Minihistoria general y algunos comentarios para cuestionar el encanto...
Hablar
de cualquier cosa relacionada con la Internet requiere un espacio casi
tan grande como el cibernético, y dado el hecho que el presente no es
uno virtual, lamentablemente una discusión extensa sobre los diversos
aspectos que se deberían considerar cuando se trata el tema de la
literatura puertorriqueña en la Internet sería del todo imposible. Por
lo tanto, teniendo en cuenta los límites espaciales de este ensayo y
que en este párrafo voy a perder alrededor de ciento tres palabras,
decidí obviar información que resultaría igualmente valiosa para
concentrarme en algunos detalles que pueden ser interesantes y otros un
tanto más preocupantes. Como estoy casi seguro de que lo que esperan
de un texto como éste es una especie de esquema cronológico y
estadístico de lo que ha estado pasando con la literatura
puertorriqueña en el ambiente cibernético durante los últimos años, voy
a complacerlos dedicándole unas cuantas líneas a tal asunto en la
primera parte de este escrito. Sin embargo, para mí resulta mucho
más importante compartir con ustedes las inquietudes que este tema me
ha estado provocando a lo largo de más o menos un año y que, a medida
que la tecnología cibernética adquiere más fuerza y acapara más niveles
de nuestra cultura, se ha convertido en una preocupación tan relevante
como ésas que repiten cada día en todos los medios de comunicación de
una forma ridículamente insistente. Por eso, he decidido dedicarle la
segunda parte de este mini-ensayo a analizar lo que se podría
denominar: las “consecuencias nocivas
no-(necesariamente)-intencionadas” de estos proyectos cibernéticos.
Inicios en la red
Ante lo que a primera vista aparentaba ser una serie indiscutible de
ventajas nunca antes imaginadas, entre 1995 y 2003 varias personas
comenzaron a percibir en el medio cibernético un sinnúmero de
posibilidades para todo lo que tenía que ver con la literatura
puertorriqueña. Qué mejor que la libertad de almacenar cantidades casi
infinitas de datos, la facilidad de crear espacios alternos para la
publicación de textos, la manera tan rápida como instantánea de
llegarles a un número de usuarios a nivel internacional que se
multiplica a un ritmo exponencial en cuestión de semanas, la comodidad
de poder trabajar desde la tranquilidad de la oficina o la casa, y todo
esto sin tener que incurrir en otros gastos que no sean pagar una
computadora (con cargos de manejo y franqueo, y garantías extendidas si
aplican), pagar por el software y el hardware necesario, pagar una
cuenta de Internet, pagar para adquirir una cuenta en un servidor,
pagarle a un “webmaster” para que diseñe y maneje la página, pagar una
suscripción continua de programas “antivirus”, pagarle al técnico cada
vez que a la computadora le da un yeyo, pagar por la electricidad que
consume la computadora, pagar emocionalmente por todos los pagos
anteriores, etcétera. Pero claro está, muchas veces estos gastos no son
necesarios, o al menos las aparentes ventajas de esta tecnología
parecen opacarlos. Es por estas razones (y muchas otras) que comienzan
a surgir en Puerto Rico proyectos cibernéticos de considerable
importancia, manejados principalmente por escritores y personas
relacionadas de una forma u otra con el mundo académico. Alrededor
de 1995 Luis López Nieves lanza
Ciudad Seva, proyecto que ha pasado a
albergar una de las bases de datos literarios más importantes en la
Internet. A partir del año 2001, Alberto Martínez-Márquez comienza a
trabajar en espacios de publicación alterna y archivos tan
indispensables para la literatura puertorriqueña como Letras Salvajes y
Poeta Invitado. Por su parte, Mario R. Cancel, otra figura
importantísima en el ciberespacio, comenzó a editar desde este mismo
año el portal Desde el Límite. Un poco más tarde, con el ánimo de crear
un espacio relevante para los escritores jóvenes, en 2002 surge En la
orilla, proyecto dirigido por Ángel Matos. Ya en 2003 los progresos
técnicos en el mundo de las computadoras y los costos relativamente
menos elevados de las tecnologías relacionadas con el mismo, entre
muchísimas otras razones, permitieron que surgieran cada vez más
proyectos literarios cibernéticos en Puerto Rico. También seducido por
las aparentes ventajas del medio, decidí comenzar a editar La obra del
día, un portal cibernético con un formato de diario para la
publicación, tanto de autores reconocidos, como inéditos. Un poco más
tarde, Mario R. Cancel y Maribel R. Ortiz crearon dos espacios de gran
importancia: Narrativa Puertorriqueña y Todos los gatos. Cabe señalar
que casi todas estas páginas, si no todas, les han dedicado su espacio
a la poesía, al relato, al ensayo y a textos experimentales, no tanto
así a géneros usualmente más extensos como la novela y el drama. Por
otro lado, las revistas que habían surgido en estos años, como: Zurde,
Puñal de Epifanía, pastiche, Tonguas, y algunas otras, incursionaron
también en el ciberespacio, pero más bien con el ánimo de promocionar
sus proyectos y de facilitar la comunicación entre sus colaboradores y
no con el propósito de crear nuevos espacios alternos en la Internet.
