La
verdadera
muerte de Juan Ponce de León
La verdadera muerte de Juan Ponce de León. Luis López Nieves, autor
de la originalísima novela Seva (1984), revela de nuevo su gran
inventiva de historiador apócrifo extraordinario en estos cinco cuentos
ubicados en el siglo XVI. El secreto es a la vez tema y técnica en
estos cuentos, y con razón. Ante la documentación escasa, desaparecida,
de difícil acceso y a veces hasta falsificada, el historiador ha de
ser, por fuerza, un detective. El lector del libro de López Nieves
asimismo ha de basar sus conclusiones en los documentos que el autor
presenta, que si no son verdaderos, por lo menos son verídicos y
tampoco se pueden refutar. En "El gran secreto de Cristóbal Colón,"
López Nieves resuelve de modo impactante en cuatro páginas el secreto
que desarrolla el historiador Juan Manzano Manzano en 743 páginas en su
libro Colón y su secreto (Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica, 1976)
El Conde de Ovando" es una especie de "leyenda urbana" sobre el
gobernador Francisco Obando Messías o Mexía. La autenticidad geográfica
de edificios y calles de San Juan da credibilidad a los hechos. Si la
descripción de la hija de Ovando evoca momentáneamente a la elegante y
delicada "Dama a caballo" pintada por José Campeche, pronto se
desvanece la imagen en la amazona criolla del cuento que va montada
sobre el recio semental favorito de su padre y cae al lodo, detalles
simbólicos que apuntan a su extraña relación con su padre. Con gran
pericia, hilvana el autor, en "tomas" alternadas, los eventos en torno
al gobernador y su hija: la lucha por el poder entre el Obispo y
Ovando, los experimentos científicos de éste y su uso de sujetos
humanos, la resistencia de la vizcondesa ante la Inquisición y cómo se
castiga la osadía intelectual de Ovando y la moral de su hija. Los
libros de historia
dicen que en 1579, regresando de Hispaniola, Ovando fue capturado por
los franceses y murió en cautiverio, pero no sería extraño que los
detalles escabrosos revelados en el cuento fuesen sepultados en el
silencio en la historia oficial de un período inquisitorial. "La
verdadera muerte de Juan Ponce de León," llena otra laguna histórica.
Frente a la noticia escueta del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo en
1535 de que el primer gobernador de Puerto Rico fue herido de una
flecha y murió en Cuba, el cuento aporta detalles omitidos,
desconocidos o tal vez olvidados. López Nieves, moviendo las palabras,
logra deshacer más de cuatro siglos de historia y la figura de Ponce de
León sale menos halagadora que en Isla Cerrera de Manuel Menéndez
Ballester (1937). El uso de múltiples narradores y el desorden
cronológico contribuyen a la mixtificación. Hay razones para dudar ante
un documento escrito en vascuence, custodiado por distintas personas y
oculto por 300 años; la transcripción al español contemporáneo
preparada por un vasco que lleva un apellido moro (Boabdil, el rey
vencido en Granada, donde había luchado Ponce de León) y editada por el
narrador Eugenio, y los recuerdos del confesor a medio siglo de
distancia y una confesión sobre hechos acaecidos otro medio siglo
antes. En "El suplicio caribeño de Fray Juan de Bordón," las
indagaciones genealógicas de un francés de apellido Bourdoin conducen a
un laberinto histórico. Contribuyen al misterio una carta enviada "sin
leer a la península," una transcripción parcial de un informe oficial,
archivos secretos del Santo Oficio y el mutismo del propio fraile
Bordón acusado de ser impostor. Intervienen en la ficción dos personas
"reales" y vivas--el propio autor y una profesora de la UPR-Bayamón,
Elsa Gelpí Baíz, estudiosa del siglo XVI puertorriqueño. Callada por la
censura, el saqueo y el fuego, la historia guarda secretos que son la
frustración del historiador pero la inspiración del novelista. En su
ensayo "La historia como fuente de inspiración literaria", López Nieves
menciona sus propias investigaciones en el Archivo General de Indias de
Sevilla y el Arzobispado de San Juan. En la creación de estos cuentos de
tema histórico--como así también en su lectura--la ficción y la
historia guardan una relación simbiótica, enriqueciéndose mutuamente.
Los cuentos nos remiten implícitamente a los libros de historia, y si
no encontramos las claves, será por las razones que se deducen en estos
cuentos. El contrastar las ficciones con las versiones oficiales
permite apreciar el arte de invención, o de subversión, del autor. Si
el historiador dice: "sucedió así," el escritor de ficciones dice:
"pudo haber sucedido así." "El único deber del escritor," dice López
Nieves en el citado ensayo, "es ser verosímil y entretenido... y tener
algo que decir." Esto lo hace de modo excelso en "La
verdadera muerte de Juan Ponce de León".
Donanfer