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Año XI  15/04/2010 14:58 "Año 52 de la Revolución"

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8vo. Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás
Rosellini, Puerto Rico y el Día de Muertos
RAFAEL GRILLO
El documental "La ciudad de los signos" es un homenaje al cine desde dentro del mismo cine.
ROSELLINI, PARAPSICOLOGÍA Y TIEMPOS SUPERPUESTOS

En 2006, Humberto Solás reconoció a Roberto Rosellini como el "hombre que redescubrió la realidad de los humildes mediante el misterio de la cámara". Las palabras del director de Barrio Cuba introducían la exhibición de Roma, ciudad abierta y el homenaje que el 4to. Festival Internacional del Cine Pobre dedicaba a la obra del fundador del movimiento neorrealista italiano.

Ahora, el maestro de Paisá y Alemania, año 0 ha vuelto a Gibara a través de La ciudad de los signos, filme de 62 minutos de duración, realizado por Samuel Alarcón gracias a una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional y que ya en 2009 se alzó con el premio del público en Documenta Madrid.

No es difícil comprender por qué esta cinta hizo batir palmas a los espectadores en la más exigente cita del documental en España. Alarcón seduce con su bien elaborada fusión entre dos asuntos a primera vista antitéticos. De un lado, la historia del cine y el realismo de Roselinni; del otro, la parapsicología, con su objeto de estudio y fenómenos todavía no reconocidos como ciencia.

El relato fílmico se hilvana a través del viaje de César Alarcón en 1980 a Pompeya, la ciudad reducida a cenizas por la gran erupción del Vesubio según todos aprendimos en Historia de la Roma Antigua. Su propósito es el de grabar los ecos de ese pasado que pueden haber quedado resguardados entre las ruinas, estampados en el éter, y que los investigadores llaman "psicofonías". El que fue a encontrar gritos aterrorizados y procedentes del año 79 d. C., lo que escucha son voces en inglés, que le suenan muy cercanas. César termina identificando el diálogo: son Ingrid Bergman y George Sanders en un pasaje de Viaggio in Italia, película filmada por Rosellini en 1953.

A merced de este arranque típico de falso documental, Alarcón da un vuelco y trueca la narración de "registros sonoros" en una reconstrucción de "registros visuales". Entonces, hará desfilar por la pantalla la historia del siglo XX en Italia, tan enlazada con la biografía del hombre que transformó el cine moderno; la arquitectura real de las ciudades con las escenografías mínimas de ese antropólogo de la imagen que fue el autor de Stromboli; el conocimiento extremo de las pasiones humanas que denotó Rosellini, con sus propias vicisitudes sentimentales, como su vida amorosa con la estrella de Casablanca.

Emocionante el desmontaje que hace el realizador español sobre una de las secuencias inolvidables de los más de cien años de cine; aquella en que unas excavaciones descubren ante los ojos del personaje interpretado por la Bergman a "los amantes de Pompeya", una pareja que la lava del volcán sorprendió en el abrazo sensual. Alarcón revela cómo se fabricó ese plano, el que ha sido rodeado de mitos y no es más que la impostura maestra del maestro Rosellini.

Morosa, tal vez un tanto afectada por la excesiva grandilocuencia existencial y filosófica de la narración en off; sin embargo, La ciudad de los signos es magistral en el trabajo fotográfico, el montaje de las imágenes y los efectos visuales. El ayer y el hoy sobrepuestos; colocadas una encima de la otra: la escena captada por la cámara y la real cotidianidad del ahora; blanco y negro sobre color, o viceversa; el cómo una ciudad nunca vuelve a ser la misma después que ha sido envuelta para la posteridad por la magia del Séptimo Arte

La ciudad de los signos es la mirada de un cineasta acerca de otro cineasta; un homenaje al cine desde dentro del mismo cine. Más que nada, una interpretación visual de la tenue y tramposa, pero sublime, frontera entre el celuloide y la vida.

UN GRITO EN LA HISTORIA DE PUERTO RICO

Francisco Serrano prefiere llamar a Seva vive una "película" a secas, sin catalogarla como "de ficción" o "documental". Tampoco acepta del todo que se la califique de "mockumentary" o "falso documental", pues argumenta que él presentó entrevistas reales.

Y es cierto que no es fácil catalogar esta película que, a partes iguales, es obra basada en la imaginación (o mejor dicho: dos imaginaciones, la del cineasta y la de Luis López Nieves, autor del cuento que dio pie al relato fílmico) y documento sustentado en los hechos de la realidad contemporánea y del pasado de la cercana isla de Puerto Rico.

