LUIS
LóPEZ NIEVES ES AUTOR DEL RELATO HISTóRICO SEVA, UNO DE LOS MAYORES
éXITOS LITERARIOS DE PUERTO RICO. SU NOVELA EL CORAZóN DE VOLTAIRE HA
SIDO ACLAMADA POR LA CRíTICA LITERARIA INTERNACIONAL COMO UNA DE LAS
OBRAS MáS ORIGINALES DEL SIGLO XXI
Luis López Nieves: No me quemarán vivo
Por René Rodríguez Soriano
Miami, FL, USA.- Nos unen y nos distancian el mismo sol, la misma luz y
el mismo mar; nos une, en cierto modo —con pasión, con saña—, la
sabiduría de lo incierto.
Luis López Nieves, quizás haciendo acopio de
una alta dosis de energía creando formas y un ovillo de relativas y
contradictorias verdades, hace trizas y echa por el suelo la ambigüedad
del mundo que heredamos.
Con desenfado y sin malicia, pedalea a manos sueltas por esa frágil
línea que separa lo real de lo posible y nos interna a toda luz por los
más inhóspitos pasajes de la Historia, en sus historias.
Luis López Nieves básico, Puertorriqueño, 1950.
Luis López Nieves es autor del relato histórico Seva, uno de los
mayores éxitos literarios de Puerto Rico. Su novela El corazón de
Voltaire ha sido aclamada por la crítica literaria internacional como
una de las obras más originales del siglo XXI. López Nieves ha ganado
el Premio Nacional de Literatura de su país en dos ocasiones,
reconocido escritor en República Dominicana.
Es doctor en Literatura Comparada por la Universidad del Estado de
Nueva York en Stony Brook. También es el fundador y director del primer
programa de Maestría en Creación Literaria de América Latina (en la
Universidad del Sagrado Corazón, en San Juan de Puerto Rico) y de la
Biblioteca Digital Ciudad Seva (
CiudadSeva.com). Desde el 2007 ocupa la
posición de Escritor Residente de la Universidad del Sagrado Corazón.
Desde sus primeras andanzas por los caminos del entronque y el
trastrueque (Seva, 1984), López Nieves fabula y confabula contra los
sacrosantos valores de la «visión única y el sueño de Newton». La
historia oficial y el público de a pie tuvieron que lanzarse sin camisa
por los descampados de la imaginación; el narrador, como una especie de
fiscal, ponía en escena innumerables folios de visiones contrapuestas a
las tradicionalmente aceptadas.
A Seva le seguirían dos nuevos libros de relatos (Escribir para Rafa,
1987 y La verdadera muerte de Juan Ponce de León, 2000). Luego habría
de llegar El corazón de Voltaire (2007), donde, sin muchos miramientos
y apoyado en la sagacidad de una de las más originales historiadoras de
todos los tiempos, pasa por la piedra los turbios manejos del poder.
Ysabeu de Vassy, como si viajara de una galaxia a otra y en una
poderosa nave del futuro, rompe todos los cercos y encerronas para
hurgar y entresacar verdades por tanto tiempo escamoteadas en los
celosos archivos de la Iglesia, Los Estados y los Ejércitos.
Aclamada y celebrada por lectores en Europa y
Latinoamérica, El corazón de Voltaire ha sido objeto de múltiples
reconocimientos y ediciones que, de hecho, han preparado un excelente
escenario para la llegada de
El silencio de Galileo (2009), novela que
ya anda pisándole muy de cerca los talones a la anterior. Desde hace
largo rato tenía la intención de cruzar unas cuantas palabras con Luis
López Nieves. Ha llegado el momento, aprovecho que descansa de las
ferias, los encuentros, los aeropuertos, y lo abordo:
—Luis, tengo noticias de que acabas de participar en la Feria del Libro
de Islandia y que cubres una apretada agenda con la promoción de tu
novela, a propósito, ¿cómo va El silencio de Galileo?
—En efecto, acabo de regresar de la Feria del Libro de Islandia. Fue
una experiencia tan hermosa como exótica, porque la mayoría de los
autores eran nórdicos, de países como Noruega, Dinamarca, Suecia y, por
supuesto, Islandia. Todos estos países hablan idiomas germánicos. El
único autor latinoamericano residente en América Latina era yo. El otro
latinoamericano era Junot Díaz, quien vive en Estados Unidos.
