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  • Intelectuales y artistas piden fin al oprobio

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    sábado, 20 de mayo de 2006

    Nelson del Castillo  PRIMERA HORA



    Nelson del Castillo (PRIMERA HORA)

  • El campo de detención que mantiene Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo se ha convertido en símbolo del oprobio por las torturas que presuntamente se han cometido contra prisioneros y, a la vez, por las violaciones de los derechos humanos más elementales, como es, por ejemplo, contar con la debida representación legal.

    Esta situación no ha pasado inadvertida para miles de intelectuales del mundo –entre ellos, puertorriqueños– que han levantado sus voces en distintos foros para llamar la atención acerca de la indiferencia que mantienen las naciones desarrolladas que demandan respeto a la dignidad humana y a la democracia cuando de las más débiles se trata, pero que mantienen un silencio cómplice en este caso.

    Más de diez mil intelectuales y personalidades del mundo, entre los que se encuentran los premios "Nobel de Literatura" José Saramago (Portugal), Harold Pinter (Reino Unido), Nadine Gordimer (Sudáfrica), Wole Soyinka (Nigeria) y Dario Fo (Italia), han demandado "el cese de la hipocresía en el tema de los derechos humanos" debido al silencio que se guarda en torno a esta situación.

    Alrededor de 460 personas de distintos países permanecen encerradas en miserables condiciones en Guantánamo desde enero de 2002, sin que ni siquiera sus familiares conozcan dónde se encuentran, pues sus nombres son mantenidos en secreto, se les niega asistencia legal, aparte de que desconocen las razones por las cuales fueron trasladadas hasta allí, más allá de la cuestionada política en contra del terrorismo internacional que esgrime la administración del presidente estadounidense George W. Bush.

    Tras el establecimiento de ese campo de concentración, se han producido 39 intentos de suicidios entre los detenidos –doce de éstos de parte de Juma'a Mohammed al-Dossary, de 32 años, de Bahrein– como secuela de la depresión y la desesperación que les abate tras cuatro años en un limbo jurídico después de su detención en Afganistán o Iraq.

    En todo ese tiempo, 192 de los prisioneros han quedado en libertad sin que les formularan cargos luego de permanecer años clasificados como "combatientes enemigos" sin el amparo que la Convención de Ginebra proporciona a los prisioneros de guerra.

    Esta aberrante situación de violación a la dignidad humana no ha pasado desapercibida para distintas personalidades de las artes y la literatura puertorriqueña, así como de la política, que han sumado sus voces a los reclamos de que "Cese la hipocresía en el tema de los derechos humanos", como se ha titulado el pronunciamiento internacional al respecto, que se lanzó originalmente el 14 de marzo, en reclamo al cierre del centro de detención de Guantánamo o a los existentes clandestinamente en naciones de Europa, donde ha prevalecido una indiferencia oficial sobre el asunto.

    La sensibilidad social de intelectuales puertorriqueños, profundamente preocupados por el establecimiento de la barbarie como método coercitivo al libre pensamiento en momentos en que se pretende incluso limitar el acceso a la información en espacios abiertos, como ocurrió en febrero pasado con los periodistas durante los allanamientos realizados por el FBI en Río Piedras y en la zona oeste del país, se ha convertido en acicate para rubricar la proclama internacional en defensa de los derechos humanos.

    Voces de la canción nacional como Danny Rivera, Zoraida Santiago y Roy Brown; escritores como los poetas Elsa Tió, Yván Silén, José M. Escoda y Marcos Rodríguez-Frese, el narrador Luis López Nieves, los ensayistas José Che Paralitici, Vanesa Ramos, Jalil Sued-Badillo y Gazir Sued-Jiménez, y la comentarista radial Inés Quiles han sumado sus nombres a los miles –entre ellos, otras personalidades puertorriqueñas, como Juan Mari Brás, Wilma E. Reverón Collazo, Rafael Cancel Miranda, Liliana Laboy o Noel Colón Martínez– que reclaman al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, creado en sustitución de la Comisión de Derechos Humanos, "el cierre inmediato de los centros de detención arbitraria creados por Estados Unidos y el cese de todas estas flagrantes violaciones de la dignidad humana".

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