Para trocar un corazón
Milton Quero Arévalo
Si por un momento nos dijeran que Voltaire no murió
en 1778 y que abandonó el “ser” en 1775 para ser el otro, el doble, la
alegría de ninguno, pluralidad del embozo que se repite infinitamente
como el rostro en un espejo y que gracias a esta inversión vivió hasta
1790 bajo el nombre de Gustave de Tamerville. No tendríamos ninguna
duda en afirmar la insensatez de tal teoría, pero he aquí, que por
maravilla de la ficción Luis López Nieves nos “troca” la historia, nos
revierte los hechos, para darle paso a una ficción histórica que nos
convence de aquellos sucesos, como si de la historia misma se tratara y
que una vez “trocada” adquiere infinitos significados. Porque la
“historia trocada” es la posibilidad cierta de imaginar otros hechos, o
de invertir la tradición, ya que la historia siempre termina siendo una
posibilidad de encuentros, o mejor aún, como dijera Roland de Luziers:
“la historia no es una ciencia exacta” por lo tanto podemos imaginar
con ella cualquier encuentro inexacto, como es el cruce de vidas entre
el histórico Voltaire y el ficticio Gustave de Tamerville, lo cual solo
puede ser viable por la limpia ejecución de un escritor de genio, en el
único espacio posible, el espacio que delimita su ficción. La “historia
trocada” posee una debilidad al igual que toda ficción: Convencer, pero
este es uno de los mayores logros de esta inquietante novela, tal es el
poder de persuasión, que una vez cerrado el libro uno comienza a sentir
aquella historia como la única y posible, y a dudar de la oficial.
El corazón de Voltaire , es una de las primeras
novelas epistolares, concebida por medio de correos electrónicos. La
manera de anunciarnos los capítulos viene dada por el asunto. Cuando
se abre el correo, allí esta el capítulo y el mismo dura, el tiempo que
los personajes se tomen en cartearse. Su estructura se bifurca en micro
historias que van engranando y enriqueciendo a la historia cardinal. El
lector desciende por una corriente de sucesos que como delta va
irrigando toda la historia principal: demostrar que el corazón expuesto
en la Biblioteca Nacional es el corazón de Voltaire. Fascinante es la
novedosa manera, que maneja el autor para construir personajes a través
de correos electrónicos, y si, allí están los caracteres vivos y
palpitantes, sus perfiles psicológicos y con ellos sus circunstancias,
a medida que escriben en el ordenador, recordemos que todo viene dado
por e-mail, de modo, que cada uno de los personajes que conforman esta
novela, se desgranan a medida que escriben en sus computadoras.
El viaje es un elemento que conforma la
trama, se viaja virtualmente y se cruzan grandes distancias en el
desarrollo de la obra y se recorre también, físicamente en la búsqueda
de evidencias, y por ultimo se viaja al pasado, a los hechos de la
historia que son cambiados en beneficio de la ficción novelesca que nos
va tejiendo el autor. Los planos de tiempo y espacio se van dando con
tal naturalidad, que el lector sonríe ante la simultaneidad de planos
que dan forma a la novela. Lo vertiginoso de la trama nos lleva de
pronto a Buenos Aires en casa de Cecilia Costa, y de allí a la calle
Victoria 495 en San Juan de Puerto Rico, para terminar en Zacatecas
presenciando una exhumación.
La simple pregunta del presidente de
Brasil, sobre una verdad histórica: ¿dónde se encuentran los restos de
Voltaire? Y que los miembros de la embajada francesa acreditados en ese
país sudamericano parecen ignorar, desata el arranque de una historia
vertiginosa, fascinante y difícil de soltar, donde se cruzan
constantemente la verdad histórica y la ficción. Esta novela posee el
difícil encanto del equilibrio, ese que permite que sea disfrutada por
un lector con pocas “lecturas” y otro informado y con grandes
referentes literarios, esto que parece sencillo, solo es logrado por
grandes maestros, es por ello, que esta novela está destinada
invariablemente a crecer con cada lectura, no importa de donde
provenga, su destino será un referente de eternidad. La inserción de lo
novelesco en la verdad histórica es algo que Luis López Nieves hace con
tal maestría que en su ejecución va implícita su modalidad literaria:
“historia trocada”.