El Grupo Editorial Norma, mi editorial, publicó dos grandes ediciones
de El silencio de Galileo: una en América Latina y otra en España. La
edición de América Latina se agotó en menos de un mes y ya está en
imprenta la segunda. De España todavía no me han llegado datos
concretos, aunque me informan que las ventas también son buenas.
—Me llama la atención de que, como aconteció en El corazón de Voltaire,
las mismas instituciones y poderes (la Iglesia y el Estado,
principalmente) interpusieron un sinnúmero de dificultades y escollos,
¿acaso, en la vida real, tanto el poder político o militar y las
encumbradas familias de la más rancia aristocracia, temen que sean de
común conocimiento ciertos secretos y verdades a media?
—Creo que hay ciertas lecciones básicas que nos enseñan los libros de
historia. Una de ellas es que por lo general un grupo relativamente
pequeño de personas controla a las grandes masas. Como resultado de
este control, disfrutan de riquezas, poder, privilegios, etc. También
nos enseñan los libros que, para lograr este control, las clases
dominantes deben manipular las mentes de las clases dominadas. Lo hacen
de diferentes maneras. A veces con propaganda intensa, diaria,
incesante, como es el caso actual de los Estados Unidos, donde no se
puede ver ni un juego de baloncesto sin que se toque el himno nacional
ni se puede ver un noticiero que no tenga algún elemento
propagandístico.
Otra manera es por medio de la ignorancia total. Ese fue el caso de los
egipcios antiguos. Un grupo pequeñísimo de sacerdotes se apropió de la
"verdad" y de los "conocimientos", y le prohibió al pueblo el acceso a
los mismos. Les llamaban "grandes secretos divinos" u otros nombres
pomposos. Los sacerdotes decían que ellos eran los "elegidos" para
interpretar esos secretos y que cualquier otra persona que intentara
hacerlo era un hereje soberbio que merecía la muerte.
En los tiempos de Galileo, la Iglesia Católica se consideraba la única
poseedora de la "verdad". Pensar de manera diferente a la permitida por
la Iglesia se castigaba con severidad. Quemaron vivos a varios
científicos solamente por diferir de las enseñanzas bíblicas. Quemaron
vivo al famoso Giordano Bruno sólo por decir que había múltiples
sistemas solares. A Galileo también lo amenazaron con quemarlo vivo a
menos que renunciara públicamente a sus ideas.
En el caso de los egipcios y de muchos otros, estoy seguro de que eran
unos grandes manipuladores de la verdad. Realmente no creían mucho de
lo que decían. Eran trucos para mantener al pueblo ignorante y dominado.
En el caso del catolicismo no estoy seguro. A veces pienso que los
inquisidores realmente creían que estaban haciendo el bien. En realidad
pensaban, por ejemplo, que la tierra tenía que ser plana y que nuestro
planeta tenía que ser el centro del universo. Lo creían por fe y
porque, según decían, era la palabra de Dios.
—A propósito de la Iglesia y el poder, ¿no ha aparecido algún cura,
obispo o coronel que haya visto en tu novela o en alguna de tus
historias leña fértil para la santa hoguera?
—Que yo sepa, no. Pero recuerda que el papa Juan Pablo II perdonó a
Galileo en el 1992. Por tanto, podríamos decir que tengo permiso
oficial para hablar bien sobre Galileo. No me quemarán vivo.
—Ysabeau de Vassy, hermosa heroína que, al parecer reúne las mejores
condiciones de Sherlock Holmes, Pepe Carvalho y la Mujer Maravilla, más
que una avinagrada estudiosa de apolillados folios y pergaminos parece
una explosiva presentadora de uno de esos súper ranqueados talk shows
de las grandes cadenas televisivas, ¿también aquí podemos encontrar un
guiño o una clave de la desacralización de los viejos mitos de la
historiografía tradicional y sus verdades de Perogrullo?
