|
Claridad →
Entrevista
Emilio del Carril en su primera casa erótica
Marioantonio Rosa Especial para En Rojo
Primera vez. Una primera vez de mucha piel y también muchas letras. El
narrador anuncia su viaje rumbo a nuevos pórticos que siempre evocan un
descubrimiento y, desde luego, el deseo de levantar en la fragua de la
creatividad, el sintagma permanente. El tema de su primer libro es el hombre en
los ardores de la cama y el hombre como gran peligro de miedo contra sí mismo.
La erótica sirve de escenario para conjurar esa encarcelada mentalidad masculina
frente al mundo inmenso de la mujer como criatura de ensueño, de deseo, y de
libertad. Emilio del Carril nos dice que la mujer es más enteramente libre
que el hombre. Descubre que más que una húmeda frontera que atrapa el fuego de
los sentidos, puede ser abrasadora con sus homólogas al momento de charlar
abiertamente y sin celo, la sexualidad, de modo unitario y profundo. Primera
vez, por su libro, 5 Minutos para ser infiel y otras divagaciones
testiculares, de la nueva editorial Pasadizo que entra en nuestro
panorama literario como alternativa a los nuevos escritores que buscan el punto
de partida. Tres emprendedores egresados de la Universidad del Sagrado Corazón
bajo el novedoso programa de maestría en Creatividad Literaria dirigido
por el Dr.
Luis López Nieves, catedrático y Escritor Residente de la misma
universidad, deciden proponerse el difícil oficio de crear una editorial con el
propósito de romper con la tradición de las editoriales ya establecidas, en
cuanto a la burocracia, la censura solapada a cualquier texto de excelencia que
contenga nombres largos en celebridad o nombres largos de instituciones. Hacer
la diferencia es una meta para Eduardo Vera, Awilda Cáez y el mismo Emilio
del Carril, pero de este luminoso proyecto escribiremos en otro reportaje.
Regresamos a la primera casa erótica de Emilio. ¿Cómo llega la literatura? Nos
habla con suavidad y con el poder de un recuerdo que jamás parecerá irse de su
alma. Quince años antes del primer relato Emilio entra una etapa difícil, un
divorcio, una ruptura de lo que se sueña es para siempre, pero la vida como bien
pregona Rubén Blades siempre da sorpresas. El pequeño Emilio, su primogénito,
comienza a sufrir la visita del insomnio. La ternura hace su trabajo al pedirle
a su padre que le lea un cuento. Una primera vez, luego vinieron muchas lecturas
de cuentos, los libros y sus hojas se iban acabando. Una tarde, mientras su hijo
se divertía en el parque corriendo entre la fantasía y la naturaleza, Emilio Del
Carril, libreta en mano, comienza a deslizarse en una escritura dulcemente
automática. El sintagma había nacido. En el 1996 entra a los talleres de Luis
López Nieves, conoce nuevos rostros, perfila ideas, azuza sus entradas a la
imaginación. Empiezan los diálogos con Mayra Santos Febres, Marta Aponte Alsina,
Ángela López Borrero, Mairym Cruz Bernall, Yolanda Pizarro Arroyo, Ana María
Fuster, Carlos Esteban Cana y Don Arturo Echavarría quienes sirven de estímulo
y, desde luego, en fina alfarería se va moldeando un escritor comprometido y
amante de su oficio.
Emilio recibe la pregunta que abre el costado al tema de su primer libro. ¿Cómo
piensan los hombres cuando hablan sobre la sexualidad?, ¿size does the
matter? ¿Qué pasa cuando dos cuerpos enfrentados en deseo, o en el apetito
blanco de fundirse en una unidad reclaman la ensoñación, el tacto, la lengua en
fuga y la disfunción eréctil tiene la última palabra? ¿Acaso, puede la
sexualidad masculina buscar una revelación de sus más profundas fantasías, sin
temor a nada, sin silencio, sin pensar en la sorna o la crítica? ¿Cómo recibir
el aguijón de la infidelidad callado, mustio, cuando dentro del corazón ruge un
incendio asesino? ¿Qué le gusta a los hombres y cómo dejar llevar la idea frente
a una mujer contemporánea creyente en un sexo maravilloso y sin límites de
tiempo, diálogo o contemplación?
Emilio del Carril escribe 5 Minutos para ser infiel y otras divagaciones
testiculares usando como premisa la confrontación del hombre frente a sí
mismo. También nos plantea las diferencias marcadísimas que la sociedad en su
discurso atribuye al hombre y a la mujer. Mujer soltera, es igual a compasión,
hombre largamente soltero, es igual a sospecha. De igual modo, el adolescente
que entra a los baños de un gimnasio luego de una rutina de ejercicio y siente
temor cuando escruta con su mirada y contra él mismo los tamaños en el orden de
la sudoración fálica. El hombre debe ser, la mujer debe ser, siempre ha sido una
amarga instrucción de comportamiento frente a todo. Entonces entra la orquídea
besando quizá la parte más débil donde se han perdido reinos, se han traicionado
amigos, se ha llegado a la paz o a la locura, el mito o las ruinas y donde se
han surcado los más delirantes egos, o el complejo más devorante: El pene.
La orquídea con apellido medieval presentando como emblema el eterno fantasma
que ciñe al hombre y su sexualidad, es un acertado símbolo que Emilio del Carril
usa en la portada de su libro y en uno de sus relatos
Con olor a orquídeas medievales. Esa flor de color pensativo y esencia
solitaria, que promueve una belleza conmovida y que siempre nos es lejana brinda
a estos textos una realidad oculta, difícil de traer a primer plano, aunque ese
primer plano en efecto, en el libro va de la mano con hombres cuyas vidas
pasean contrariadas entre el miedo, la duda, el deseo reprimido, el pálpito
bizarro, y la obsesión. En este libro con luminoso peso en la novedad de
trabajar la erótica, más allá del tema incitador brindando también el relieve
sicológico en cuanto al tabú, la aceptación del hombre a sus dilemas mentales y
corporales, en contraste con la mujer que con franqueza y libertad habla de sus
inhibiciones, sus frustraciones y miedos, sus complacencias y pecados, sus
silencios y sombras. Cada cuento nos empuja a la psiquis masculina junto a sus
divergencias, tentaciones, y caídas.
Emilio del Carril nos dice que el hombre no es ni Aquiles, ni Hércules, tampoco
Silvester Stallone, o un Steven Seagal con identidad de asceta que riega en la
pantalla un recital de artes marciales precisas y fulminantes, o qué mejor que
un James Bond invulnerable al obstáculo y siempre repleto de un buen rostro
femenino, una botella de cava incalculable y unos hermosos senos dispuestos a un
interminable rodaje nocturno. El hombre debe sentir, mirarse en su interior,
hablarse en su interior, redescubrirse.
Como escritor Emilio del Carril se considera amante de su oficio, intenso, y
disciplinado. Es posible que el oficio siempre estuvo con él y aquella mañana,
amanecida mañana de siempre quedarse en el recuerdo, mientras corría con
su amiga desnudos bordeando la arena del rabioso mar arecibeño, miró la
distancia y dijo, voy a ser escritor, se produjo la profecía que hoy nos trae a
una nueva voz en nuestro gran momento literario.
Excusa por supuesto, para un segundo libro, ¿por qué no?
Ver todos los artículos de:
Marioantonio Rosa
Volver
a Comentarios en Ciudad Seva
|