Veamos por un momento la cartografía de
los hechos. La historia inicial, es saber si el gobierno francés ha
podido dar con los restos del gran filósofo Francois Marie Arouet,
Voltaire. Recordemos que su tumba fue profanada en 1814 por fanáticos
nacionalistas, ironías del destino, él que siempre combatió todo tipo
de fanatismo, pues bien, lo que sigue luego es una sucesión de
historias, personajes, ambientes, sub tramas, que se desglosan cual
Matriuska, llevándonos de una peripecia a otra, sin perder de vista la
historia principal, así vamos de los restos de Voltaire a su corazón y
de allí a la búsqueda de Gabriel Daumart, único descendiente del
filosofo por vía materna, para terminar con el cambio de vidas entre el
Conde de Vire y Voltaire. A lo largo de la novela, se irán descubriendo
nuevos hechos que enriquecerán la trama, como lo es la introducción del
personaje Claude Durieu, quien sostenía que el Voltaire de los últimos
años no era Voltaire, no quiero aturdirlos con la cartografía de
hechos, pero si afirmar que lo que sigue es el triunfo de la
imaginación y el talento, van convergiendo historias que articuladas a
la historia madre van enriqueciendo esta, destilando un efecto
multiplicador en toda la novela. El llamado género novela negra, no
operó como camisa de fuerza en Luis López Nieves, antes bien, fue un
punto de partida para enriquecerlo y dar sus aportes al género, como es
el fino humor que destila la novela alrededor de todas sus páginas,
este es un aporte incuestionable de nuestro novelista al género,
recordemos que el mismo suele ser definido como un tipo de narración
policíaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo
principal, los aportes de Nieves amplían el género; deliciosas son las
intervenciones de Cecilia Costa, la esposa abandonada de Gabriel
Daumart, los toques de ingenuidad de Frederic Sarre, toda una fina
comicidad que es digna del mayor encomio.
Una variedad de temas se entrelazan en
esta magnífica novela, expresados con inteligencia y mesura a los ojos
de un lector muy atento, traspasan sin duda, el estatuto de novela
negra con que la crítica especializada suele rotular este tipo de
narraciones, y este es un hallazgo fascinante, que el lector ira
descubriendo poco a poco, maravilloso el tema del doble, la duplicidad
de la máscara, el juego vertiginoso de ser otro y contemplarse a si
mismo desde el artificio del doble que ejecuta en nuestros dominios
nuestras imputaciones, la inversión de la personalidad y de sus
múltiples significados, dejar de “ser” para ser ficción, es decir,
buscar que la otredad resulte tranquilizadora.
Hoy, 5 de junio de 1775, a los ochenta años de edad
Abandono para siempre mi vida como Voltaire y me
Convierto en conde de Vire. Mi nueva identidad es un
Regalo de mi amigo Gustave de Tamerville, a quien dejo
En Ferney transformado en Voltaire. Hoy abandono la
Pluma para siempre. Nací Arouet, fui Voltaire, moriré
Tamerville. Soy tan feliz que me da vergüenza.
Voltaire que siempre anhelo ser
otro, su anagrama así lo indica, ve realizado este sueño, lo fascinante
es como nuestro autor hace coincidir la historia personal con su
mecanismo ficcional.
Pero esta mentira “trocada”, este
artilugio ficcional que opera con sincopados golpecitos en la psique
del lector, encubre una profunda verdad. Una verdad que viene del
pasado y se instala en nuestro presente inmediato con la sola mención
del nombre de Voltaire: ¿Qué otra cosa se “lee” en esta novela? Además,
del acto novelesco per se, también hay que decir que El
Corazón de Voltaire , es un canto a la defensa de la libertad
intelectual, a la diversidad ideológica y a la tolerancia religiosa. En
resumidas cuentas, esta novela es un alegato en contra del racismo, la
xenofobia, la homofobia, el integrismo, el totalitarismo y el
fundamentalismo ideológico y religioso, que son algunas manifestaciones
de cómo se vulnera la condición humana. Porque llevándonos al pasado
López Nieves nos cuenta una verdad absoluta de nuestro tiempo, que está
acabando con nuestro futuro y colapsando nuestra relación con él, ya
que la tolerancia entendida por Voltaire consistía en que los gobiernos
no proscribieran ni prescribieran ningún tipo de religión concreta a
sus súbditos, incluso que les permitieran no tener ninguna, es decir,
alcanzar el logro político consistente en un estado laico, bajo cuya
tutela imparcial cada ciudadano, busque la salvación de su alma como
mejor le parezca, todo esto es posible gracias a la bondad literaria de
una ficción que se teje en el siglo XXI y que nos lleva a una verdad
histórica vivida en el siglo XVIII
Por ultimo,
decir que esta novela es entretenida, divertida, imaginativa, es
cierto, pero cuidado, ya que la misma tiene el encanto de lo
permanente, ese que sólo poseen las grandes novelas destinadas a
permanecer. Esa pulsión entre el libro bien escrito, destinado a
entretener y la literatura reservada a perdurar, la posee El Corazón de Voltaire, especie de rara avis en el concierto de la literatura latinoamericana que recién inaugura el siglo.
Esta
novela perdurará como el viejo corazón de Voltaire y del cual Roland de
Luziers al examinarlo después de 200 años, pudo admitir que se
conservaba en un estado de preservación inaudito, así se mantendrá esta
hermosa novela, cuando el gesto taxonómico de la crítica y del tiempo
que en su transito todo lo revela, lo confirme 200 años después.
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