Galileo Galilei y el misterio del telescopio
By EMMA RESTREPO
Especial/El Nuevo Herald
Luis López Nieves (Puerto Rico, 1950) es un escritor Puertorriqueño que viene publicando desde 1984 literatura de ficción basada en hechos históricos. Tiene una gran habilidad para mezclar la realidad, o lo que se supone es la realidad, y la fantasía de una manera armónica. Tanto es así, que un día cualquiera en una rueda de prensa a propósito de su libro sobre Voltaire alguien le preguntó: ``¿Y de dónde se le ocurrió la genial idea de decir que el corazón de Voltaire está en la Biblioteca Nacional de París?''. ``Eso no me lo inventé yo'', contestó López. Con su novela más reciente, El silencio de Galileo, pasa algo similar; nos recrea y al mismo tiempo nos devela el misterio que la historia tiene pendiente: Si Galileo fue o no fue el inventor del Telescopio.
Luis López Nieves, es doctor en Literatura Comparada por la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook y actualmente dirige el programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón de San Juan de Puerto Rico. Con este hombre nos sentamos a conversar, él en su casa y yo en la mía; y hubo un momento en el que la comunicación se cortó, al parecer, una tormenta en Puerto Rico intentó sabotear el humor y la simpatía de Luis, y de paso, el café humeante y conversado que estaba sobre mi mesa. Es posible que hayan sido los fantasmas de la no menos corta lista de posibles creadores del Telescopio que andarán por estos días revoloteando la Isla.
Y es que desde 1608 cuando se entregó la primera patente de invención del Telescopio, la duda existe. No se sabe si fue el italiano Galileo Galilei, o los holandeses Zacarías Jassen y Jacobo Metius, o el alemán Hans Lippershey, o Juan Roget. Pero en el Silencio de Galileo la profesora Ysabeau de Vassy lo resuelve al mejor estilo de las mujeres de mundo, de las Emma Peels de los Vengadores, de los Angeles de Charlie o de las Lynda Carter:
``Mon petit: ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria! Al fin, querido Roland, todo ha caído en su sitio. En los últimos cinco días hemos encontrado cuarenta y tres documentos relacionados con nuestra pesquisa. (...) Toda la información está incuestionable y minuciosamente documentada. Te enviaré copia de los documentos porque todos han sido digitalizados y no me cuesta ningún trabajo enviártelos, pero no creo que te sean de enorme utilidad porque están en holandés. (...) ha sido bastante fácil unir todos estos datos para armar lo que al principio parecía un rompecabezas, pero ahora se ha transformado en la clarísima historia de un magno hurto histórico. Muy pronto el mundo entero se enterará de quién inventó el telescopio en realidad. También se conocerá la naturaleza vil y traicionera de los holandeses. Empezaré por el principio. ¿Estás preparado? (...) Besitos, Ysabeau/Professeur d'Historie/Université de la Sorbonne''.
En un lenguaje cotidiano, acelerado y vivaz se va tejiendo la historia y con ella, las vidas de la bella historiadora; de una altruista dedicada a apoyar la cultura a través de su fundación quien a su vez tiene a su padre moribundo y quiere cumplirle su último deseo; de un académico paranoico; de la nieta descendiente de Galileo Galilei y muchos más personajes que se convierten, por la magia de los correos electrónicos (estructura de la novela), en seres llenos de movimiento que divierten al lector y lo atrapan en una emocionante película de acción.
Seva, La verdadera muerte de Juan Ponce, El Corazón de Voltaire y su novela más reciente, novela esta vez publicada por Editorial Norma, El silencio de Galileo, tienen algo en común: entreteje la historia formal y la informal, pero, ¿acaso es la historia tan verdadera? Es posible que en esa rendija de lo desconocido que ha dejado la historia, haya pasado de puntillas la literatura de ficción y nos esté devolviendo los hechos cargados de diálogos, escenarios, olores, sabores, intrigas y desconsuelos. Y si la historia es para recordarla, es posible que la literatura histórica le esté quitando esa obligación.
``Un punto fundamental de la novela es que no hay un narrador. Los personajes se describen ellos mismos a través de los correos electrónicos. Todo queda descrito sin describir''. De allí el efecto cinematográfico que a Luis le enorgullece porque lo considera un gran reto como escritor.
Un año le tomó recrear esta historia; tres meses de preparación, de lectura, de investigación y, nueve meses de redacción. Sin embargo ya venía trabajando el tema pues ha sido un gran lector del Renacimiento, de historia y con una gran imaginación y olfato. Por eso le molesta que algunos piensen que su estilo se debe a algunas modas porque su primera novela apareció en el año 84. ``Así que de pronto te digan que te estas inspirando en el Código Da Vinci me pone los pelos de punta''.
``Esta vez quise escribir sobre el primer científico moderno: Galilei. Me pareció que su vida tenía unos momentos muy interesantes y cuando vi este asunto del Telescopio quedé maravillado porque hay quienes dicen que fue Hans Lippershey en 1508 quien lo inventó y hay la enorme casualidad porque Zacarías Jassen, cuatro días después, también pidió la patente en el mismo pueblo en el sur de Holanda''. López encontró los mapas del pueblo, los estudió con cuidado y se dio cuenta de que estos dos hombres, que inicialmente se pelean la autoría, vivían en calles distintas pero paralelas y sus patios eran colindantes.
Este puertorriqueño tuvo el privilegio de crecer en un hogar rodeado de libros y mientras sus amiguitos estaban sudados y sucios luego de jugar béisbol, él estaba perfumado enamorando a las niñas con poemas de Gustavo Adolfo Bécquer: ``Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso... ¡yo no sé que te diera por un beso!'' Habría que indagar acerca del destino de sus amiguitos porque López Nieves tiene sobre su espalda cinco matrimonios. Algo de magia ha de tener la literatura. •
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