Es posible que nunca se lo haya propuesto, pero el
puertorriqueño
Luis López Nieves siempre acompañó el oficio
literario con el oficio de impugnador. La suya, en efecto, es una
literatura marcada por un espíritu demoledor.
El primer
bombazo, para llamarlo de alguna forma, fue
Seva, el libro
que le dio popularidad, permitiéndole convertirse en una joven
estrella de las letras puertorriqueñas. Se trata de un relato que
pone patas arriba un acontecimiento neurálgico en la historia del
país puertorriqueño: la invasión norteamericana a la
isla.
Con el tiempo, el libro se convirtió en un clásico y su
autor emprendió otros proyectos que probaron su garra literaria.
Desde
Escribir para Rafa hasta los relatos de
La verdadera
muerte de Juan Ponce de León, su signo es el de un fabulador que
lo cuestiona todo. Sobre todo, la historia.
Esas vueltas de
tuercas para presentar datos históricos que se confunden con la
ficción le sirven para construir una novela deliciosa:
El
corazón de Voltaire.
"He jugado siempre con la historia,
fundamentalmente porque hay mucho material para novelar", dice López
Nieves, que discutirá la obra con los lectores del sur de la Florida
el jueves 14 (a las 7:30 p.m.) en la librería Barnes & Noble de
University Drive, en Plantation.
La actividad es auspiciada
por la Biblioteca del Condado de Broward y el Círculo de Lectura en
Español de Barnes & Noble.
P. Aunque ya lo habías hecho
con la colección de relatos
La verdadera muerte de Juan Ponce de
León y con algunos cuentos de
Escribir para Rafa,
El
corazón de Voltaire, digamos, que rompe totalmente con la
temática de la identidad que tanto se plantea en la literatura
puertorriqueña. ¿Te sentiste a gusto trabajando un personaje como el
del pensador francés?
R. Por supuesto. Como sabes, hace mucho
que me liberé de esa misión de buscar la identidad. O digamos que
nunca tuve tal misión, porque nunca pensé mi literatura como una
herramienta para buscar respuesta a la identidad. Para mí estaba
claro: el qué somos no es algo a lo que hay que responder. Somos
puertorriqueños dentro de una patria gigante, la latinoamericana.
Por tanto, mi interés como narrador es mucho, mucho más amplio. Y
puede ir desde un cuento en la zona metropolitana de Puerto Rico
hasta el enigma de qué hubiera pasado si Voltaire hubiera vivido
once años más para ver su obra, la Revolución Francesa, que es lo
planteo en la novela de Voltaire.
P. No es la primera vez que
trabajas con la historia. ¿Te consideras historiador?
R. Para
nada. Lo que sí soy es un lector de historia. Aclaro sin caer en la
pedantería que soy un lector voraz de historia. La historia es
también una ficción. Los pueblos se inventan su
pasado, llenándolo de mitos y leyendas. Y lo hacen justamente porque
lo necesitan. Y ahí tienes a los norteamericanos inventando a un personaje
como Lincoln, que caminó 50 millas para devolver tres centavos, o a George Washington, que nunca dijo una mentira. Y ambos
son políticos, que conste.
P. ¿Son los historiadores
fabuladores de alguna manera?
R. La historia es un asunto de perspectiva. Los indios de América
no te dirán que los conquistadores fueron sus salvadores; te dirán
que fueron unos de hijos de... Y algunos descendientes de los
conquistadores te dirán que sí, que los españoles llegaron como
ángeles caídos del cielo. No tengo que aclarar que quienes
impusieron su perspectiva fueron los vencedores, los que atropellaron
y se lo llevaron todo por delante.
P. ¿Por qué Voltaire? ¿Qué
te atrajo de su historia?
R. El hombre y su obra me han
seducido desde siempre. Su visión del mundo era el sentido común; así de simple.
Frente a las convenciones almidonadas de la época -- estamos
hablando del Siglo de las Luces, el XVIII --, Voltaire opuso la
claridad de pensamiento, la tolerancia, la libertad. Nada de esto
podía caer bien en una Francia, en una Europa, arrasada por los
dogmas y la fe ciega. Su
pensamiento, como sabes, dio paso a la Revolución
Francesa.
El hombre murió 11 años antes de estallar la
revolución. Pero me pregunté un día, ¿qué hubiera ocurrido si
Voltaire, en vez de morir a los 84, hubiera llegado a vivir 95 ó 96?
De ahí partió la premisa de la novela, que fabula sobre esa
posibilidad.
P. Pero la novela está situada en este tiempo.
¿Te impusiste el uso de los correos electrónicos para hacer una
novela epistolar?
R. En principio, el uso de los correos electrónicos era
secundario. Pero entonces encontré, mientras los escribía, que llevaba un
buen ritmo, un tono que me gustaba mucho en la novela. Entonces, me
propuse un desafío: escribir una novela sólo con cartas. Pero cartas
electrónicas, porque son más rápidas. Las cartas de antes tardaban
mucho; el correo electrónico es instantáneo.
P. Además de
escribir, enseñas. Y eres el primer catedrático en inaugurar una
maestría de creación literaria en el Caribe.
R. La maestría es un sueño hecho realidad. Yo me decía, los pintores pueden obtener un título universitario pintando, un músico puede obtener un título también creando música, pero no los escritores. Y es que se piensa que estudiar literatura, necesariamente tiene
que llevarte a hacer crítica literaria. ¿Y los creadores? Esto es lo que busco con la maestría, estimular a la gente a desarrollar su vocación literaria.
P. ¿Lector o escritor?
R. Ambas cosas.
Claro que sin lo uno, no podría hacer lo otro. Leer es lo primero. Y
yo soy un lector voraz. Pero no podría dejar de escribir. Son dos
ejercicios que no se excluyen y, en mi caso, dos ejercicios que
necesito para vivir.
Puede comunicarse con Eliseo Cardona
a ecardona@elsentinel.com