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Luis López Nieves ha hecho una obra que
parece una segunda parte de
El corazón de Voltaire,
pero esto es solo apariencia, pues los personajes son los mismos
de ésta; la estructura aparenta seguir a la anterior, pero aunque
dicen que segundas partes no son buenas, López Nieves ha creado
otra ficción de sabrosa intriga y eludiendo cuanto cliché uno
podría esperar con la figura de Galileo. Hay que reconocer,
indudablemente, tan atinado acierto de su autor.
El silencio de Galileo
rompe esquemas al mantener la comodidad de la lectura y la
intriga, más el suspenso que caracteriza a la anterior. El
desarrollo de los personajes femeninos es atinado; la impulsiva y
brillante Ysabeau se muestra aquí la heroína principal; Roland
asume el papel inverso de voz coral que ella tiene en la primera
obra. Esta obra está a la par y es literalmente tan ingeniosa como
la anterior.
El autor ha montado un
suspense intelectual que, en estos tiempos de post
modernidad, ha incursionado en la narrativa cosmopolita
situando sus personajes en Europa, como en El corazón
de Voltaire, donde la puesta en escena es en Francia; en esta,
el autor nos la ubica en Italia, además de Francia. Puerto Rico,
al igual que en la previa, tiene su justa mención. La motivación
aquí es investigar quién, a fin de cuentas, es el verdadero
inventor del telescopio. Y esto permite que el autor mueva una
espectacular erudición que maneja su heroína Ysabeau de Vassy.
La obra plantea la
caricatura de la información y la capa tras la capa que encubre
toda historia oficial, al modo de su novela anterior. Pero, si en
El corazón de Voltaire la verdad es una que irá apareciendo
a costos increíbles, y el disparador de aquella búsqueda, el
gobierno francés ficcionalizado, termina por encubrir la verdad
mientras todo queda en un guiño de ojos del autor al lector; en
El silencio de Galileo, la "verdad" se va pelando como capas
de cebolla por la diligencia e inteligencia de Ysabeu, pero
finalmente se adultera para fines "nobles".
No entro en los detalles
específicos; el lector deberá deleitarse en descubrir con el
manejo de esas cartas vía correo electrónico en que se pone de
relieve el mundo académico y el mundo de las gentes de alto
capital, pues es el capital detrás de los herederos de Galileo el
motivo aglutinante detrás de la irónica historia de su herencia
humana. Vemos al autor revolver todos estos ingredientes que
cocinan una sabrosa fábula con elementos que a nadie se le
ocurriría pensarlos como materia de narrativa. Y sin embargo, ahí
están para deleite de sus lectores.
López Nieves es un heredero de Choderlos de
Laclos, de Samuel Richardson y otros que usaron la epístola como
medio narrativo. En su obra
Escribir para Rafa
el autor innova la manera de contar haciendo uso no sólo de cartas
sino de mensajes de grabadoras telefónicas. En estas dos novelas,
es el correo electrónico el que sirve para el tejido narrador. Hay
indudablemente un afán por la Historia que se inicia en su
cuentística con
Seva, la
verdadera historia de la invasión americana en Puerto Rico
y sale a relucir en su columna periodística
Cartas Bizantinas.
La narrativa del autor en la presente novela es un tanto más
extensa que en la anterior. Además, el humor se hace presente en
el personaje del italiano Luigi Nolfo, retórico y baboso piropero,
o el paranoide del Dr. Uwe Sosemann, caricatura de ingeniosa
factura que hará reír al lector más taciturno.
El narrador, de ingenio muy
culto, subyace tras cada entramado que se perfila correo a correo,
para contar de la manera más lucida, una historia de por sí
apasionante y aleccionadora. Esta obra enriquece la narrativa de
Puerto Rico y el mundo hispánico en general. Se ha dicho que Kurt
Vonnegut, Jr. era un page turner, de igual modo podemos
pensar al autor de estas dos sólidas novelas, tan del gusto de
todos, pero igualmente del público joven, incluidos los
universitarios que se regocijan y aprenden en el disfrute de
thrillers positivos como estos. En hora buena.
FIN |