—Durante 32 años he sido profesor universitario, he vivido en el mundo
académico, y he conocido muchísimas profesoras tan inteligentes como
bellas y valientes. Apenas tuve que usar la imaginación para crear a
Ysabeau, porque todos los días trabajo con colegas profesoras iguales
que ella a mi alrededor. ¿Por qué persiste el cliché de la profesora
asexual y poco atractiva? No lo entiendo.
—¿Acaso hay otra sutil llamada de atención o velada crítica en el hecho
de que, al igual que esclarecidas heroínas como Luisa Lane, Narda,
Mimi, la propia Mujer Maravilla y todas las novias de Fantomas,
sostienen y defienden su perpetua soltería, y, como el diablo a la
cruz, eluden a toda costa entrar en detalles o dejar abiertas las
posibilidades de formar familia?
—Creo que muchas mujeres inteligentes optan por la soltería, o por el
compromiso a medias, porque no encuentran un hombre que las acepte como
iguales. Eso es lo que me han dicho muchas colegas. Me dicen que se les
hace difícil encontrar un hombre que no se sienta intimidado por la
inteligencia y la independencia de criterio que exhiben.
No padezco ese problema porque a mí me criaron mi madre, que es una
profesional, y mi hermana mayor, quien también lo era. Por tanto, toda
la vida he estado rodeado por mujeres educadas, profesionales,
femeninas y admirables.
—¿Tendremos Ysabeu para rato?
—Creo que no. A Ysabeau realmente la perdimos tras esta última novela,
porque yo la veo dedicando el resto de su vida a Galileo, sin
interesarse por ninguna otra cosa en la vida. Allá sigue ella encerrada
en el taller de Galileo, y de allí creo que no hay quién la saque. Pero
¿quién sabe? Sólo soy el autor. Son los personajes los que mandan.
—¿Dónde se ayuntan y dónde se divorcian la historia tradicional y la trocada en El silencio de Galileo?
—Es muy difícil hacer la separación. De hecho, ese es el objetivo de la
historia trocada que escribo: que el lector no pueda ponerle el dedo a
ese "divorcio" que mencionas. Hay detalles de la novela que los
lectores presumen, automáticamente, que son falsas. Luego verifican en
libros de historia y se pasman al descubrir que son ciertas. Igualmente
sucede al contrario: importantes datos de la novela que han aceptado
con naturalidad como ciertas, luego descubren que no lo son. No daré
ejemplos concretos de El silencio de Galileo, porque muchas personas
todavía no la han leído. Pero tengo ejemplos relacionados con mi novela
anterior: El corazón de Voltaire. Muchas personas, en charlas o
conferencias, me dicen que les pareció muy ingeniosa la idea de decir
que el corazón de Voltaire estaba preservado en una urna en la
Biblioteca Nacional de París, y me preguntan cómo se me ocurrió. Cuando
les contesto que no se me ocurrió esa idea porque el corazón de
Voltaire realmente está en la Biblioteca Nacional de París, que es un
hecho real y comprobable, se quedan con la boca abierta.
—¿Cuánto tiempo tomó armar y escribir El silencio de Galileo, cuáles
escollos se presentaron en el camino tras los pasos del cerebro más
grande de todos los tiempos?
—Me tardó unos tres meses pensar, calentar, leer, tomar notas… y luego
nueve meses redactar. No recuerdo ningún escollo particular. Claro, en
esta novela nuevamente me puse la camisa de fuerza que significa
escribir una novela solamente con correos electrónicos. Me autoimpuse
unas limitaciones, porque al carecer de narrador hay recursos
literarios a los que no tengo acceso. Pero una vez acostumbrado a esta
limitación, y a encontrar siempre una manera alterna de contar lo que
quería contar, pues la novela fluyó con naturalidad. Además, siempre
conté con el apoyo de mi santo favorito, san Google, a quien le rezo
cada vez que tengo una pregunta… y siempre me contesta.
—Luis López Nieves entra a la literatura puertorriqueña y del Caribe a
través del cuento, es histórica la polémica que generó la publicación
de Seva en el periódico Claridad, ¿cuándo tendremos un nuevo volumen de
cuentos?
