapsicología, con su objeto de estudio y
fenómenos todavía no reconocidos como ciencia.
El relato fílmico se hilvana a través del viaje de César Alarcón en
1980 a Pompeya, la ciudad reducida a cenizas por la gran erupción del
Vesubio según todos aprendimos en Historia de la Roma Antigua. Su
propósito es el de grabar los ecos de ese pasado que pueden haber
quedado resguardados entre las ruinas, estampados en el éter, y que los
investigadores llaman "psicofonías". El que fue a encontrar gritos
aterrorizados y procedentes del año 79 d. C., lo que escucha son voces
en inglés, que le suenan muy cercanas. César termina identificando el
diálogo: son Ingrid Bergman y George Sanders en un pasaje de Viaggio
in Italia, película filmada por Rosellini en 1953.
A merced de este arranque típico de falso documental, Alarcón da un
vuelco y trueca la narración de "registros sonoros" en una
reconstrucción de "registros visuales". Entonces, hará desfilar por la
pantalla la historia del siglo XX en Italia, tan enlazada con la
biografía del hombre que transformó el cine moderno; la arquitectura
real de las ciudades con las escenografías mínimas de ese antropólogo de
la imagen que fue el autor de Stromboli; el conocimiento extremo
de las pasiones humanas que denotó Rosellini, con sus propias
vicisitudes sentimentales, como su vida amorosa con la estrella de Casablanca.
Emocionante el desmontaje que hace el realizador español sobre una de
las secuencias inolvidables de los más de cien años de cine; aquella en
que unas excavaciones descubren ante los ojos del personaje
interpretado por la Bergman a "los amantes de Pompeya", una pareja que
la lava del volcán sorprendió en el abrazo sensual. Alarcón revela cómo
se fabricó ese plano, el que ha sido rodeado de mitos y no es más que la
impostura maestra del maestro Rosellini.
Morosa, tal vez un tanto afectada por la excesiva grandilocuencia
existencial y filosófica de la narración en off; sin embargo, La
ciudad de los signos es magistral en el trabajo fotográfico, el
montaje de las imágenes y los efectos visuales. El ayer y el hoy
sobrepuestos; colocadas una encima de la otra: la escena captada por la
cámara y la real cotidianidad del ahora; blanco y negro sobre color, o
viceversa; el cómo una ciudad nunca vuelve a ser la misma después que ha
sido envuelta para la posteridad por la magia del Séptimo Arte
La ciudad de los signos es la mirada de un cineasta acerca
de otro cineasta; un homenaje al cine desde dentro del mismo cine. Más
que nada, una interpretación visual de la tenue y tramposa, pero
sublime, frontera entre el celuloide y la vida.
UN GRITO EN LA HISTORIA DE PUERTO RICO
Francisco Serrano prefiere llamar a
Seva vive una
"película" a secas, sin catalogarla como "de ficción" o "documental".
Tampoco acepta del todo que se la califique de "mockumentary" o "falso
documental", pues argumenta que él presentó entrevistas reales.
Y es cierto que no es fácil catalogar esta película que, a partes
iguales, es obra basada en la imaginación (o mejor dicho: dos
imaginaciones, la del cineasta y la de Luis López Nieves, autor del
cuento que dio pie al relato fílmico) y documento sustentado en los
hechos de la realidad contemporánea y del pasado de la cercana isla de
Puerto Rico.
Es verdad que él ha puesto a disertar ante la cámara a catedráticos
de reputación auténtica, a voces autorizadas en la ciencia de la
Historia y en la teoría de la Literatura; pero también ha colocado
actores que participan en una excavación y un supuesto descubrimiento de
cadáveres; o ha simulado un intercambio de correo electrónicos entre él
y el escritor de Seva…
Encima, Serrano ha hecho renacer a la actualidad una ficción
literaria, que fue publicada dentro de un periódico en 1983 y conmovió
los cimientos de la nación boricua al plantearles una narración
increíble, pero que muchos creyeron auténtica. Si López Nieves manipuló
con inteligencia las técnicas de la investigación periodística para
implantar su "historia trocada", donde los naturales no abrían jubilosos
los brazos para recibir a los invasores norteamericanos en 1898 y, en
cambio, ofrecían batalla antes de ser masacrados; entonces, Francisco ha
usado eficazmente los recursos del audiovisual para contarnos por qué el
desafiante grito de "Seva vive" resuena todavía en los voceros del
ideal independentista; y para explicarnos porqué las ficciones no
siempre son ficciones del todo, pues "la verdad —según afirma un
entrevistado—, es lo que un pueblo crea de sí mismo."
