Cita Historica
“…Puertorriqueños, ¡PACIENCIA!, os juro que seréis libres”
Dr. Ramón Emeterio Betances, Diez Mandamientos de los Hombres Libres

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Entrevista

Emilio del Carril en su primera casa erótica

Primera vez. Una primera vez de mucha piel y también muchas letras. El narrador anuncia su viaje rumbo a nuevos pórticos que siempre evocan un descubrimiento y, desde luego, el deseo de levantar en la fragua de la creatividad, el sintagma permanente. El tema de su primer libro es el hombre en los ardores de la cama y el hombre como gran peligro de miedo contra sí mismo. La erótica sirve de escenario para conjurar esa encarcelada mentalidad masculina frente al mundo inmenso de la mujer como criatura de ensueño, de deseo, y de libertad.  Emilio del Carril nos dice que la mujer es más enteramente libre que el hombre. Descubre que más que una húmeda frontera que atrapa el fuego de los sentidos, puede ser abrasadora con sus homólogas al momento de charlar abiertamente y sin celo, la sexualidad, de modo unitario y profundo. Primera vez,  por su libro, 5 Minutos para ser infiel y otras divagaciones testiculares, de la nueva editorial Pasadizo que entra en nuestro panorama literario como alternativa a los nuevos escritores que buscan el punto de partida. Tres emprendedores egresados de la Universidad del Sagrado Corazón bajo el novedoso programa  de maestría en Creatividad Literaria dirigido por el Dr. Luis López Nieves, catedrático y Escritor Residente de la misma universidad, deciden proponerse el difícil oficio de crear una editorial con el propósito de romper con la tradición de las editoriales ya establecidas, en cuanto a la burocracia, la censura solapada a cualquier texto de excelencia que contenga nombres largos en celebridad o nombres largos de instituciones. Hacer la diferencia es una meta para Eduardo Vera,  Awilda Cáez y el mismo Emilio del Carril, pero de este luminoso proyecto escribiremos en otro reportaje.   

Regresamos a la primera casa erótica de Emilio. ¿Cómo llega la literatura? Nos habla con suavidad y con el poder de un recuerdo que jamás parecerá irse de su alma. Quince años antes del primer relato Emilio entra una etapa difícil, un divorcio, una ruptura de lo que se sueña es para siempre, pero la vida como bien pregona Rubén Blades siempre da sorpresas. El pequeño Emilio, su primogénito, comienza a sufrir la visita del insomnio. La ternura hace su trabajo al pedirle a su padre que le lea un cuento. Una primera vez, luego vinieron muchas lecturas de cuentos, los libros y sus hojas se iban acabando. Una tarde, mientras su hijo se divertía en el parque corriendo entre la fantasía y la naturaleza, Emilio Del Carril, libreta en mano, comienza a deslizarse en una escritura dulcemente automática. El sintagma había nacido. En el 1996 entra a los talleres de Luis López Nieves, conoce nuevos rostros, perfila ideas, azuza sus entradas a la imaginación. Empiezan los diálogos con Mayra Santos Febres, Marta Aponte Alsina, Ángela López Borrero, Mairym Cruz Bernall, Yolanda Pizarro Arroyo, Ana María Fuster, Carlos Esteban Cana y Don Arturo Echavarría quienes sirven de estímulo y, desde luego, en fina alfarería se va moldeando un escritor comprometido y amante de su oficio.

Emilio recibe la pregunta que abre el costado al tema de su primer libro. ¿Cómo piensan los hombres cuando hablan sobre la sexualidad?, ¿size does the matter? ¿Qué pasa cuando dos cuerpos enfrentados en deseo, o en el apetito blanco de fundirse en una unidad reclaman la ensoñación, el tacto, la lengua en fuga y la disfunción eréctil tiene la última palabra? ¿Acaso, puede la sexualidad masculina buscar una revelación de sus más profundas fantasías, sin temor a nada, sin silencio, sin pensar en la sorna o la crítica? ¿Cómo recibir el aguijón de la infidelidad callado, mustio, cuando dentro del corazón ruge un incendio asesino? ¿Qué le gusta a los hombres y cómo dejar llevar la idea frente a una mujer contemporánea creyente en un sexo maravilloso y sin límites de tiempo, diálogo o contemplación?   

Emilio del Carril escribe 5 Minutos para ser infiel y otras divagaciones testiculares usando como premisa la confrontación del hombre frente a sí mismo. También nos plantea las diferencias marcadísimas que la sociedad en su discurso atribuye al hombre y a la mujer. Mujer soltera, es igual a compasión, hombre largamente soltero, es igual a sospecha. De igual modo, el adolescente que entra a los baños de un gimnasio luego de una rutina de ejercicio y siente temor cuando escruta con su mirada y contra él mismo los tamaños en el orden de la sudoración fálica. El hombre debe ser, la mujer debe ser, siempre ha sido una amarga instrucción de comportamiento frente a todo. Entonces entra la orquídea besando quizá la parte más débil donde se han perdido reinos, se han traicionado amigos, se ha llegado a la paz o a la locura, el mito o las ruinas y donde se han surcado los más delirantes egos, o el complejo más devorante: El pene.

La orquídea con apellido medieval presentando como emblema el eterno fantasma que ciñe al hombre y su sexualidad, es un acertado símbolo que Emilio del Carril usa en la portada de su libro y en uno de sus relatos Con olor a orquídeas medievales. Esa flor de color pensativo y esencia solitaria, que promueve una belleza conmovida y que siempre nos es lejana brinda a estos textos una realidad oculta, difícil de traer a primer plano, aunque ese primer plano en efecto, en el libro va de la mano con hombres cuyas  vidas pasean contrariadas entre el miedo, la duda, el deseo reprimido, el pálpito bizarro, y la obsesión. En este libro con luminoso peso en la novedad de trabajar la erótica, más allá del tema incitador brindando también el relieve sicológico en cuanto al tabú, la aceptación del hombre a sus dilemas mentales y corporales, en contraste con la mujer que con franqueza y libertad habla de sus inhibiciones, sus frustraciones y miedos, sus complacencias y pecados, sus silencios y sombras. Cada cuento nos empuja a la psiquis masculina junto a sus divergencias, tentaciones, y caídas.

Emilio del Carril nos dice que el hombre no es ni Aquiles, ni Hércules, tampoco Silvester Stallone, o un Steven Seagal con identidad de asceta que riega en la pantalla un recital de artes marciales precisas y fulminantes, o qué mejor que un James Bond invulnerable al obstáculo y siempre repleto de un buen rostro femenino, una botella de cava incalculable y unos hermosos senos dispuestos a un interminable rodaje nocturno. El hombre debe sentir, mirarse en su interior, hablarse en su interior, redescubrirse.

Como escritor Emilio del Carril se considera amante de su oficio, intenso, y disciplinado. Es posible que el oficio siempre estuvo con él y aquella mañana, amanecida mañana  de siempre quedarse en el recuerdo, mientras corría con su amiga desnudos bordeando la arena del rabioso mar arecibeño,  miró la distancia y dijo, voy a ser escritor, se produjo la profecía que hoy nos trae a una nueva voz en nuestro gran momento literario.

Excusa por supuesto, para un segundo libro, ¿por qué no?