—Como ya había publicado tres libros de cuentos, pues mis dos últimos
libros han sido novelas. Y creo que mi próximo libro también será una
novela. La vida tiene fases. Pero, mientras tanto, he estado
escribiendo cuentos sueltos que tengo guardados. Hace tiempo tengo la
idea de escribir un libro de cuentos que se llame Últimas palabras, que
consiste de una colección de relatos en que se cuentan las muertes de
personajes célebres de la historia… y, por supuesto, terminan cuando
estos personajes emiten sus últimas palabras. Ya tengo varios cuentos
en esta línea. También he escrito un grupo de cuentos históricos. Así
que pienso que pronto tendré material para dos libros de cuentos.
—¿Qué hay de cierto en lo que dicen ciertos editores y promotores del
mercado del libro, aquello de que el cuento y los cuentistas están
agotados o que ya el cuento no tiene público ni lectores?
—No creo que la premisa sea correcta. No olvidemos que Borges,
Cortázar, Felisberto Hernández, Arreola y muchos otros autores son del
canon y deben sus grandes famas (y ventas) a sus cuentos, que se siguen
leyendo hoy como hace muchos años.
El cuento moderno tuvo su momento en los siglos XIX (y una parte del
XX) porque los periódicos los publicaban con frecuencia. No había
televisión ni radio ni cine. Por la noche los pequeños y grandes
burgueses llegaban a sus casas y podían divertirse con la lectura de un
cuento... ya que no había mucho más para hacer. Sin embargo, en gran
medida esa necesidad práctica de una o dos horas de descanso y lectura
la han sustituido hoy día la televisión e Internet. La gente llega a la
casa de noche y ve televisión un rato o navega por Internet, como antes
leía un cuento. Así que tal vez la gente no lea los cuentos en libros y
periódicos como antes, pero yo tengo un portal de Internet,
CiudadSeva.com, que contiene 3350 cuentos clásicos. Mi portal recibe
hasta 32,000 visitantes diarios de todo el mundo. Por tanto, te diría
que hay mucha gente leyendo cuentos clásicos pero nadie se entera
porque no se refleja en las ventas de las librerías ni en las visitas a
las bibliotecas de papel. Por tanto, no es que el cuento esté agotado.
Es que se está leyendo de otras maneras.
Por otra parte, la novela es mucho más fácil de mercadear que un libro
de cuentos. Los editores prefieren las novelas. Pero, normalmente, una
vez un autor de novelas se da a conocer, sus lectores también leen sus
cuentos.
—Entre el ajetreo que ocasionan los aeropuertos, la docencia
universitaria, las lecturas, conferencias y encuentros con la prensa,
¿cómo saca tiempo para leer y qué lee y escribe Luis López Nieves en la
actualidad?
En cuanto a la escritura, ahora mismo estoy tomando un descanso porque
acabo de terminar El silencio de Galileo. Mientras reposo, escribo
cuentos y tomo notas para mi próxima novela. Tal vez esto no suene
mucho a "descanso", pero hay que verlo desde el punto de vista mental.
Estoy desconectado de un gran proyecto como tal, porque una vez que
empiezo a escribir una novela me entrego día y noche, sin descanso,
durante cada momento libre.
En cuanto a leer, no puedo vivir sin leer. Leo mientras como. Leo en
las filas de los bancos, en las oficinas médicas, durante cualquier
receso, en los aviones. Llevo siempre un libro conmigo. Nunca salgo a
la calle sin un libro. Y en mi casa, durante el día, saco tiempo
siempre para leer, ya sea libros o en la computadora. Y, claro, al
acostarme. Nunca me duermo sin haber leído al menos 4 ó 5 páginas.
Rutinariamente, a pesar de mis muchos compromisos, leo grandes novelas
de 500 ó más páginas y lo hago sin que sea un problema. Al contrario,
es uno de los mayores placeres de mi vida. Mi otro gran placer es estar
con mi esposa: Mara.
Este asunto de leer mucho ha sido parte de mi vida desde niño. No sé cómo sería mi vida sin el hábito de leer. No la visualizo.
—Y para concluir, ¿cómo tergiversarías o trocarías, en escasas palabras, este encuentro resumido en estas trece preguntas?
—Bueno, para mucha gente el 13 es un número de mala suerte. Pero no hay
que preocuparse. Yo nunca he sido supersticioso, porque la superstición
trae mala suerte.