Es verdad que él ha puesto a disertar ante la cámara a catedráticos de reputación auténtica, a voces autorizadas en la ciencia de la Historia y en la teoría de la Literatura; pero también ha colocado actores que participan en una excavación y un supuesto descubrimiento de cadáveres; o ha simulado un intercambio de correo electrónicos entre él y el escritor de Seva

Encima, Serrano ha hecho renacer a la actualidad una ficción literaria, que fue publicada dentro de un periódico en 1983 y conmovió los cimientos de la nación boricua al plantearles una narración increíble, pero que muchos creyeron auténtica. Si López Nieves manipuló con inteligencia las técnicas de la investigación periodística para implantar su "historia trocada", donde los naturales no abrían jubilosos los brazos para recibir a los invasores norteamericanos en 1898 y, en cambio, ofrecían batalla antes de ser masacrados; entonces, Francisco ha usado eficazmente los recursos del audiovisual para contarnos por qué el desafiante grito de "Seva vive" resuena todavía en los voceros del ideal independentista; y para explicarnos porqué las ficciones no siempre son ficciones del todo, pues "la verdad —según afirma un entrevistado—, es lo que un pueblo crea de sí mismo."

A la larga, esa disyuntiva de en qué género ubicarla es un trance menor, porque Seva vive es el debut de un realizador ya listo para el mayor alcance. Aunque contra la recepción de su obra conspire la prolongación (dura 90 minutos), vale la pena acercarse a esta seria inmersión en los avatares de un terruño del Caribe, de historia y costumbres similares a la de Cuba, que a fines del siglo XIX padeció el traslado de poderes de la colonial potencia española al rapaz de nuevo cuño: los Estados Unidos de América, y bajo la dominación de este con la rúbrica engañosa de "Estado Libre Asociado", ha vivido todo el siglo XX y lo que va del Nuevo Milenio, sin que sus habitantes hayan abandonado el sueño de una libertad indiscutible.

Soberbio es el repaso entre leyendas populares y mitos identitarios, hechos comprobados y versiones múltiples, salpicado de polémicas encendidas y contradicciones, que se nos ofrece en las entrevistas. Y muy interesante es el despliegue de imaginería visual en el eje narrativo, por la compenetración de fotos y documentales de archivo, con segmentos filmados a posta, al estilo documental, los bien elaborados fotomontajes, la animación sobre imágenes históricas y mapas o la réplica de los contactos vía Internet. Al resultado definitivo, mucho contribuye también la banda sonora, original para la película, interpretada por un formato orquestal y que resulta ideal para los subrayados dramatúrgicos; o la decoración con recortes de periódicos que le añade información a la puesta en escena del momento de las entrevistas.

Seva Vive, que viene de participar con favorable recepción en el Festival de Guadalajara, le coloca al aderezo de la competencia en documentales, el ingrediente de la indagación política, histórico-social y cultural con el gusto del buen oficio del cine.

SIN MIEDO EN DÍA DE MUERTOS

La teoría del Periodismo de Viajes enseña a diferenciar entre la mirada del "turista" y la del "viajero". Al primero le interesa la foto al pie del monumento, el paisaje de postal, el traje y el baile típico, la bebida y comida típica. Todo lo típico, el país de folclor…

Mientras que el segundo aspira a cargar en su morral las esencias del país que visita, atrapar con el lente el retrato del alma de sus habitantes, escudriñar en los orígenes de las tradiciones, correlacionar los mitos históricos y culturales con los hábitos que identifican a un pueblo y lo distinguen del otro.

Esta definición del viajero le encaja muy bien al cubano Carlos Barba, ahora por los rumbos de México. Alejado de las recurrencias de su anterior filmografía, marcada por la influencia de Humberto Solás (colaboró con él en Barrio Cuba, le dedicó Memorias de Lucía, Gibara, ciudad abierta, entre otros) y la historiografía-homenaje a todo el cine cubano (Mujer que espera, Papeles principales, Canción para Rachel); en su último documental, Día de muertos, con la producción de Tele Sur Campeche, apela al ejercicio de investigación antropológica, que ausculta bajo la piel del rito con el que un pueblo se singulariza de todos los demás.

Parece siniestro, pero a los habitantes de Pomuch le parece muy normal. ¿Miedo? "No, me da sentimiento", dice ante la cámara una anciana que acaba de extraer del nicho funerario los restos de sus antepasados, y que comienza pausada, exhaustivamente, a limpiar hueso por hueso del cadáver entero, para colocarlos al final sobre una caja pulcra, recubierta con una tela blanca y bordada con hilos de color.

Ellos, en el día que la cristiandad llama de los Fieles Difuntos, el 2 de Noviembre, ni siquiera hacen como sus compatriotas mexicanos, que en su peculiar Día de Muertos pasean a la "Catrina" y elaboran suntuosos altares. Humildemente, estos descendientes de los mayas, tanto viejos como jóvenes, persisten en la ancestral costumbre del "cambio de paños", y en cocinar bajo la tierra su plato a base de pollo y maíz.

Alrededor de este acto heredado, se posan los prejuicios de los extraños y flotan historias de aparecidos… Carlos Barba evita la pose sensacionalista, la escatología y el horror, para envolvernos, por el contrario, en un registro fílmico reposado, sencillo y naturalista.

Consulte además

8vo. Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás
La lista de las ficciones breves
Octava oportunidad para el cine pobre
Diez a la caza del premio gordo

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Fuente: EXCLUSIVO,
15/04/10

 
 
 
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