Por la proximidad de las cosas, en ocasiones resulta
imposible su aquilatamiento. A esto podemos atribuir, tal vez,
la dejadez que en muchos ámbitos prevalece en Puerto Rico,
como la potenciación de nuestros artistas a partir de una
óptica de compromiso del Estado.
Se concibe muchas veces como un favor la inversión en la
cultura y, más todavía, no existe un criterio claro de hacia
dónde se debe remar para tocar puerto seguro. No es de
extrañar, entonces, que sin el menor análisis se lance a la
calle a cerca de medio centenar de artistas de la escena bajo
el pretexto de la modernización de la radio pública de
amplitud modulada, como ocurrirá en los próximos días en WIPR
Radio, 940-AM, cuando llegue a su fin el Taller Dramático de
Radio.
Inconscientemente hemos tomado un desvío cuando nos
disponíamos a hablar de la literatura nacional, porque se
trata de otro renglón que no siempre recibe la adecuada
valoración en las instancias correspondientes, y que reduce en
muchas ocasiones a nuestros escritores a seres casi invisibles
absorbidos por exigencias marginales de supervivencia.
Pues bien, este pasado domingo el escritor chileno Roberto
Ampuero publicó una interesante nota de opinión periodística
en el diario La Tercera, bajo el título "La deslumbrante
literatura de Puerto Rico".
El autor desborda entusiasmo al hablar de la creación
literaria nacional y de algunos de nuestros más
representativos autores.
"Quiebro aquí una lanza por una gran literatura, una
literatura variada, dinámica y desconocida en nuestro país. Me
refiero a la deslumbrante literatura de Puerto Rico. Reitero
además mi admiración por la vitalidad y riqueza de la cultura
del Caribe, ese arco de islas y costas situadas entre Estados
Unidos y América del Sur, o entre Estados Unidos y Europa, que
no sólo ha logrado resistir la influencia de la omnipresente
cultura globalizadora, sino que al mismo tiempo incide
creativamente en ésta, imponiendo su sello en la música, las
artes plásticas y culinarias, la vestimenta y la literatura
mundial. No hay en la actualidad otro territorio tan variado y
fragmentado que tenga tamaña influencia en la cultura del
planeta. Pues bien, quiero celebrar a colegas de la isla de
Borinquen", establece en la introducción.
Al anticipar la presentación de su lista de sugerencias
literarias, el columnista manifiesta sin ambages: "Quien desee
vibrar antes del término de las vacaciones con la vida de
Puerto Rico, debe leer a Rafael Luis Sánchez, en especial 'La
guaracha del Macho Camacho' o 'La importancia de llamarse
Daniel Santos', o a Ana Lydia Vega, autora de 'Pasión de
historia y otras historias de Pasión', porque se encontrará
con escritores sólidos, alegres y extremadamente originales,
que basan su maestría en el uso lúdico de la lengua coloquial
y en la musicalidad de la isla. 'Pasión de historia' es,
además, una de las obras policiales que mayor placer y
sorpresa me han deparado".
"Y quien guste de la denominada Generación McOndo, por
oposición al Macondo del realismo mágico y Gabriel García
Márquez, le sugiero que corra a conocer a quien es, a mi
juicio, el precursor latinoamericano secreto del McOndismo:
Manuel Abreu Adorno. Nacido en 1955 en San Juan, muerto en
París en 1984, este sorprendente escritor lanza en 1978 un
libro de relatos que se anticipa en 15 años al McOndismo:
'Llegaron los hippies'. Luego consolidará este quiebre en la
literatura latinoamericana mediante la novela 'No todas las
suecas son rubias'. Es urgente reconocer el temprano papel
jugado por el puertorriqueño en la formación de lo que en los
noventa se tornó un nuevo, refrescante y llamativo referente
en la literatura regional".
Roberto Ampuero, nacido en Valparaíso en 1953 y quien salió
al exilio en 1973 luego de producirse el cruento golpe de
Estado contra el presidente socialista Salvador Allende,
destaca en la presentación a sus compatriotas otros escritores
puertorriqueños:
"Y quien dude de la influencia que puede ejercer la
literatura en la realidad, podría explorar la narrativa de
Luis López Nieves, quien ha creado leyendas urbanas que los
puertorriqueños asumen como verdades históricas literalmente
legendarias. En 1984, su cuento 'Seva' crea conmoción nacional
al reescribir la historia oficial de la invasión
norteamericana a Puerto Rico del 25 de julio de 1898".
Y prosigue: "En el relato, que comienza simulando ser una
carta escrita por el autor a un periódico de San Juan, y que
fue publicado por este, se habla de documentos que
comprobarían que la invasión se produjo en verdad en mayo de
1898 y que encontró resistencia tan heroica en Seva, que las
tropas norteamericanas liquidaron al pueblo completo,
instalaron sobre sus escombros la base militar Roosevelt Roads
y construyeron en las inmediaciones otro pueblo, llamado
Ceiba, que existe realmente, para evitar una rebelión popular
y trastocar la historia".
Además de dispensar otros elogios a López Nieves y apuntar
que Rosario Ferré es la escritora puertorriqueña más conocida
en Chile, destaca Roberto Ampuero la vigorosidad cultural de
la Isla al mantener el idioma e identidad ante el poder y el
discurso de Estados Unidos.
Igualmente subraya la agudeza ensayística de la fenecida
poeta Olga Nolla, aparte de recordar "en este contexto que en
el siglo pasado Chile tuvo la suerte de que llegara hasta aquí
el ilustre patriota y educador puertorriqueño Eugenio María de
Hostos, quien no sólo luchó por la independencia de su patria,
al igual que José Martí por la de Cuba, sino que contribuyó
durante una década, a partir de 1889, a la modernización y
laicización de nuestra educación".
"Hostos, quien vivió en Chillán y Santiago, y murió en
República Dominicana agobiado por la invasión estadounidense a
su isla, elaboró ensayos extraordinarios sobre política,
historia y educación", recuerda el escritor chileno para
reclamar del próximo gobierno de la presidenta Michelle
Bachelet un mayor reconocimiento a su gesta en la nación
sudamericana.
Satisface hondamente la atención que Roberto Ampuero ha
dispensado a la literatura puertorriqueña y su trascendencia
en momentos en que parece necesario recordar los valores que
poseemos como nación caribeña.