SANTO DOMINGO.-
Hoy por hoy,
Luis López
Nieves es una voz narrativa que sobresale del
concierto de ecos caribeños. Sus novelas y relatos
no sólo derrochan una sostenida calidad literaria
en cuanto al empleo de los recursos técnicos de la
literatura, sino que constituyen un ejemplo de
inventiva. Este autor, apegado a la historia de la
región y a su amplia y sostenida cultura personal,
ha creado universos estéticos que sobrepasan las
fronteras regionales.
El Grupo Editorial “Norma” le ha “echado
mano” y lo ha convertido en autor de su catálogo.
Sus libros publicados bajo este sello, recorren el
mundo de habla hispana con éxito comercial y de
crítica. El pasado año, esta casa editora publicó
una nueva edición de su libro “La verdadera muerte
de Juan Ponce de León”, una colección de cuentos
que si bien parte de un episodio relacionado con
la Conquista y Colonización de América y más
concretamente con personalidades y acontecimientos
sucedidos en el Nuevo Mundo en el siglo XVI.
Son cinco relatos llenos de magia que,
apoyados en una escritura sin sobresaltos
esteticistas, producen en el lector momentos de
placer cultural y de disfrute espiritual. Son
historias poco comunes que sin perder el fresco de
una supuesta “verdad” nos llevan a mundos de
ficción inexplorados y creíbles.
La autobiografía de Mu kien
Me gusta
este libro no porque lo haya escrito Mu kien
Adriana Sang, hermana de un dominicano a quien
nunca tendré cómo agradecerle haber creído en mí
en el peor momento de mi vida. Me gusta porque más
que hablar de su trayectoria y de su experiencia
humana, se adentra en el retrato de la
personalidad de su padre, Miguel Sang, un ser
excepcional, quien tal vez no sea el inmigrante
más notable que haya pisado este país, pero de
quien sí siempre se tendrá que mencionar cuando se
pretenda historiar, con alguna dosis de seriedad,
la evolución de la sociedad dominicana en la
segunda mitad del siglo XX, sobre todo, en la
ciudad de Santiago de los Caballeros. La lectura
de este libro nos acercará, por tanto a un
personaje que, al conocerlo, nos hará sentir mejor
como seres humanos. Mu kien se ha encargado de
poner en blanco y negro algunas de sus virtudes y,
sobre todo, su abnegada trayectoria humana y su
amor y confianza en el pueblo dominicano y en su
desarrollo como sociedad, siempre atendiendo a los
más altos parámetros de dignidad y cultura. Me
gustaría que este libro se agotara en nuestras
librerías, que no sólo se presente en el barrio
chino, que llegue a las escuelas y que en poco
tiempo se transforme en texto de lectura
obligatoria en nuestras universidades.
Mucha falta que nos hacen los héroes morales
como Miguel Sang, héroes que no nacen todos los
días y que, cuando los tenemos delante de nosotros
no nos piden diatribas ni oropeles, sino,
simplemente, nos exigen nuestro desarrollo a
partir de creer cada día con mayor devoción en
nuestra fuerza y en nuestra capacidad de vencer,
aun en las peores circunstancias. Me gusta este
libro, en fin, porque Mu kien no es pretenciosa ni
pretende dar sermones.
Ha escrito esta “Autobiografía existencial”
para que la mayor cantidad de personas posibles
conozcan que es posible comenzar de nuevo, desde
muy abajo, y por tanto, triunfar de nuevo aun con
mucha mayor dimensión que la primera vez.
El camino del norte
También el Grupo
Editorial Norma está distribuyendo la novela “El
camino del norte”, merecedora del premio “La otra
orilla 2006”, el mismo galardón en que la
escritora cubana radicada en Santo Domingo, Janina
Pérez, resultó finalista en su pasada edición. Su
autor es el escritor argentino residente en España
Horacio Vázquez-Rial, autor conocido en el mundo
de habla hispana por haber sido finalista con
algunas de sus obras en los premios Nadal y Plaza
Janés.
En esta novela, se nos revela como un autor que
maneja con adecuado esplendor las técnicas del
relato novelado, sobre todo en cuanto al manejo
del diálogo se refiere y a la creación de una
atmósfera dramática de intensidad que viaja de
manera coherente entre los rumbos de la magia y la
sorpresa. con una prosa ágil y restablecedora de
símbolos, tal vez un poco aprehensiva, pero no por
ello falta de ilusión. Su ritmo no deja de
alterarnos los latidos a cada instante gracias a
su sorprendente velocidad, hecho que contribuye
también a que el lector no pierda el interés en la
trama y que se vea en todo momento
enriquecido por el surgimiento de detalles
que contribuyen a despertar su interés hasta las
páginas finales. Son, tal vez, en éstas donde se
encuentra el problema mayor de la novela. El final
escogido por Vázquez-Rial desilusiona y, por
tanto, desmotiva.