A la larga, esa disyuntiva de en qué género ubicarla es un trance
menor, porque Seva vive es el debut de un realizador ya listo
para el mayor alcance. Aunque contra la recepción de su obra conspire la
prolongación (dura 90 minutos), vale la pena acercarse a esta seria
inmersión en los avatares de un terruño del Caribe, de historia y
costumbres similares a la de Cuba, que a fines del siglo XIX
padeció el traslado de poderes de la colonial potencia española al rapaz
de nuevo cuño: los Estados Unidos de América, y bajo la dominación de
este con la rúbrica engañosa de "Estado Libre Asociado", ha vivido todo
el siglo XX y lo que va del Nuevo Milenio, sin que sus habitantes hayan
abandonado el sueño de una libertad indiscutible.
Soberbio es el repaso entre leyendas populares y mitos identitarios,
hechos comprobados y versiones múltiples, salpicado de polémicas
encendidas y contradicciones, que se nos ofrece en las entrevistas. Y
muy interesante es el despliegue de imaginería visual en el eje
narrativo, por la compenetración de fotos y documentales de archivo, con
segmentos filmados a posta, al estilo documental, los bien elaborados
fotomontajes, la animación sobre imágenes históricas y mapas o la
réplica de los contactos vía Internet. Al resultado definitivo, mucho
contribuye también la banda sonora, original para la película,
interpretada por un formato orquestal y que resulta ideal para los
subrayados dramatúrgicos; o la decoración con recortes de periódicos que
le añade información a la puesta en escena del momento de las
entrevistas.
Seva Vive, que viene de participar con favorable recepción
en el Festival de Guadalajara, le coloca al aderezo de la
competencia en documentales, el ingrediente de la indagación política,
histórico-social y cultural con el gusto del buen oficio del cine.
SIN MIEDO EN DÍA DE MUERTOS
La teoría del Periodismo de Viajes enseña a diferenciar entre la
mirada del "turista" y la del "viajero". Al primero le interesa la foto
al pie del monumento, el paisaje de postal, el traje y el baile típico,
la bebida y comida típica. Todo lo típico, el país de folclor…
Mientras que el segundo aspira a cargar en su morral las esencias del
país que visita, atrapar con el lente el retrato del alma de sus
habitantes, escudriñar en los orígenes de las tradiciones, correlacionar
los mitos históricos y culturales con los hábitos que identifican a un
pueblo y lo distinguen del otro.
Esta definición del viajero le encaja muy bien al cubano Carlos
Barba, ahora por los rumbos de México. Alejado de las recurrencias de su
anterior filmografía, marcada por la influencia de Humberto Solás
(colaboró con él en Barrio Cuba, le dedicó Memorias de Lucía,
Gibara, ciudad abierta, entre otros) y la
historiografía-homenaje a todo el cine cubano (Mujer que espera, Papeles
principales, Canción para Rachel); en su último documental, Día
de muertos, con la producción de Tele Sur Campeche, apela al
ejercicio de investigación antropológica, que ausculta bajo la piel del
rito con el que un pueblo se singulariza de todos los demás.
Parece siniestro, pero a los habitantes de Pomuch le parece muy
normal. ¿Miedo? "No, me da sentimiento", dice ante la cámara una anciana
que acaba de extraer del nicho funerario los restos de sus antepasados,
y que comienza pausada, exhaustivamente, a limpiar hueso por hueso del
cadáver entero, para colocarlos al final sobre una caja pulcra,
recubierta con una tela blanca y bordada con hilos de color.
Ellos, en el día que la cristiandad llama de los Fieles Difuntos, el 2
de Noviembre, ni siquiera hacen como sus compatriotas mexicanos, que en
su peculiar Día de Muertos pasean a la "Catrina" y elaboran suntuosos
altares. Humildemente, estos descendientes de los mayas, tanto viejos
como jóvenes, persisten en la ancestral costumbre del "cambio de paños",
y en cocinar bajo la tierra su plato a base de pollo y maíz.
Alrededor de este acto heredado, se posan los prejuicios de los
extraños y flotan historias de aparecidos… Carlos Barba evita la pose
sensacionalista, la escatología y el horror, para envolvernos, por el
contrario, en un registro fílmico reposado, sencillo y naturalista.
Consulte además
• 8vo. Festival
Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás
• La lista de las ficciones breves
• Octava oportunidad para el cine pobre
• Diez a la caza del premio gordo
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Fuente:
EXCLUSIVO, 15/04/10