En una entrevista reciente el escritor Luis López Nieves
destacaba la necesidad de rescatar el valor de entretenimiento en la
literatura puertorriqueña: "A veces da la impresión de que aquí la
literatura no es más que una insensata búsqueda de anacolutos,
jitanjáforas, retruécanos, solecismos y metaplasmos; por eso se
escribe tanto ladrillo ilegible. Pero la literatura debe
entretener." El autor de El corazón de Voltaire apunta hacia
la posibilidad de crear una obra que al tiempo que sea inteligente
entretenga. La adopción de estructuras propias del thriller y de la
novela negra parece ser la salida para escritores veteranos como
Edgardo Rodríguez Juliá y el mismo López Nieves. Otra alternativa
plausible es la que ensaya con gracia Juan Antonio Ramos en "El
libro de la Rabia". Nos referimos al humor.
Aunque la narrativa de Ramos no es novata en el uso del humor,
"El libro de la Rabia" se aparta del uso paródico propio de
sus primeras obras. El humor, por antonomasia, no deja de tener un
efecto de extrañamiento que puede mover a la reflexión crítica de un
mundo patas arriba, pero en la novela cumple la función primaria de
provocar la risa o la sonrisa. Y para cualquiera que no sea un
lector ladrillo el humor es un dulce que nunca amarga.
En síntesis El libro de la Rabia narra la historia de
Alberto Castillo, hombre maduro, casado, padre de dos adolescentes,
cinéfilo empedernido, profesor universitario y escritor de libros
infantiles. Pese a su vida estable, de éxito profesional, Alberto
vive asediado por la inconformidad de sobrellevar una vida que le
resulta ajena: su esposa le exige una devoción católica que no
comparte y se siente ridículo por el éxito de escribir cuentos sobre
animales que no soporta. En lugar de moverlo a la amargura, los
desfases entre su imagen pública (como padre de familia y escritor
edificante) y su realidad privada son aprovechados por el narrador
para explotar la comicidad de verse involucrado en patéticos dramas
de la iglesia y jiras por escuelas privadas donde es asediado por
niñitos fascinados con títulos como "La ballenita triste" y "El
conejito curioso".
Esta duplicidad estalla en la rabia de Alberto, que tras su
divorcio, se enfrenta al reto de rehacer su vida de soltero con la
ayuda de la Viagra. De ahí la historia se concatena rápidamente en
una sucesión de desencuentros con mujeres libertinas al tiempo que
intenta mantener relaciones saludables con su ex esposa, sus hijos,
su hermano y su cuñada. Su vínculo platónico con Zulma, una maestra
admiradora de su obra infantil, quien es asesinada brutalmente, lo
convierte en una suerte de detective ad hoc. Este giro inesperado
del argumento relega un poco el tono humorístico del libro y lo tiñe
de una atmósfera siniestra. En este apartado de la novela la rabia
deja de ser una salida liberadora de Alberto para connotar el matiz
libidinoso y violento en otros personajes que hasta entonces pasaban
por anodinos.
Novela ágil, humorística, que combina la tragicomedia y algo de
intriga policíaca, El libro de la Rabia de Juan Antonio Ramos
es también, como sugiere el subtítulo "Una novela para aprender a
reírse en los peores momentos", una parodia sutil de los libros de
autoayuda. En definitiva, un texto que se aparta de la literatura de
ladrillo.
Francisco Font Acevedo (n. 1970)
Narrador, crítico de libros para el programa Hoy en
las Noticias de Radio Universidad, colaborador de la revista Plural
y corrector legal en Tribunal Supremo de P.R. Publicó en el 2004
Caleidoscopio (Isla Negra Editores), un libro de relatos.