Esto es así porque sus intenciones estaban dirigidas, sobre todo, a la
planificación y organización de actividades presenciales y no virtuales. Es
también en 2003 que comienza a concretizarse el fenómeno que ha
convertido a la Internet en un medio aún más popular: los “blogs”.
Gracias a lo fácil que resulta manejar un “blog”, las capacidades de
espacio virtual que ofrece, las posibilidades de personalización que le
brinda al usuario, entre otras ventajas, un número considerable de
autores se han sentido atraídos por el concepto. Al día de hoy la
cantidad de escritores puertorriqueños que manejan su propio espacio,
sea mediante el formato tradicional de las páginas de Internet, o a
través de “myspace” y los tan populares “blogs”, es sorprendente; para
confirmarlo sólo basta leer una lista de algunos de ellos: Abdiel
Echevarría, Alberto Martínez-Márquez, Ana María Fuster, Angel Matos,
Ángel Pont, Edgar Ramírez, Jalmar Flax, Malva Marina, Mara Pastor,
Maribel Ortiz, Nicole Cecilia Delgado, Norka Pérez, Xavier Valcárcel,
Yolanda Arroyo... A estas páginas se le suman una gran cantidad de
proyectos literarios colectivos como: Boricuas Bestiales, Derivas, El
pozo de tales, Escritores puertorriqueños en el exterior, Frecuencia
literaria, Revista Púrpura, entre otros no menos importantes. Me
parece que esta breve y simple reseña es suficiente para mostrar la
importancia que ha pasado a tener el medio cibernético para la
literatura puertorriqueña.
Preocupaciones genuinas Lo
primero que pensé hace un año cuando noté lo que estaba sucediendo en
la Internet fue: perfecto, ahora la literatura puertorriqueña no sólo
cuenta con algunos espacios de publicación alterna, sino con una
cantidad ilimitada de recursos en las manos de mucha gente y no de unos
pocos. Sin embargo, no me tomó mucho tiempo para darme cuenta de
que la cada vez más alta cantidad de proyectos cibernéticos personales
puede ser más preocupante que satisfactoria. Y es que más allá de las
aparentes ventajas que nos ofrece esta tecnología, también podría ser
capaz de provocar una peligrosa serie de consecuencias nocivas
no-(necesariamente)-intencionadas, muy parecidas, por ejemplo, a las
que ya hace un tiempo hemos notado que ha provocado el automóvil. No
sería descalabrado entonces hablar de cómo el ciberespacio tiene la
capacidad de, por un lado, abrir una infinita esfera virtual de
posibilidades, y por otro de limitar las posibilidades dentro del mundo
que usualmente llamamos “real” o presencial, que ha sido por tanto
tiempo el escenario de todo lo que consideramos cultural y socialmente
relevante. Estoy pensando específicamente en la disminución paulatina
de las actividades que hace un tiempo eran tan comunes, como las
tertulias, las lecturas literarias, los llamados micrófonos abiertos, y
las noches de poesía; en el cada vez más marcado individualismo que
tanto amenaza el sentido de la comunidad presencial; y por otro lado,
en la emulación del ambiente, las conversaciones y el comportamiento
que se dan en los llamados “blogs” en algunas de las actividades que
aún se celebran, actitud que la mayor parte de las veces pretende
privilegiar a los miembros de una comunidad cibernética, mientras que
margina a todos los demás. Si bien es cierto que igualmente otros
factores externos al medio cibernético pueden estar provocando todo
esto, también es cierto que tecnologías tan arraigadas a nuestra
cultura como los teléfonos móviles, los sistemas de red inalámbrica,
los automóviles, la televisión, los juegos de vídeo, y muchas de las
actividades relacionadas con la Internet, están jugando un papel cada
vez más protagónico en la fragmentación de la familia y la comunidad,
en la pérdida de espacios públicos dignos de visitar, en la merma
acelerada del sentido de la democracia, en el aumento del control
social a través de los medios de seguridad, y en tantas otras esferas
de nuestra sociedad. Por esta razón, pienso que es necesario que
dejemos de sentarnos a aplaudir a ciegas lo que meramente aparentan ser
milagros tecnológicos que llegan a nuestras manos como caídos de un
tiempo futuro suprainteligente que identificamos como el sustento
irrefutable del progreso, para entonces pasar a sentarnos cada vez más
en foros destinados a decidir mediante discusiones críticas si
realmente las tecnologías que se nos presentan (y eso de que se “nos
presentan” también debemos repensarlo porque puede que sea realmente
cierto tipo de imposición) son tan beneficiosas como aparentan ser, o
si necesitamos reestructurarlas, o finalmente descartarlas para darles
paso a otras tecnologías que realmente sean afines con el tipo de
progreso social, cultural, y en definitiva, vital, que queremos lograr. No
sería justo que termine este ensayo sin agradecerles públicamente a tan
buenos amigos como Héctor Huyke, José Atiles, Christian Rodríguez y
Ángel Matos por las valiosas conversaciones que hemos tenido sobre este
tema y otros parecidos.
El autor es profesor en la UPR en Mayagüez Este
ensayo es una adaptación de una ponencia pronunciada en el foro La
literatura en los medios de comunicación, en la Universidad de Puerto
Rico en Mayaüez.
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